Invocando a la espada sagrada - Capítulo 533
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533: Capítulo 533: Otra Identidad 533: Capítulo 533: Otra Identidad Editor: Nyoi-Bo Studio Como una organización activa que opera en áreas grises, la Mascarada era eficiente en muchos aspectos, pero eran los mejores haciendo contacto con organizaciones e individuos poco accesibles y creando identidades falsas.
Quizás esta descripción no era precisa porque, estrictamente hablando, la Mascarada no creaba identidades falsas.
Simplemente estaban proporcionando una nueva identidad para el cliente que no tendría defectos.
Por ejemplo, si Rhode deseara disfrazarse de mago, le darían una identificación de mago.
Si hubiera quienes dudaran y acudieran a la Asociación de Magos, se sorprenderían al ver que los registros existían y que todo estaba en orden.
Por esta especial calidad, la Mascarada causó un amplio debate entre los jugadores.
Su capacidad para crear identidades falsas era tan asombrosa que, mientras uno tuviera el dinero, podría hacerse pasar por mago, académico, soldado y noble, según lo que pidiera.
La nueva identidad de alguien se registraría en cada organización regulada y algunas personas podían incluso haber escuchado de una.
Esto era demasiado absurdo para que algunos jugadores lo aceptaran.
Si la Mascaradapodía entregar identidades falsas y manipular todas las listas de nombres del grupo, no sería incorrecto decir que eran la organización más poderosa de todo Dragon Soul Continent.
Después de todo, no era fácil falsificar dentro de los recursos humanos de las organizaciones, y mucho menos tratándose de esas existencias ocultas.
Esto no podía ser posible.
Otra cosa que la mayoría de los jugadores aceptaba era que en este continente, siempre había personas desaparecidas, tal vez por las aventuras o los peligros del mar.
La Mascarada pasaría por medios secretos para recopilar detalles de estas personas y almacenar sus identidades, y así reutilizarlas para otros en el momento apropiado.
Esto respondería a la duda de los jugadores de que si estas identidades existían, no tendrían por qué pagar un precio tan alto.
Sin embargo, también había riesgos.
¿Acaso uno no estaría expuesto si los familiares o amigos del desaparecido le reconocieran?
Pasara lo que pasara, ambas suposiciones habían probado que la Mascarada tenía poderosas ayudas que se extendían por todo Dragon Soul Continent.
Si no, no podrían reunir tantos registros personales y de inteligencia.
Esta organización había operado misteriosamente en el juego, e incluso los jugadores y los NPC no tenían idea de lo que hacían.
Sin embargo, su «prestigio laboral» siempre había sido garantizado, ya que las nuevas identidades nunca habían sido expuestas.
¡Un jugador gastó una gran suma de dinero para comprar la identidad de un príncipe y entró en la familia real de un país pequeño!
Esto era lo que Rhode necesitaba ahora.
El hombre leyó la lista de nombres y asintió levemente con una expresión anonadada.
Se dirigió a la cocina, regresando perezosamente al bar después de unos momentos y agitando su mano hacia Rhode.
Rhode frunció el ceño y sacó una pequeña bolsa de gemas de su ropa.
El precio todavía estaba dentro de sus capacidades, como líder de una hermandad.
El hombre aceptó la bolsa y le dio un sobre grasiento.
Rhode se lo quedó y salió del pub.
La bisagra oxidada y sin aceite chirrió bruscamente y el pub volvió a su tranquilidad habitual.
El hombre se tendió una vez más en el mostrador y cerró los ojos para continuar con su cálida siesta.
—No entiendo por qué necesitabas esto.—Celestina miraba con repugnancia el sucio sobre y Celia miraba a Rhode en silencio.
Este ignoró el comentario de Celestina y sacó unos papeles blancos y limpios que tenían el emblema del sobre impreso en ellos.
Asintió con satisfacción después de examinarlos.
Luego guardó los documentos y sacó dos atuendos de su bolso, haciéndoles un gesto a las hermanas.
—Pónganselos.
—¿Eh?
—Las hermanas intercambiaron miradas.
Celestina frunció el ceño y resopló—.
¿Qué es eso, maestro?
—Esta es su próxima misión —respondió Rhode, inexpresivo y preparado para todo lo necesario—.
Necesito que las dos se disfracen de mis sirvientas mientras vamos a Fiat.
Celia, tendrás que mantener tu armadura y alas, y Celestina, tu ropa…
obviamente no es adecuada para una doncella…
—¿Me estás tomando el pelo?
—gritó Celestina.
Entrecerró sus ojos escarlata, que ardían de la rabia—.
¿Quieres que sea tu doncella?
Maestro, no te equivoques.
Solo soy tu subordinada.
Si no fuera por el juramento divino, nunca escucharía tus órdenes, ¡así que no pruebes tu suerte!
—Ser criada también es parte de ser una subordinada —dijo Rhode, esperando que estas palabras salieran de la boca de Celestina.
En realidad, estaría más preocupado de que fuera a arruinarle sus planes si hubiera aceptado sin chistar—.
Esto es parte de su trabajo, Srta.
Celestina.
Además, esta es mi orden como su maestro.
—Tú…
¿Cómo te atreves a darme una orden así siendo un humano?
Si sabes que somos…
—Celestina cerró la boca, apretando sus pequeños puños.
Luego pisoteó el suelo con molestia y se volteó hacia Celia—.
Habla.
¿Eres sorda?
¿Puedes aceptar esta orden siendo un ángel de batalla, Celia?
Celia dejó de mirar los dos conjuntos de ropa y reflexionó unos instantes.
—Esta es la orden del maestro, hermana mayor.
Naturalmente cumpliré, porque soy su subordinada.
—Ah…
no puedo soportarlo más, ¡qué testaruda eres!—Celestina gruñó y fulminó con la mirada a su callada y tímida hermana.
Rhode observó sus interacciones y se dio cuenta de que Celia se estaba comportando un poco diferente.
En el pasado siempre se había comportado pasivamente frente a Celestina y no desobedecía sus órdenes.
Además, el miedo que le tenía a Celestina parecía estar enterrado en sus huesos.
Incluso en la Pradera de Grosso se calló para protestar contra Celestina cuando esta se entregó a su masacre.
Su temor hacia ella había superado la creencia de que debíaperseverar como ángel guerrero.
La relación jerárquica entre las Cartas de la Espada Sagrada era evidente para Rhode.
Pero esta vez él descubrió que Celia se comportaba un poco diferente.
Siempre había emitido una vibra seria, solemne y reservada, y aunque la vibra seguía allí, Rhode sintió que podía haberse abierto a algunos asuntos que la hacían verse más relajada que nunca.
Se sentía como si un hombre atado con unas pesadas y terribles cadenas fuera liberado de sus años de tormento.
Celestina parecía haberse dado cuenta de los extraños comportamientos de su hermana menor, pero resopló y no dijo más.
—Un adulador siempre será un adulador.
Puedes obedecer a quien quieras, ¡pero yo nunca lo haré!
—Entonces, ¿realizamos un voto democrático?
—Rhode se enfrentó a Celestina y acarició las dagas gemelas que colgaban de su cintura—.
¿O tal vez alguien más tiene algo que decir?
Celestina se puso rígida y su mano derecha, que estaba a punto de mover su cabello, dejó de moverse bruscamente.
Se mordió los labios y miró a Rhode con indignación, como un niño llorón que se niega a aceptar la orden de su padre.
Al final, bajó su cabeza.
—Está bien, maestro…
¡Te respetaré solo esta vez!
¡Si te atreves a ser tan grosero conmigo la próxima, será inútil aunque invoques a las dos hermanas mayores!
Celestina le quitó la ropa a Rhode y arrastró a Celia a la habitación, cerrando la puerta después de gritar—: ¡No mires!—Rhode no tenía intención de hacerlo, ya que tenía otras cosas que hacer.
No confiaría simplemente en una identidad falsa para esconderse en Fiat.
Debido a su popularidad, necesitaba algo más para complementar su identidad.
Metió la mano en su mochila y reveló una extraña expresión de asco.
Su mano se detuvo, como si le faltara el coraje para encender la mecha de una mochila explosiva.
«Maldición.
¿Me estaba burlando de Celestina y ahora es mi turno?» Miró la mochila otra vez con una cara que parecía decir que había una víbora dentro.
De hecho, se sorprendió al preparar esto porque, después de todo, afectaba su orgullo, pero ahora…
no había nada más importante que la victoria.
Haría cualquier cosa para ser victorioso.
Como se había librado de tantos civiles inocentes en la Pradera de Grosso, ¿qué iba a representar este pequeño obstáculo?
—Así es, victoria…
La victoria es lo más importante —murmuró Rhode y no se dio cuenta de que el destello malévolo y rebelde de sus ojos que Celia había visto apareció una vez más—.
Maldita sea…
Celestina y Celia se cambiaron a sus nuevos trajes.
Era un conjunto de trajes de mucama en blanco y negro, cada uno de un color.
Era evidente que Rhode se había esforzado mucho en la preparación de los disfraces, porque las medidas encajaban perfectamente.
Celestina llevaba un vestido ceñido y lujoso, con bordes doblados y revestimientos de terciopelo negro ajustados.
La chaqueta recta de manga larga realzaba perfectamente sus amplias y juveniles curvas.
Unos diseños calados en sus puños, y una ropa interior blanca como la nieve resaltaban un hermoso atractivo, mientras que la falda que llegaba a la rodilla y las medias negras delineaban sus piernas perfectamente delgadas.
Aunque Celestina se negó a admitirlo, en realidad pensaba que este traje era mucho mejor de lo que había imaginado.
Por otro lado, Celia llevaba un vestido blanco con un diseño similar al de Celestina.
Pero este traje era mucho más reservado en cuanto a detalles finos.
Su falda era más larga que la de Celestina y las mangas no estaban decoradas con la franqueza del diseño calado.
En cambio, tenían puños apretados y concisos.
Si uno se reuniera con ellas, Celestina podría ser reconocida como la jefa de las criadas, mientras que Celia podría ser vista como una solemne ama de llaves.
Aunque eran espíritus invocados, su vanidad femenina no había cambiado.
Celestina se quejó al principio porque pensó que Rhode la haría usar el habitual traje sucio de las sirvientas de las familias nobles: un vestido vulgar de color azul claro, delantal blanco y un tonto gorro de tela de sirvienta.
«¡Un disfraz tan desagradable y feo es insoportable!
¡Nunca toleraré algo tan descarado!» Y ahora…
Levantándose la falda frente al espejo como una niña, Celestina no estaba dispuesta a admitir que su disfraz era hermoso porque la idea de convertirse en la criada de Rhode le hacía tener dolor de estómago.
«Si no fuera por esta razón…
tal vez podría aceptar este disfraz…» Frunció el ceño y se volteó hacia Celia.
Aunque podía parecer una joven arrogante, sí notó el cambio de comportamiento de Celia.
Sin embargo, conocía las razones más que Rhode, pero ahora…
Esto no era un problema por el que debiera preocuparse.
Quizás para Celia era un pensamiento malvado que la había molestado por mucho tiempo, pero no significaba nada para Celestina.
—Bien, salgamos ya.
Tal vez ese irritante tipo se dé aires y nos moleste como un verdadero maestro.
Celestina suspiró y abrió la puerta.
Pero en ese momento abrieron los ojos con asombro.
Había una elegante mujer de piel clara delante de ellos.
Parecía tener un poco más de 20 años, unas pestañas largas y agitadas, y una cara ovalada y atractiva.
Un lápiz labial rosado coloreaba sus finos labios a la perfección, mientras que su cabello negro se extendía sobre sus delicados hombros, todo complementado por un elegante vestido largo de color negro que mostraba sus esbeltas curvas.
Francamente, era una belleza difícil de encontrar.
—¿Quién eres?
¿Qué haces aquí?
—dijo Celestina con el ceño fruncido.
La mujer reveló una extraña sonrisa en su adorable rostro.
Observó a las hermanas de pies a cabeza, asintiendo con satisfacción.
—Parece que mi disfraz es perfecto.
¿Qué piensan, Celia, Celestina?
Una voz masculina, profunda y familiar, las congeló.
La verdadera identidad de esta persona las golpeó sin que hubiera necesidad de presentaciones.
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