ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 29
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29: Capítulo 27 29: Capítulo 27 (Punto de vista: Haruto) Esperé afuera del edificio del karaoke.
No me fui lejos pero ocultandome, no quería que me viera manchado de sangre Quería asegurarme de que Takumi y Takaya no se despertaran y escaparan antes de que llegara la policía.
La adrenalina todavía corría por mis venas, pero el dolor empezaba a llegar: cara adolorida, dolor en el abdomen, nudillos sangrando y abiertos.
No me importaba.
Solo quería que pagaran.
Después de unos minutos, escuché el sonido de las patrullas.
Sirenas lejanas al principio, luego más cerca.
Dos autos de policía se detuvieron frente al edificio.
Oficiales bajaron, hablaron por radio, entraron rápido.
Yo me moví.
No había razón para quedarme.
Ya había hecho lo que tenía que hacer.
Volví al karaoke del enfrente.
Subí las escaleras.
Abrí la puerta del cuarto que había pagado.
Kasumi seguía allí.
Sentada tal cual la dejé: en el sofá, piernas juntas, manos apretadas en la falda, mirada inquieta hacia la puerta.
Cuando me vio entrar, se levantó de golpe.
—H-Haruto-san… —susurró, y se quedó congelada al ver mi aspecto: camisa manchada de sangre, cara golpeada, nudillos rojos y abiertos.
Se preocupó al instante.
Se acercó rápido, los ojos grandes llenos de alarma.
—¿Q-qué te pasó?
—preguntó, voz temblorosa—.
¿Estás herido…?
No tenía por qué ocultarle la verdad.
No a ella.
—Takumi y Takaya pusieron algo en las bebidas de todos—dije directo—.Lo vi Volví para detenerlos.
Sus ojos se abrieron enormes.
—¿M-mis amigas… están.?
—susurró, voz quebrada.
—Están bien —la tranquilicé—.
Solo inconscientes y me encargué de ellos.
La policía ya está allá, Se harán cargo del restó.
Ella se quedó quieta un segundo.
Luego sus ojos se llenaron de lágrimas.
No fuertes.
Solo brillaron.
Se acercó más.
Tocó mis moretones con los dedos suaves(la mejilla morada, el labio partido) Hice una mueca de dolor.
Ella se disculpó rápido.
—L-lo siento… —susurró, voz rota.
Era tan linda.
Tan preocupada.
Tan pura, incluso después de todo lo que habíamos hecho.
Me hizo sentar en el sofá.
Agarró una botella de agua de la mesa.
No había pañuelos, así que tomó su chaqueta ligera(la que había traído por si refrescaba), la humedeció con agua y empezó a limpiar mis manos manchadas de sangre.
Sus dedos temblaban un poco.
Pero no paró.
Limpio la sangre de mis nudillos con cuidado, como si fueran algo frágil.
Yo me relajé un poco con sus cuidados.
Ella era tan buena.
Cuando terminó, levantó la vista.
—Gracias… —susurró.
Sino… hubiera estado aquí mis amigas y yo….—, no termino la frase La miré fijamente.
—Si alguna vez otro hombre te molesta o te mira de forma extraña… avisame —dije, voz baja pero firme—.
Yo me encargaré de él.
Ella se sonrojó de una forma diferente a la habitual.
No era solo vergüenza sexual.
Era algo más profundo.
Más cálido.
Continué.
—Tú eres mía.
Una parte de mí(talvez antigua), sabía que estaba mal decirlo así.
A una mujer.
A una persona, pero era lo que sentía.
Posesión.
Protección.
Deseo.
Todo mezclado.
Ella bajó la mirada, las mejillas ardiendo.
—B-bueno… —susurró, voz casi inaudible.
Toda esta situación me hacía querer tenerla.
Reafirmar mis palabras.
Tomarla ahí mismo, en ese sofá, hacerla mía otra vez hasta que no quedara duda.
Pero no era buen momento.
Estaba lastimado.
Ella estaba un poco asustada por lo que paso.
Después de un tiempo, le dije: —Te llevaré a tu casa.
Kasumi negó rápido.
—No… tú estás lastimado.
Yo debería acompañarte a tu casa.
—No —corté—.
Estoy mas preocupado por ti, que vaya sola hasta tu casa.
No le di oportunidad de discutir.
La tomé de la mano y salimos.
Caminamos en silencio.
Pero esta vez era diferente a la primera vez.
Antes había un silencio incómodo, nos manteníamos un poco alejados.
Ahora estábamos cerca.
Su mano en la mía, su hombro rozando mi brazo.
No estaba incómoda, caminaba más cerca de mí.
Como si supiera que, después de esta noche, ya no había vuelta atrás.
Llegamos a su casa.
Las luces encendidas en algunas ventanas.
Se detuvo en la entrada.
—Gracias… por todo —susurró.
—Nos vemos —dije.
Ella tembló un segundo.
Asintió.
Se dio vuelta y entró rápido.
Yo me quedé un momento mirando la puerta cerrada, recodando la primera vez, pero de nuevo sentía que era diferente a aquella vez Luego me fui directo a casa.
Llegando a casa, abrí la puerta despacio.
El olor a cena casera todavía flotaba en el aire, arroz, salmón a la plancha, miso.
—Ya volví —dije, voz baja pero clara.Era la costumbre.
Escuché pasos rápidos desde la cocina.
Mamá vino a recibirme, como siempre.
—Bienvenido, Haruto, ¿cómo estuvo la ju…?
—empezó a decir, pero no terminó la frase.
Cuando me vio, se asustó.
Sus ojos se abrieron grandes.
La sonrisa se borró al instante.
Corrió hacia mí.
—¿Qué te pasó?
—preguntó, voz temblorosa, manos yendo directo a mi cara—.
¡Haruto!
¿Estás herido?
¿Qué es esta sangre?
¿Quién te hizo esto?
No le contaría la verdad.
No podía decirle que había golpeado a dos chicos hasta dejarlos inconscientes porque intentaron drogar, grabar y algo peor a unas chicas.
No podía decirle que lo hice por Kasumi.
No podía decirle que parte de mí disfrutó la violencia hacia ellos.
—Cuando volvía… dos personas trataron de asaltarme —mentí —.
Me defendí.
Ella estaba muy preocupada.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Ven… sientate —dijo, tomándome del brazo como si fuera a caerme—.
No te muevas.
Me llevó a la sala.
Me sentó en el sofá.
Corrió al baño a buscar el botiquín.
Mamá nunca me tuvo que cuidar por nada relacionado a mi cuerpo.
De pequeño no me enfermaba lo cual era sorprendente No tenía problemas de acoso en la escuela, mi mirada ya alejaba a la gente.
Así que esta era la primera vez que me veía lastimado.
Moretones en la cara, labio partido, nudillos sangrando, camisa manchada de sangre seca.
Cuando volvió, sacó lo necesario del botiquín: alcohol, algodón, ungüento para moretones, vendas adhesivas, gasas.
Yo le dije: —Estoy bien, mamá.
No es gran cosa.
Los otros se fueron peor — intenté bromear para tranquilizarla Ella me miró de mala manera.
Casi regañándome.
—No podés hacer bromas así, Haruto —dijo, voz quebrada—.
Podías haber muerto.
Si los ladrones hubieran tenido algún arma… La sentí mal.
Casi a punto de llorar.
Yo era lo único que le quedaba.
Me disculpé.
—Lo siento —dije, sincero.
Makoto empezó a atender mis heridas.
Primero limpió la sangre de mis nudillos con algodón y alcohol, dolió, pero no me quejé.
Puso ungüento para los moretones en mi cara y en el estómago donde Takaya me había golpeado.
Colocó vendas adhesivas en los cortes más profundos de los nudillos.
Mientras lo hacía, hablaba bajito.
—No vuelvas a salir tan tarde solo… —susurró—.
Si querés salir con amigos, que vengan a casa.
No quiero perderte también a ti.
Asentí.
—Tienes razón —dije—.
No volveré a salir tan tarde.
Sabía que solo era por el momento.
Después se olvidaría.
Pero dije lo que necesitaba oír.
Cuando terminó, me abrazó fuerte.
Se aferró a mí.
Sentí su cuerpo contra el mío.
Su calor.
Sus pechos presionados contra mi pecho.
Su cabello rozando mi mejilla.
Parecía no querer dejarme ir.
No me incomodó como antes.
No la alejé.
Esperé hasta que ella me soltara.
Le di palmaditas suaves en la espalda.
Después me dijo: —Ve a descansar a tu cuarto.
Te preparo algo caliente para que te duermas mejor.
Asentí.
—Gracias, mamá.
Subí las escaleras.
Entré a mi cuarto.
Me senté en la cama.
Miré mis manos vendadas.
La cara en el espejo del armario, lo moretones empezando a ponerse más ocuro.
Pero por ahora… solo quería dormir.
Mañana es domingo así que estaré todo el día en casa descansando.
El lunes volveré a la escuela Fin del Capítulo 27 Próximamente aparecerá un personaje ya visto por el protagonista, esta estará un poco corrompida pero es debido a su personalidad.
Tatro de no cambiar mucho la personalidad de los personajes basando en los anime hentai/ntr
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