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ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 12
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13: Capítulo 12 13: Capítulo 12 (Punto de vista: Haruto – primer año de secundaria superior ) Dos meses habían pasado desde que empecé a ver a Kyouka con regularidad.

Pero gracias a ella ,porque era extrovertida, directa, siempre hablando sin filtro, yo había empezado a hablar un poco más.

No mucho.

Solo lo necesario.

Cuando me preguntaba “¿te gustó cómo lo hice hoy?” o “¿quieres que te chupe más fuerte la próxima?”, yo ya no respondía solo con un gruñido o un “sí”.

Decía cosas como “más lento la próxima vez” o “mejor cuando estás arriba”.

Pequeñas frases.

Pero era progreso.

Kyouka reía y decía “¡Mira, el grandote aprende a hablar!”.

Yo no sonreía.

Solo seguía.

Un día cualquiera, volviendo de la escuela a casa a pie,el camino de siempre, por la avenida con cerezos que ya habían perdido las flores, un auto de lujo se detuvo a mi lado.

Negro brillante, vidrios polarizados, motor ronroneando suave pero potente.

La ventana del conductor bajó despacio.

Y allí estaba ella.

Kanako.

No la había visto desde el funeral de Yasuni.

Seguía igual de sensual: cabello naranja ondulado, igual de vibrante, labios rojos perfectos, vestido ajustado color crema que marcaba cada curva madura, pechos altos y pesados, cintura estrecha, caderas que se movían incluso sentada.

Tacones altos, perfume que llegaba hasta mí antes que su voz.

Me miró un segundo, entrecerrando los ojos como si midiera cuánto había crecido.

—Haruto-kun… —dijo, con esa voz ronca y lenta que recordaba.

—Has cambiado mucho.

Yo la miré fijo.

Como la miraba desde niño: sin pestañear, sin bajar la vista.

—Kanako-san —respondí, con voz neutra.

Ella sonrió, esa sonrisa que no era maternal ni amistosa.

Solo… calculada.

—¿Quieres tomar un café?

Hay una cafetería buena aquí cerca.

Sube.

Solo dudé un segundo.

Sientia Curiosidad.

Siempre era curiosidad.

Subí al asiento del copiloto.

El interior olía a cuero caro y a su perfume: madera, vainilla, algo más oscuro.

Condujo en silencio un par de cuadras hasta una cafetería pequeña y elegante, de esas con mesas de madera oscura y luces tenues.

Pedimos café negro para mí, latte con arte para ella.

Nos sentamos en una mesa del fondo.

Habló primero, removiendo la espuma con la cucharita.

—Quería que entraras a nuestra secundaria —dijo, sin rodeos—.

Te mandé la solicitud por correo a tu madre.

Pero Makoto-chan no quiso.

Entiendo por qué.

Yo no dije nada.

Solo la miré.

Sabía por qué mamá no aceptó.

Sospechaba desde hacía tiempo: talvez tenía que siguieran los rumores en la escuela donde trabajaba, los secretos que Yasuno me contó en su lecho de muerte.

Kanako lo sabía también.

Por eso no fingió sorpresa.

Ella ladeó la cabeza, coqueta, juguetona.

Se inclinó un poco hacia adelante, el escote del vestido dejando ver justo lo suficiente.

—Puedes venir cuando quieras, Haruto-kun.

A visitar la escuela.

A charlar.… o talvez a otra cos–, dijo seductoramente.

—La puerta siempre está abierta para ti.

Sus ojos bajaron un segundo a mi pecho, a mis brazos que ya llenaban la camisa del uniforme.

Luego volvieron a mis ojos.

No era sutil.

Nunca lo había sido.

Yo no sonreí.

No me sonrojé.

Solo dije: —Ya veré.

Terminamos el café en silencio.

Ella pagó, insistió, dejó la propina generosa y se levantó.

Sacó una tarjeta de presentación del bolso: fondo negro, letras doradas, su nombre completo, cargo de directora.

—Te estaré esperando —dijo, extendiéndola.

No la tomé de inmediato.

La miré fijamente.

Ella sonrió, dejó la tarjeta sobre la mesa y se fue contoneándose hacia la salida.

El vestido se pegaba a sus caderas con cada paso.

Yo la observé hasta que desapareció por la puerta.

Me quedé un minuto más.

Terminé mi café frío.

Luego tomé la tarjeta sin mirarla del todo, solo noté el peso del papel grueso, el relieve dorado.

La guardé en el bolsillo del uniforme y salí.

Caminé a casa.

El sol ya se ponía.

Pensé en mamá esperándome con la cena lista.

Pensé en Hanako y en cómo su oferta no era solo una invitación.

Era algo más.

Algo que era del pasado.

Los secretos que mamá queríe enterrar.

Saqué la tarjeta del bolsillo cuando llegué a la puerta del edificio.

La miré por primera vez de verdad.

“Kanako Shiraishi – Directora”.

Escuela secundaria Nagoya Higashi.

Correo personal.

La guardé en la billetera.

No la tiré.

No la rompí.

Solo la guardé.

Entré a casa.

—Mamá, ya llegué —dije, como siempre.

Ella salió de la cocina con una sonrisa suave.

—Bienvenido, Haruto.

La cena está casi lista.

Yo asentí.

La abracé un segundo más de lo habitual.

Y pensé que, quizás pronto haga una visita a la Escuela O quizás no.

Pero la tarjeta seguía ahí.

Fin del Capítulo 12

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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