ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 Capítulo 40 Club de Karate
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43: Capítulo 40 Club de Karate 43: Capítulo 40 Club de Karate (Punto de vista: Haruto) El cielo ya estaba negro cuando terminamos.
El aire de la mansión todavía olía a sexo y perfume caro,.
Las chicas se vistieron con calma, como si nada hubiera pasado.
Erina se puso el vestido blanco otra vez, aunque ahora estaba arrugado y con manchas que no se molestó en ocultar.
Reona se cambió a algo más casual y Kyouka con su uniforme.
Las dos me miraron con sonrisas cómplices.
—Te llevaremos a casa a ti y a Kyouka —dijo Erina, ajustándose los guantes —No podemos dejar que anden solos a estas horas.
Subimos a la misma limusina.
El chofer ni parpadeó.
Kyouka se sentó frente de mi con Reona, agotada pero con una sonrisa satisfecha sabía que había ganado una fortuna en una pocas horas.
Yo estaba sentado con Erina Ellas empezaron a discutir casi de inmediato.
—Definitivamente yo gané —dijo Reona, cruzando los brazos.
—Atendí a más hombres al final.
—No, fui yo— refutó Kyouka Erina soltó una risita baja.
—Calmense… las chicas(sirvientas) perdieron la cuenta la cuenta después del veinte.
Nadie sabe quién ganó.
Solo que todos se fueron contentos.
Reona resopló, pero no insistió.
Llegamos a la casa de kyouka.
Ella se bajo con las piernas un poco temblorosas, el uniforme arrugado y una última sonrisa a Reona de “yo gané” Ahora solo quedábamos los tres.
Reona, se cambio de asiento del otro lado.
Su cuerpo se pegó a mí igual que el de su madre.
Pequeña, delicada, con esa carita de lolita eterna… era linda, sí, pero su figura menuda y pechos pequeños no encendían nada en mí después de lo que había pasado con su madre.
Aun así, no la aparté.
Erina, por el otro lado, estaba pegada como si fuéramos amantes de toda la vida: muslo contra muslo, pecho presionando mi brazo, mano descansando en mi pierna.
Parecía insaciable.
Si no tuviera que volver a casa, juraría que me habría arrastrado de nuevo al sofá para seguir toda la noche.
—¿Te divertiste con Mamá?
—susurró Reona, apoyando la barbilla en mi hombro mientras su mano subía peligrosamente por mi muslo—.
Que te parece si algunas vez lo hacemos, los tres juntos… en la cama king size de casa.
podríamos turnarse… o nos podría tener a las dos al mismo tiempo.
—Ara ara… me encanta cuando mi pequeña se pone creativa.
—Su mano izquierda se coló por debajo de mi camisa y comenzó a acariciar mi abdomen lentamente, bajando centímetro a centímetro—.
¿Qué dices, Haruto-kun?
¿Te animarías a probar madre e hija?
—¿No les parece extraño?
—pregunté de pronto, voz baja—.
Madre e hija… teniendo sexo.
Juntas.
Con el mismo hombre.
Erina fue la que respondió, sin un ápice de vergüenza.
—¿Extraño?
Para nada.
—Su aliento olía a y semen seco.
— Yo estuve con Reona desde el principio.
Incluso en su primera vez.
El caballero pagó una fortuna por desflorarla… y yo me quedé al lado, guiándola.
Le enseñé cómo mover las caderas, cómo apretar, cómo gemir para que el hombre se volviera loco.
Fue… hermoso.
Me quedé congelado.
Mi mente intentó procesar.
Este mundo me seguía sorprendiéndo primero el Burdel familiar para personas con dinero, tambie el incestos era algo normal para ellas, hasta dónde será su límite.
Yo todavía me resistía un poco a caer y buscar a Makoto como mujer.
Reona notó mi silencio y ladeó la cabeza, mirándome con ojos curiosos.
—¿En qué piensas, Haruto?
¿En algo o alguien especial?
¿Una hermana?
¿O quizás… una madre?
Erina soltó un “ara ara” largo y juguetón.
—Quiero conocerla.
Debe ser preciosa si te tiene tan pensativo.
Cambie de tema rápido.
No quería que tocaran ese nervio.
—¿Y su esposo?
—pregunté a Erina.
—¿Estaba de acuerdo con todo esto?
Ella bajó la mirada un segundo.
La primera vez que vi algo parecido a tristeza en ella.
—Falleció hace años en un accidente.
Desde entonces yo administro la mansión, el negocio… contrato chicas, las pago muy bien.
Ellas vienen porque quieren.
Nadie las obliga.
Asentí.
Kyouka debía haber ganado bastante.
Más que en meses de “servicios especiales” en la escuela.
Mucho más.
—¿Necesitan a alguien como yo?
—pregunté—.
Quiero ganar dinero.
Erina negó con la cabeza, sonrisa suave.
—Solo contratamos chicas.
Aunque… hay clientes que piden muchachos.
Pero suelen quererlos más… delicados.
Femeninos.
Tú eres demasiado… masculino—, Su mano bajó y apretó mi polla con fuerza.
— Y eso me gusta mucho de ti.
Reona se rió y me susurró a la oreja.
—Podrías trabajar para nosotras de otra forma… talvez como juguete privado de mamá.
Ignore eso último, pero entendí no había algo bueno para mí.
Pero entonces Erina pareció recordar algo.
—Espera… tengo una amiga.
Ella podría ayudarte con un trabajo.
Algo que te vendría bien.
—¿De qué se trata?
—pregunté, intrigado.
—Eso tendría que decírtelo ella—, Sacó un teléfono.
—Dejame tu contacto.
Hablaré bien de ti.
Talvez pueda llamarte en cualquier momento.
Le di mi ID sin dudar.
Ella lo guardó con una sonrisa satisfecha.
Llegamos al departamento.
La limusina se detuvo en la calle.
Me bajé.
—Gracias por traerme.
Y por… lo de esta noche.
Erina y Reona miraron el edificio desde la ventana abierta.
—Si quieres visitarnos, ya sabes dónde está la mansión —dijo Erina.
—O quizás nosotras vayamos a tu casa algún día —agregó Reona con un guiño.
La limusina se alejó en silencio.
Subí las escaleras, el cuerpo pesado, la mente dando vueltas.
Abrí la puerta.
—Ya llegué —dije en voz baja.
Makoto salió del pasillo casi de inmediato.
Llevaba una bata ligera sobre el pijama, el cabello suelto y húmedo, debía haberse duchado hacía poco.
Me miró con preocupación.
—¿Por qué demoraste tanto, Haruto?
Ya es muy tarde… —Un amigo necesitaba ayuda —respondí, verdad a medias—.
Perdí la noción del tiempo.
Pero no fue nada grave.
Ella suspiró, pero no insistió.
Me sonrió suave.
—Ven, te calentare la cena.
Come algo antes de dormir.
Me sentó en la mesa.
Después Makoto trajo Arroz, sobras de teriyaki, un poco de ensalada.
Comí en silencio mientras ella me miraba desde la cocina, apoyada en el marco de la puerta.
Sus pechos se marcaban bajo la bata fina, la curva de sus caderas visible cuando se movía.
Sentí un tirón familiar en el estómago, pero lo ignoré.
No hoy.
No después de todo lo que había pasado.
Terminé.
Lavé el plato.
Ella me acompañó hasta la puerta de mi habitación.
—Descansa, ¿sí?
Mañana tienes clases temprano.
—Buenas noches, mamá.
—Buenas noches, Haruto.
Cerré la puerta.
Me tiré en la cama sin cambiarme.
El cuerpo estába un poco cansado.
Pero mi mente estaba agotada.
.
.
.
Me desperté temprano, antes de que el sol terminara de salir.
El cuerpo se recupero, pero estaba todo sudado, pero la ducha ayudó a disiparla.
Me vestí con el uniforme, el cabello corto que empezaba a crecer demasiado, y bajé a la cocina.
Makoto ya estaba ahí, preparando el bento como siempre.
Llevaba su uniforme de profesora de gimnasia.
—Buenos días, Haruto.
¿Dormiste bien?
—Bien —mentí un poco—.
Hoy voy a ver el club de karate.
Ella alzó las cejas, interesada.
—¿Karate?
Me parece bien….
Te vendrá bueno para canalizar tanta energía.
—Me puso el bento en la mano.
—Cuídate, ¿sí?
Y no te lastimes.
Asentí, me di un beso rápido en la mejilla, cuand se acercó olía a jabón y vainilla y se fue, yo también me fui después.
Abril era el mes del reclutamiento.
La escuela se transformaba: pasillos llenos de carteles coloridos, postes con fotos de trofeos, estudiantes gritando “¡Únete al club de béisbol!”, “¡El club de fotografía necesita ojos frescos!”, “¡Demostración de kendo a las 3:30!”.
Los senpai se ponían intensos: uniformes impecables, sonrisas forzadas, folletos en mano.
El año pasado ignoré todo.
No tenía interés en nada de eso , pero este año… quería algo más.
Quería ser un maestro completo en karate, no quería volver a pasar lo mismo en el karaoke.
En la entrada principal había un grupo alumnos rapariendo los folletos de sus clubes.
Los ignoré.
Más adelante ví a dos chico repartiendo folletos uno con el clásico dogi blanco (el uniforme de karate), y otro normal con uniforme de la escuela, me acerqué.
El chico normal: cabello castaño , uniforme un poco arrugado.
Estaba repartiendo papeles con cara de “como me metí en esto”.
—Oye, ¿me das uno?
—pregunté.
Me miró y se quedó congelado un segundo.
Como si me reconociera.
—¿Qué pasa, me conoces?
—le dije.
—Si… eres Haruto Shiro… eres mi compañero de clase, Soy Matsuzono Ayumu.
Estoy a dos bancas de tu mesa.
Lo miré fijo.
Intenté recordar.
Nada.
En clases, mi mente y ojos siempre miraba afuera de clases.
De vez en cuando miraba a las chicas y los chicos eran solo ruido de fondo.
—Lo siento.
No recuerdo —dije sincero.
Él suspiró, resignado.
—No pasa nada.
Pasa mucho.
¿Estás interesado en unirte al club?
—Sí.
Quiero probar.
Sus ojos se iluminaron un poco.
—Genial.
Ven, te llevo a la demostración.
Están en el patio trasero.
Me guio por el pasillo lateral.
Mientras caminábamos, me contó que solo estaba ayudando.
No era miembro del club.
Solo ayudaba a su amiga de la infancia, que lo había obligado.
Llegamos al patio.
Había un tatami improvisado con colchonetas, varios chicos con dogi blanco, algunos con cinturones negros, otros más bajos.
En el centro, la chica destacaba.
Cabello negro largo recogido en una coleta alta que se movía como un látigo cada vez que giraba.
Cara linda, pero dura: ojos afilados, expresión concentrada.
Cuerpo decente, no voluptuoso como Kasumi, sino atlético, tonificado, curvas decentes bajo el dogi.
Estaba en combate con un chico promedio.
Él atacó con un puñetazo directo.
Ella esquivó con un paso lateral mínimo, giró sobre su eje y le dio un golpe seco en el costado con el antebrazo.
El chico cayó de rodillas, jadeando.
Aplausos de los demás.
Ayumu se acercó a mi oído.
—Ella es Yotsumoto Ryouka.
Capitana del club de karate.
La más fuerte de todos, incluso que con alumnos superiores.
Asentí.
Era impresionante.
Movimientos precisos, fuerza contenida, control total.
Justo lo que buscaba.
—¿Qué tengo que hacer para inscribirme?
Ayumu sacó un formulario de su carpeta.
—Llénalo.
Después de clases ven al dojo del club.
Te presento formalmente.
Lo llené rápido: nombre, curso, experiencia (algo, pero había entrenado), motivo (mejorar fuerza ).
Se lo devolví.
—Gracias —dijo él.
—Nos vemos en clases.
entonces Haruto.
—Claro.
Nos vemos, Ayumu.
Me fui a clases que ya estaban por comenzar.
Fin del Capítulo 40 Se viene el primer amigo del prota y el “club de los perdedores”
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