ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 32
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32: Capítulo 30 32: Capítulo 30 (Punto de vista: Natsuha Shinomiya) Odio a los hombres pervertidos.
Y odio aún más a los que son infieles.
Desde que tenía ocho años lo tengo claro.
Papá se divorcio de mama y se fue con una mujer más joven.
La dejó llorando en la cocina durante semanas.
Mamá no gritaba, no rompía cosas.
Solo lloraba en silencio mientras lavaba los platos, y yo la abrazaba por detrás sin saber qué decir.
Ella me crió sola después de eso.
Trabajaba el doble , llegaba cansanda, pero nunca dejó que me faltara nada.
Nunca habló mal de papá delante de mí.
Solo una vez, cuando yo tenía doce y le pregunté por qué los hombres engañan, me miró con ojos muy tristes y dijo: —Porque piensan que su placer vale más que el dolor de otra persona.
No seas como ellos, Natsuha.
Y nunca dejes que te traten como si fueras reemplazable.
Desde entonces, prometí que nunca me dejaría tocar así por un hombre.
Nunca me enamoraría de uno que tuviera novia.
Nunca traicionaría a alguien que me quisiera de verdad.
Y sin embargo….
Tengo un novio, se llama Yuuta Yamano, todo en el era bueno .
Éramos casi vecinos vivía muy cerca de mi casa, en ese pueblo pequeño donde el verano olía a hierba cortada y a río.
Él era un año menor, más bajito que yo hasta que creció de golpe en secundaria .
Cuando se me confesó y yo acepte, el me tomaba de la mano cuando íbamos al parque, me daba besos cortos y tímidos en la mejilla o en la comisura de la boca.
Nunca me pidió más.
Yo lo quería así.
Seguro.
Limpio.
Sin manchas.
Pero una vez lo encontré en la escuela con una de esas revistas baratas que venden envueltas en plástico negro.
Se puso rojo como tomate cuando me vio.
Intentó esconderla, pero yo fui más rápida.
Se la quité de un manotazo.
—¿Esto es lo que te gusta?
¿Mujeres que se dejan tratar como objetos?
—No es… no es así, Natsuha-chan… —No me hables.
Me fui furiosa y no le hable una semana.
Cuando Llevé la revista a casa en mi mochila.
La tiré al cajón de la ropa interior pensando en quemarla al día siguiente.
Pero esa noche no pude dormir.
La curiosidad era como un insecto caminando por mi piel.
Saqué la revista.
Pasé las páginas con dedos temblorosos.
Las chicas tenían los ojos vidriosos, la boca abierta en gemidos exagerados, las piernas abiertas mientras hombres las sujetaban por el pelo, por las caderas, por el cuello.
Las trataban como muñecas.
Las penetraban en posturas imposibles.
Las llenaban.
Las marcaban.
Era asqueroso.
Era indignante.
Era… Mi respiración se volvió pesada.
Mis muslos se apretaron solos.
Sentí un calor líquido bajando por mi vientre, empapando la tela de mis….
Cerré la revista de golpe.
La tiré al cajón como si quemara.
Me metí bajo las sábanas y me quedé mirando el techo con el corazón latiéndome en los oídos.
Me odié un poco esa noche.
Cuando entré a secundaria superior, Yuuta se quedó en la inferior.
El instituto era enorme.
Los chicos me miraban más que antes, porque había crecido más que mis compañeras.
Algunos se confesaban en el tejado, en el pasillo, en la azotea.
Yo los rechazaba a todos con la misma frase cortante: —No me interesa.
Porque solo veían mi cara,mis piernas y mis pechos.
Ahí conoci también a Masaru Oga.
Él no se confesaba.
Simplemente insistía.
“¿Quieres salir?”.
Todos los días, todas las semanas Una sonrisa arrogante, un guiño, un “¿Hoy sí, Natsuha-chan?”.
Lo ignoraba.
Sabía que cambiaba de chica cada semana.
Lo veía besando a diferentes en los rincones, riendo con ellas, desapareciendo con ellas.
Era exactamente el tipo de hombre que más odiaba.
Así paso el tiempo, hasta que llegó, un mes antes de las vacaciones de verano.
Me sentía muy sola.
Yuuta estaba lejos.
Y Masaru no paraba.
Un día, simplemente… dije que sí.
Solo para callarlo.
Fuimos al cine.
Después caminamos sin rumbo y de pronto.
Entramos a un love hotel barato cerca de la estación.
No recuerdo bien cómo llegamos a la habitación.
Solo recuerdo que me besó con fuerza, que sus manos subieron por debajo de mi falda, que me empujó contra la cama, que me quitó la ropa sin preguntar.
Dolió.
Sangré un poco.
Él no se detuvo.
Gemí de dolor y de algo más que no quería nombrar.
Cuando terminó, se quedó encima de mí respirando agitado, riendo bajito contra mi cuello.
—Eres increíble, Natsuha-chan.
Yo no dije nada.
Solo miré el techo sucio y sentí las lágrimas resbalar por las sienes.
Después de eso lo ignoré con más fuerza.
Todo el verano estuve con Yuuta.
Paseos en bicicleta, helados, besos bajo los cerezos.
Él me abrazaba por detrás y yo sonreía.
Pero mi cuerpo no estaba ahí.
Sentía un calor incómodo entre las piernas cada vez que recordaba la habitación del hotel.
Cada vez que recordaba cómo Masaru me había abierto las piernas y me había hecho correrme a pesar del dolor.
Me odiaba.
Le echaba la culpa a él.
Pero era mi cuerpo el que traicionaba.
Cuando volvieron las clases, intenté seguir ignorándolo.
Las primeras semanas funcionó.
Pero Masaru era persistente como una enfermedad.
Volvió a invitarme.
Volví a decir que sí.
Volvimos al mismo hotel.
Esta vez no dolió tanto.
Esta vez gemí sin poder evitarlo.
Esta vez me corrí más rápido.
Y cuando terminó, en vez de llorar, me quedé mirando el techo con la respiración entrecortada y un nudo en la garganta.
Cada vez lo ignoraba menos tiempo.
Cada vez duraba menos el arrepentimiento.
Cada vez mi cuerpo lo esperaba más.
Y entonces apareció él alguien nuevo.
No sabía su nombre.
Lo vi por primera vez bajando las escaleras con una chica hermosa y un cuerpo casi como el mio.
Ella tenía el pelo revuelto, la falda arrugada, las mejillas rojas.
Él me miró.
No como los demás chicos.
No con deseo baboso.
Me miró como si pudiera ver todo lo que yo intentaba esconder.
Como si supiera exactamente lo sucia que me sentía por dentro, o eso pensaba.
No aguante la vergüenza, la culpa y me fui.
La segunda vez fue cuando salí del aula vacía de ciencia con Masaru.
Él me miró fijamente.
Sin parpadear.
Sentí que me desnudaba capa por capa sin tocarme.
Aparté la vista, avergonzada y culpable, siempre culpable.
Y la tercera vez… Fue detrás del depósito de deportes.
Acababa de estar con Masaru.
Mi uniforme desarreglado, mi cuerpo todavía temblando y él apareció.
Me miró y con un movimiento rapido Sacó el celular.
Flash.
El corazón se me detuvo.
El guardó el teléfono con calma.
Masaru salió justo después.
Se dio cuenta de algo raro, miró hacia el chico y después de unos segundos se fue sin decir nada.
Esa noche no dormí.
¿Que haría con la foto?
¿Y si la mostraba?
¿Y si alguien se enteraba?
¿Todo el instituto?
¿Mi mamá?
¿Yuuta?
Me pasé los siguientes días mirando por encima del hombro.
El estómago se me retorcía.
No era solo miedo.
Era algo peor.
Era vergüenza mezclada con un calor que subía desde abajo.
Porque cada vez que recordaba esa mirada… Sentí que mis piernas temblaban.
Tragué saliva.
Porque tenía miedo.
Porque me sentía atrapada.
Y porque, en el fondo más oscuro de mí misma… una parte quería saber qué haría si le pedia que borrara “esa foto”.
Quería saber hasta dónde podía caer.
Y una parte aún más profundo… Talvez quería que me hiciera caer del todo.
Fin del Capítulo 30 El padre de Natsuha era un imbécil como abandona a la mamá de Natsuha(lo que la vieron entederan)
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