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Invocando a la espada sagrada - Capítulo 582

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582: Capítulo 582: Pidiendo Morir 582: Capítulo 582: Pidiendo Morir Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Estás pidiendo que te mate!

—gritó Anne, y tiró de una cadena de acero conectada a su escudo con su mano izquierda que lo expandió rápidamente y creó unaviolenta ráfaga.

Los atacantes no esperaban que Anne reaccionara tan rápido.

Se habían abalanzado por el aire y no pudieron esquivar su contraataque en absoluto.

Se estrellaron contra el escudo y salieron despedidos como muñecos de trapo.

La multitud que rodeaba al trío se había dispersado tan pronto como empezó la conmoción y observaban desde lejos.

Los atacantes eran inusualmente fuertes.

A pesar de que el escudo de Anne los golpeó, se pusieron de pie rápidamente y blandieron sus dagas hacia ellas como víboras rápidas y rastreras.

—¿Eh?—exclamó Anne horrorizada.

Aunque no había puesto poder espiritual en su ataque, su fuerza bruta y el peso del escudo deberían haber sido suficientes para al menos paralizarlos.

No esperaba que esos hombres fuesen tan resistentes como cucarachas.

«¿Aún pueden levantarse después de que los golpee con mi escudo?

¡Algo anda mal!» Sin embargo, Anne no perdió la calma.

Aunque no le gustaba liderarequipos, su poder individual era excepcional y tenía mucha experiencia en batallas.

Retrocedió apresuradamente y protegió a Christie y a la pequeña sirena de los hombres.

Al mismo tiempo, volvió a lanzar su escudo, pero esta vez, los atacantes lo esquivaron ágilmente y se lanzaron hacia ellas a toda velocidad.

Dos de ellos saltaron sobre el escudo de Anne y apuntaron sus dagas a Christie y la sirena.

—¡Las tengo!—exclamó con emoción uno de los hombres.

Christie gritó asustada, pero aun así, apretó los dientes y extendió sus brazos para proteger a la pequeña sirena.

Sin embargo, no se dio cuenta de que cuando lo hizo, una extraña sombra surgió en su mano derecha y se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos.

Nieve finalmente mostró su poder de espíritu de invocación.

Aunque Rhode acababa de crearla, también era otra de sus espíritus.

Nadó en la esfera de agua a la velocidad de la luz y empujó sus manos hacia adelante como si estuviese salpicando agua.

Luego, un resplandor giratorio y semicristalizado salpicó con gracia y se solidificó formando una barrera de cristal de hielo a partir de los copos de nieve que volaron.

La barrera impidió que el atacante las tocara, y sus afiladas cuchillas rayaron la barrera que giraba sin parar.

Los dos hombres fruncieron el ceño por haber perdido su oportunidad.

Luego saltaron hacia atrás, y blandieron sus dagas desde la otra dirección.

«¡Clanc!» Una daga que emanaba un resplandor brillante surgió ante ellos y desvió sus ataques.

Entonces, Joey pasó volando con una sonrisa misteriosa.

—Lo siento, hermanos.

No dejaré que toquen a estas jovencitas.

—¡Tú…!—el hombre se quedó atónito.

Al ser un ladrón, conocía los peligros de dejar que alguien apareciera a su lado.

Además, ese joven poseía una gran destreza.

Sin embargo, antes de que el atacante mostrara su asombro, Joey lo había pateado en el estómago.

Luego, dio un salto mortal al suelo y miró a Christie y Anne con una sonrisa.

—Perdón por venirtan tarde, Anne, Christie, adorable Srta.

Sirena.

—Ah… Joey… —dijo Christie, y suspiró aliviada, pero la pequeña sirena no tuvo una buena impresión de ese frívolo ladrón y se alejó de él.

—Fuiste muy rápido esta vez, Joey —comentó Anne dando un paso hacia atrás y protegiendo a Christie y a Nieve con Joey del otro lado.

Agarró su escudo de acero y dijo—:Anne pensó que te habías ido a tomar algo a un bar.

—Je, je.

Estás equivocada, Anne.

Ahora mismo estoy trabajando.

Trabajando —contestó Joey con una sonrisa incómoda mientras apretaba en nudo alrededor del frasco de licor que colgaba de su cintura y agitaba su daga.

En aquel entonces, después de haber enviado a sus hombres a seguir al grupo de alquimistas, descubrieron que habían estado contactando en secreto a alguien, y Joey se lo informó rápidamente a Rhode.

Luego, Rhode le ordenó que continuara monitoreando y que averiguara cuántos eran exactamente y de dónde procedían, razón por la cual Joey estaba siguiendo al grupo de hombres desde atrás.

Pensaba que esa gente estaba allí para obtener información sobre el fuerte, pero no esperaba que pusieran sus manos sobre Christie y Anne.

No sabía si debía considerarlos valientes o tontos.

—Pase lo que pase, ¡ayuda a Anne a mantenerlos alejados!

¡Esta gente es muy extraña!

—No te preocupes, Anne—respondió Joey relajado.

Les echó un vistazo a los hombres y se encogió de hombros—.

Ya llegaron los refuerzos.

«¡Bum!» Una explosión ensordecedora los dejó aturdidos, y los agresivos atacantes cayeron al suelo como si una gran mano invisible los hubiese golpeado en la espalda.

Sus caras se ruborizaron y las venas en sus frentes se hincharon.

El tenue resplandor mágico en sus cuerpos centelleó, pero no pareció ser efectivo.

En ese momento, Canario descendió desde arriba con su sonrisa característica.

Corrió hacia Christie y la sirena y las miró de pies a cabeza.

—¿Estás herida, Christie?

Christie sonrió y respondió meneando la cabeza.

—No… Gracias, hermana Canario… —Me alegra oír eso—dijo Canario y su sonrisa se volvió aún más amable.

Estiró el brazo y acarició ligeramente el largo cabello de Christie—.

No te preocupes, lo hiciste bien, Christie.

Incluso intentaste proteger a la gente que te rodeaba en una situación tan peligrosa.

Eres muy valiente.

Se nota que Rhode es tu… La joven se detuvo bruscamente.

Asintió y se volteó para enfrentarse a los atacantes.

—¿Estos son todos?

—Eh… sí, señora Canario—dijo Joey con el rostro pálido.

A pesar de que esa gran maga sonreía de oreja a oreja, Joey había visto claramente un brillo frío y despiadado en sus ojos que lo hizo temblar y tragar saliva.

Canario miró hacia un lado y extendió su brazo derecho.

Entonces, los hombres que habían caído al suelo salieron volando hacia arriba nuevamente y se estrellaron unos contra otros.

Canario movió un poco el brazo y los arrojó en una pila en un terreno vacío.

Se quitó el polvo de las manos y dijo:  —Te los dejo a ti.

Quítales su equipo y espera más instrucciones de Rhode.

En cuanto a los demás, Chicle fue a encargarse de ellos.

Dasos se quitó su monóculo y se recostó en el sofá, soltando un largo suspiro.

Los alquimistas que lo rodeaban también estaban exhaustos.

No había sido fácil negociar con Rhode, y Dasos no esperaba que el joven fuese tan exigente.

Además, conocía muy bien las operaciones de la Asociación de Alquimistas, y estaba relativamente seguro de lo que pedía, lo que dejó a Dasos sin la oportunidad de intentar engañarlo.

Tampoco le fue fácil discutir con Rhode sobre los materiales alquímicos.

Si Rhode no hubiese resignado un poco en las etapas finales, quizá ambas partes no habrían podido llegar a un acuerdo.

Pero ahora, todo había terminado.

—Muy bien, entonces está todo acordado, Sr.

Rhode —dijo Dasos con mejor ánimo y levantó la lista de materiales—.

Según nuestro acuerdo, primero le proporcionaremos la mitad de los materiales.

Después de haber recibido el antídoto y verificado su efecto, le entregaremos la otra mitad.

Por supuesto, esta transacción tiene que pasar por la revisión y confirmación de la Iglesia.

¿Todo coincide con lo que hemos discutido?

—Por supuesto—respondió Rhode levantando la cabeza, y asintió.

Dasos se sintió bastante molesto por su indiferente respuesta, pero no se atrevió a decir nada.

Después de todo, la discusión sobre los materiales alquímicosfue suficiente para agotar su paciencia, y si a Rhode de repente se le ocurría algo nuevo, entonces tendría que… El Presidente se encontraba en un estado crítico y no tenían tiempo para charlas.

Dasos se puso en pie y dijo: —Muy bien, Sr.

Rhode.

No tenemos tiempo que perder.

¿No cree que deberíamos…?

—Espere un momento—lo interrumpió Rhode extendiendo su brazo y haciéndole un gesto.

El corazón de Dasos se aceleró.

—¿Ha-hay algún otro problema, Sr.

Rhode?

—Si no recuerdo mal, maestro Dasos, usted dijo que el equipo de investigación que lidera representa a la Sede Central de la Asociación de Alquimistas, ¿verdad?

—Eso es… Por supuesto.

Aunque Dasos no sabía por qué Rhode decidió verificar eso de nuevo en ese momento, finalmente asintió.

Luego, Rhode le entregó otra hoja de papel.

Dasos lo tomó y leyó su contenido.

Quedó estupefacto.

—¡Sr.

Rhode!¿Qué quiere decir con esto?

—Es simple—contestó Rhode con su expresión habitual—.

Es el pago del rescate, maestro Dasos.

—¿Rescate?

—Así es—continuó el joven bajando la voz—.

Unos alquimistas de su asociación intentaron atacar y herir a mis subordinados en mi fuerte.

¡Eso es totalmente intolerable!

Si su asociación no está dispuesta a entregarme esa suma de dinero, ¡prepárese para encontrar sus cadáveres colgados en nuestras murallas!

—¿Qué ha dicho?

—exclamó Dasos.

El sol se había puesto y los colores de la noche cubrieron todo el cielo.

Rhode se paró en los escalones del fuerte y miró al grupo de hombres que estaban atados.

Entre ellos estaban los que habían emboscado a Christie y los que habían intentado entrar al taller de alquimia.

Temblaban miserablemente bajo las llamas y el resplandor de los cristales mágicos.

Dasos miró por detrás de Rhode con el rostro pálido y vio al grupo de idiotas.

—Maestro Dasos, permítame verificarlo.

Ellos pertenecen a la Asociación de Alquimistas, ¿cierto?

—Ellos… Dasos dudó un momento.

Francamente, no quería admitirlo, pero no podía negarlo.

Entre el grupo de alquimistas, el líder, Thomas, era extremadamente talentoso y muy apreciado por los altos mandos de la sede central.

Sin embargo, su debilidad era que era demasiado orgulloso y dominante, y era considerado como uno de los muchos alquimistas excéntricos.

En cuanto a los atacantes que Rhode había mencionado, Dasos también estaba familiarizado con ellos.

Formaban parte del Equipo de Batalla Alquimista de Élite, las «Garzas».

Dasos finalmente entendió por qué la sede central se había atrevido a infiltrarse allí.

Con la ayuda de las «Garzas», las hermandades tendrían dificultades en su contra, pero… Dasos miró con un miedo constante a la sonriente jovencita con túnica de mago y a la enfadada niña con dos colas de caballo vestida con una túnica de clérigo, paradas a la izquierda y a la derecha, respectivamente, debajo de los escalones.

«Esta vez… realmente se metieron con la gente equivocada».

—Sí, Sr.

Rhode, son miembros de nuestra Asociación de Alquimistas—dijo Dasos, y suspiró con resignación.

Imaginó que si lo negaba, Rhode seguramente tomaría medidas contra ellos y a la mañana siguiente vería sus cadáveres balanceándose al viento en las murallas del fuerte.

Aunque Dasos maldijo a ese grupo de idiotas que habían arruinado sus planes, no podía dejar de darles una mano.

Después de todo, las «Garzas» eran un equipo de élite de la Asociación de Alquimistas, y Thomas era una figura muy talentosa y con mucho futuro.

Si los perdiesen allí, sería un error que la asociación no podría compensar.

—Entonces, debe saber qué hacer ahora, maestro Dasos.

—Em… Sí, Sr.

Rhode.

Informaré a la asociación inmediatamente para que se ocupen de esto.

—contestó Dasos desanimado y con la cabeza gacha.

Habían pasado muchas cosas en un día, y estaba mental y físicamente exhausto.

Ese grupo de bastardos ya no le importaba… «¿No pueden tomar medidas después de investigar?» —¡Dasos!

¿Cómo puedes escuchar las estupideces de estos salvajes mercenarios?

—gritó el alquimista de mediana edad, atado mirando furioso a Dasos y a Rhode—.

¡Y tú, mercenario sinvergüenza!

¿Cómo te atreves a tratarme así?

¿Sabes quién soy yo?

¡Soy Thomas Kruvo!

Soy el talento número uno de la Sede Central de la Asociación de Alquimistas.¡Ustedes han ofendido a toda la asociación!

¡La asociación te destruirá a ti y a tu inútil hermandad!

¿Quién te crees que eres?

¡Eres un débil marica!

«¡Paf!» Chicle corrió hacia el hombre y le dio una bofetada en la mejilla tan fuerte que los pájaros que cantaban en las ramas de los árboles salieron volando con temor.

Thomas se estremeció y cayó al suelo.

—¡Cierra la maldita boca, NPC!

¿Quién te crees que eres para regañar al líder?

¡Te pisoteo, pisoteo, y pisoteo, maldito idiota!

¿Un pequeño NPC que no vale ni un solo punto de EXP como tú realmente se atrevió a decir esas tonterías frente al líder?

—regañó Chicle a Thomas mientras lo pateaba.

Aunque ella era joven, era increíblemente poderosa, puestoque estaba en la Etapa Legendaria.

Thomas gimió desesperadamente, y los hombres a su alrededor lo observaban en silencio, o estabanpreocupados por su destino si nadie subía allí para detener las violentas torturas de Chicle.

Por otro lado, Dasos se armó de valor para pedir misericordia después de escuchar los patéticos gritos de Thomas, que parecía un cerdo que estaba siendo sacrificado.

—Em… Sr.

Rhode… —De acuerdo, Chicle, ya es suficiente.

No será divertido si lo matas—dijo Rhode.

Chicle le lanzó una patada final en la espalda a Thomas y miró al cielo nocturno con los brazos cruzados.

Rhode se volvió hacia Dasos.

—Maestro Dasos, esto es todo lo que puedo hacer.

Puedo garantizar que estarán vivos hasta que la Asociación de Alquimistas pague el rescate y nos compense por nuestras pérdidas.

Si su asociación no responde dentro del tiempo indicado, no desperdiciaré otra gota de mi preciado alimento para alimentar a un grupo de basura inservible.

¿Lo entiende?

—Entiendo, Sr.

Rhode.

—Bien—respondió el joven asintiendo, y se volvió hacia Joey—.

Joey, quítales todo su equipo y llévalos a la cárcel de agua.

Y en cuanto a ese tipo… Rhode miró fijamente al alquimista de mediana edad que se había enroscado en una bola.

Su cara ya no era tan arrogante como cuando trató de infiltrarse por primera vez en el taller de alquimia.

—Enciérralo en la celda oscura.

Las llamas de la antorcha brillaban en la oscura y húmeda prisión.

La fricción de las bisagras de la pesada puerta de hierro produjo un chillido penetrante al abrirse, y los mercenarios arrojaron a Thomas en la celda como si fuese un perro muerto.

«¡Pum!» La puerta de hierro se cerró tras él con un golpe.

—¡Ese maldito bastardo!

Thomas se puso en pie con esfuerzo con los puños cerrados.

Apretó los dientes mientras todo su cuerpo estaba lleno de moretones y dolor.

Nunca había sido humillado de tal manera.

A un alquimista talentoso como él nuncalo habían tratado como un prisionero.

«¡Es ridículo!

¡Ese bárbaro y maldito bastardo!

¡Le daré a ese mariquita una probadita de la ira de la Asociación de Alquimistas cuando salga de este lugar!» De repente, una ráfaga de fuertes risas sonó desde los rincones oscuros de su celda.

—Oye, ¿quién es este?

¿Un novato?

Hermanos, tenemos un nuevo compañero.

Cinco o seis hombres extraordinariamente fornidos con aspecto de mercenarios emergieron de la oscuridad.

A juzgar por su vestimenta, parecían estar encerrados por haber cometido algún delito.

Thomas estaba repugnado por sus rasgos toscos y los llamativos tatuajes en sus cuerpos.

Actuó como si no los hubiese visto, se dio vuelta y resopló con desdén.

El grupo de hombres estalló en carcajadas.

—¿Eh?

No esperaba que tuviese tan mal carácter… Uno de los hombres trató de poner su mano en el hombro de Thomas, pero Thomas se la sacó de encima de un golpe.

—¡Aléjense de mí, bárbaros!

Thomas se dio vuelta y miró ferozmente al hombre.

Nunca se había sentido tan impotente.

No tenía ni su equipo de alquimia, ni pociones, ni nada.

En ese momento, no era más que un ser humano normal e indefenso, pero ¿y qué si tenía su equipo?

Recordó que cuando esperaban buenas noticias de las «Garzas»afuera del fuerte, esa pequeña y arrogante niña descendió del cielo y los aniquiló a todos con unos pocos gestos con las manos.

«¿Podrá ser que la fuerza lo sea todo en este mundo?¡Me niego a aceptarlo!¡Me niego a aceptarlo!» El hombre miró los ojos vengativos de Thomas y soltó una carcajada.

—Esta no es tu elección, muchacho.

¡Hermanos, sujétenlo!

Otros dos prisioneros corrieron hacia él y sujetaron a Thomas contra la pared con sus brazos.

Aunque no podía hacer nada, aún no se daba por vencido.

—¿Qué tratan de hacer?

¡Déjenme, insolentes bastardos!

¿Saben quién soy yo?

Yo soy… Thomas se tragó sus palabras abruptamente cuando los prisioneros le bajaron los pantalones.

—¿Q-qué están haciendo?

¿Qué están haciendo?

Thomas no recibió respuesta.

Poco después, un par de gruesos brazos comenzaron a vagar por su cuerpo.

—Je, je.

Nada mal… La carne suave se siente tan bien al tacto… Me pregunto dónde habrá encontrado ese bribón al hijo mimado de una familia rica… Je, je.

Se siente mucho mejor que esos otros bastardos… —¿Q-qué-qué intentan hacer?!

¡Suéltenme!

¡Suéltenme!

¡Soy un hombre!

Thomas ya no pudo mantener el miedo en su corazón.

Luchó por liberarse frenéticamente, pero no pudo escapar de sus garras.

El hombre se riodescaradamente de sus gruñidos.

—Por supuesto que sé que eres un hombre, muchacho.

Ni siquiera te querría si no lo fueses… Debes ser alguien importante para tener una piel tan blanca.

Ven, déjame mostrarte un nuevo mundo.

—¿Qué?

N-No, déjame…¡Ahh!

Thomas trató de librarse con desesperación y, en ese momento, un objeto grueso y caliente penetró su cuerpo por la parte de atrás.

En un instante, cada palabra que salió de su boca se convirtió en un grito ensordecedor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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