ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 7
- Inicio
- Todas las novelas
- ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18)
- Capítulo 7 - 7 Capitulo 6
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
7: Capitulo 6 7: Capitulo 6 (Punto de vista: Haruto – 3 años) El tiempo pasó como un río lento pero implacable.
Ya no era un bebé tambaleante.
Caminaba con seguridad, hablaba en frases completas (en japonés, porque era lo único que oía), y mi nombre “Haruto” ya no era solo un sonido bonito que mamá repetía.
Era yo.
Empecé la guardería o hoikuen, como lo llaman aquí—porque mamá dijo que necesitaba “socializar”.
Que era bueno para mí jugar con otros niños de mi edad.
Odio la guardería.
Los otros niños son ruidosos, pegajosos, impredecibles.
Corren en círculos gritando, comparten juguetes como si no importara, se tiran encima unos a otros riendo como locos.
Yo me siento en un rincón, con un bloque o un libro ilustrado, y observo.
No quiero que me toquen.
No quiero que me hablen.
Solo quiero estar solo.
Cuando la maestra intenta integrarme —「Haruto-kun, ven a jugar con todos」—, yo niego con la cabeza y me alejo.
Ella suspira, dice que soy “tímido”.
No es timidez.
Es que no encajo, mi cuerpo cuerpo es de niño pero mi mente es de un hombre.
Aquí, uno de esos momentos en la guardería: los niños jugando en grupo, colores y risas por todos lados, mientras yo me quedo al margen.
Mi apariencia física, aunque no desarollada completamente todavia, no compartia ninguna característica notable de mis padres.
No tengo la fealdad pesada de Yasuno: ni la papada, ni el cuerpo blando y desbordante, ni esa cara ancha que parece siempre sudorosa.
Gracias a los dioses o a quien sea que maneje estas segundas oportunidades, no heredé eso.
Tampoco tengo la belleza delicada de mamá: los rasgos finos tallados, el cabello azul que brilla, la piel que parece de porcelana.
Soy… normal.
Cabello negro liso, ojos oscuros, cara redonda de niño.
Nada destacable.
Excepto la mirada.
La gente lo nota, aunque no lo digan en voz alta.
Mis ojos son demasiado profundos y penetrante para un niño de tres años.
Demasiado intensos, talvez demasiado viejos.
Cuando miro a alguien directo, se incomodan.
Las maestras desvían la vista rápido.
Los otros niños se alejan sin saber por qué.
Mamá lo ve también.
Lo nota cuando me mira fijamente y yo le devuelvo la mirada casi sin parpadear, como si estuviera midiendo algo antiguo.
Ella es la única que no se asusta, sabe que no soy como los demás niños.
Aprendo rápido.
Demasiado rápido.
Palabras nuevas que agarro al vuelo, números que cuento sin esfuerzo, rompecabezas que resuelvo en minutos.
Cuando lee cuentos conmigo, ya me sé las partes de memoria antes de que termine la página.
Ella sonríe, orgullosa, pero hay un brillo de preocupación en sus ojos.
「Haruto es especial」, Ella le dice a Yasuno alguna vez en voz baja.
Él solo gruñe, sin interés.
___________________________________ Un día cualquiera, la puerta del apartamento se abrió y entró alguien nuevo.
No era un repartidor, ni la vecina del piso de abajo que a veces traía sobras de onigiri.
Era una mujer.
Alta, madura, con esa clase de belleza que no necesita ser dulce para ser peligrosa.
Tendría más de unos treinta años, quizás un poco más.
Vestía un traje sastre negro que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel: falda lápiz hasta la rodilla, chaqueta entallada con escote profundo que dejaba ver justo lo suficiente para que uno se preguntara.
Pero lo que más me llamó la atención, lo que no podía dejar de mirar era su cabello.
Largo, ondulado, de un naranja intenso que parecía fuego líquido cayendo por su espalda.
En esta casa de grises y blancos, ese color era como una alarma.
Cuando me vio, se detuvo un segundo en el pasillo.
Sus ojos (con gafas y maquillados con precisió), me recorrieron de arriba abajo.
Con curiosidad fría, como si evaluara un objeto interesante.
Yo le devolví la mirada.
Fija.
Sin pestañear.
Como siempre hacía cuando alguien nuevo entraba en mi mundo.
Ella sonrió, una sonrisa lenta y divertida.
Mire también un lunar sensual, que se ubicaba debajo de labio inferior izquierdo.
—Ara ara… ¿Y este es el famoso Haruto-kun?
—dijo con voz dulce y seductora—.
¿Qué tal si me dices “tía kanako” ?
No dije nada.
Solo seguí mirándola.
Mis ojos no se movieron ni un milímetro.
Ella ladeó la cabeza, como si mi silencio le resultara gracioso en lugar de incómodo.
—Muy serio para ser tan pequeño… —murmuró, más para sí misma que para mí.
Entonces Yasuno apareció detrás de ella.
Su mano grande se posó en la cintura de la mujer —un gesto posesivo, familiar— y la guio hacia el interior.
El me miró.
Nunca me miraba, talvez para ver mi reacción, pero se aburrió al ver mi tranquilidad.
—Kanako, por aquí —dijo él con esa voz grave que usaba cuando quería sonar amable,pero no combinaba con su mirada lascivia—.
Makoto nos acompañara enseguida Mamá salió de la cocina con una bandeja: té verde, pequeños dulces wagashi para mi, todo perfecto como siempre.
Cuando vio a la mujer, su sonrisa fue educada, pero tensa.
Un poco más rígida de lo normal.
—kanako-san… qué bueno verte —dijo mamá, bajando la mirada un segundo—.
Hace tiempo.
La mujer —Kanako— le devolvió una sonrisa —Makoto-chan, siempre tan perfecta.
No cambias nunca.
Parecía amiga cercana de mis padres.
Pero más de Yasuno.
Lo supe en el momento en que él la llevó por el pasillo.
Directo hacia la puerta prohibida.
Esa puerta más pequeña al final del corredor, la que siempre estaba cerrada con llave.
La que mamá nunca me dejaba ni siquiera tocar.
Yasuno abrió.
Entraron los dos.
La puerta se cerró detrás de ellos con un clic suave pero definitivo.
Yo me quedé en el living, sentado en el tatami.
Sabía lo que pasaba ahí dentro.
No necesitaba entrar para entender.
Los sonidos que salían a veces por la noche, los gemidos bajos.
Mamá se acercó a mí después.
Se arrodilló a mi lado dejándome el té y los dulces, me pasó la mano por el pelo con esa ternura que solo usaba conmigo.
—Estás bien, mi sol —susurró—.
No te preocupes por nada.
Mamá volverá pronto.
Se levantó.
Miró la puerta cerrada un segundo.
Suspiró bajo, casi inaudible.
Y caminó hacia ella.
Tocó dos veces.
La puerta se abrió apenas una rendija.
Yasuno le abrió la puerta , le dijo algo en voz baja que no alcancé a oír.
Mamá asintió.
Entró.
La puerta se cerró otra vez.
Me quedé solo en el living.
Ya estaba acostumbrado, solo esperaba que No tuvieran este tipo se visita muy seguido.
Mientras tomaba el té y los dulces Fin del Capítulo 6
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com