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ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 14

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14: Capitulo 13 14: Capitulo 13 (Punto de vista: Haruto – primer año de secundaria superior) Un tiempo después del encuentro con Kanako en la cafetería, la curiosidad no me dejaba en paz.

Así era yo: cuando algo me interesaba, cuando algo se clavaba en la mente como un anzuelo, no podía soltarlo.

No era obsesión(talvez un poco).

Era intriga.

Necesitaba entender.

Y kanako… kanako era un nudo de preguntas.

No solo por el pasado de mamá, los secretos que ocultaba, la escuela donde había trabajado, la forma en que nunca hablaba de su tiempo allí.

Sino por Kanako misma.

Esa mujer madura, sensual.

Quería ver su territorio(la escuela).

Quería ver qué había en lo las profundo de esa mujer.

Decidí faltar a clases.

No le dije nada a mamá.

Salí de casa con el uniforme de Shiroyama —chaqueta, corbata, pantalones ajustados —, mochila al hombro como si fuera un día normal.

Tomé el tren en la estación.

El vagón estaba lleno de estudiantes y oficinistas.

Me senté junto a la ventana, miré pasar los edificios de Tokio y pensé en cómo este mundo seguía mostrándome capas que no esperaba.

Llegué a la Escuela secundaria Nagoya Higashi, dónde Hanako era la directora.

Un edificio grande, moderno, con canchas amplias y jardines cuidados.

La entrada principal tenía seguridad: dos guardias uniformados, uno joven y otro mayor, revisando mochilas y carnets.

Cuando me acerqué, el joven me detuvo con la mano.

—Disculpa, no eres estudiante de aqui.

¿Que buscas?

Saqué la tarjeta de presentación de kanako del bolsillo interior.

La entregué sin decir nada.

El guardia mayor la tomó, leyó el nombre, vio el cargo “Directora”.

Levantó una ceja, miró al joven, y luego a mí.

—Pasa —dijo.

—La directora esta en la oficina principal si la buscas.

Pero no molestes a los estudiantes.

Asentí.

Entré.

No fui directo a la oficina.

Quería ver primero.

Recorrí los pasillos como un fantasma con uniforme equivocado.

Llamaba la atención.

Estudiantes de primero y segundo me miraban de reojo, susurraban: “¿Quién ese tipo?

¿De otra escuela?”, “Parece fuerte”.

Algunas chicas cuando pasaba me miraban de arriba abajo con curiosidad abierta.

Yo no respondía.

Solo caminaba.

Pasé por algunos clubes deportivos.

En el Campo de béisbol: el entrenador era un hombre grueso pero no gordo, músculos densos bajo la camiseta polo, brazos como troncos, voz que regañaba al equipo desde la línea.

Gritaba órdenes, hacía que corrieran bases, que batearan hasta que los brazos temblaran.

Lo vi de pasada.

Me recordó a mí mismo en el club de béisbol de secundaria inferior: la misma intensidad.

Luego el club de natación.

Piscina cubierta, olor a cloro, eco de chapoteos y gritos de entrenador.

Los integrantes entrenaban: vueltas, sprints, respiraciones coordinadas.

Era igual que lo recordaba de mi tiempo en natación: disciplina, sudor, cuerpos jóvenes esforzándose.

Me quedé en la puerta de vidrio, mirando.

Y entonces la vi.

Entre un grupo de chicas que charlaban al borde de la piscina, todas ellas en trajes de baño de una pieza, cabello mojado pegado a la espalda, pero ella destacaba.

Pelo castaño rojizo hasta los hombros, húmedo y brillante por el agua.

Cuerpo… dotado.

Más que las otras.

Mucho más.

El traje de baño azul se ajustaba como una segunda piel: pechos grandes y altos que tensaban la tela, cintura estrecha, caderas anchas que formaban una curva perfecta, piernas largas y musculosas por el entrenamiento.

Cualquier hombre que la viera no estaría indiferente.

Yo incluido.

Me quedé mirando casi un minuto.

Mi cuerpo reaccionó antes que la mente: pulso acelerado, tensión en la entrepierna, un calor que subía por el abdomen.

Quería quedarme.

Quería verla salir del agua, ver cómo se movía, cómo el agua chorreaba por su piel.

Pero me controlé.

Siempre me controlo.

Di media vuelta y seguí caminando.

No miré atrás.

Aunque mi cuerpo quería.

_______________________________ Llegué a la oficina de la directora.

La secretaria me miró el uniforme, luego la tarjeta que le mostré.

—Pasa —dijo.

—La directora está ocupada, pero puedes esperar adentro.

Entré.

La oficina de era opulenta, como si alguien hubiera querido demostrar poder con cada detalle: escritorio de madera oscura pulida, sillones de cuero negro que olían a nuevo, paredes cubiertas de diplomas enmarcados en dorado, fotos grupales de promociones pasadas, estanterías con trofeos deportivos y libros que parecían más decorativos que leídos.

El aire acondicionado zumbaba bajo, frío, y había un perfume residual (el de Hanako) que flotaba como una niebla dulce y pesada.

Me quedé de pie un momento, mirando alrededor.

Los diplomas eran impresionantes: maestrías en educación, premios por excelencia directiva, certificados internacionales.

Una foto grande de la escuela en su totalidad, tomada desde un dron, mostraba los edificios modernos y las canchas perfectas.

Pero fue otra foto la que me detuvo.

Enmarcada en plata, sobre una repisa baja: una imagen grupal de los docentes y el personal administrativo.

Allí estaban.

Yasuno, en el centro, con su postura pesada y esa sonrisa torcida que yo conocía demasiado bien.

Kanako a un lado, con un traje sastre ajustado.Y mamá.

Makoto, más joven, con el uniforme de profesora de gimnasia: falda plisada, blusa blanca ajustada, sonrisa tímida pero genuina.

A su lado, un hombre con la mano sobre su hombro, Casual.

Apariencia mayor que el promedio: cabello gris negro, rostro anguloso.

Lo supe sin que nadie me lo dijera.

La forma cariñosa en que su mano se apoyaba en ella.

Me senté en el sofá de cuero y Esperé.

Después de un tiempo, quizás veinte minutos, la puerta se abrió.

Kanako entró.

Traje formal completamente morado: chaqueta entallada con escote profundo que dejaba ver el encaje negro del sostén, falda lápiz que se adhería a las caderas y muslos, tacones altos que hacían clic-clic contra el piso de madera.

Me miró y sonrió de esa forma seductora que ya conocía: lenta, calculada, como si estuviera midiendo cuánto podía empujar.

—Haruto-kun… —dijo, voz ronca y baja—.

Qué sorpresa verte aquí.

—Hanako-san —respondí, sin moverme del sofá.

Cerró la puerta detrás de ella.

Se acercó despacio, se sentó en el borde del escritorio frente a mí, cruzando las piernas de forma que la falda subiera un poco más de lo necesario.

—¿Makoto sabe que estás aquí?

—preguntó, inclinándose ligeramente hacia adelante.

No contesté.

Solo la miré fijamente.

Ella rio bajito.

—¿Qué te pareció mi escuela?

Paso por mi mente la chica de pelo castaño rojizo en la piscina —Interesante —dije, sin bajar la vista.

Señalé la foto con la cabeza.

—¿Quién es?

—pregunté, aunque ya lo sabía.

Hanako miró la foto, luego a mí.

—Takafumi Kano.

El ex esposo de Makoto.

Una persona… lamentable, como mi ex marido.

Hizo una pausa, como si esperara que preguntara más.

No lo hice.

Se levantó del escritorio y se acercó.

Demasiado cerca.

Se sentó a mi lado en el sofá, muslo contra muslo.

Sentí el calor de su cuerpo a través de la tela.

Su perfume invadió el espacio entre nosotros: vainilla oscura, almizcle, algo floral y prohibido.

—¿Por qué viniste, Haruto-kun?

—susurró, inclinándose hasta que su aliento rozó mi oreja.

La miré profundamente.

Sin pestañear.

—Curiosidad —dije.

Ella rio de nuevo, provocativa.

Se acercó más.

Su pecho rozó mi brazo.

Su mano se apoyó en mi muslos.

—¿Solo eso?

—preguntó, voz baja, casi un ronroneo—.

Porque si es solo curiosidad… puedo mostrarte mucho más.

La tensión era palpable.

El aire se sentía espeso.

Si hubiera sido otro chico —cualquiera de los que se ponían nerviosos con una mirada suya—, habría perdido el control.

Pero yo no.

Aún no.

Ella después de unos segundos se apartó un poco, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una llave pequeña, plateada, con un llavero negro simple.

—Toma —dijo, poniéndola en mi palma—.

Es de Yasuno…..de su cuarto secreto.

“La habitación prohibida”.

La que siempre estuvo en casa.

La que había olvidado porque mamá nunca hablaba de ella.

La que seguramente tenía llave en algún lugar que yo no conocía.

—Ahora te pertenece —dijo kanako—.

Todo lo que era de Yasuno, te pertenece—, dijo con un doble sentido que flotaba en el aire No dije mucho.

Guardé la llave en el bolsillo del uniforme.

No pregunté qué había dentro.

No necesitaba.

Ya lo descubriría.

No me quedé mucho más.

La curiosidad por el momento estaba calmada.

Me levanté.

—Gracias —dije.

Ella se levantó también, se acercó una última vez y me puso una mano en el pecho.

—Si necesitas algo… ven a buscarme.

En cualquier momento.

Me dio un papel doblado, talvez con una dirección.

Probablemente su casa.

No dije nada.

Solo asentí y me fui.

Salí de la oficina, bajé las escaleras, crucé los pasillos sin mirar atrás.

Caminé a la estación.

Tomé el tren de vuelta.

Cuando llegué a casa, mamá ya tenía la cena lista.

—Llegaste tarde, Haruto —dijo, con esa sonrisa suave.

—Tuve cosas que hacer —respondí.

Ella me abrazó.

Yo la abracé de vuelta como de costumbre.

Y en mi bolsillo la llave de la “habitación prohibida” Fin del Capítulo 13 Comenté si reconocen a los personajes nuevos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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