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Invocando a la espada sagrada - Capítulo 530

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530: Capítulo 530: Unos Óscar Autodirigidos (4/4) 530: Capítulo 530: Unos Óscar Autodirigidos (4/4) Editor: Nyoi-Bo Studio «¡Oh, Dios!» A Kesot casi se le salieron las lágrimas al escuchar la esperanzadora voz.

Se preguntó si estaba alucinando.

Un ángel guerrero envuelto en halos de luz bajó del cielo.

Se paró ante todos con una gloriosa espada, viento severamente al demonio y al nigromante, sus pulcras alas blancas extendidas con elegancia.

Miró a Kesot y los demás colapsados en el suelo.

Movió su mano derecha y un halo blanco voló hacia ellos.

Kesot sintió una cálida y cómoda sensación acariciándole el rostro, y el punzante dolor de sus piernas se desvaneció.

No solo eso, sino que sus heridas se curaron lentamente.

«¡Ángel guerrero…!» Kesot se puso de pie y reveló una sonrisa encantada y llena de esperanzas, pero su expresión se puso tiesa casi al instante.

«Ángel guerrero…» Kesot habría corrido a expresar su gratitud sin dudarlo, e incluso les ordenaría a sus hombres que se animaran y lucharan contra las criaturas no muertas de todo corazón.

Pero ahora se sentía extremadamente incómodo porque los ángeles guerreros se habían retirado de las fronteras del sur después de la declaración de independencia, y ambos partidos eran básicamente enemigos.

Sin embargo, este ángel de batalla luchaba por ellos…

«¿Debería ayudar al ángel guerrero, o atacarlo?» Kesot se sintió ridículo por tener tantas dudas cuando la respuesta debía haber sido obvia…

Kesot miró cuidadosamente al ángel que se enfrentaba al demonio.

En secreto les hizo un gesto a los soldados y los sacó de este peligroso lugar.

Los aterradores demonio y nigromante había dirigido su atención al ángel guerrero y era la mejor oportunidad para que ellos escaparan.

Algunos soldados fruncieron el ceño y le respondieron a Kesot con un gesto de confusión.

Pero la mayoría entendió.

Aunque el ángel guerrero les había hecho un enorme favor, no podían ayudarla ni abandonarla…

Este conflicto les nubló el juicio y, eventualmente, el deseo de vivir prevaleció sobre su honor.

Siguieron la orden de Kesot para escapar de este horrible lugar.

—Ju, ju, ju…

—Celestina se rio cubriéndose la boca elegantemente con su mano derecha.

Alzó la barbilla y miró a Celia con una expresión de desdén—.

¿No te has dado cuenta de que esos cobardes y débiles cerdos escapan detrás de ti, pequeña?

¿Ellos son a quienes proteges?

¿Este montón de basura inferior e incompetente?

Estaban a punto de morir en mis manos y tu repentina aparición les dio la oportunidad de seguir sus patéticas vidas.

Ahora se fueron sin decirte nada, ¿no te molesta?

La orgullosa y arrogante risa de la joven demonio resonó en el campo de batalla, congelando las expresiones de los soldados.

Algunos tuvieron el impulso de correr y atacarla con sus espadas, pero sus camaradas los detuvieron al instante.

Nadie sabía cuál era la decisión correcta en esta extraña situación.

Estaban tan sorprendidas y agradecidos como Kesot de que un ángel guerrero los rescatara.

Al mismo tiempo, algunos ignoraron todo y lo único en lo que pensaron fue huir tan lejos como pudieran.

—¿A quién le importa ese ángel de batalla?

¡Ja, ja, ja!

Es su trabajo lidiar con el demonio y el nigromante.

Además, desperdiciaremos nuestras débiles e inútiles vidas si luchamos contra ellos.

Los ángeles de batalla son nuestros enemigos ahora y mostramos una benevolencia extrema al no apuñarla por la espalda.

Ni piensen en ayudar al ángel.

Sigan soñando.

Celia no se inmutó por las burlas de Celestina.

Puso su espada en postura de ataque y un fuego sagrado, plateado y blanco, ardió sobre ella.

—Es mi deber…

Pase lo que pase, el mal debe ser eliminado.

No les permitiré sembrar más el caos.

(El mal al que te refieres está detrás de ti, adorable hermanita).

Celestina frunció el ceño al comunicarse espiritualmente con Celia y se lamió los labios.

(Bien, no importa.

Antes no pudimos determinar un ganador y ahora es diferente…

Cuídate la espalda, adorable hermanita.

No cometeré el mismo error dos veces).

Celestina se rio.

¡Luego levantó la mano y atacó!

«¡Swish!» Salió una decena de látigos espinosos y se transformaron en una enorme garra negra, volando hacia Celia.

Esta escena llamó la atención de los soldados porque sabían que el ataque era imparable.

Celia blandió su espada y voló hacia adelante como una flecha.

Como la hermana menor de Celestina, conocía perfectamente su estilo de combate.

Su dominio de los látigos espinosos había llegado a la perfección.

¡Si Celia los esquivaba y se retiraba, caería en el mortal ataque de Celestina!

Celia evadió el ataque de su hermana como un rayo, pero Celestina no se quedó atrás.

Resopló y se levantó la falda con su mano izquierda, mientras que bajó con fuerza la derecha.

Este movimiento detuvo a los látigos y estos se voltearon, volando hacia Celia como una ola.

Ella batió sus alas hacia arriba y los látigos le rozaron las suelas, aplastando el lugar donde estaba y dejando una enorme y espantosa grieta.

«Todo era igual a aquel día».

Celia alzó la cabeza y miró hacia adelante.

El fondo del río se había transformado en una alta y hermosa arena.

Era como si hubiera vuelto a aquel día en el que sus hermanas observaron su batalla por honor y gloria.

Era exactamente igual, con Celestina mostrando habitual sonrisa burlona, viendo a Celia mientras esta seguía atacando…

—¡Hiyah!

—Celia sintió escalofríos y entró en razón rápidamente.

Batió sus alas y rodó hacia atrás en un movimiento circular, rozando los serpenteantes látigos que revoloteaban en el aire.

Se produjo una fricción ensordecedora y dejaron profundas marcas en su armadura metálica.

—¿Mmm?

—Celestina abrió los ojos con sorpresa.

Como su hermana menor, ella también había recordado la pelea en la que ambas apostaron su honor.

Celia había actuado casi igual a como lo hacía ahora, excepto que su tobillo había sido atrapado por los látigos después de no poder esquivarlos.

(Pareces haber mejorado mucho, querida hermanita).

(Hermana Celestina, ¡no es como si no fuera a crecer nunca!) El ángel guerrero alzó su espada y las plateadas llamas sagradas subieron al cielo como una ardiente columna de fuego.

Celia hizo bajar su espada con toda su fuerza.

«¡Bum!» El fuego se convirtió en un cegador torrente de luz que voló desde su espada.

Los puros y enormes poderes sagrados devoraron los látigos de Celestina y fueron hacia ella.

El demonio arrojó sus armas y retrocedió, levantándose los extremos de su falda con elegancia.

Sus alas negras se extendieron y la levantaron.

Sus pupilas escarlatas se encogieron al escudriñar a Celia.

Los ataques terrestres habían terminado y ahora era el momento de los aéreos.

—¡Hiyah!

—Cuando Celestina despegó, Celia avanzó como un resplandor plateado con su espada.

Celestina esquivó el sagrado torrente de luz y la espada de su hermana apareció frente a ella.

Solo un paso adelante y las afiladas cuchillas plateadas atravesarían el cuerpo de Celestina.

Pero…

(Yo también he crecido, adorable hermanita).

Celestina sonó tan arrogante como siempre.

Miró la espada con sus pupilas escarlatas y nunca reveló una expresión de miedo o pánico.

Celia sintió que algo andaba mal, pero era demasiado tarde.

«¡Shwing!» Celia sintió un horrible dolor en sus muñecas.

Las miró y descubrió que dos látigos que habían aparecido detrás de ella se habían enroscado en ellas.

«Esto no son látigos».

Celia miró a Celestina furiosamente.

Sabía que no podía subestimar los latigazos de Celestina porque había visto de primera mano cómo los manipulaba con solo un movimiento de sus muñecas, incluso haciendo que tomaranla forma de un hermoso lazo.

Estos látigos espinosos eran como unas víboras vivas y vigorosas.

Celia pensó que había tenido suficiente cuidado, pero no se percató de que Celestina era aún más cuidadosa.

Parecía que Celestina había dejado dos látigos para que siguieran a Celia, persuadiéndola para que atacara en el momento más crucial.

—Adiós, Srta.

Ángel Guerrero —dijo Celestina.

Aunque Celestina estaba atrapada en los látigos, reaccionó rápidamente y se encendió con sus llamas sagradas.

Sin embargo, lo hizo muy tarde, ya que las tiernas y blancas manos de Celestina habían atravesado sus defensas y apretaban suavemente su pecho.

—¡Apúrense!

—Kesot agitó su espada y reunió a sus soldados.

Pero el ejército no muerto los estaba alcanzando.

Mientras Celia y Celestina luchaban, el ejército los había flanqueado como un torbellino para cortarles la vía de escape.

«¿En serio moriremos aquí?» «¡Bum!» Una figura blanca cayó del cielo y aterrizó en mediodel ejército no muerto.

Era el ángel guerrero que luchaba contra el demonio, y había perdido miserablemente.

—Argh…

—Celia estaba tirada en el suelo, derrotada.

Cuando abrió los ojos, todo lo que vio fueron unas cuchillas gélidas apuntándola.

Celia se quedó patidifusa al ver que había aterrizado en medio del ejército no muerto.

Extendió sus alas blancas rápidamente, y emanó fuego plateado y blanco para devorar a los luchadores no muertos por completo, convirtiéndolos en un polvo rancio que se desvaneció en el aire.

—¡Vayan!

—gritó Celia a los pálidos soldados mientras alzaba su espada para generar su fuego sagrado.

Celestina aterrizó dejando salir una nítida y maligna carcajada.

El ágil látigo en su mano se convirtió en unas afiladas púas solidas al atacar las alas y el cuerpo de Celia.

Esta vez Celia estaba indefensa.

Logró desviar la amenaza con su espada, pero dos de las afiladas espinas atravesaron sus alas.

Gritó del dolor y el impacto la hizo volar al suelo.

Luego, el látigo de Celestina revoloteó hacia ella y la amarró por completo.

—Deja de resistirte, basura inútil.

—Celestina reveló una sonrisa satisfecha y miró al ángel guerrero que se arrastraba en el suelo.

En este momento, el nigromante se acercó a Celestina y ella se retiró con una expresión refrenada.

—Le dejo lo siguiente a usted, maestro.

—Sí…

Déjamelo a mí.

Je, je, je, je…

—Una rasposa, profunda y perturbadora voz sonó detrás de la máscara blanca, lo que estremeció a los soldados.

Sin embargo, pareció que al nigromante no le importaban los débiles humanos, ya queobservaba a Celia y se reía con asco—.

Interesante.

Un ángel…

Nunca he atrapado una presa así, pero ahora eres mía…

—¡Sigue soñando!

—Celia frunció el ceño y blandió su espada para ahuyentar a los luchadores no muertos que se le acercaban.

Miró al nigromante ferozmente—.

¡Jamás me rendiré ante la maldad!

¡Almas malditas, su conspiración jamás tendráéxito!

—Bueno, yo no estaría tan seguro…

—El nigromante se acercó y le levantó la barbilla con un dedo, como admirando a su exótica mascota—.

Pronto, tú y tus tontos mortales se convertirán en mis esclavos más leales.

Lucharán por mí, cosechando muerte y oscuridad…

Ahora te convertiré en mi sirvienta.

Acepta este…

El nigromante sacó un extraño objeto esférico de su bolsillo.

—¡Nunca!

¡Jamás me rendiré ante la oscuridad!

—Celia levantó la cabeza abruptamente y miró al nigromante.

Movió su cuerpo agresivamente y se liberó de las ataduras de Celestina.

El nigromante y el demonio abrieron los ojos con sorpresa y Celia atravesó su cuerpo con su propia espada sagrada—.

¡Al final serán destruidas, almas caídas!

El fuego plateado y blanco explotó en su cuerpo y la devoró por completo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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