ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 4
- Inicio
- Todas las novelas
- ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18)
- Capítulo 4 - 4 Capitulo 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Capitulo 3 4: Capitulo 3 (Punto de vista: Makoto Kano) El alta llegó con la misma frialdad burocrática que todo lo demás en ese hospital: papeles firmados, instrucciones repetidas sobre puntos, lactancia y reposo absoluto, y una enfermera que me sonrió con esa compasión profesional que no llega a los ojos.
Salí hasta la entrada principal, con Haruto envuelto en una manta azul.
El aire de enero en Tokio era fresco, casi cortante, y me dolió el abdomen al levantarme para subir al taxi.
El conductor, un hombre mayor de pocas palabras, cargó la maleta pequeña sin preguntar nada.
Yo solo abracé a mi hijo contra el pecho, como si fuera un escudo contra el mundo que me esperaba afuera.
El trayecto desde el hospital hasta Minato fue silencioso.
Miraba por la ventana los edificios que pasaban: altos, impersonales, brillantes bajo el sol pálido de invierno.
El apartamento estaba en una torre de clase media-alta, no ostentosa, pero con esa privacidad que Yasuno~sensei siempre había exigido.
Planta 18, vistas al mar artificial de Odaiba, paredes gruesas que no dejaban pasar ruidos del pasillo, ascensor directo desde el estacionamiento subterráneo.
Un lugar perfecto para esconderse.
O para ser escondida.
Cuando el taxi se detuvo frente al edificio, pagué y bajé con cuidado, sosteniendo a Haruto en un brazo y la maleta en el otro.
El portero me saludó con una inclinación breve y abrió la puerta del lobby.
Subí sola al ascensor.
El botón del 18 brilló rojo cuando lo presioné.
El ascensor subió suave, casi sin ruido, y con cada piso que pasaba, mi corazón latía más fuerte.
Cuando las puertas se abrieron, allí estaba él.
Shiro Yasuno.
Esperándome en el pasillo privado, justo frente a la puerta del apartamento.
De pie, con las manos en los bolsillos del abrigo negro largo.
Un hombre de sesenta y tres años que parecía llevar más peso en los hombros que en el cuerpo: pelo negro todavía, semicalvo en un patrón que no intentaba disimular.
El rostro ancho, poco agraciado, con bolsas bajo los ojos y una papada que se desbordaba sobre el cuello de la camisa.
Obeso, pesado, con esa carne blanda que se mueve antes que él cuando camina.
Y sin embargo… cuando me vio salir del ascensor con Haruto en brazos, sus ojos se encendieron.
No con ternura.
No con curiosidad por su hijo.
Con hambre cruda.
—Makoto… —dijo con esa voz grave, ronca, que siempre me hacía bajar la mirada por instinto—.
Por fin.
No preguntó por el bebé.
No extendió los brazos para cargarlo.
Solo me miró de arriba abajo: el cuerpo todavía hinchado por el embarazo, los pechos pesados bajo la blusa de algodón, la forma en que caminaba con cuidado por los puntos.
Me miró como si fuera carne fresca después de meses de ayuno.
Avancé por el pasillo corto, con Haruto dormido contra mi hombro.
Intenté sonreír.
—Yasuno~sensei… llegamos bien.
Él es Haruto.
Tu hijo.
Él ni siquiera miró al bebé.
Su mano grande, de dedos gruesos, se cerró alrededor de mi muñeca y tiró de mí hacia la puerta.
—Adentro —ordenó—.
Ahora.
Abrió con la llave electrónica y me empujó suavemente pero firme al interior.
El clic de la puerta al cerrarse resonó como una sentencia.
El apartamento estaba impecable, como siempre.
Muebles minimalistas en tonos grises y blancos, suelo de madera clara, ventanales enormes que daban a la ciudad.
Todo perfecto.
Todo frío.
Entonces se volvió hacia mí.
Sus ojos recorrieron mi cuerpo otra vez, deteniéndose en los pechos, en la curva todavía suave del vientre, en las caderas que habían cambiado para siempre.
—Te extrañé —dijo, y su voz sonó más baja, más pesada—.
Mucho.
No mencionó al bebé.
Ni siquiera lo miró.
Yo bajé la vista.
Haruto seguía dormido, su respiración suave contra mi cuello.
Intenté hablar.
—Sensei… él necesita que lo acueste en su cuna.
Está cansado del viaje y— No me dejó terminar.
Su mano subió a mi nuca, me agarró del pelo con esa mezcla de ternura y posesión que siempre usaba para recordarme quién mandaba.
—Después —dijo—.
Primero tú.
Me llevó por el pasillo hacia el cuarto principal.
La puerta se abrió y allí estaba la cama tamaño king , las sábanas negras que él prefería, el olor a él impregnado en todo.
Me empujó suavemente hacia adentro, cerró la puerta detrás de nosotros.
Solo entonces miró a Haruto, por primera vez, como si fuera un estorbo.
—Déjalo en la cuna del cuarto de al lado —ordenó—.
No va a despertar todavía.
Obedecí.
Siempre obedecía.
Lo deposité con cuidado en la cuna que había preparado semanas atrás: sábanas blancas, móvil de estrellas girando despacio.
Le puse el chupete en la boca por si acaso.
Él suspiró, se acomodó y siguió durmiendo.
Aquí ese momento tierno y silencioso, cuando lo dejo en la cuna y me quedo un segundo mirándolo.
Cuando volví al cuarto principal, Yasuno ya se había quitado el abrigo.
La camisa blanca estaba desabotonada en los primeros botones, dejando ver el pecho ancho y velloso.
Se acercó.
Sus manos grandes me tomaron por la cintura, me atrajeron contra él.
Olía a sudor viejo y a deseo crudo.
—Mi pequeña Makoto… —susurró contra mi oreja—.
Tu cuerpo cambió.
Me gusta.
Me gusta mucho.
Sus dedos subieron a mis pechos, apretaron con fuerza a través de la tela.
Sentí la leche gotear un poco, humedecer la blusa.
Él sonrió, una sonrisa torcida y satisfecha.
—No te preocupes —dijo—.
Después te limpio yo mismo.
No había espacio para negarse.
Nunca lo había.
Me llevó a la cama.
Me acostó.
Se colocó encima, pesado, asfixiante.
Y mientras sus manos recorrían lo que ahora era mío y suyo al mismo tiempo, yo solo podía pensar en una cosa: Haruto está durmiendo en la habitación de al lado.
Mi único hijo.
Y yo… yo sigo siendo de él.
Aquí, la silueta pesada de Yasuno~sensei sobre mí en esa penumbra que huele a posesión.
Fin del Capítulo 3
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com