ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 6
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6: Capitulo 5 6: Capitulo 5 (Punto de vista: Haruto – 1 año) Ya podía caminar.
No del todo estable, con las piernas temblorosas y los brazos extendidos como alas rotas para mantener el equilibrio, pero podía moverme por la casa sin que me cargaran todo el tiempo.
Era una victoria pequeña, pero mía.
Mi cuerpo ya no era solo un paquete que lloraba y mamaba; empezaba a responder a la mente que lo habitaba.
La vieja conciencia que había regresado del vacío se sentía menos atrapada, más dueña de este pequeño recipiente.
Entendía palabras.
No todas, pero suficientes.
「Haruto」 era mi nombre.
Lo repetían muchas veces: mamá lo decía suave, como una caricia; papá -si es que se puede llamar papá a Yasumo- lo pronunciaba solo cuando tenía que dirigirse a mí, con esa voz grave y distante.
Entendía 「mamá」, 「leche」, 「no」, 「ven acá」.
Captaba el tono: cuando mamá hablaba conmigo, era cálido y lleno de luz; cuando hablaba con él, bajaba la voz, se volvía sumisa, obediente.
Yasuno no me amaba, tampoco me odiaba.
Simplemente…
no existía para él.
Yo era una extensión de mamá, algo que había plantado en ella, pero que no necesitaba atender.
Toda su atención, todo su deseo, todo su mundo era ella.
Mamá.
Makoto.
La mujer hermosa que caminaba por la casa como una ofrenda viviente.
El día de mi primer cumpleaños no hubo fiesta.
Ningún globo, ningún pastel con vela, ningún familiar que viniera a felicitarnos.
Solo mamá y yo.
Todo el día.
Yasuno salió temprano, murmurando algo sobre unos asuntos que atender.
No me miró al irse.
Solo besó a mamá en la boca -un beso posesivo, largo- y cerró la puerta detrás de él.
Mamá se quedó un segundo mirando la puerta cerrada, con los ojos vidriosos, y luego se volvió hacia mí con una sonrisa que borraba todo lo demás.
-Hoy es tu día, Haruto -me dijo en voz baja, arrodillándose para estar a mi altura-.
Solo nuestro.
Me cargó y pasamos el día entero juntos.
Jugamos en el tatami del living: ella ponía bloques de madera y yo los tiraba, riendo con esa risa torpe de bebé que todavía me salía sin control.
Me dejó gatear por el suelo limpio, explorando cada rincón que antes solo veía desde arriba.
Me cantó canciones suaves en japonés, me dio puré de manzana con cucharita, me bañó en la tina pequeña con espuma que olía a vainilla.
Por primera vez en meses, no hubo interrupciones.
No hubo gemidos del cuarto principal.
No hubo manos grandes que la arrastraran.
Solo nosotros.
Aquí, uno de esos momentos del día: yo caminando tambaleante por el apartamento, explorando con curiosidad infantil mientras mamá me seguía de cerca, riendo bajito: Y aquí, el instante más dulce: mamá abrazándome fuerte en el sofá, susurrándome 「feliz cumpleaños, mi sol」 al oído mientras yo jugaba con su cabello azul-negro: Pero la casa seguía siendo un lugar de reglas invisibles.
No me dejaba entrar al cuarto principal.
Cada vez que me acercaba a la puerta -esa puerta grande de madera oscura-, mamá me tomaba de la mano y me desviaba con dulzura: 「No, Haruto, ahí no.
Eso es de mamá y papá」.
Su voz era suave, pero firme.
Había miedo debajo.
O vergüenza.
No lo sabía todavía.
Y había otra habitación.
Una puerta más pequeña, al final del pasillo, siempre cerrada con llave.
Cuando pasaba cerca, sentía una curiosidad que picaba como un recuerdo lejano.
¿Qué había ahí?
¿Juguetes?
¿Secretos?
¿Algo que no querían que viera?
Intenté varias veces acercarme, pero mamá siempre aparecía como por arte de magia, me alzaba y me llevaba a otro lado.
「No, pequeño.
Esa puerta está cerrada por ahora」.
———————————————– La vida en casa seguía igual que siempre.
Los sonidos nocturnos siempre estaban.
Los pasos pesados.
Las órdenes bajas.
Mamá obedeciendo sin dudar, desnuda o en lencería, con esa expresión de entrega total que ya conocía tan bien.
Yo me quedaba en mi cuna, mirando el móvil de estrellas girar en la oscuridad, escuchando cómo él reclamaba lo que consideraba suyo.
Y después, cuando mamá venía a verme a medianoche, con el cuerpo marcado y el pelo revuelto, me daba el pecho en silencio, como si quisiera pedirme perdón por no cuidarme siempre.
———————————————– Mis recuerdos de antes de la vida anterior, del vacío, seguían borrosos.
A veces, en sueños, veía luces de neón, sangre en la boca, un pitido interminable.
Pero al despertar, todo se desvanecía como humo.
Solo quedaba esto: un apartamento perfecto y frío, una madre que me amaba con todo lo que le quedaba libre, y un hombre que la poseía como si fuera el aire que respiraba.
Pero yo ya caminaba.
Ya entendía.
Y algún día…
algún día esta curiosidad me iba a llevar más allá de este cuarto.
Fin del Capítulo 5
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