ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 44
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- Capítulo 44 - 44 Capítulo 41 Yotsumoto Ryouka
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44: Capítulo 41 Yotsumoto Ryouka 44: Capítulo 41 Yotsumoto Ryouka (Punto de vista: Haruto) Entré al aula y me senté en mi lugar, al fondo, cerca de la ventana, donde podía observar sin que me observaran demasiado.
El aula ya estaba medio llena, murmullos bajos, el olor a libros nuevos.
Saqué el cuaderno y fingí repasar algo, pero en realidad solo esperaba que empezara la clase.
Entonces entró Ayumu corriendo, con la mochila colgando de un hombro y el cabello revuelto.
Tal como había dicho: era mi compañero de clase.
Se sentó a dos bancas de distancia, en la fila del medio.
Saludó a dos chicos que ya estaban ahí, hablando con esa familiaridad que yo nunca había tenido.
No les presté mucha atención.
No era mi costumbre fijarme en los chicos.
Las clases siguieron normales: matemáticas, literatura, historia.
Yo tomaba apuntes mecánicamente.
Cuando sonó el timbre del descanso, saqué el bento.
Arroz con salmón, tamagoyaki perfecto, verduras cortadas en formas lindas.
Iba a comer solo, todavía Kasumi me mandaba mensajes diciendo que espere un poco mas, Me rocordaba a los años anteriores, porque siempre estaba solo.
Pero entonces Ayumu se acercó, con una sonrisa tímida pero amigable.
Traía a sus dos amigos detrás.
—¿Te molesta si comemos contigo, Haruto?—, preguntó, rascándose la nuca.
Lo miré un segundo.
Antes quizas me habría molestado, lo abría mirado fijamente y se alejarían solos.
Antes quería estar solo porque no quería soportar a los jóvenes con la hormonas alborotada, así era más fácil para mi.
Pero ahora… no tanto más.
Siento que quizás he cambiado un poco, ahora veo que yo también soy igual de hormonal que ellos, talvez incluso más, todo comenzó cuando las conocí a ellas.
—No hay problema—dije, de forma tranquila.
Ellos trajeron sus mesas y las juntaron rápido.
Formamos un cuadrado improvisado.
Cada uno sacó su bento o su pan de la tienda.
Yo no recordaba los nombres de los otros dos, nunca los había registrado, pero se presentaron solos, por suerte, es de mala educación no saber los nombres de tus compañeros.
— Soy Haruta Fuyutsuki —dijo el delgado y pequeño, con cabello azul en forma de hongo.
—Encantado.
—Kaoru Yoshida —agregó el otro, eral algo parecido a Ayumu, cabello castaño normal, cara común, sonrisa fácil.
Yo asentí.
—Haruto Shiro.
Un gusto.
Ayumu fue el que rompió el hielo.
—Oigan chicos, Haruto se unió al club de karate esta mañana.
Yo lo reclute.
Los dos abrieron los ojos.
—¡En serio!
—dijo Haruta—.
Felicidades, Haruto.
Ayumu nos dice que su amiga es dura, pero es la mejor.
Kaoru asintió y me dijo.
—No pense que te gustaria unirte a un club, dónde hay muchas personas, Siempre supuse que eras del tipo que estudia y entrena solo.
Disculpa por ser tan directo.
Kaoru se rascó la mejilla, un poco incómodo.
—El año pasado también… siempre estabas solo.
No hacías amigos.
Era por tu….
mirada intimidante.
Como si quisieras alejar a todos.
Perdóname de nuevo—, termino inclinando un poco la cabeza.
Me encogí de hombros.
—Está bien.
Siempre he sido así desde que nací.
No mentía.
Desde que desperté en este cuerpo, prefería observar antes que participar.
Ellos asintieron y cambiaron el tema a la escuela: este segundo año tenía propósitos que alcanzar, exámenes importantes.
Hablaban con entusiasmo, planeando cosas pequeñas.
Yo me quedé callado la mayor parte del tiempo, comiendo despacio.
Era la primera vez que tenía algo parecido a ¿amigos?.
No, no éramos tan cercanos todavía, pero parecían buenas personas.
No parecía que había maldad en ellos.
De pronto el tema cambió a chicas.
Ayumu miró a Kaoru con una sonrisa amigable.
—¿Y este año te vas a declarar a tu amiga, Kaoru?
Kaoru se sonrojó hasta las orejas.
—S-sí… estoy esperando el momento perfecto.
Ayumu y Haruta le dieron palmadas en la espalda, animándolo.
Luego Ayumu miró a Haruta.
—¿Y tú, Haruta?
¿Sigues esperando para confesarte?
Haruta bajó la mirada, rojo como tomate.
—No puedo hasta que entre a la universidad y consiga un buen trabajo.
Así talvez no pueda rechazarme.
Por eso me esfuerzo tanto en el estudio.
Ayumu y Kaoru le dieron ánimos otra vez.
“¡Tú puedes!”, “¡Va a decir que sí seguro!”.
Noté que todos tenían a alguien.
Incluso Ayumu.
Cuando me hablo de Ryouka, dijo su nombre con un tono suave, casi reverente.
Era su amiga de la infancia, pero se notaba que sienta algo más por ella.
Entonces Ayumu me miró y le pregunto, para incluirme.
—¿Y tú, Haruto?
¿Tienes a alguien que te guste?
Fui sincero.
No tenía sentido mentir.
—No tengo novia.
Pero… estoy con alguien.
No di detalles.
No dije el nombre de Kasumi.
No hacía falta.
Ellos asintieron en comprensión, sin presionar.
No había juicio.
Solo un “ah, qué bien” y siguieron hablando.
Era un ambiente normal.
El timbre sonó.
Volvimos a separar las mesas.
Cada uno a su lugar.
Mientras el profesor entraba y empezaba la siguiente clase, me quedé mirando por la ventana.
No éramos amigos todavía.
Pero quizás… más adelante.
Las clases siguieron hasta el último timbre.
Estaba recogiendo mis cosas cuando Ayumu se acercó a mi escritorio.
—Oye, ¿vamos al dojo?
Te guío.
Asentí.
—Claro.
Saludé a Haruta y Kaoru con la mano, un gesto simple, pero ellos respondieron con igual y salí con Ayumu.
Caminamos por los pasillos laterales, pasando por el patio donde todavía quedaban pétalos de sakura pegados al suelo.
Mientras íbamos, él me habló más de Ryouka.
—No es como las otras chicas, ¿sabes?
Siempre ha sido así desde pequeña.
Se trepaba árboles, jugaba fútbol con nosotros, me defendía de cualquiera que la molestara… era como mi guardaespaldas personal.
Antes me gustaba eso, me hacía sentir seguro.
Pero ahora… —bajó la voz, un poco avergonzado.
—Quiero protegerla yo.
Le miré de reojo.
—Entonces deberías unirte también, entrenar, ser más fuerte.
Negó con la cabeza.
—Lo intenté.
No estoy hecho para eso.
Pero… buscaré un forma de mejorar, para ser digno de ella.
No dije nada mas.
Entendía el sentimiento de querer ser más fuerte, pero si el no lo lograba seguramente la perdería por alguien mas.
Llegamos al dojo.
Era un edificio aparte, bien cuidado: piso de madera pulida, tatami limpio, olor a sudor y esfuerzo acumulado.
Al entrar, ya había varios miembros entrenando: golpes al aire, katas, parejas practicando kumite.
Los nuevos principalmente de primer año, estaban en fila, nerviosos.
Ryouka estaba al frente, con el dogi blanco impecable, el cinturón negro atado firme.
Explicaba reglas básicas: respeto al dojo, limpieza del uniforme, puntualidad, compra obligatoria del dogi propio.
Volteó la cabeza y nos vio, sus ojos se detuvieron en Ayumu primero.
Le sonrió leve, una sonrisa de amigos de toda la vida y luego en mí.
Ayumu levantó la mano.
Ella llamó a un chico alto, serio, con el cabello rapado y le dijo que guiara a los nuevos.
Luego se acercó a nosotros, caminando con pasos firmes.
La pude ver mejor, ella no era tan hermosa como Kasumi o Natsuha, pero tenia su encantó propio.
Habló con Ayumu primero, familiar, como si fueran hermanos.
—¿Repartiste todos los folletos?
—preguntó, cruzando los brazos.
Ayumu asintió.
—Este es Haruto Shiro, mi compañero de clase.
Está mañana se inscribió, quiere volver a entrenar karate.
Ryouka me miró.
Me evaluó de arriba abajo.
Ella era más bajo que yo, pero su presencia llenaba el espacio.
—¿Has entrenado antes?
—Sí….
Pero solamente un año, cuando estaba en la secundaria inferior.
—¿Que cinturon eres?
—Solo llegue a cinta Verde.
Asintió, pensativa.
—¿Quieres tener un pequeño enfrentamiento?
Para ver tu nivel.
Acepté sin dudar.
—Bueno.
Dejando mis cosas con Ayumu, no dirigimos al shiai-jo, el área de combate marcada con líneas blancas.
Los demás miembros se apartaron un poco, curiosos.
Algunos se sentaron en los bordes a mirar.
Nos pusimos frente a frente, a una distancia aceptable.
Hicimos el saludo tradicional: inclinación profunda, manos a los lados.
—Oss —dijimos al unísono.
Nos pusimos en guardia: yo con zenkutsu-dachi básico, puños cerrados frente al pecho.
Ella igual, pero su postura era más baja, más centrada, pies más separados para mejor equilibrio.
No atacamos de inmediato.
Nos medimos.
Ella se movía sutil: pequeños saltos, ojos fijos en mi torso para leer intenciones.
Yo hice lo mismo.
No la subestimé por ser mujer.
Sabía que era la capitana por algo.
Inicié yo.
Lancé una mae-geri simple, una patada frontal al abdomen.
Ella esquivó lateral con un paso mínimo, girando la cadera.
Respondió con una mawashi-geri baja, patada circular al muslo.
Bloqueé con el antebrazo, sintiendo el impacto sólido.
Ella era rápida.
Intercambiamos: yo lancé un gyaku-zuki, un puño directo al pecho.
Ella lo esquivó inclinando el torso y contraatacó con un oi-zuki al estómago.
Lo bloqueé con el codo, pero su velocidad me obligó a retroceder un paso.
Intenté una combinación: patada baja seguida de puñetazo alto.
Ella bajó la guardia para bloquear la patada y subió el brazo para parar el puñetazo.
Cada bloqueo suyo era preciso, económico, sin desperdiciar movimiento.
Yo empujé más fuerte.
Lanzé una serie de puñetazos rápidos: jab, cross, uppercut.
Ella retrocedió bailando, bloqueando lo justo.
Vi una abertura y lancé una patada alta, yoko-geri al costado de la cabeza.
Ella se agachó y barrió mi pierna de apoyo con una ashi-barai baja.
Perdí el equilibrio un segundo.
Eso fue suficiente.
Aprovechó el descuido.
Giró sobre su eje, saltó ligeramente y lanzó una mawashi-geri: patada giratoria que impactó directo en mi barbilla.
El golpe fue limpio, fuerte, pero controlado, no para romper, solo para ganar.
Sentí el impacto como un latigazo.
Caí de rodillas, el tatami amortiguando la caída.
El mundo giró un segundo.
Fue el final del combate.
Los demás aplaudieron.
Algunos gritaron “¡Buen golpe, capitana!”.
Me incorpore despacio, sacudiendo la cabeza.
Nos saludamos de nuevo: inclinación.
Ryouka se acercó, sin arrogancia, solo con respeto.
—Tienes buena base y fuerza bruta.
Pero te falta pulir: timing, distancia, lectura de oponente.
Te descuidaste en la patada alta.
Ahí te gané.
Asentí, limpiándome el sudor de la frente.
—Sé.
Por eso quiero entrar.
Necesito hacerme más fuerte.
Ella sonrió levemente —Bien.
Si entrenas enserio, puedes mejorar mucho en poco tiempo.
Te guíare yo misma.
Hasta podrías participar en el torneo de verano.¿Que dices?
—Estoy dentro —respondí sin dudar.
Ella extendió la mano.
La tomé y la estreché firme.
—Bienvenido al club de Katare, Haruto Shiro.
Salí del centro, hasta donde estaba Ayumu.
Me dolía un poco en la barbilla, pero este tipo de dolor era bueno.
De progreso.
Ayumu caminó a mi lado, sonriendo.
—Te fue bien.
Ryouka no le da oportunidad a cualquiera.
Asentí.
—Voy a entrenar duro.
Y lo haría.
No por el torneo.
Solo por ser mejor y más fuerte, talvez en algún momento me tenga que enfrentar a alguien más fuerte que yo o talvez a muchos a la vez.
Fin del Capítulo 41 Aclaración, el prota no tendrá a todas las chicas, aunque podria, el tiene gustos muy específicos.
solo tomara a las que estén más corrompidas, la que ya no tengan solución.
Que les parece “club de los perdedores”, serán como amigos para el prota y los “ayudará” o entrenar.
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