ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 49
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Capítulo 49: Capítulo 46 AVISO
(Punto de vista: Haruto)
Era hora del descanso. El timbre sonó como siempre, un sonido que ya se había convertido en parte del ritmo diario. Guardé mis cosas rápido y me dirigí a la biblioteca.
Kasumi me había mandado un mensaje unos minutos antes: “Haruto, hoy ven a la Biblioteca.”. No especificaba si era sola o con Ayato, pero supuse que estaría con él; siempre lo estaba. Aunque me molestaba por no estar a solas con ella, ya tenía un plan para eso.
Mientras caminaba por el pasillo, vi a Haruta que me alcanzó con paso rápido, un poco nervioso como siempre.
—¿Vas a la biblioteca también? —le pregunté.
Él asintió, rascándose la nuca.
—Sí… ¿y tú?
—Voy a comer el almuerzo con alguien. ¿Tú vas a reunirte con tu amiga, Rio? La que te gusta.
Se sonrojó hasta las orejas y negó con la cabeza rápido.
—No… no hoy. Pero sí voy a estudiar con otra amiga, ella siempre me ayuda con matemáticas.
Me contó un poco más mientras caminábamos. En el pasado, formaban un grupo de cuatro: Haruta, la más cercana era la chicas que se llamaba Rio (la que le gustaba desde hace años), la otra amiga que ahora menciono se llama Momota, solo faltaba otro amigo que era mayor, me dijo que se había graduado y se había mudado fuera de la ciudad. Desde entonces, el grupo se había reducido.
Haruto me preguntó si yo iba a ver a la chica que me gusta.
—Si, ya les habia mencionado antes, se llama Kasumi—, respondí simplemente.
Haruta sonrió leve.
—Qué bien. Se nota que ella te tiene en cuenta.
Llegamos a la biblioteca. El lugar era amplio, con estanterías altas de madera oscura, mesas largas y lámparas tenues que daban un ambiente casi hogareño. No había muchos estudiantes: algunos de tercer año repasando para exámenes, un par de parejas estudiando en silencio, el bibliotecario ordenando libros en el fondo. Haruta se despidió con un gesto.
—Nos vemos luego.
Se dirigió hacia una mesa al fondo donde una chica ya estaba sentada, concentrada en un libro abierto. Cuando Haruta se acercó, ella levantó la vista. Cabello azul oscuro, no muy largo pero lo suficiente para atarse en una coleta alta que se movía cuando giraba la cabeza. Cara linda: ojos grandes del mismo color, expresión seria pero amable. Cuerpo bien desarrollado, curvas visibles incluso sentada. Haruta la sacó de su concentración con un saludo tímido; ella sonrió leve y le hizo espacio a su lado. No los molesté. Seguí hacia el rincón.
Kasumi estaba ahí, sentada en una mesa redonda junto a la ventana. Ayato a su lado, como siempre. Ella levantó la vista cuando me acerqué y sonrió, esa sonrisa dulce que reservaba para mí cuando Ayato no miraba demasiado. Ayato me miró de reojo, tensión sutil en su postura.
—Hola —saludé, sentándome frente a ellos.
—Hola, Haruto —dijo Kasumi, sacando su bento. —Traje suficiente para compartir.
Ayato murmuró un “hola” seco. Todavía había algo entre nosotros: celos contenidos, desconfianza. Lo manteníamos oculto por Kasumi, pero se sentía en el aire. Me había olvidado casi por completo de la apuesta que le había propuesto en la azotea.
Con Louisa ocupándome cada tarde, no había tenido tiempo de avanzar con el plan para Ayato. Pero hoy no había mensaje de Rikka. Y Louisa me había dicho que necesitaba retomar sus deberes como presidenta del consejo; al parecer, había descuidado reportes y reuniones por nuestras “sesiones”. Hoy tenía tiempo libre.
Comimos en silencio al principio. Kasumi hablaba de clases, de cómo el profesor de literatura había elogiado un ensayo suyo. Ayato asentía, comiendo despacio. Yo aproveché un momento de pausa.
—Ayato —dije casual, mirándolo directo.
—¿Hoy tienes tiempo después de clases? Para hacer lo que acordamos.
Él me miró un segundo, luego captó. Sus ojos se abrieron un poco más. Tragó saliva.
—S-sí… puedo— estaba un poco vacilante, pero sí.
Kasumi nos miró curiosa, inclinando la cabeza.
—¿Qué acordaron?
Le di una excusa preparada.
—Ayato me pidió que le muestre el dojo después de clases. Quiere ver cómo es mi entrenamiento. Como estube estado ocupado estos días, no había podido. Hoy tengo tiempo.
Kasumi miró a Ayato.
—¿Es verdad?
Él asintió rápido, continuando la mentira.
—Sí… quiero ver si puedo entrenar. Para hacerme más fuerte.
Ella sonrió suave, pero con preocupación maternal.
—Está bien… pero no te esfuerces demasiado, ¿sí? No quiero que te lastimes.
Le dije a él
—Búscame en mi salón, 2-C, después de clases. Te espero.
Asintió, un poco pálido.
El resto del descanso pasó normal: hablamos de exámenes, de un festival cultural que se acercaba. Kasumi me rozaba la pierna por debajo de la mesa de vez en cuando, un toque sutil, secreto, y yo respondía apretando su muslo un segundo. Ayato no se daba cuenta.
El timbre del descanso estaba por sonar de nuevo cuando me despedí de Kasumi.
—Nos vemos después —le dije a Ayato.
Levantándome con el bento vacío en la mano. Kasumi me sonrió suave, con esa sonrisa que siempre me hacía querer quedarme un poco más, pero Ayato solo asintió, tenso, como si ya supiera que algo iba a pasar después. Caminé hasta mi salón, pero no entré de inmediato. Saqué el teléfono y marqué el número de Kyouka.
Sonó solo una vez.
—¿Haruto? —su voz salió alegre. — ¿Qué necesitas, Grandote?, es raro que me llames.
De fondo se escuchó otra voz: aguda, burlona, femenina.
—Senos de vaca, ¿quién te llama? ¿Otro cliente?
Kyouka no se quedó callada.
—Cállate, tetas pequeñas. Estoy hablando.
Espere a que terminaran de pelear y le conté.
—Necesito un servicio tuyo. ¿Estás ocupada hoy después de clases?
Su tono cambió al instante, coqueto, burlón, con ese filo juguetón que siempre usaba conmigo.
—¿Pasó algo? Pensé que ya tenías varias chicas para eso… ¿o es que ya te cansaste de ellas y quieres volver a lo básico conmigo?
—No, no es para mí —aclaré. — Es para otro chico.
Silencio breve. Luego una risita.
—¿Otro chico? ¿En serio? ¿Desde cuándo haces favores de proxeneta, Haruto?
—Es una petición especial, el chico es tímido y quiero que le abras los ojos —continué —Quiero que le muestres un mundo nuevo… uno del que no pueda volver, que olvide lo que creía que era “amor”.
La sentí emocionarse. Su respiración cambió, se volvió más pesada.
—Eso sí que es tentador. Pero estoy muy ocupada últimamente. Tengo turnos en la mansión, y Reona no me deja en paz…
De fondo, se escucho a Reona reírse.
—¡Aléjate de mi teléfono! ¡Estoy hablando!
—Creo que te va a gustar, es lindo, facciones suaves, cuerpo delgado, mejor que algunos viejos que estás atendiendo ahora.
Ella entendió al instante. Su voz bajó, ronca, cargada de excitación.
—Entendido. Después de clases, en la azotea. Trae al chico. Y… gracias por el regalo, Haruto. Ahora estamos a mano.
—Hecho. Gracias, Kyouka.
Colgué. El plan estaba en marcha y entré a clases.
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.
.
Después de clases, el salón se vació rápido. Todos recogían mochilas, hablaban de planes para la tarde, se despedían con risas. Ayumu se acercó a mi escritorio mientras yo guardaba mis cosas.
—¿Vas al club hoy?.
—Su pero tengo algo que hacer primero. Llego en un rato —,respondí.
Él alzó una ceja, pero no insistió.
—Está bien. No la hagas esperar mucho a Ryouka. Ya sabes cómo se pone.
Se fue. Yo esperé unos minutos más, hasta que el pasillo estuvo casi vacío. Entonces apareció Ayato en la puerta del salón 2-C. Mochila al hombro, uniforme impecable, expresión nerviosa pero decidida. No dijo nada; solo me miró.
—Vamos —le dije, poniéndome de pie.
Lo seguí en silencio por los pasillos. Subimos las escaleras hacia la azotea. El corazón me latía un poco más rápido de lo normal, no por nervios, sino por anticipación. Abrí la puerta de metal oxidado.
Allí estaba Kyouka.
Como siempre: uniforme desabotonado hasta la mitad, blusa blanca abierta dejando casi ver sus pezones y que apenas contenía sus pechos enormes. Falda subida lo justo para mostrar el inicio de las medias con ligas. Cabello rubio revuelto, sonrisa pícara en los labios rojos. Pero no estaba sola.
Reona Houjou estaba a su lado.
Uniforme escolar impecable, falda corta, blusa ajustada, coletas con rizos, pero con ese aire de niña rica traviesa que siempre llevaba. Cabello castaño brillante, ojos brillantes de curiosidad. No esperaba verla aquí.
Ambas se giraron al vernos entrar.
—Haruto —, canturreó Kyouka, moviéndose exagerada para que sus pechos se balancearan.— Llegaste justo a tiempo.
Reona me saludó con un guiño.
—Y trajiste compañía. Qué amable.
Les devolví el saludo con un gesto de cabeza.
—Chicas.
Sus miradas se posaron en Ayato, que estaba un paso detrás de mí. Lo analizaron como lobas a una presa: de arriba abajo, deteniéndose en su rostro bonito, sus hombros estrechos, su postura tímida. A Kyouka se le iluminaron los ojos. A Reona se le escapó una risita baja.
Kyouka se acercó primero. Se inclinó hacia adelante, demasiado, dejando que sus pechos colgaran pesados frente a Ayato. Él levantó la vista y se quedó congelado, mejillas rojas al instante.
—Así que tú eres el chico que Haruto quería que conociera… —dijo con voz melosa, como si hablara con un niño pequeño.
—Qué lindo eres. Me llamo Kyouka. Un placer〜
Ayato tragó saliva. Sus ojos bajaron sin querer a sus pechos, imposible no hacerlo y volvió a subir la mirada rápido, avergonzado.
—Y-yo soy… Ayato… mucho gusto…
Kyouka disfrutaba cada segundo de su reacción. Se enderezó despacio, dejando que su cuerpo rozara “accidentalmente” el brazo de él al pasar.
—Tranquilo, no muerdo… a menos que me lo pidas.
Reona se acercó a mí mientras Kyouka empezaba su juego de seducción. Se pegó a mi lado, hombro contra hombro, voz baja.
—Qué amigo tan lindo tienes.
—No es mi amigo —aclaré. —Es alguien con quién hice una apuesta.
Reona alzó una ceja, sabiendo que había más, pero no preguntó y cambió de tema.
—Mamá me dijo que estás ocupado con tu nuevo trabajo.
Asentí.
—Si, muy ocupado.
Ella sonrió traviesa.
—Tendremos una fiesta especial este fin de semana. Algo que ni siquiera Kyouka sabe todavía. Es sorpresa, estás invitado Haruto. Y si quieres… puedes traer al chico.
Miró a Ayato. Kyouka ya estaba muy cerca de él: le hablaba al oído, rozando su brazo con los pechos, susurrándole algo que lo hizo sonrojarse hasta las orejas. Conociendo a Kyouka pronto estaría desnudándose.
—Una fiesta… —, repetí.
—Si —, confirmó Reona, lamiéndose los labios. —Sera muy divertido. Piénsalo. Si te decides avísale a mamá o a mi.
Miré a Ayato una última vez. Kyouka ya lo tenía acorralado contra la reja de la azotea, besándolo en el cuello mientras le desabotonaba la camisa. Él gemía bajito, perdido.
—Se divertirá mucho con él —le dije a Reona
—Si quieren… también puedes unirte.
Ella rió suave.
—Lo haré.
Me di la vuelta y salí de la azotea. Cerré la puerta detrás de mí. Los gemidos de Ayato y la risa de Kyouka se filtraron un segundo antes de que el metal los ahogara.
Bajé las escaleras y caminé hacia el dojo. El cuerpo todavía caliente por la anticipación.
Sabía que Ayato caería.
Y cuando cayera… Kasumi sería solo mía.
Llegué al club unos minutos tarde. Ryouka me esperaba en el tatami, brazos cruzados, expresión dura.
—Llegas tarde, Haruto.
—Lo siento —dije, quitándome los zapatos—Tenía algo que hacer.
Ella no aceptó excusas.
—Entonces paga por ello. Treinta flexiones de castigo. Y después… pelea conmigo. Sin piedad.
Asentí. Cuando me puse el dogi en el vestuario, empecé las flexiones. Ryouka me observó todo el tiempo.
Y cuando terminé las flexiones, sonrió leve.
—Ahora sí. Vamos a ver si hoy puedes vencerme.
El entrenamiento fue brutal y perdí al final, pero estaba seguro que pronto la prondria vencer.
Fin del capítulo 46
AVISO, NO PODRES SUBIR MUCHOS CAPITULOS COMO ANTES, POR PROBLEMAS PERSONAL ( DE TRABAJO), LA HISTORIA TODAVIA NO TERMINA Y OJALA PUEDA TERMINARLA.
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