ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 28
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28: Capítulo 26 28: Capítulo 26 (Punto de vista: Haruto) El presentimiento que tenía al principio seguía creciendo.
Takumi estaba nervioso por algún motivo: manos temblorosas cuando tomaba el micrófono, mirada que evitaba la mía, sonrisa forzada cada vez que hablaba.
Takaya, en cambio, seguía normal, confiado, risueño, voz grave cuando cantaba, pero sus ojos siempre volvían a Kasumi.
No era descarado, pero era constante.
Mi atención estaba siempre en Kasumi, Pero estaba alerta.
Algo no encajaba.
Las chicas cantaban y bailaban una canción pop animada,Miki y Rin saltando, Kasumi riendo tímida pero siguiendo el ritmo con las manos.
Yo no cantaba, me quedé sentado, las chicas me animaron a cantar pero le dije que tenía vergüenza, una verdad a medias.
Y por el rabillo del ojo vi.
Takumi se inclinó hacia la mesa de bebidas.
Rápido.
Discreto.
Tomó la botella de cola que estaba en la mesa —la que todos compartíamos— y sirvió un poco en su propio vaso.
Pero antes de dejar la botella, agregó algo rápidamente del dentro; un líquido claro que vertió, fue un segundo.
Nadie más lo vio.
Pero yo sí.
No dije nada.
Por el momento.
Cuando las chicas terminaron de cantar, agitadas y riendo, se sentaron.
Kasumi a mi lado.
Rin con Takaya.
Miki con Takumi.
Takaya seguía mirando a Kasumi aunque tuviera a Rin al lado.
Aguanté las ganas de golpearlo.
No era el momento.
Takaya agarro la botella, lo tomó con calma, como si nada pasara y sirvió las bebidas a todos, también a mí.
Un vaso de cola con hielo.
Kasumi levantó el vaso, dispuesta a tomar.
Lo agarré antes de que tocara sus labios.
Lo puse en la mesa de forma tranquila.
Sin brusquedad, sin drama.
Ella me miró confundida.
—¿H-Haruto-san…?
Me acerqué a su oído.
—Vamos a otro lugar —susurré—.
Ahora.
Se puso roja al instante.
Talvez pensó que quería estar a solas con ella para hacer lo de siempre.
Que quería llevarla a un rincón oscuro, subirle la falda, hacerla gemir otra vez.
Protestó tartamudeando, bajito.
—P-pero… no ha pasado mucho tiempo… todavía estamos con todos… Pero al ver mi mirada fija, seria, sin espacio para negociación, no se resistió.
Me levanté.
—Disculpen —dije a los demás—.
Me voy con Kasumi a otro lugar.
Sus amigas preguntaron al mismo tiempo.
—¿Por qué?
—dijo Miki.
—¿Estás bien, Kasumi?
—preguntó Rin.
Kasumi solo dijo: —S-sí… —de forma tímida, sin mirarlos a los ojos.
Takumi pareció relajarse un poco y Takaya mostró fastidio.
Como si le hubieran echado a perder su diversión.
Sus ojos se clavaron en mí un segundo.
Y supe que lo sabía sobre las bebidas y el sabía que yo sabía.
Sin más, tomé la mano de Kasumi y salimos de la sala.
Afuera del edificio, el aire fresco de la noche golpeó.
Kasumi estaba nerviosa, respirando agitada.
—¿A dónde vamos?
—preguntó bajito.
—Solo a un lugar cerca y seguro—, respondi mientras me dirigí al edificio del enfrente.
En Japón es común que haya karaoke cerca de otro debido a la alta población.
Entré rápido, pagué una sala disponible en la recepción automática —el más barato, sin preguntas— y subí con Kasumi de la mano.
Ella todavía no sabía nada de lo que pasaba.
Estaba acostumbrada a este tipo de situación: yo la llevaba a un lugar privado, la besaba, la desnudaba, la hacía gemir mi nombre hasta que temblaba.
Pensaba que era eso lo que quería.
Por eso no protestó cuando entramos.
Se sentó en el sofá de cuero rojo, piernas juntas, manos en la falda, mirándome con esa mezcla de nerviosismo y expectativa que ya conocía bien.
Pero no tenía esa intención.
No por el momento.
Tenía que corroborar lo que había visto.
Takumi había agregado algo a las bebidas.
Y Takaya… Takaya no era inocente, lo sentía.
—Quedate aquí —le dije, voz baja pero firme—.
Necesito hacer algo primero.
Espérame.
Ella pareció sorprendida.
Sintió que algo pasaba.
—¿Q-qué pasa, Haruto-san?
—preguntó, voz temblorosa.
—No te preocupes — respondí.
Encendí la máquina de karaoke en modo aleatorio.
Una canción pop suave empezó a sonar y salí.
Volví a la entrada del karaoke dónde estaba las amigas de Kasumi.
Esperé unos minutos afuera, en la calle, mirando la entrada.
Cuando sentí que era el momento, habían pasado suficiente tiempo para que las drogas hicieran efecto si eran rápidas y entré.
Subí al piso de la habitación.
La puerta estaba cerrada y la abrí un poco y despacio.
Escuché risas bajas.
Voces masculinas.
Gemidos suaves no de placer, de confusión.
Abrí la puerta rápidamente.
Lo que vi me sorprendió un poco, aunque lo suponía.
Las chicas Miki y Rin estaban inconscientes en los sofás.
Faldas levantadas, ropa interior expuesta, cuerpos laxos.
Takaya y Takumi estaban sentados a lado de ellas, uno con el teléfono en la mano grabando la situación.
Al parecer todavía no habían logrado su cometido, las chicas estaban dopadas pero no tocadas del todo.
Se sorprendieron al ver la puerta abrirse y verme a mí.
Takumi se paró rápidamente, pálido no sabía qué hacer.
Takaya no se inmutó.
Siguió normal, como si fuera algo común para él.
También fue el primero en hablar —¿Por qué volviste?
—dijo con burla—.
Pensé que te estabas divirtiendo con Kasumi.
Mi ira, algo que casi no mostraba se desató como nunca antes.
—Bastardo —gruñí.
Lancé una patada directa a su cara.
Takumi se incorporó y esquivó, tomando posición defensiva.
Tal parece no era solo músculo.
Tenía entrenamiento.
Takumi se recuperó y reaccionó, se acercó para golpearme, pero era alguien normal y predecible.
Esquivé su ataque y con un puñetazo directo en la cara cayó al suelo dejándolo fuera combate.
Takaya aprovechando esos segundos de distracción.
Se acercó y me golpeó en la cara, haciéndome retroceder.
Está es la primera pelea real que tengo.
No se comparaba a los combates del club de karate.
Me incorporé rápidamente y tomé un poco de distancia.
Él se burló.
—Pensé que eras como yo —dijo—.
Pero te quieres hacer el héroe.
Eso me enojó.
Yo no era como él.
No me aprovecharía de una mujer drogada o inconsciente.
Siguió provocándome.
—Después de golpeate, talvez vaya a busca Kasumi.
Ella también debería estar aqui.
Me acerqué impulsivamente para noquearlo con un golpe directo en la cabeza.
Él se aprovechó de eso, tenía más experiencia(era unos cinco años mayor).
Me golpeó en el estómago dejándome sin aire y me dio otro golpe en la cara enviándome al suelo, derribando la mesa y todo que que había en ella.
Traté de levantarme rápidamente, pero sentí el cuerpo de Takaya sobre el mío inmovilizándome y golpeandome una vez más.
Tenía que salir de esta situación, si no perdería.
Mi manos palparon el suelo buscaron algo, hasta que agarré una botella que se había caido y la estrellé contra su cabeza rompiendo la botella.
El golpe lo desorientó un poco, lo suficiente para poder empujarlo y levantarme.
El estaba todavía en el suelo, y no desaproveche la oportunidad.
Ahora estaba yo sobre él, y no mostrare misericordia.
Golpes y golpes en la cara, la sangre que salía de su boca y nariz.
Sentí sus huesos bajo mis puños hasta que estuvo inconsciente.
Me quedé respirando pesado.
Sangre en los nudillos.
El cuarto en silencio excepto por la música de fondo que seguía sonando.
Miré a las chicas.
Inconscientes, pero vivas.
En ese momento, la furia se volvió algo más oscuro.
Pensé en lo que pudo haber pasado a Kasumi si no hubiera venido.
Pensé en ella drogada, inconsciente, expuesta, grabada por estos bastardos.
Pensé en cómo Takaya la había mirado toda la noche, como si ya la tuviera.
Y la ira me cegó.
Me acerqué a Takaya, inconsciente, sangrando por la nariz y la boca.
Separé sus piernas y le di una patada fuerte en los genitales.
Una.
Dos.
Tres.
Con toda la fuerza que tenía.
El cuerpo se le convulsionó aunque estuviera inconsciente.
Se despertó un segundo, grito ahogado, ojos abiertos de dolor puro y se desmayó de nuevo Quería matarlo.
Quería que sufriera como nunca.
Quería romperlo hasta que no quedara nada.
Pero no lo hice.
No quería ir a la cárcel por matar a un tipo como él.
No valía la pena.
No por alguien como él.
Hice lo mismo con Takumi, que empezaba a moverse.
Patadas precisas, duras.
Para que, si sobrevivía, nunca más pudiera hacerle daño a nadie de esa forma.
Luego me detuve.
Respiré profundo.
Vesti a las amigas de Kasumi lo mejor que pude, bajé las faldas, abotoné las blusas, las acomodé en posición lateral para que respiraran.
Tomé el teléfono de Takaya, borré el video que había empezado a grabar y encontré otros vídeos de otras mujeres.
llamé a la policía desde su propio celular.
Anónimo.
Dije la dirección, dije que había dos hombres inconscientes y dos chicas drogadas y había pruebas de abusos en el celular y colgué.
Esperaba que en este mundo, la justicia no dejará que hombre así quedarán impunes.
Salí de la sala.
Bajé las escaleras.
La adrenalina se fue.
Y empezó el dolor, cara marcada con moretones, estómago golpeado, nudillos sangrando, sentía que me dolían al respirar.
Pero tenía que volver dónde estaba Kasumi.
Seguramente me sigue esperando Fin del Capítulo 26 No soy bueno describiendo combates, el prota es fuerte pero como ven es su primera pelea callejera y el otro tenía más experiencia, obviamente más adelante va a queres ser más fuerte
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