ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - 37 Capítulo 34 Tu eres mia
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37: Capítulo 34 Tu eres mia 37: Capítulo 34 Tu eres mia (Punto de vista: Kasumi) El frío se sentía en los huesos.
Entraba a la escuela envuelta en mi abrigo, la bufanda apretada alrededor del cuello, el aliento saliendo en nubecitas blancas mientras caminaba por el patio.
Pronto nevaría, lo sentía en el aire.
Antes de llegar al getabako para cambiarme los zapatos por las uwabaki, alguien me habló de repente.
—Hola, Kasumi-chan.
¿Verdad?
Me giré sobresaltada.
Era un chico que había visto anteriormente, Masaru Oga.
Sonreía con una confianza que me ponía los nervios de punta, los ojos recorriéndome de arriba abajo sin disimulo.
No era la mirada intensa y protectora de Haruto.
Era una mirada que conocía bien, como la de los chicos que veían mis pechos disimuladamente, pero el parecía que no le importaba que me diera cuenta.
Me sentí incómoda al instante, como si me hubiera tocado sin usar las manos.
—Ho-hola… —respondí cordialmente, bajando la vista—.
¿Qué necesitas?
Se acercó un paso más.
—¿Eres cercana a Haruto Shiro, verdad?
Asentí despacio.
—Sí… —Bien.
Tengo algo importante que decirte sobre él… y sobre Shinomiya Natsuha.
Pero no aquí.
En un lugar donde nadie pueda molestar.
Mi estómago se retorció.
Sabía que Haruto estaba teniendo algo con Natsuha.
Pero hasta hora no le había preguntado.
No podía, tenía miedo de que si le reclamaba, si le decía algo, se molestara y me dejara.
Había pensado en hablar con Natsuha, pero nunca me la cruzaba.
Y ahora este chico, querie hablarme de ellos.
Dudé.
Mucho.
Pero asentí.
—Está bien… Me llevó a un costado de la escuela, donde casi nadie pasaba.
El viento frío soplaba fuerte, moviendo las hojas secas en remolinos.
Cuando estuvimos solos, le pregunté directo: —¿Qué necesitas decirme?
Él sonrió.
Una sonrisa que no llegaba a los ojos.
—Soy el novio de Natsuha.
Me quedé helada.
Había oído rumores de que Natsuha tenía novio, pero él… ¿el novio?, El que tenía diferente chicas a la semana.
Él Sacó su teléfono sin más preámbulos.
Reprodujo un video.
Gemidos.
De mujer.
Altísimos, entrecortados, desesperados.
No se veía bien la imagen, estaba borrosa, tomada desde lejos, quizás a través de una ventana o una rendija, pero era obvio qué pasaba.
Una chica de pelo largo, de espaldas, moviéndose encima de alguien.
Solo Gemía Pausó el video.
Mis mejillas ardían de vergüenza y está confundida por qué me mostró eso.
—Los grabé siendo infieles a Natsuha y Haruto —dijo con calma—.
Y si no haces lo que te digo… lo publico.
En el grupo del instituto.
En redes.
Donde sea.
El corazón me latía tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho.
Sentí algo miedo.
Miedo por Haruto, si se mostraba esto.
—¿Por qué me dices esto?
¿Qué quieres?
Su sonrisa se volvió torcida.
—Podría borrar el video… si me acompañas después de clases.
A un lugar tranquilo.
Solo tú y yo.
Entendí al instante.
Era tan obvio.
Tan asqueroso.
Retrocedí un paso.
El frío del viento me golpeaba la cara, pero sentía más frío por dentro.
—No… no puedo… Él se encogió de hombros como si no importara.
—Te espero en la Estación Central.
después de clases.
Si vienes, borro el video.
Y nadie se enterará de nada.
Ni tu Haruto.
Ni nadie.
Se dio la vuelta y se fue caminando tranquilo, como si acabara de pedirme un favor cualquiera.
Me quedé ahí.
Sola.
El viento soplando fuerte, metiéndose por debajo del abrigo.
Las piernas me temblaban.
¿Qué podía hacer?, No podía pensar con claridad Debería decírselo a Haruto.
Pero si Masaru publicaba ese video… si todos veían a Haruto con Natsuha, no me interesaba ella, solo el, seguramente tendría problemas con la escuela.
Me acorde Haruto me había dicho una vez, “Si alguna vez otro hombre te molesta o te mira de forma extraña… avísame.
Yo me encargaré de él.” Si le decía a Haruto, quizás él iría a buscar a Masaru ahora mismo y igualmente tendría problemas.
Si iba con Masaru… solo sería una vez.
Borraría el video.
Nadie se enteraría.
Estaba en un conflicto horrible.
(Punto de vista: Haruto) Ese día con Natsuha en el hotel había sido intenso.
Demasiado.
No me di cuenta de cuánto tiempo había pasado hasta que miré el reloj y ya era casi de noche.
La acompañé hasta la parada de autobús más cercana la línea 47, que pasaba por la avenida principal y tardaba casi una hora en llegar a su barrio en las afueras.
El viento helado nos pegaba en la cara mientras esperábamos bajo el techo de la parada.
Ella se quedó callada todo el camino, con la bufanda tapándole la mitad de la cara.
Antes de que subiera al autobús, le dije: —Mándame un mensaje cuando llegues bien a tu casa.
Asintió sin mirarme a los ojos.
Solo un movimiento rápido de cabeza y subió.
Las puertas se cerraron con un siseo y el bus se alejó con las luces traseras rojas perdiéndose en la oscuridad.
Me quedé ahí un rato, sintiendo un pinchazo raro de culpa.
No por lo que habíamos hecho, eso lo había disfrutado cada segundo, sino por dejarla viajar sola tan tarde.
Más tarde en casa me llegó una notificación de line “en casa”, era el primer mensaje que ella mandaba.
Al día siguiente todo parecía normal.
Clases aburridas, el frío metiéndose por las rendijas de las ventanas, el instituto oliendo a calefacción vieja y a uniformes húmedos.
En el descanso del almuerzo fui con Kasumi a la biblioteca, últimamente el frío nos obligaba a buscar lugares cerrados.
Nos sentamos en una mesa al fondo, entre estanterías que nadie usaba nunca.
Ella ya tenía el bento listo Lo abrió con manos un poco temblorosas y me lo pasó.
—Gracias —le dije, Comí un bocado y asentí.
—Está delicioso.
como siempre.
También saqué el bento que me preparaba Makoto, Ella me miraba fijamente mientras comía.
Pero notaba algo raro, estaba callada.
Sus ojos grandes y tímidos tenían algo diferente: inquietud, tristeza, como si estuviera cargando un peso que no podía soltar.
Hasta que por fin lo soltó.
—Haruto… esta mañana, al llegar a la escuela… Masaru Oga me habló.
Me quedé quieto con los palillos a medio camino.
—¿Masaru?
¿Qué quería?
Ella tragó saliva.
—Dijo que era el novio de Natsuha… y que tú estabas saliendo con ella.
No me sorprendió ella que supiera lo de Natsuha, Kasumi no era tonta.
Pero que Masaru se acercara a ella… eso sí me puso en alerta.
Apreté los puños debajo de la mesa.
—¿Y qué más?
—pregunté, intentando mantener la voz calmada.
Kasumi bajó la mirada.
—Sacó su teléfono… y reprodujo un video.
Dijo que los había grabado a ti y a Natsuha… teniendo intimidad.
Y que lo publicaría.
El enojo me subió como una ola caliente por el pecho.
Apreté tanto los puños que los nudillos se me pusieron blancos.
Mi expresión cambió.
Kasumi lo notó al instante y siguió hablando rápido, como si quisiera retenerme antes de que me levantara.
—Me dijo que si lo acompañaba después de clases… que me esperaba en la estación Central… borraría el video.
Y que nadie lo sabría.
Quería levantarme en ese momento.
Ir directo y buscarlo salon por salón hasta encontrarlo, agarrar a Masaru por el cuello y hacerle tragar sus dientes uno por uno.
Pero antes de que pudiera pararme del todo, una mano pequeña y cálida me sujetó la muñeca.
Kasumi me miró con ojos tristes, brillantes por lágrimas contenidas.
—No… si golpeas a un estudiante en la escuela… te suspenderán.
O peor.
No era la advertencia lo que me detuvo.
Era ella.
Esa mirada.
Respiré hondo.
Me senté de nuevo.
Apreté su mano un segundo para tranquilizarla , y para tranquilizarme a mí.
—Gracias por decírmelo, Kasumi.
Pensé rápido.
Masaru no era idiota.
No me enfrentaba directamente, Por eso había ido por Kasumi.
Para golpearme donde más dolía.
Levanté la vista hacia ella.
—Ve al lugar acordado.
A la estación Central.
Después de clases.
Sus ojos se abrieron grandes, asustados.
—¿Qué…?
—Ve —repetí, bajando la voz—.
Yo me encargo de todo.
Ella me miró fijamente, buscando en mi cara si hablaba en serio.
Luego asintió despacio.
No dijo nada más.
Solo apretó mi mano un segundo antes de soltarla.
El resto del almuerzo fue en silencio.
Comí mecánicamente.
Mi mente ya estaba en otro lado.
Antes de salir de la biblioteca le di instrucciones a Kasumi de lo que tenía que hacer.
Yo todavía con el pulso acelerado.
El frío ya no se sentía.
Solo rabia.
Y la certeza de que esa tarde Masaru Oga iba a aprender una lección que no olvidaría.
Y Kasumi… iba a saber que cuando dije “eres mía”, lo decía en serio.
__________________________ Después de clases salí de la escuela siguiendo a Kasumi Ellaiba unos metros delante, caminando con la cabeza baja, el abrigo apretado contra el cuerpo por el frío que ya mordía de verdad.
Le había dado instrucciones claras antes de separarnos en la biblioteca: “Ve a la estación Central como si nada.
Cuando Masaru pague la habitación en recepción, mándame el número exacto de la habitación.
En cuanto entres al cuarto, quédate cerca de la puerta y espera a qué golpe.” Ella había asentido, con los ojos brillando de miedo y confianza al mismo tiempo.
Yo la seguí a distancia, mezclándome entre la gente que salía del instituto y la multitud de la hora pico.
Llegó a la estación Central.
Masaru ya estaba ahí, apoyado contra una columna, con esa sonrisa de mierda que me hacía hervir la sangre.
Se acercó a ella con confianza, le dijo algo al oído que no alcancé a oír, y la guio hacia la salida lateral que daba directo a la calle de los hoteles baratos.
Los seguí sin que me vieran, manteniendo la distancia, usando la gente como escudo.
Entraron a uno de los hoteles más discretos de la zona, un edificio estrecho con luces rojas tenues en la recepción.
Entre y espere un rato.
Un minutos después llegó el mensaje de Kasumi: “Habitación 200.” subí las escaleras de dos en dos.
El pasillo olía a humedad y a ambientador barato.
Llegué a la puerta 200.
Toqué dos veces, fuerte pero no violento.
La puerta se abrió apenas una rendija.
Kasumi apareció, pálida, con los ojos muy abiertos.
En cuanto me vio, se ocultó detrás de mí como un cachorro asustado, agarrándome la chaqueta por detrás.
Miré adentro.
Masaru estaba de pie en medio de la habitación, con la camisa a medio desabrochar, la cara pasando de sorpresa a furia en segundos.
Se dio cuenta al instante de que su plan se había ido a la mierda.
—Kasumi —le dije sin apartar la vista de él—, espera en la entrada del hotel.
Abajo, en el lobby.
No te muevas de ahí hasta que yo baje.
Ella dudó, apretando más fuerte mi chaqueta.
—Haruto… —Hazlo —insistí, más suave pero firme.
Asintió temblando y salió corriendo por el pasillo.
Cerré la puerta detrás de mí.
El clic del cerrojo sonó como un disparo en el silencio.
Quedamos solos.
Masaru ya no sonreía.
Estaba infeliz, furioso, pero todavía intentaba mantener esa pose de “yo controlo todo”.
Cruzó los brazos, inflando el pecho.
El silencio duró unos segundos eternos.
Lo rompí yo.
—Hace unas semanas pensé en golpearte solo por Natsuha —le dije con voz plana.
—Pero no tenía sentido.
Hice una pausa.
Él abrió la boca para decir algo, pero seguí.
—Ahora… por lo que ibas a hacerle a Kasumi… te voy a golpear hasta que ruegues piedad.
Se puso en guardia al instante, riendo forzado.
—¿Tú?
¿Crees que puedes conmigo, Haruto?
Atacó primero.
Un puñetazo directo, torpe pero fuerte, sus músculos seguramente son por las pesas del gimnasio.
Esquivé sin esfuerzo, girando el torso.
Sus movimientos eran predecibles: rectos, sin técnica, solo fuerza bruta.
Cualquiera tipo normal o débil habría caído en el primer golpe.
Pero yo había entrenado, no era experto, pero sabía lo suficiente para hacer daño.
Esperé el momento justo.
Cuando lanzó otro puñetazo amplio, lancé una patada lateral perfecta: (Yoko Geri) directo al centro del pecho.
El impacto lo hizo retroceder dos pasos, el aire saliéndole de golpe en un jadeo ahogado.
Su arrogancia se evaporó en un segundo.
Se dio cuenta de que el prodia perder.
Aun así, se preparó para atacar de nuevo, rojo de rabia.
Esperé.
Y cuando abrió la guardia para lanzar otro golpe, le di una patada ascendente brutal en la entrepierna.
El grito que soltó fue agudo, inhumano.
Se dobló en dos, las manos volando a la entrepierna, los ojos saliéndose de las órbitas.
No le di tiempo a recuperarse.
Le clavé una rodilla ascendente en plena cara.
Se oyó el crujido de la nariz rompiéndose.
Sangre salpicó el suelo.
Un par de dientes volaron y rebotaron contra la piso.
Cayó de espaldas, golpeándose la cabeza contra el piso.
Seguía consciente.
Jadeando, con lágrimas de dolor y miedo mezcladas con la sangre que le corría por la boca.
Puse el pie en su pecho, presionando justo lo suficiente para que no pudiera levantarse.
Se quedó quieto, temblando.
Antes de que pudiera suplicar, le dije: —Tu teléfono.
Presioné más fuerte.
Él gimió y sacó el móvil del bolsillo con manos temblorosas.
Me lo pasó.
Revisé la galería.
No había ningún video mío con Natsuha.
Solo una carpeta en un grupo de chat de hombres: videos de mujeres teniendo sexo, enviados como trofeos.
Quizás Kasumi había visto uno de esos y pensó que era el chantaje.
O quizás Masaru nunca tuvo nada real y solo la había manipulado con la amenaza.
Tiré el teléfono contra la pared.
Se hizo pedazos.
Lo miré fijo.
—No te acerques más a Kasumi.
Ni a Natsuha.
Ni aparezcas en mi vista nunca más.
Asintió rápido, con lágrimas corriendo por la cara ensangrentada.
Miré su mano derecha, la que había usado para agarrar el teléfono.
Sin remordimiento, levanté el pie y lo bajé con fuerza sobre sus dedos.
El crujido fue seco, seguido de un grito desgarrador.
Lloraba abiertamente ahora, como un niño.
Qué vista tan lamentable.
Me di la vuelta.
Abrí la puerta.
Salí sin mirar atrás.
Bajé las escaleras.
Kasumi estaba en el lobby, sentada en un sillón viejo, abrazándose a sí misma.
Cuando me vio, se levantó de un salto.
—¿Haruto…?
La tomé de la mano.
—Todo terminó.
No va a molestarte nunca más.
Ella me miró con ojos muy abiertos.
Luego se lanzó a mis brazos, temblando.
La abracé fuerte, sintiendo su calor contra mí en medio del frío del lobby.
—Como te dije aquella vez—le dije en voz baja.
—Tu eres mia.
Ella asintió contra mi pecho.
Salimos del hotel al frío de diciembre.
La nieve empezaba a caer en copos suaves.
Y por primera vez en semanas, sentí que el equilibrio volvía.
Kasumi era mía.
Natsuha… ya veremos.
Pero nadie iba a tocar lo que era mío.
Fin del Capítulo 34 Perdón la demora estaba ocupado
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