ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 24
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24: Capítulo 22(+18) 24: Capítulo 22(+18) (Punto de vista: Haruto – segundo trimestre de Primer año) Había estado buscando a Kasumi (pareciera como si ella estuviera evitandonme, aunque no la culparía por hacerlo), pero faltaba un lugar donde seguramente la encontraría, El lugar estaba casi desierto: solo un par de alumnos de primer año en mesas lejanas y la bibliotecaria ordenando estanterías al fondo.
Como supuse, ahí estaba ella, Kasumi, de pie junto a una estantería alta de literatura japonesa, con un libro abierto en las manos.
El uniforme le quedaba ajustado en los lugares precisos: la blusa blanca tirante sobre su busto prominente, la falda plisada ceñida a las caderas anchas, las piernas gruesas y suaves que se veían más llenas cuando se ponía de puntillas para alcanzar un estante.
Esta vez no iba a espiarla.
Caminé directo hacia ella.
Cuando estuve frente a ella, levantó la vista.
Sus ojos grandes se abrieron un poco más al verme.
El libro tembló ligeramente en sus manos.
—Tu nombre es Kasumi-san, ¿verdad?
—pregunté, voz baja pero clara.
Pareció sorprendida de que supiera su nombre.
Bajó la mirada al instante, incapaz de sostener la mía.
Las mejillas se le tiñeron de rosa.
—S-sí… —susurró, tartamudeando apenas—.
¿C-cómo sabés…?
—Lo escuché una vez —.
dije suave—¿Podemos hablar en privado?
Miró alrededor.
No había casi nadie, pero asintió rápido, nerviosa.
Guardó el libro y me siguió sin preguntar más.
Caminaba detrás de mí, pasos cortos, callada, como un conejito que sabe que el lobo está cerca pero no puede huir.
La llevé al fondo de la sección de archivos antiguos, un pasillo estrecho entre estanterías altas donde casi nunca entraba nadie.
Allí nos detuvimos.
Un metro de distancia.
Ella temblaba visiblemente, las manos apretadas contra la falda, las piernas juntas.
La miré fijo.
—¿me viste en la azotea, verdad?
—pregunté directo.
Sus ojos se abrieron enormes.
El rubor le subió hasta las orejas.
Tartamudeó algo ininteligible, las piernas apretadas como si quisiera esconder el calor que ya se le notaba.
Me acerqué más.
La diferencia de altura era evidente: mi pecho casi a la altura de sus ojos.
Podía sentir el calor que salía de su cuerpo, el aroma suave de su shampoo mezclado con el leve sudor nervioso.
—¿Fue la primera vez que veías algo así?
—seguí, voz baja—.
¿Y qué te pareció?
Sabía que no iba a responder.
Solo lo decía para provocarla, para ver cómo se ponía más roja, cómo su respiración se aceleraba.
Me incliné.
La besé.
No fue tierno.
Fue un beso francés desde el primer segundo: lengua invadiendo su boca, explorando sin pedir permiso.
Ella se tensó, sorprendida, un gemido ahogado escapó de su garganta.
No sabía besar.
Sus labios se movían torpes, su lengua intentaba seguirme pero se quedaba atrás.
La sujeté por la cintura para que no escapara.
Mis manos bajaron.
Agarré su trasero regordete con fuerza, apretando la carne suave y llena que se hundía bajo mis dedos.
Ella soltó un gritito amortiguado contra mi boca, el cuerpo temblando entero.
Seguí besándola así unos minutos.
Lengua profunda, mordiendo su labio inferior suave, chupando su lengua cuando intentaba responder.
Mis manos no paraban: apretaban, masajeaban, subían y bajaban por sus nalgas.
La besé por el cuello, mordisqueando la piel sensible.
La giré despacio.
La puse de espaldas contra mi pecho.
Desde arriba podía ver su busto enorme subiendo y bajando rápido.
Le desabotoné la blusa con una mano mientras con la otra le masajeaba un pecho por encima de la tela.
Eran suaves pero firmes, pesados, llenos.
Le bajé el sostén con un movimiento rápido.
Los pechos se liberaron.
Los tomé con ambas manos, masajeándolos, pellizcando los pezones rosados que ya estaban duros.
—No hagas mucho ruido —le susurré al oído.
Ella entendió.
Asintió temblando, mordiéndose el labio para contener los gemidos.
Metí una mano bajo su blusa para sentir su piel caliente.
Subí el sostén del todo, jugué con sus pezones entre los dedos: pellizcando suave, rodando, tirando ligeramente.
Ella se arqueaba contra mí, gemidos ahogados escapando de su garganta.
Después de un tiempo, una de mis manos bajó por debajo de su ombligo.
Metí los dedos bajo la falda, bajo la braga.
Estaba empapada.
Mojada hasta los muslos.
Deslicé dos dedos entre sus pliegues calientes.
Estaba apretada, virgen, resbaladiza.
Introduje los dedos despacio.
Ella soltó un grito amortiguado, el cuerpo arqueándose contra mí.
Mi pulgar encontró su clítoris hinchado y lo froté en círculos lentos al principio, luego más rápidos.
Los dedos adentro se curvaban, tocando ese punto sensible que la hacía temblar más fuerte.
Ella nunca había sentido esto.
Se notaba en cómo se tensaba, en cómo sus caderas se movían solas buscando más, en los gemidos ahogados que escapaban de su garganta.
Aceleré.
Dedos profundos, pulgar firme.
Ella se vino rápido.
Todo su cuerpo se contrajo, un grito largo y roto que contuvo mordiéndose el labio.
Se convulsionó alrededor de mis dedos, tembló entera, las piernas cedieron.
La sostuve fuerte para que no cayera.
Vi la cara que tanto quería ver en ella: éxtasis puro, ojos entrecerrados, boca abierta en un gemido silencioso, mejillas rojas, lágrimas de placer en las comisuras.
Estaba tan duro que dolía.
Quería bajarme los pantalones, entrar en ella, romper esa pureza completamente.
Pero ella ya estaba casi desmayada, respirando agitada, apoyada contra mí.
La sostuve hasta que se recuperó un poco.
Cuando pareció que podía pararse sola, la solté despacio.
—El sábado —dije, voz agitada—.
En el parque cerca de la estación.
A las cuatro.
No esperé a que respondiera.
Aunque quería tenerla ahora(y posiblemente no se negara), haría demasiado ruido y no quería que nadie nos encontrara e interrumpiera.
Además, algo dentro de mí me decía que ella sí vendría.
Como cuando la pillé mirando a Kyouka y a mí en la azotea.
Me sorprendió al principio: no se fue corriendo rápido al ser pillada espiando.
Se quedó mirando un tiempo.
Había curiosidad y deseo en Kasumi.
El mismo deseo que yo sentía por ella.
Salí del pasillo.
Salí de la biblioteca.
Fin del capítulo 22 Se que todavía el pretagonista es un poco estoico espero poder cambiarlo mientras avance
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