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ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 11

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11: Capitulo 10(+18) 11: Capitulo 10(+18) (Punto de vista: Haruto – primer año de secundaria superior) Después de un tiempo de conocer a la gyaru (todavía no sabía su nombre), la curiosidad empezó a inquietarme.

Al principio era pequeña, un cosquilleo en el fondo de la mente cuando recordaba su cuerpo: los pechos grandes casi saliendo de la camisa, la piel bronceada brillando, las caderas moviéndose bajo la falda corta.

Pero crecía poco a poco.

Las hormonas de la pubertad, que había controlado tanto con entrenamiento y disciplina, ahora exigían algo.

Mi cuerpo respondía: erecciones inesperadas en la noche, una tensión en el vientre que no era solo física.

Era como si el mundo extraño me empujara, recordándome que este recipiente no era solo para fuerza y control.

Era para deseo también.

Ella tampoco apareció por casualidad.

Decidí ir a buscarla.

No desesperado.

Todavía tenía control.

Llevé dinero —yenes que había ahorrado de lo que mamá me daba en la secundaria inferior.

No me gustaba recibirlo así, como una asignación para un niño, pero Makoto no permitía que lo rechazara.

“Es para ti”, decía con esa sonrisa suave.

Así que lo tomé, lo guardé, y ahora lo usaba para esto.

El viernes después de clases, cuando el sol ya bajaba y el edificio empezaba a vaciarse, fui directo donde dijo que estaría.

El baño de hombres eran iguales: luces fluorescentes frías, olor a desinfectante barato y a algo más dulce que se colaba desde el pasillo.

Empujé la puerta.

Ella estaba allí, sola esta vez.

Apoyada contra el lavamanos, revisando el teléfono.

Cuando me vio, levantó la vista despacio, como si ya supiera que iba a venir.

—Al final viniste —dijo, guardando el teléfono.

— Pensé que eras de los que solo miranban–.

No dije nada al principio.

Solo la miré fijamente.

De vez en cuando, mi vista bajaba a su cuerpo: el escote profundo, los pechos subiendo y bajando con la respiración.

Ella entendió.

No era tonta.

Sabía que no era tímido como los demás chicos, que no era de muchas palabras.

Solo un tipo callado con una mirada que hacía que la gente se preguntara qué pasaba por mi cabeza.

Cerré la puerta detrás de mí.

puse el pestillo.

El clic resonó más fuerte de lo que esperaba.

—No vine a mirar —dije.

Ella sonrió.

Se enderezó, cruzó los brazos bajo los pechos, empujándolos hacia arriba.

—¿Entonces?

¿Cuánto traés?

Saqué el sobre del bolsillo interno de la chaqueta del uniforme.

7000¥, contados y ordenados.

Se lo extendí sin decir nada.

Ella lo tomó, no lo contó solo lo guardó en el mismo lugar que su teléfono.

—Bien.

Regla básica: yo digo cuándo parar.

Si querés algo específico, pedilo.

Si no… segue mi ritmo.

Sin besos y nada de marcas que se vean mañana.

Asentí.

Ella se acercó.

Me miró de cerca, como si midiera algo más que mi altura.

—Primera vez, ¿no?

—No —mentí.

Ellaa se rió bajito.

—Mentiroso.

Se nota.

Pero no importa.

Me gustan los principiantes… cuando saben escuchar.

Me tomó de la corbata y tiró suave, guiándome hacia uno de los cubículos grandes del fondo.

Cerró la puerta con el pie.

El espacio era estrecho: apenas cabíamos los dos de pie.

Ella se arrodilló sin preámbulos, desabrochándome el cinturón con dedos expertos.

—Vaya… felicitaciones.

No todos los de primer año vienen así equipados.

No le dio más importancia.

Solo se puso a trabajar.

Primero usó la boca.

No era principiante.

Tenía experiencia: lengua hábil, succión profunda, movimientos que sabían exactamente dónde presionar.

La nueva pero vieja sensación me invadió —el calor húmedo, el roce, el placer crudo que subía por la espina—.

Resistí.

Mucho.

Ella levantó la vista, curiosa por mi resistencia, Los minutos pasaron, seguí duro.

Más duro.

Ella levantó la vista, sorprendida por primera vez.

Los ojos verdes se abrieron un poco más.

—¿En serio?

—murmuró, sacándomela de la boca un segundo para respirar—.

La mayoría ya estaría rogando parar.

No dije nada.

Solo la miré.

Ella sonrió, como si acabara de descubrir un juguete nuevo.

—Bien… vamos a subir el nivel.

entonces sacó sus pechos: grandes, suaves, bronceados.

Los apretó contra mi pene, estimulándome más, moviéndose arriba y abajo con la boca ayudando.

Después de un tiempo —no sé cuánto, el mundo se redujo a eso—, me vine.

Una gran cantidad.

Ella retrocedió un poco, pero no lo suficiente: salpicó su boca, su cara, incluso su uniforme desabrochado.

Se molestó un poco.

—Oye, avisa la próxima vez —dijo, limpiándose con un pañuelo, pero sin enojo real—.

Aunque… vaya cantidad….

Ok a lo principal.

Se levantó.

Se bajó la falda y las bragas (atigradas, como de animal), dejándolas caer al suelo.

Se giró, apoyó las manos en la pared del cubículo y arqueó la espalda.

—Ven.

Tomá lo que pagaste.

Entré despacio al principio.

Ella jadeó, pero no de dolor.

De sorpresa otra vez.

Empecé a moverme.

Ritmo constante, profundo, sin prisa.

Cada embestida la hacía gemir más alto, pero ella intentaba controlarse, mordiéndose el labio.

Al cabo de unos minutos, sus piernas empezaron a temblar.

—Esperá… esperá… —susurró, pero no dijo “para”.

No paré.

Cambió de posición: me empujó para que me sentara en el inodoro cerrado.

Se subió encima, guiándome adentro con una mano.

Empezó a moverse ella, arriba y abajo, los pechos rebotando con cada bajada.

Sudor le corría por la piel bronceada.

El pelo rubio pegado a la frente.

Yo la tomé de las caderas.

Firme.

La ayudé a marcar el ritmo, pero no la dejé decidir sola.

Cuando ella quiso ir más rápido, la frené un poco.

Cuando quiso bajar más fuerte, la sostuve y la hice ir lento, profundo.

Ella jadeaba, los ojos entrecerrados.

—¿Cómo… cómo demonios aguantás tanto?

—preguntó entre gemidos—.

Los otros… los otros se vienen en cinco minutos… No respondí.

Solo seguí.

Al final, ella se rindió primero.

Se tensó entera, un gemido largo y roto salió de su garganta, las uñas clavadas en mis hombros a través de la camisa.

Tembló encima de mí, apretándome fuerte por dentro.

Cuando pasó, se quedó quieta un segundo, respirando agitada.

Luego me miró, con una mezcla de incredulidad y algo que parecía… respeto.

—Eres un monstruo, del tipo natural —dijo, voz ronca—.

¿Dónde aprendiste a moverte así?

—Observando —respondí.

Ella se rió, débil.

—Claro… el chico que mira.

Se bajó despacio, con cuidado.

Se limpió con papel del dispensador, se acomodó la ropa.

Yo me vestí sin prisa.

Ella me miró mientras se retocaba el delineador en el espejo pequeño que llevaba en el bolso.

—No te cobro extra por la segunda ronda —dijo, medio en broma—.

Pero la próxima… la próxima vas a tener que pagar el doble.

Porque ahora sé que valés la pena.

Sonreí por primera vez.

Pequeño.

Apenas.

—Tal vez la próxima no pague —dije, ¿Bromeando?

Ella levantó una ceja.

—¿Ah, no?

—No —repetí—.

Tal vez la próxima… seas tu la que pague.

Se quedó callada.

Luego soltó una risa genuina, fuerte.

—Joder, Haruto… me estás gustando cada vez más.

Salió del cubículo primero.

Yo la seguí.

Cuando abrió la puerta del baño, se dio vuelta un segundo.

—Nos vemos pronto, monstruo.

Y se fue, contoneándose como siempre.

Yo me quedé un rato más, mirando mi reflejo en el espejo empañado.

No me sentía culpable.

No me sentía vacío.

Solo sentía… liberacion.

Por primera vez, había decidido.

Y el mundo, este mundo extraño, empezaba a sentirse un poco menos ajeno.

Fin del capítulo 10 REFLEXIONES DE LOS CREADORES MrAnonymous_4258 Que les pareció el cap?.

algunas sugerencias que puedan dejar o algunos personajes para introducir.

Los tendré en cuenta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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