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ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 15

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15: Capítulo 14 (+18) 15: Capítulo 14 (+18) (Punto de vista: Haruto – primer año de secundaria superior) Kyouka y yo nos habíamos juntado en la azotea de la escuela otra vez.

Era uno de esos días en que el sol de la tarde pegaba fuerte, el viento traía olor a asfalto caliente y el ruido de las clases abajo se oía lejano, como un murmullo que no nos importaba.

La puerta de acceso a la azotea estaba siempre entreabierta, alguien del mantenimiento la dejaba así para fumar, y nosotros la aprovechábamos.

A veces era rápido: ella de rodillas entre los tanques de agua, yo de pie, su boca trabajando hasta que terminaba en su garganta.

Otras veces era más largo: contra la pared, falda levantada, bragas a un lado, yo embistiéndola desde atrás mientras ella se mordía el brazo para no gritar.

Hoy era de los largos.

Kyouka se apoyó contra la baranda, falda subida por el viento, pelo rubio volando salvaje.

Me miró con esa sonrisa que siempre usaba cuando quería que yo tomara la iniciativa.

—Hoy estoy de humor —dijo, mordiéndose el labio—.

Quiero que me hagas gritar.

No respondí con palabras.

La agarré de la cintura, la giré contra la baranda y la besé en el cuello, fuerte, dejando una marca que sabía que se vería mañana(habíamos roto algunas reglas que ella impuso, solo faltaba una).

Ella gimió bajito, arqueando la espalda, ofreciéndome más piel.

Las manos bajaron solas: le subí la falda hasta la cintura, le bajé las bragas de un tirón.

Ella ya estaba mojada, caliente, lista.

Me desabroché el pantalón con una mano mientras con la otra le agarraba el pelo y tiraba su cabeza hacia atrás.

Entré de golpe.

Profundo.

Ella soltó un grito ahogado que el viento se llevó.

Empecé a moverme.

Ritmo duro, sin piedad.

Cada embestida la hacía chocar contra la baranda, los pechos rebotando bajo la blusa desabotonada.

Ella jadeaba, gemía, me clavaba las uñas en los brazos.

—Más…fuerte, más… —susurraba entre dientes.

No había palabras bonitas.

Solo piel contra piel, sudor, jadeos, el sonido húmedo de cuerpos chocando como animales en celo.

Yo no paraba.

La giré de frente, la levanté por los muslos y la apoyé contra la baranda.

Sus piernas se enredaron en mi cintura.

La penetré de nuevo, esta vez cara a cara.

Y entonces pasó.

En medio de un gemido, ella levantó la cabeza para morder mi cuello.

Yo bajé la mía para morderle el hombro.

Nuestras bocas se encontraron a medio camino.

No fue intencional.

Fue un choque.

Labios contra labios.

Dientes.

Lengua.

Nos congelamos un segundo.

Los dos.

Pero no paramos.

No dijimos nada.

Solo continuamos.

El beso no fue dulce.

No fue romántico.

Fue salvaje, hambriento, con sabor a sudor y a deseo crudo.

Lenguas peleando, mordidas que dolían, saliva que se mezclaba.

Ella me agarró la nuca con ambas manos, como si quisiera fundirse conmigo.

Yo le clavé los dedos en las caderas, empujando más fuerte, más profundo.

No era amor.

No había ternura.

No había promesas.

No había futuro.

Solo pasión pura.

Animal.

El tipo de pasión que quema y no deja cenizas bonitas.

Terminamos así: besándonos con violencia mientras yo me vaciaba dentro de ella, mientras ella se tensaba y temblaba en un orgasmo que le hizo arquear todo el cuerpo contra el mío.

Cuando se separaron nuestras bocas, los dos respirábamos como si hubiéramos corrido una maratón.

Ella me miró, ojos azul brillantes, labios hinchados y rojos.

Terminamos después de mucho tiempo.

Ella temblando debajo de mí, yo derramándome dentro (condón puesto, como siempre pedía cuando no confiaba en el día del ciclo).

Nos quedamos quietos, respirando pesado, sudor pegando la piel.

—Joder… eso no estaba en el plan —Kyouka fue la primera en hablar.

Cansada, con la voz ronca de tanto gemir.

—No —respondí, todavía dentro de ella—.

Pero pasó.

—Te dije… sin besos —murmuró, mirando al cielo —.

Esa es la regla.

Yo me incorporé un poco, todavía dentro de ella.

—Lo siento —dije.

Sincero.

No era mi intención romperla.

—Los besos son para novios… o para personas que amas —dijo bajito —Y yo no tengo a nad… No terminó la frase.

Se quedó callada.

Giró la cabeza del otro lado, como si no quisiera que la viera la cara o talvez pensando en alguien Pronto pensé en una persona que no conocía, el hermanastro de kyouka.

Me lo había mencionado por casualidad una vez, entre encuentros: “Mi hermanastro es molesto, aunque siempre me cuida”.

La forma en que hablaba de él, con una mezcla de cariño y algo más profundo, algo que no nombraba, hacía que pareciera que le importaba mucho.

Demasiado, quizás.

No sabía si sentir envidia o lastima por ese tipo.

Por la vida que llevaba kyouka: dinero por sexo con cualquier hombre, reglas estrictas para no sentir nada Ella cambió el tema rápido, como siempre hacía cuando algo la tocaba demasiado.

—¿Tienes algo que te molestas?

—preguntó, volviendo a mirarme.

— Al principio parecías distraído.

—No es nada importante —respondí.

Mentira a medias.

La llave de kanako pesaba en mi bolsillo.

Y La curiosidad que volvía a crecer dentro de mi.

Nos arreglamos en silencio.

Ella se limpió con toallitas húmedas que siempre traía, se abotonó la camisa (dejando los dos superiores abiertos, como siempre), se acomodó la falda.

Yo me subí los pantalones y le pagué.

15000¥ esta vez, porque había sido largo y en un lugar “privado”.

Ella contó rápido, sonrió y guardó el dinero en el sostén.

—Nos vemos, grandote —dijo ella y se fue primero.

Yo esperé cinco minutos y bajé.

En clases esa tarde —matemáticas, historia, lo que fuera— no escuché nada.

Mi mente estaba en la habitación prohibida.

Si entraría, pero tendría que se un fin de semana Cuando Makoto no estuviera en casa o saliera de compras .

Y aquí, yo en el aula esa tarde, mirando por la ventana, con la llave en el bolsillo y la mente ya en la habitación prohibida: Fin del Capítulo 14

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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