ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 Capítulo 36 Makoto y Kanako
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39: Capítulo 36 Makoto y Kanako 39: Capítulo 36 Makoto y Kanako (Punto de vista: Makoto Kano- meses atras) Haruto ya no era el mismo.
Y yo también.
Todo empezó con los condones.
Los encontré por casualidad, mientras limpiaba y recogía la ropa sucia de su habitación.
Un paquete abierto, escondido en el cajón de los calcetines.
No era la primera vez que veía algo así, pero verlo en el cajón de Haruto… fue como si alguien me hubiera golpeado el estómago.
No dije nada.
No podía.
Desde ese día empecé a mirarlo diferente.
Cuando se ejercitaba en casa.
flexiones, abdominales, no podía evitar quedarme mirando.
El sudor le corría por la espalda, los músculos se tensaban bajo la camiseta pegada a la piel, los brazos se marcaban con cada movimiento.
Fuerte.
Seguro.
Un calor que subía desde el vientre, un cosquilleo que me obligaba a apretar los muslos y apartar la mirada.
Me sentía sucia.
Una madre no debía sentir eso por su hijo.
Pero lo sentía.
Después de unos días Haruto empezó a evitarme.
Se me quedaba mirando un segundo de más los ojos recorriendo mi figura, deteniéndose en el escote de la blusa o en las piernas cuando me inclinaba a recoger algo, y luego se iba a su cuarto sin decir nada.
A veces lo escuchaba caminar de un lado a otro, como si estuviera luchando contra algo dentro de él.
Cuando llegaron las vacaciones de verano.
Un día me dijo que iba a buscar trabajo.
—Quiero ganar mi propio dinero y tener experiencia.
Me alegré.
Le dije que no se esforzara demasiado.
Pero por dentro entró un temor frío y afilado.
Pensando que Haruto en algún momento se iría.
¿Y si encuentra a alguien, forma una familia y me deja sola en esta casa?” No quería eso.
No quería que me abandonara.
No después de haber perdido a Yasuno-sensei.
Cuando el llegaba del trabajo, a veces notaba una fragancia familiar No era el de Haruto.
Era el perfume de Kanako.
Dulce, pesado, con notas de vainilla y almizcle.
El mismo que usaba cuando venía a “visitar” a Yasuno-sensei y a mí.
El mismo que se quedaba en las sábanas después de las noches en que los tres nos perdíamos en la habitación .
¿En qué momento se habían encontrado?
¿Qué le habría dicho ella?
¿Le habría contado sobre mi pasado?
Sobre Takafumi, mi ex-esposo.
Sobre cómo terminé entregandome a Yasuno-sensei.
¿Y si Kanako lo estaba seduciendo?
El temor creció.
Cuando las vacaciones de verano estaban por terminar, Haruto me dio un regalo.
Un colgante.
Plata sencilla, con una pequeña piedra azul que brillaba bajo la luz.
Lo había comprado con el dinero de su sueldo, donde trabajaba medio tiempo.
Fue el regalo más hermoso que había recibido en mucho tiempo.
Desde que Yasuno-sensei me regaló el anillo de compromiso.
Lo abracé fuerte.
Demasiado fuerte.
Sentí su cuerpo contra el mío, caliente, sólido, adulto.
Y algo dentro de mí se rompió.
Esa noche, después de que se fuera a dormir, entré a mi habitación.
Cerré la puerta.
Me senté en la cama, todavía con el colgante puesto.
No pude evitarlo.
Mis manos bajaron solas.
Me toqué despacio al principio,solo rozando la tela de la pijama sobre el pecho, pero el calor no se iba.
Pensé en Haruto.
En cómo me había mirado esa noche.
En cómo su cuerpo se había sentido contra el mío en ese abrazo.
Me quité la pijama.
Me acosté.
Mis dedos encontraron el camino entre las piernas.
Me toqué pensando en él.
En su fuerza.
En su mirada.
En cómo sería si me tocara él.
Llegué al clímax con su nombre en los labios, susurrado, ahogado, prohibido.
Lágrimas corrieron por mis mejillas mientras el placer se mezclaba con la culpa.
Era algo que una madre no podía y no debía pensar.
Pero no pude evitarlo.
Y después de esa noche… cada vez que lo veía, el colgante colgando entre mis pechos me recordaba que ya no era solo su madre.
Era algo más.
Algo que no tenía nombre.
Algo que me aterrorizaba y me excitaba al mismo tiempo.
_________________________ Cuando Haruto volvió a la escuela después de las vacaciones de verano, las cosas se volvieron más extrañas aún.
Pasaron unas semanas.
Yo seguía con mi rutina: levantarme temprano, preparar el desayuno que él, ir al supermercado, limpiar la casa que ya no necesitaba tanta limpieza.
Pero cada vez que lo veía salir con el uniforme, sentía un nudo en el estómago.
Ya no era mi niño.
Era un hombre.
Y ese colgante que me había regalado colgaba entre mis pechos como un recordatorio constante de que ya no podía fingir que no lo veía como tal.
Una tarde recibí una llamada.
Kanako.
Su voz al teléfono era la misma de siempre: suave, confiada, con ese tono que sabía cómo meterse bajo la piel.
—Makoto… ¿puedo pasar por tu casa?
Quiero hablar contigo.
Acepté sin pensarlo demasiado.
Quería saber qué había pasado entre ella y Haruto.
Qué le había dicho.
Si le había contado todo.
Si le había mostrado algo que no debía.
Haruto estaba en clases.
Kanako llegó media hora después.
La recibí en la puerta.
Llevaba un abrigo largo negro, el pelo recogido en un moño perfecto, el mismo perfume de vainilla y almizcle que siempre usaba.
Entró y miró alrededor como si viera fantasmas.
—Cuánto tiempo… —murmuró—.
Desde que Yasuno….
La hice pasar al living.
Ella se sentó en un sofá.
Yo en el otro, frente a ella.
Cruzamos las piernas al mismo tiempo, casi por reflejo.
Le pregunté directo: —¿No deberías estar en la escuela?
Eres la directora.
Kanako sonrió apenas.
—Está todo bajo control.
No habrá problema.
Hizo una pausa.
Luego fue al grano.
—Una de las razones por las que vine… es porque me encontré con Haruto hace tiempo.
De camino a casa.
Me sorprendió su cambio.
Ya no es un niño.
Es un hombre.
Lo dijo con esa voz baja, ronca, que conocía demasiado bien.
La misma que usaba cuando los tres estábamos a solas.
Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera detenerlo: un calor traicionero entre las piernas.
Continuó.
—Haruto visitó la escuela.
donde tú antes dabas clases de educación física.
Eso me alteró.
Me incliné hacia adelante.
—¿Qué le dijiste?
Kanako negó con la cabeza.
—Nada.
Solo le entregué la llave.
La llave de Yasuno.
De la habitación donde… nos divertíamos los tres.
El aire se me escapó de los pulmones.
Entonces Haruto ya lo sabía.
Sabía todo.
Mi pasado, los juguetes, la ropa y las grabaciones.
Por eso me evitaba por un tiempo.
Por eso me miraba y luego huía a su cuarto.
Kanako levantó una mano para calmarme.
—Tranquila, Makoto.
Él ya lo sabe.
No te odia.
Al contrario… creo que siente atracción por ti.
Algo que un hijo no debería sentir por su madre.
Y por eso me buscó a mí.
Las palabras me golpearon como un latigazo.
Le dije, con voz temblorosa: —Aléjate de él.
No sabía si lo dije como madre… o como mujer celosa.
Kanako sonrió.
Una sonrisa pícara, conocedora.
Ella asintió despacio.
—Quería saber.
Pero no es solo curiosidad.
Es deseo.
—No te preocupes.
No lo voy a tomar para mí sola.
Solo… lo estoy preparando.
Me quedé helada.
Kanako continuó, con esa calma suya que siempre me desarmaba.
—Haruto todavía no sabe lo que quiere.
Está viendo el mundo por primera vez.
Está descubriendo su propia perversión.
— Pero cuando se canse de chicas de su edad…o no, cuando se dé cuenta que es tonto resistirse a su deseo vendrá a ti.
Y cuando venga… tal vez podamos hacerlo juntos como antes.
Mi mente se llenó de imágenes prohibidas.
Haruto encima de mí.
Sus manos en mis caderas.
Su boca en mi cuello.
Kanako mirando, tocándose, uniéndose.
El calor entre mis piernas se volvió insoportable.
Luego cambió de tema.
La verdadera razón por la que había venido.
—Quiero que vuelvas a ser maestra de gimnasia en la escuela.
Me sorprendió tanto que casi salto del sofá.
—¿Por qué?
—El antiguo maestro se retira pronto.
Queda una vacante.
Pensé en ti, siempre estás en casa… aburrida o tal vez no —dijo, con esa picardía suya.
Pensé en eso.
Hacía mucho que había dejado de enseñar.
Desde que tuve a Haruto.
Desde que me convertí en madre.
No había vuelto porque él me necesitaba era solo un bebe.
Pero ahora… Haruto ya era un hombre.
Ya no me necesitaba tanto.
Kanako se levantó.
Se acercó y me puso una mano en el hombro.
—Piénsalo.
Sería bueno para ti.
Y para Haruto… sentir tu ausencia lo hará buscarte más rápido.
Se marchó sin decir más.
Dejándome sola en el living.
Con el colgante todavía colgando entre mis pechos.
Y el calor entre las piernas que no se iba.
Entré a la habitación de Yasuno-sensei .
Solo entrena para limpiar en semanas.
Pero hoy no era para limpiar.
Abrí el baúl.
Saqué un juguete grande, uno de los que Yasuno usaba conmigo y con Kanako.
Grueso, negro, con venas marcadas.
Me acosté en la cama.
Me quité la ropa despacio.
El colgante se balanceaba entre mis pechos mientras me abría de piernas.
Lo introduje despacio.
Gemí al sentirlo llenarme.
Pensé en Haruto.
En cómo sería él.
Más grande que Yasuno, como había dicho Kanako.
Más fuerte.
Más joven.
Más hambriento.
Moví el juguete adentro y afuera.
Rápido.
Profundo.
Mi otra mano en el clítoris, frotando en círculos desesperados.
Gemí su nombre —“Haruto… ah… Haruto…”—.
Me corrí fuerte.
El cuerpo convulsionándose, las piernas temblando, lágrimas de placer y culpa mezcladas.
El juguete todavía dentro, palpitando con mis contracciones.
Me quedé allí, jadeando.
El colgante frío contra mi piel caliente.
Kanako talvez tenía razón.
Haruto vendría tarde o temprano.
Y yo… no sabía si quería resistirme.
O si quería que me encontrara.
Fin del Capítulo 36
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