ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 40
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40: Capítulo 37 Año nuevo 40: Capítulo 37 Año nuevo Este cap será rápido para entrar rápido en segundo año.
(Punto de vista: Haruto) Las vacaciones de invierno habían caído como una manta pesada y silenciosa sobre la ciudad.
Aquí en Japón la navidad era puro marketing romántico: parejas paseando de la mano por calles iluminadas, reservas en restaurantes caros, pasteles de fresa con crema batida que se vendían como si fueran oro.
Recibí un mensaje de Kasumi.
“¡Feliz Navidad, Haruto!
…Cuídate.”Sonreí al leerlo.
Kasumi era así, No la molesté más.
Ella ahora estaba con su familia y no nos veríamos hasta regresar a clases.
Le escribí mas tarde.
Un mensaje simple: “Feliz navidad, Kasumi”, era corto, pero no estaba acostumbrado.
A Natsuha le escribí yo.
Porque ella no me escribiría.
“Feliz Navidad, Natsuha” Ella solo lo vio y dijo “Gracias”, no esperaba que me respondiera.
Me quedé mirando la pantalla un rato largo, sabía que probablemente estaba con su familia, siendo la novia perfecta para él (Yuuta).
O tal vez estaba pensando en mí.
La casa estaba demasiado tranquila.
Solo Makoto y yo.
Ya no me sentía tan incómodo como antes al estar a solas con ella.
El aire entre nosotros había cambiado.
Seguía mirándola demasiado: la forma en que su suéter se tensaba sobre sus pechos cuando se inclinaba a servir el té, cómo su falda se subía un poco al sentarse, el olor suave de su shampoo cuando pasaba cerca.
Mi cuerpo reaccionaba sin permiso.
Pero todavía no había cruzado esa línea(pero sentía que con no tardaría mucho en cruzarla).
Esa tarde almorzamos juntos.
Arroz, salmón a la plancha, miso.
Comida simple, hogareña.
Ella estaba callada al principio, removiendo el té con la cucharita más tiempo del necesario.
Luego, de repente, soltó: —Haruto… —empezó, voz suave pero firme—.
Estuve pensando… en volver a trabajar.
Casi se me atraganta el arroz.
—¿Trabajar?
—repetí.
Ella asintió, sin mirarme directamente.
—Kanako me visitó y me habló hace un tiempo.
Ella sugirió y me ofreció el puesto que tenía antes… y creo que lo voy a aceptar.
No esperaba esto.
Makoto se había dedicado a cuidarme desde que nací, no volvió a trabajar desde entonces.
Solo se quedó en casa.
Cocinando.
Limpiando.
Esperándome.
Pero volvee a Nagoya Higashi.
Sabía lo que había pasado en esa escuela.
Makoto mucho más joven, uniforme de profesora de gimnasia, sudor en la piel, Yasuno grabándola en clases… y Kanako también estaba ahí y no eran solo ellos, riendo, tocándola.
No era solo trabajo.
Era un pasado que todavía respiraba.
Tragué saliva.
—¿Estás segura?
—pregunté, tratando de sonar neutral.
— Siempre has estado aquí…¿Es lo que querés?
Ella levantó la vista por fin.
Sus ojos eran grandes, un poco húmedos.
——Sí… creo que sí, ya eres grande Haruto.
Y no… —, se mordió el labio inferior.
—..Ya no me necesita tanto.
Sentí un nudo en el estómago.
Era miedo, miedo a perderla.
A que saliera de este departamento y talvez se encontrará con otro hombre o que ella atrajera por su belleza .
Pero no podía decírselo.
No podía retenerla como si fuera mi mujer.
—Si es lo que quieres… no tengo problema —mentí a medias—.
Solo… ten cuidado.
Ella sonrió débilmente, pero había algo triste en esa sonrisa.
Como si hubiera esperado que le dijera algo más, talvez un “te necesito aquí”.
Terminamos el almuerzo en silencio.
A la mañana siguiente salí a correr.
El aire helado me ayudaba a despejar la cabeza.
Mis piernas me llevaron casi sin darme cuenta hasta el barrio de Kanako.
Toqué el timbre.
Ella abrió casi de inmediato.
Cabello naranja brillante, recogido en una coleta alta.
Camiseta ajustada sin sostén, los pezones se marcaban claramente, shorts cortos que dejaban al descubierto la mayor parte de sus muslos.
Sexy como siempre.
Como si me hubiera estado esperando.
—Haruto… —sonrió con esa expresión burlona.
—Te extrañé.
Me invitó a pasar.
El departamento olía a café y a su aroma.
Antes de que pudiera arrastrarme al sofá como solía pasar, la detuve.
—¿Por qué no me dijiste que le ofreciste el trabajo a Makoto?
Kanako alzó una ceja, divertida.
—Ah… entonces ya te lo contó.
—Se acercó, apoyando una mano en mi pecho—.
Un maestro se retiró.
Vacante perfecta.
Pensé que Makoto estaba aburrida encerrada, cuidando de un hijo que ya no necesita que lo cuiden tanto.
¿No te parece buena idea?
La miré fijo, tratando de leerla.
Siempre había algo más con ella.
Siempre.
—Es solo eso.
Ella soltó una risa baja, ronroneante.
Se pegó más, sus pechos rozando mi torso.
—No te preocupes tanto, pequeño.
Makoto no va a buscar a otro hombre—, Sus labios rozaron mi oreja.
—Ya tiene uno en casa… uno que la mira como si quisiera comérsela en cualquier momento.
Sus palabras siempre fueron asi, insinuando, tratando de hacer lo que ella quería.
La agarré por la cintura con fuerza, la empujé contra la pared del pasillo.
Ella jadeó, pero no se resistió.
Al contrario: sus manos ya estaban bajando el cierre de mi sudadera.
—Eres un niño celoso que no sabe qué hacer con lo que siente —respondió, mordiéndome el labio inferior.
—Vamos… Imagina que soy ella si quieres.
La arrastré a la habitación sin decir más.
La tiré sobre la cama.
Ella se rio mientras se quitaba la camiseta, dejando esos pechos enormes al aire.
Yo me quité la ropa en segundos.
No había tiempo para juegos suaves.
Me desahogué con ella.
Duro, profundo, ella gemía alto, me arañaba la espalda.
Yo la embestía y me algunas veces mi mente me traicionaba y pensaba en Makoto.
Cuando terminamos, después de un largos, nos quedamos los dos en su cama, Kanako respirando agitada, rio bajo —Estábas pensando en ella… ¿verdad?
No respondí.
Ella me acarició el pelo.
—Solo un poco de tiempo mas —susurró.
— Y cuando pase… no te olvides de mi.
.
.
.
Las vacaciones de invierno se estiraron como un sueño febril.
Después de esa visita a Kanako, volví varias veces más.
Aprovechaba la excusa: “salí a entrenar”.
Mentiras piadosas.
La verdad era que su cuerpo, su risa burlona y la forma en que me provocaba sin esfuerzo me mantenían enganchado.
Cada encuentro era más intenso que el anterior.
Siempre terminábamos exhaustos, sudados.
Llegó Año Nuevo(Oshogatsu).
En casa todo era tranquilo, como siempre Makoto preparó osechi (comida tradicional en cajas lacadas), comimos soba de medianoche y vimos la cuenta regresiva en la tele.
No fuimos a ningún santuario para hatsumode; nunca lo hemos hecho.
En cambio, a medianoche, abrimos la ventana del balcón y vimos los fuegos artificiales de lejos.
En Tokio lanzaron el Yonshakudama esa noche: una explosión gigante de colores que iluminó el cielo como si el mundo entero estuviera celebrando algo que yo no sentía del todo.
Makoto se quedó a mi lado, hombro con hombro, y por un segundo su mano rozó la mía.
No la aparté.
Ninguno dijo nada.
Kasumi me mandó mensaje justo a las doce: “¡Feliz Año Nuevo, Haruto!…
Ojalá pudiéramos verlo juntos los fuegos artificiales……
Te extraño” Simple.
Dulce.
Ella era así.
Le respondí después.
Sabia que este año cambiarían un poco las cosas El resto de las vacaciones pasó en una niebla de encuentros con Kanako y en casa con Mamá.
Makoto había aceptado volver a trabajar y se estaba preparando.
Días después, llegó mi cumpleaños.
6 de enero.
Ya tenía Dieciséis años.
Celebramos como siempre: solo nosotros dos.
Por un segundo pensé en invitar a Kasumi, sabía que vendría si se lo pedia, pero no lo hice.
Makoto preparo Pastel de chocolate,el que más me gusta, velas, una canción torpe que cantó riéndose de sí misma.
Me dio un regalo envuelto con papel plateado: una chaqueta negra, de esas que se ven bien con jeans.
“Para que no pases frío cuando sales”, dijo, sonriendo suave.
La abracé más fuerte de lo normal.
Olía a vainilla y a hogar.
.
Le agradecí y ella se sonrojó un poco.
Terminaron las vacaciones.
Volvimos a clases.
El primer año se arrastraba hacia su final.
Marzo estaba cerca, y después vendría el ascenso a segundo año en abril.
Todo parecía normal: clases, exámenes, rumores en los pasillos.
las cosas Kasumi casi todos los días.
Después de los almuerzos, Ella se entregaba más que nunca.
En febrero era famoso por San Valentín, recibí Algunos chocolate de algunas chicas o de forma anima en mi escritorio, pero los rechazaba, Kasumi también me trajo uno, no era por obligación, era por qué ella quería dármelo, y yo acepte.
También me dijo que su primo logro pasar los exámenes de ingreso así que este año entraría en la escuela, me dijo que los primeros días estará con el, para cuidarlo, no me molesto.
Y luego estaba Natsuha.
Nuestro último encuentro fue a mediados de febrero.
Un rincón dentro de depósito del gimnasio.
La tenía contra la pared, todavía dentro de ella, su uniforme arrugado, el sudor pegándonos.
Ella jadeaba, recuperándose del orgasmo, cuando de pronto dijo, con voz temblorosa: —Haruto… esto tiene que parar.
Ya no podemos seguir.
Me quedé quieto.
Sentí cómo se me tensaba el pecho.
—¿Por qué?
—pregunté, aunque ya lo sabía.
—Mi novio… pasó el examen de ingreso.
En abril entra a Shiroyama.
Va a estar aquí todos los días.
Y No puedo… no puedo seguir con esto.
Una punzada que me atravesó el estómago, celos.
Pero no era solo eso.
Había algo más: resignación.
Respiré hondo.
Salí de ella despacio.
Me subí los pantalones.
La miré a los ojos.
—Está bien —dije.
—No te obligaré a nada.
Si eso es lo que quieres… ya no te molestaré.
Y no te buscaré.
Ella bajó la mirada.
—Gracias… Me di la vuelta y me fui sin mirar atrás.
Tenía el presentimiento de que esto no había terminado.
Su novio entrando a la escuela solo iba a complicar las cosas.
Natsuha volvería.
O que yo iría por ella.
Pero por ahora, la dejé ir.
Desde entonces, me volcé en Kasumi.
Más encuentros.
Más tiempo juntos.
Ella notó que estaba más atento, más posesivo.
Le gustaba.
Se sentía segura.
Yo también lo necesitaba.
Para llenar el hueco que dejó Natsuha.
Marzo llegó.
El final del primer año.
Exámenes finales.
Promesas de un nuevo comienzo en abril.
Fin del Capítulo 37 Bueno ahora sí segundo año, aparecerán más personajes de hentai.
Tambien un poco más de paciencia y vendrá los gordos con hipnosis.
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