Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 45

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18)
  4. Capítulo 45 - 45 Capítulo 42 Ayato Haruno
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

45: Capítulo 42 Ayato Haruno 45: Capítulo 42 Ayato Haruno (Punto de vista: Haruto) Una semana pasó como un parpadeo.

Los días se llenaron de rutina nueva: clases,el descanso con los chicos y entrenamientos en el dojo.

Ayumu era el más constante; siempre estaba ahí, invitándome a sentarme con ellos, incluyendome en las conversaciones.

Hablábamos de todo: las nuevas canciones de J-pop que salían, mangas que recomendaban, videojuegos populares que jugaban(yo no hacía muchas de esas cosas).

Haruta y Kaoru hacían bromas tontas, sobre profesores, sobre lo mal que les iba en matemáticas y yo reía de vez en cuando, una risa baja que salía sola.

No siempre estábamos los cuatro; a veces Haruta se iba en el descanso, para estar con su amiga, o Kaoru que también hacía lo mismo .

Pero Ayumu nunca fallaba.

Nos veíamos en clases y también en el dojo después de clases.

Era raro tener gente que me buscara sin pedir nada a cambio.

En el dojo, el entrenamiento con Ryouka era brutal pero efectivo.

Katas precisas, kumite intenso, correcciones constantes.

“Más bajo el centro de gravedad”, “bloquea con el antebrazo, no con la mano abierta”, “respira, no contengas el aire”.

Sudaba como nunca, pero sentía progreso.

Ella me dijo que pronto podría subir a cinturón azul si seguía así.

Me gustaba eso: el sudor, el esfuerzo, la sensación de que cada golpe se hacía más fuerte.

Hoy en el descanso no estaria con los chicos.

Kasumi me mandó un mensaje por LINE después de mucho tiempo de silencio: “Haruto, hoy ven a la Azotea.” Fui sin dudar.

Subí las escaleras.

Cuando abrí la puerta, ahí estaba ella.

Sentada en el banco de siempre, uniforme impecable, cabello suelto cayéndole hasta los hombros.

Pero no estaba sola.

A su lado, un chico.

Lo reconocí al instante: Ayato, su primo.

Mismo cabello castaño claro, mismos ojos grandes e inocentes.

Quizás un poco más alto que la última vez que lo vi, pero seguía siendo más pequeño que ella.

Más delgado.

Más… vulnerable.

Kasumi me vio y me dio una mirada rápida: mezcla de alivio y nervios.

No la mirada hambrienta que ponía cuando estábamos solos.

Esta era más contenida, más “amiga”.

Me acerqué despacio.

Ayato me miró de arriba abajo, analizándome como si fuera un rival invisible.

—Hola, Haruto —dijo Kasumi, voz suave y cordial.

—Qué bueno que viniste.

—Hola —respondí, manteniendo el tono neutral.

Ella se levantó un poco y nos presentó.

—Ayato, este es Haruto Shiro.

Un amigo que me ayudó mucho el año pasado con… un problema.

Haruto, mi primo Ayato Haruno.

Ayato se puso de pie torpemente, inclinó un poco la cabeza.

—Mucho gusto… —dijo, voz un poco temblorosa.

—Igualmente —respondí, extendiendo la mano.

Él la tomó, apretón débil.

Kasumi sonrió, intentando aligerar el ambiente.

—¿Almorzamos los tres juntos?

Traje suficiente para compartir.

Acepté.

No había bento para mí como antes.

Solo uno grande que ella sacó de su bolso.

Probablemente no quería que Ayato viera que ella solo me preparaba comida para mi antes y que somos más que amigos.

No la culpaba.

No es fácil explicar que tienes sexo con alguien sin ser novios oficiales.

Mucho menos a un primo que claramente la adoraba.

Me senté a su lado.

Ella en el medio, como una barrera dulce entre Ayato y yo.

Comenzamos a comer: onigiri, tamagoyaki, verduras.

—Cómo estuvo el comienzo del segundo año —,ella me preguntó.

—Bien —dije.

—Conocí nuevos amigos en la clase y me volví a meter en el club de karate.

Sus ojos se iluminaron.

—¿En serio?

¡Eso es genial!

El año pasado había dic… —se detuvo, sorprendida—.

¿Amigos nuevos?

¡Me alegro tanto, Haruto!

Siempre estabas tan solo… Ayato frunció el ceño un poco.

Celos sutiles.

Habló rápido, reclamando atención.

—Yo también hice un nuevo amigo clases.

Es del club de ajedrez.

Muy bueno.

Kasumi se giró hacia él, sonriendo maternal.

—¡Qué bien, Ayato!

Me alegro mucho por ti.

Él se sonrojó.

Empezó a hablarle de su amigo, de las partidas, de cómo había ganado una competencia pequeña.

Kasumi lo escuchaba atenta, asintiendo, riendo en los momentos correctos.

Pero yo noté algo más: Ayato desviaba la mirada cada tanto hacia sus pechos, que se movían suaves con cada risa, con cada gesto.

El no era descarado, pero estaba ahí.

Admiración que cruzaba la línea.

Le gustaba.

Más que una prima.

Sentí un pinchazo de celos.

No era racional.

Era posesivo.

Kasumi era mía.

En secreto, sí.

Pero mía.

Mientras ellos hablaban, Ayato contando algo, bajé la mano despacio por su espalda.

La apoyé en la curva de su trasero, apretandolo.

Ella se tensó al instante.

Un gemido pequeño escapó de sus labios, casi inaudible.

Ayato se detuvo.

—¿Estás bien, Kasumi-nee?

Ella se recompuso rápido, voz temblorosa.

—S-sí… solo… se me atragantó un poco el onigiri.

Nada.

Me miró de reojo.

No dijo “para”.

No apartó mi mano.

Así que continué.

Mientras ella seguía hablando con él, riendo, asintiendo, mis dedos se movieron sutiles: apretando suave, mi mano era grande pero el trasero de kasumi también, trazando círculos en la tela de la falda, subiendo un poco por debajo.

Sentí cómo se calentaba.

Su respiración se aceleró.

Las mejillas se le pusieron rojas.

Intentaba mantener la compostura, pero su voz salía entrecortada.

Ayato no notaba nada.

Seguía hablando, feliz de tener su atención.

Pasaron unos minutos.

Kasumi se mordió el labio inferior.

Sus muslos se apretaron.

De pronto se levantó de golpe, como si quemara.

—V-vuelvo enseguida… voy al baño —dijo, voz aguda.

Salió corriendo, la puerta de la azotea cerrándose detrás de ella.

Quedamos solos Ayato y yo.

El silencio cayó pesado entre nosotros.

El viento movía los pétalos de sakura que quedaban pegados al piso, pero ninguno de los dos se movió al principio.

Él miraba la puerta como si esperara que ella volviera en cualquier segundo.

Yo solo lo observaba, tranquilo, con la mano todavía tibia por donde había tocado a Kasumi.

Fue Ayato quien rompió el silencio.

Su voz salió más firme de lo que esperaba, sin la timidez que tenía delante de ella.

—¿Te gusta Kasumi-nee?

No había rodeos.

Directo.

Sus ojos me clavaban, casi no eran nerviosos, sino un poco desafiantes.

No le mentí.

—Sí.

Me interesa.

Él apretó los labios.

—A mí también.

La amo.

Más que a nadie en el mundo…

Así que… por favor, aléjate de ella.

Lo miré fijo.

No sentí rabia.

Solo curiosidad fría.

Sentía que ya había tenido está conversación pero de una forma diferente.

—No puedo aceptar eso —dije calmado.

—Solo Kasumi puede decirme que me aleje.

Ayato se inclinó un poco hacia adelante.

— Siempre hemos estado juntos.

Tú… solo eres un amigo que la ayudó una vez.

No tienes derecho a meterte, además Kasumi-nee me ama tanto como yo a ella.

¿Amor?

La palabra me hizo recordar las palabras de Kanako, claras como un cuchillo: “El amor no existe en este mundo, Haruto.

Solo deseo.

Sexo.

Las mujeres se rinden ante el hombre más grande, más fuerte, más dominante” Miré a Ayato de nuevo.

Delgado, facciones suaves casi femeninas, hombros estrechos, voz que todavía tenía un toque infantil.

No era grande.

No era fuerte.

No era dominante.

Me pregunté si está “ley” sería lo mismo para los hombres.

Si su “amor” por Kasumi duraría cuando conociera a otra mujer que lo hiciera sentir deseado de verdad.

Le pregunté directo.

—¿Estás seguro de que la amas?

¿De que no sientes lo mismo por otra chica?

Ayato parpadeó, confundido.

—No… solo ella.

Se me ocurrió algo.

Una prueba.

Simple.

Cruel, quizás.

Pero necesaria.

—Te propongo algo —dije.

—Te presento una amiga.

Si no sientes nada por ella, ni interés o deseo, me aparto de Kasumi.

No la busco más.

—Pero si muestras aunque sea un poco de interés… tú serás el que ya no buscarás a Kasumi.

Ayato se quedó atónito.

Abrió la boca, la cerró.

Miró al piso, luego a mí.

—Es absurdo… ¿Por qué tendría que aceptar algo así?

—Porque si estás tan seguro de tu amor, no tienes por qué preocuparte.

¿Verdad?

Pensó un buen rato.

Vi cómo luchaba en su cabeza: celos, orgullo, miedo.

Al final, asintió despacio.

—Está bien… Acepto.

—De acuerdo —dije.

—Te avisaré cuándo y dónde será está prueba, Ayato.

Poco después, la puerta se abrió.

Kasumi volvió.

Las mejillas todavía sonrosadas, la respiración un poco agitada, pero recompuesta.

Me miró directo a los ojos con esa mirada que ya conocía bien: hambre contenida, deseo que bullía bajo la superficie.

Si Ayato no estuviera aquí, se habría lanzado sobre mí sin pensarlo dos veces.

Pero se sentó de nuevo en el medio, fingiendo normalidad.

Volvimos a almorzar.

Onigiri, tamagoyaki, silencio incómodo disfrazado de charla casual.

Ayato hablaba poco ahora, lanzándome miradas de reojo.

Kasumi intentaba mantener la conversación ligera, pero sus muslos se apretaban cada tanto, recordando lo que le había hecho minutos antes.

Entonces sonó mi teléfono.

Número desconocido.

Atendí.

—¿Sí?

¿Quién habla?

Una voz de mujer, seria, formal.

—¿Estoy hablando con Haruto Shiro?

—Sí.

¿Con quién hablo?

— Soy Rikka Sumeragi.

Me pasó tu número una amiga, Erina Houjou.

Me dijo que estabas buscando trabajo.

Recordé al instante.

Erina en la limosina, su promesa de “una amiga que podría ayudarte”.

—Ah… sí.

Erina mencionó algo.

—Necesito un hombre para un trabajo específico —, continuó ella.

—Pero no es algo que pueda explicar por teléfono.

Si estás interesado, ven a la ubicación que te enviaré, a las 7 pm.

Ahí se te detallará todo.

No dudé.

—Está bien.

Ahí estaré.

—Perfecto.

Nos vemos entonces.

Colgó.

Segundos después Kasumi me miró curiosa, claramente había escuchado la voz femenina.

—¿Quién era?

—Nada importante —dije, guardando el teléfono.

—pero que esperaba hace tiempo.

Hizo un puchero lindo,sabía que le estaba ocultado algo pero no insistió.

Solo asintió y siguió comiendo.

Terminamos el bento.

El timbre sonó.

Volvimos a clases.

Fin del Capítulo 42 Le agradezco los comentarios y apoyo por la historia, le pidió que si puede me avisen que capítulos anteriores están para mejorar, o agregarle más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo