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ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 17

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17: Capítulo 16 (+18) *Reescrito 17: Capítulo 16 (+18) *Reescrito (Punto de vista: Haruto – primer año de secundaria superior) No me había dado cuenta de que ya estábamos en Las vacaciones de verano(Natsu-yasumi).

Seis semanas enteras sin clases, sin horarios, sin excusas para salir de casa todos los días.

Los últimos meses en Shiroyama habían sido lentos y rápidos al mismo tiempo.

Lento porque cada día se sentía igual: clases, entrenamiento, encuentros con Kyouka en la azotea o en love hotels baratos.

Rápido porque el tiempo se me escapaba entre dedos, entre cuerpos, entre pensamientos que no quería tener.

Ahora estaba de vacaciones.

Y la casa se sentía más pequeña que nunca.

Los primero días era tranquilo.

Leer, entrenar en el living, ver alguna serie en la televisión.

Pero mi cuerpo traicionero no me dejaba en paz.

La erección matutina que duraba demasiado, la tensión constante en la entrepierna cada vez que me movía, el pulso acelerado sin razón.

Era como si desde la primera vez que tuve sexo con Kyouka hubiera abierto una puerta que no podía cerrar.

Y para el colmo ella, no estaba disponible en estos momentos difíciles, me mandó un mensaje por Line el primer día de vacaciones: “Grandote, me voy con la familia de vacaciones unas semanas.

No me vuelvas loco en mi ausencia, te mandaré mensaje cuando regrese, bye”.

Y nada más.

El silencio después de eso fue peor.

Mi cuerpo recordaba su boca, sus pechos, sus gemidos.

Y no tenía dónde descargar.

Y luego estaba mamá.

Makoto.

Ya sabía cómo era antes.

Ya sabía que no podía verla como antes.

Desde que abrí la habitación prohibida, desde que vi las fotos, los DVDs, la ropa erótica colgada como si fuera ropa normal, algo dentro de mi comenzaba a filtrase poco a poco.

O se despertó.

En casa, cuando ella pasaba por el living con shorts cortos y camiseta ajustada (porque era verano y el aire acondicionado no siempre alcanzaba), mis ojos se quedaban más tiempo del que debían.

En sus piernas suaves, en la curva de sus caderas, en cómo la tela se pegaba a sus pechos cuando se inclinaba para recoger algo.

Mi cuerpo, este cuerpo comenzaba a tener pequeña reacciones(leves pero las notaba).

Y eso tenía que evitarlo.

A toda costa.

Pensé en salir.

Buscar compañía pagada.

Aquí en Japón había mucho de eso: soaplands, delivery health, fashion health.

Podía pagar y descargar.

Sin complicaciones.

Sin nombres.

Sin sentimientos.

Pero rechacé la idea.

No quería gastar el dinero que todavía tenía ahorrado —el que Makoto me daba para emergencias y que yo guardaba para cosas como Kyouka—.Tal vez fuera mi última opción.

Cuando no aguantara más.

Me molesta no tener dinero, es un problema en que tendré que pensar más adelante Y de pronto recordé a Kanako.

Ella me había dado un papel.

Una dirección con invitación muy sugerente: “Si necesitas algo… ven a buscarme.

En cualquier momento”.

Miré el papel arrugado en mi billetera.

Dirección en un barrio residencial caro de Minato-ku.

No era lejos en tren.

Si seguía así, me volvería loco.

La tensión acumulada, los recuerdos de la habitación prohibida, el cuerpo de mamá moviéndose por la casa como si nada, el ausencia de Kyouka.

Todo me empujaba.

Me despedí de mamá.

—Voy a caminar un rato —dije, neutro.

Ella me miró desde la cocina, con esa sonrisa suave que siempre tenía.

—Ten cuidado, Haruto.

No llegues tarde para la cena.

Asentí.

Salí.

Tomé el tren.

Caminé las cuadras finales bajo el sol de verano que quemaba el asfalto.

El barrio era lujoso: casas modernas con jardines cuidados, autos importados en las entradas, silencio roto solo por el canto de cigarras.

Digno de una directora de secundaria.

O de alguien que había heredado mucho más que un cargo.

Llamé a la puerta.

Timbre suave, casi inaudible.

Esperé.

Después de unos minutos, abrió.

Kanako.

Vestía informal, pero nada en su ropa era discreto.

Top negro ajustado sin sostén (los pezones se marcaban contra la tela fina), shorts de jean cortísimos que dejaban ver casi todo el muslo, sandalias altas que alargaban sus piernas.

El cabello naranja suelto, labios rojos brillantes, ojos maquillados con esa precisión que siempre usaba.

Me miró de arriba abajo.

Sonrió lento.

—Haruto-kun… —dijo, voz ronca y baja—.

Sabía que en algún momento vendrías.

No respondí de inmediato.

Solo la miré.

Ella se hizo a un lado.

—Pasa.

No muerdo… a menos que me lo pidas.

Permiso—dije y entré a la casa de Hanako y la puerta se cerró detrás de mí con un clic suave y definitivo.

El aire dentro olía a ella: vainilla, almizcle, algo floral.

El interior era tan lujoso como el barrio: piso de mármol oscuro, paredes blancas con arte abstracto caro, muebles minimalistas en tonos grises y negros que contrastaban con el calor de su perfume.

Ella me guió al living sin prisa, tacones resonando, caderas moviéndose bajo esos shorts cortísimos que apenas cubrían la mitad del trasero.

Se sentó en el sofá de cuero, cruzó las piernas de forma que la tela se subiera un poco más, y me señaló el asiento frente a ella.

—Siéntate, Haruto-kun —dijo con esa voz ronca que siempre parecía acariciar—.

¿Café?

¿Algo más fuerte?

¿O prefieres ir directo al grano?

Me senté.

No respondí de inmediato.

Solo la miré fijamente, como siempre hacía.

Ella sonrió, lenta, seductora.

—¿Ya abriste la habitación de tu padre?

—preguntó sin preámbulos—.

¿Viste lo que Yasuno dejó atras?

Asentí una vez.

Breve.

—Todo —dije.

Hanako ladeó la cabeza, ojos brillando con diversión oscura.

—¿Y qué pensaste?

¿Que tu madre era solo una esposa sumisa?

¿O ya sospechabas que debajo de esa dulzura había una mujer que disfrutaba ser deseada… y deseaba ser tomada?

No contesté.

No necesitaba.

Ella se inclinó hacia adelante, escote del top negro abriéndose lo suficiente para mostrar el encaje y la curva superior de los pechos.

—Makoto-chan era… deliciosa —continuó, voz baja—.

Yasuno la moldeó, pero ella siempre quiso más.

Las grabaciones, las fotos, los juguetes… todo era porque ella lo pedía.

Y tú… tú lo viste.

¿Te excitó?

La pregunta flotó en el aire.

Cruda.

Directa.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Tensión en la entrepierna, pulso acelerado.

Pero mantuve la mirada fija.

—Tu y yo sabemos porque vine aqui—dije, con voz grave.

—Tu invitación no fue solo para hablar.

Hanako rio bajito, se levantó y se acercó despacio.

Se sentó a mi lado, muslo contra muslo, mano apoyada en mi rodilla.

—Entonces empezemos —susurró, dedos subiendo por mi muslo—.

Sus dedos llegaron a la cremallera.

La bajó despacio.

Sacó mi pene, ya estaba duro.

Lo miró con aprobación genuina.

—Vaya… heredaste bien de Yasuno—murmuró, acariciándolo con la palma.

—Peroeres más grande.

Más grueso eso me gusta.

no esperó permiso se inclinó y lo tomó en la boca profundo de una sola vez con garganta relajada lengua presionando la base y succionando con fuerza rítmica (no era como Kyouka), Kanako tenía mucha más experiencia sabía exactamente dónde presionar cuánto apretar y me llevó al borde en minutos.

Pero no terminé ahí la agarré del pelo naranja fuerte pero no cruel tiré su cabeza hacia atrás y dije —Cambiemos el control ahora—, ella sonrió con ojos brillantes respondiendo —Entonces hazlo— La levanté del sofá como si no pesara nada la tiré sobre la mesa baja de vidrio templado fría contra su piel le bajé los shorts y las bragas de un tirón estaba mojada y lista, entré de golpe profundo ella soltó un gemido largo arqueando la espalda empecé a moverme duro sin piedad cada embestida hacía que sus pechos rebotaran bajo el top sus uñas se clavaran en mis brazos y sus gemidos subieran de tono la giré boca abajo sobre la mesa le abrí las piernas y la tome por detrás con mano en su nuca presionando su cara contra el vidrio mientras jadeaba —Más… más fuerte Haruto-kun.

No paré la puse de pie la apoyé contra la pared con pierna levantada sobre mi hombro, así, cara a cara viéndole los ojos vidriosos labios hinchados sudor corriendo por su cuello ella se corrió primero temblando, apretándome dentro, gritando y gimiendo, seguí llevándola al sofá la puse encima y la dejé cabalgarme mientras le apretaba los pechos pellizcaba pezones y mordía su cuello cambiamos posiciones.

Estuvimos así Durante un tiempo (horas).

misionero en el piso con ella de rodillas, chupándome mientras le metía dedos, en la escalera contra la ventana con vista al jardín vidrios polarizados pero igual excitante, ella se vino una cinco veces, yo dos veces, la última dentro porque lo pidió con voz ronca.

—Dámelo todo— Terminamos exhaustos sudorosos cuerpos temblando.

Después usé su ducha con agua fria y jabón caro que olía a ella, salí envuelto en una toalla que me prestó, ella estaba en bata de seda fumando un cigarrillo en el balcón y me dijo —Vuelve cuando quieras la puerta siempre está abierta — le respondí que solo cuando la nesesitara Me vestí y me fui, llegué a casa tarde.

La cena estaba fría en la mesa.

Mamá salió de la cocina, con delantal y sonrisa suave.

—¿Por qué llegás tan tarde, Haruto?

—preguntó, voz preocupada pero sin reproche.

—Me encontré con un conocido — le dije.

Ella asintió, sin insistir.

Calentó la cena en el microondas.

Comimos en silencio.

Yo la miraba de reojo: su cabello recogido, la camiseta ligera pegada por el calor, la curva suave de sus pechos cuando se inclinaba para servir.

Mi cuerpo por suerte no reaccionó esta vez.

Pero tengo el presentimiento que este conflicto interno volverá y crecera.

Y será algo más profundo algo más peligroso.

Fin del Capítulo 16

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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