Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18)
  4. Capítulo 25 - 25 Capítulo 23+18
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

25: Capítulo 23(+18) 25: Capítulo 23(+18) (Punto de vista: Haruto) Terminé de prepararme temprano.

Camisa negra sencilla, jeans oscuros, zapatillas limpias.

Le dije a mamá que saldría y llegaría tarde.

Ella asintió desde la cocina sin preguntar más, aunque sus ojos se quedaron un segundo extra en mí.

No dijo nada.

Nunca dice nada cuando sabe que hay algo que no quiere nombrar.

Llegué al parque diez minutos antes.

Me senté en un banco, mirando la entrada.

Sabía que vendría.

No por fe ciega.

Por la forma en que se había quedado quieta en la biblioteca, temblando pero sin huir.

Por cómo sus ojos se habían quedado en mí después de que la hiciera venirse contra la estantería.

Ella vendría porque ya había probado algo nuevo que podía darle, y el cuerpo no olvida tan fácil.

A las 4:07 apareció.

Vestido azul claro de verano, falda hasta por encima de las rodillas que se pegaba a sus caderas anchas cada vez que daba un paso.

El pelo castaño suelto, mechones moviéndose con el viento.

Zapatos.

Parecía una chica cualquiera saliendo a pasear.

Pero no lo era.

Los pechos llenos empujaban la tela del vestido.

Las caderas se balanceaban de forma natural.

Las piernas gruesas y suaves atraían miradas: un hombre mayor que giró la cabeza, dos chicos universitarios que se callaron de golpe.

Ella no lo notaba.

Caminaba con la cabeza baja, nerviosa, mordiéndose el labio inferior.

Cuando me vio, se detuvo.

Las mejillas se le encendieron al instante.

Caminó hacia mí con pasos cortos, como si cada uno le costara esfuerzo.

—H-Haruto-san… —saludó bajito, sin mirarme a los ojos.

Me sorprendió un poco que supiera mi nombre pero no le di importancia.

—Kasumi-san —respondí, levantándome—.

Llegaste.

Asintió rápido, las manos apretadas contra la falda.

No fui directo al hotel.

Quería que respirara primero.

Que entendiera que no iba a arrastrarla.

Que cuando pasara… sería porque ella lo elegía.

—Vamos a tomar algo —dije—.

Hay una cafetería buena aquí cerca.

Ella parpadeó, confundida pero aliviada.

Asintió.

La llevé a una pequeña cafetería con mesas al aire libre.

Pedí café negro para mí y un latte con mucha espuma para ella.

Nos sentamos en una esquina apartada.

Ella jugueteaba con la cucharita, mirando la espuma como si fuera lo más interesante del mundo.

Hablé primero, cosas normales.

Pregunté por su familia, por sus clases.

Ella respondió poco a poco.

Al principio tartamudeaba, las manos temblando en la taza.

Después se relajó.

Sonrió tímida cuando comenzó a contar lo que le gustaba.

Parecía una cita normal.

Nadie que nos viera pensaría que momentos después íbamos a estar en un love hotel.

—Kasumi-san, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

—pregunté, para tratar de no tener un silencio largó.

Ella levantó la vista un segundo, luego miró su latte.

—E-estudio mucho… y leo.

Libros de fantasía.

Y cuido de mi primo Ayato.

Es como un hermanito para mí.

Asentí.

— Ayato el chico que estaba contigo en la cafetería.

Parece que te admira mucho.

Sus mejillas se tiñeron de rosa.

—S-sí… él quiere entrar a Shiroyama el año que viene.

Se esfuerza mucho y lo yo quiero mucho.

Sonreí un poco.

—Suena como una persona muy importante para ti.

Ella asintió, más relajada ahora.

—Y tú… Haruto-san, ¿qué te gusta hacer?

Eres… muy callado en clases.

La miré fijo.

—Entrenar.

Leer.

Observar a la gente.

Ella rio bajito, nerviosa.

—Observar… como en la biblioteca, ¿no?

La tensión volvió un poco.

Asentí.

—Como en la biblioteca.

Terminamos nuestras bebidas .

Pagué y salimos.

Caminamos tres cuadras en silencio.

Ella no preguntó nada.

Solo me seguía, un paso atrás, respirando agitada.

Llegamos al hotel.

Fachada discreta, luces tenues, recepción automática.

Pagué una habitación.

Tomé la llave.

Subimos en el ascensor sin tocarnos.

Abrí la puerta.

Me hice a un lado para que ella entrara primero.

Ella dudó.

Miró la habitación: cama king size, luces suaves, cortinas cerradas, baño grande al fondo.

Luego entró.

Yo detrás.

Cerré la puerta con llave.

Estábamos solos.

Me acerqué por detrás.

La abracé por la cintura.

Mis manos subieron despacio por sus costados, sintiendo la curva suave de su cuerpo.

Bajé la boca a su cuello, besándolo lento, mordisqueando la piel sensible.

Ella soltó un gemido pequeño, temblando contra mí.

—Quiero… usar el baño primero —susurró.

—No —respondí contra su cuello—.

Ya esperé suficiente.

La giré.

La besé profundo.

Lengua invadiendo, explorando.

Ella respondió torpe pero ansiosa.

Le subí el vestido por los muslos, lo saqué por encima de su cabeza.

Quedó en sostén y bragas blancas sencillas.

El cuerpo voluptuoso expuesto: pechos pesados, cintura marcada, caderas anchas, trasero lleno y redondo.

La guié hasta la cama.

La senté en el borde.

Me arrodillé frente a ella.

—Desvístete —dije.

Aunque solo le quedara la ropa interior Ella dudó.

Luego, con manos temblorosas, se desabrochó el sostén.

Los pechos cayeron libres, pesados, pezones rosados ya endurecidos.

Se quitó las bragas despacio, quedando completamente desnuda.

La miré.

Todo.

Cada curva, cada centímetro de piel suave y temblorosa.

La tumbé despacio.

Empecé desde arriba: besos en la boca, en el cuello, bajando por el pecho.

Lamí un pezón, lo chupé fuerte.

Ella arqueó la espalda, gimiendo.

Cambié al otro.

Mis manos masajeaban sus pechos, apretando suave pero firme, sintiendo cómo se llenaban mis palmas.

Bajé por su vientre.

Besos lentos.

Lengua en el ombligo.

Luego más abajo.

La abrí de piernas.

Besé la cara interna de sus muslos.

Ella temblaba.

Gemía bajito.

Luego mi boca llegó a su centro.

Lamí despacio, explorando cada pliegue.

Ella gritó amortiguado, agarrándome el pelo.

La saboreé.

La hice temblar.

Cuando estuvo al borde, me detuve.

Subí.

Me desvestí rápido.

Saqué un condón del bolsillo, me lo puse.

Se sorprendió por mi tamaño.

La miré a los ojos.

Esperando alguna señal para que me detuviera.

Ella solo me miró, los ojos vidriosos pero sin resistencia.

Entré despacio.

Estaba apretada.

Mojada.

Virgen.

Ella se tensó, gimiendo de dolor mezclado con placer.

Las uñas se clavaron en mi espalda.

Me detuve.

Besé su boca hasta que se relajó.

Luego empecé a moverme.

Lento al principio.

Profundo.

Ella gemía contra mi boca, las uñas clavadas más fuerte.

No decía mucho.

Solo gemía.

Gemidos suaves al principio, más altos después.

Aceleré.

Sus gemidos subieron.

El cuerpo se arqueaba buscando más.

La tomé de las caderas, empujando fuerte.

Se vino primero.

Gritó mi nombre, temblando entera, contrayéndose alrededor de mí.

Yo no paré.

Seguí moviéndome hasta que me vine dentro del condón, gruñendo contra su cuello.

Nos quedamos así.

Sudados.

Respirando agitados.

Le di un descanso, unos minutos.

Ella respiraba pesado, los ojos cerrados, el pecho subiendo y bajando.

Después continuamos.

La puse de lado.

Entré desde atrás, una mano masajeando su pecho, la otra en su clítoris.

Ella gemía más alto.

Cambié de posición: ella encima, moviéndose torpe al principio, luego encontrando ritmo.

La ayudé agarrándola de las caderas.

Se vino otra vez, temblando encima de mí.

La puse de cuatro.

La tomé por detrás.

Profundo.

Fuerte.

Ella enterraba la cara en la almohada para no gritar.

Se vino tres veces más.

Yo seguí.

Cambié de posición otra vez: misionero con sus piernas sobre mis hombros.

La hice venirse una cuarta vez.

Horas pasaron.

No sé cuántas.

El tiempo se borró.

Solo nosotros dos, cuerpos pegados, sudor mezclándose, gemidos llenando la habitación.

Ella no tenía resistencia.

Se cansaba rápido, se quedaba jadeando, pero cada vez que la tocaba volvía a responder.

Yo no paraba.

No quería parar.

Cuando supe que no aguantaría más —los ojos vidriosos, la respiración entrecortada, las piernas temblando—, me detuve.

Me salí despacio.

La dejé tumbada, cubierta con la sábana.

Me fui a duchar.

Salí con la toalla en la cintura.

Ella se había cubierto con la manta hasta el cuello, avergonzada, mirando al techo.

—Puedes usar el baño —dije.

Asintió sin mirarme.

Se levantó envuelta en la manta, entró al baño.

Tardó quince minutos.

Salió con la toalla alrededor del cuerpo, pelo húmedo pegado a la piel, mejillas rojas.

Me estaba cambiando.

Me di cuenta de que ya era de noche.

Las luces de la ciudad entraban por las rendijas de las cortinas.

—Te acompaño a casa —dije.

Ella negó rápido.

—No hace falta… puedo ir sola.

—No —corté—.

Es tarde.

No quiero que te pase nada.

No dijo más.

Se cambió de espaldas, pidiéndome tímidamente que me diera vuelta.

Me pareció gracioso y tieno,ya había visto todo, tocado todo, pero obedecí.

Tardó un minuto.

Cuando se dio vuelta, ya estaba vestida, pelo húmedo, ojos bajos.

Salimos.

Caminamos en silencio.

Ella un paso atrás.

No hablamos casi nada.

Solo el sonido de nuestros pasos y el ruido lejano de la ciudad.

Llegamos a su casa.

Un edificio modesto, luces encendidas en algunas ventanas.

Se detuvo en la entrada.

—Gracias… por acompañarme —susurró.

—Nos vemos en la escuela —dije.

Ella tembló un segundo.

Se dio vuelta y entró rápido.

Yo me quedé un momento mirando la puerta cerrada.

Luego me fui directo a casa.

Fin del Capítulo 23

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo