Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18) - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. ISEKAI EN UN MUNDO NORMAL...... NORMAL?(MUNDO HENTAI/NTR +18)
  4. Capítulo 9 - 9 Capitulo 8- La caída de un Gigante
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: Capitulo 8- La caída de un Gigante 9: Capitulo 8- La caída de un Gigante (Punto de vista: Haruto – 10 años) Los años pasaban como páginas de un libro que ya había leído antes.

Ya tenía diez años.

Mi cuerpo había crecido lo suficiente para que la ropa de niño chico ya no me quedara, pero seguía siendo robusto: no gordo, solo sólido, con algo de carne extra en los brazos y el abdomen porque mi vida era sedentaria.

Pasaba horas leyendo, estudiando o simplemente pensando en la habitación, mirando por la ventana.

Comía bien —mamá se aseguraba de eso: arroz, pescado, verduras, sopa miso—, pero no hacía deporte.

No necesitaba.

Mi mente adulta sabía que el movimiento era importante, pero este cuerpo joven aún no sentía la urgencia.

Yasuno, en cambio… él era un misterio de energía malgastada.

A sus setenta y pico años (nunca supe exactamente cuántos, nadie hablaba de eso), seguía con esa vitalidad cruda y sucia.

Llegaba tarde del trabajo, comía lo que le daba la gana —ramen instantáneo, yakitori grasoso, cervezas latas tras latas, fumaba en el balcón y aun así tenía fuerzas para reclamar a mamá casi todas las noches.

¿Cómo?

¿De dónde sacaba esa resistencia un hombre obeso, que no hacía ejercicio y comía como si su corazón fuera inmortal?

Yo lo observaba en silencio, preguntándome si era pura terquedad o algo más oscuro.

Algo que este mundo extraño premiaba.

Hasta que un día se cobraron las deudas.

Llamaron del hospital.

Un infarto masivo mientras estaba en trabajo.

Se desplomó en la escuela, lo estabilizaron a duras penas y lo trasladaron a cuidados intensivos.

Cuando mamá me lo contó, su voz temblaba pero no lloraba.

Solo dijo: 「Tu padre está muy enfermo, Haruto.

Los médicos dicen… meses, quizás semanas」.

Aquí, Yasuno en la cama del hospital, pálido y conectado a máquinas, la carne blanda ahora flácida y derrotada: Y aquí, otro ángulo de él durmiendo bajo las luces frías, el monitor pitando sin parar: Mamá se convirtió en una sombra que iba y venía entre la casa y el hospital.

Lo cuidaba con esa devoción absoluta que siempre había tenido por él.

Le llevaba bentos caseros (aunque ya no podía comer mucho), le leía en voz baja, le tomaba la mano cuando los médicos no estaban.

Su belleza delicada se veía más frágil ahora: ojeras profundas, el cabello recogido sin gracia, los hombros caídos.

Pero nunca se quejaba.

Nunca preguntaba por qué.

Solo obedecía, como siempre.

Yo no iba a visitarlo mucho solo cuando mama me llevaba .

Me sentaba en la silla de plástico junto a la cama, lo miraba fijamente.

Él abría los ojos a veces, me veía, y por un segundo había ese mismo reconocimiento que tuvo aquella vez con Hanako.

No palabras.

Solo una mirada Pero ya no había fuerza en él.

El exceso, los malos cuidados, la vida de indulgencia sin freno… todo le había cobrado factura.

El corazón, ese órgano que había bombeado deseo y control durante décadas, ahora latía débil, irregular, contando hacia atrás.

Aquí, mamá cuidándolo en la habitación del hospital, con esa expresión de preocupación eterna: Y aquí, un momento en que ella le sostiene la mano, mientras yo observo desde la puerta: Yo no sentía pena.

No exactamente.

Sentía… curiosidad.

Y una frialdad antigua.

Este hombre que había dominado la casa, ahora era solo un cuerpo roto en una cama.

________________________________________ Un día mamá me mandó al hospital solo.

Tenía algo que atender, dijo.

Algo sobre el seguro de Yasuno, papeles que no podían esperar.

Me miró con esos ojos cansados que últimamente parecían más grandes que su cara y me dijo: —Ve con él, Haruto.

Solo un rato.

Mamá vuelve pronto.

No discutí.

Fui.

La habitación olía a desinfectante, a metal y a algo más pesado: el olor de un cuerpo que ya no luchaba.

Yasuno estaba semiincorporado en la cama, conectado a más tubos de los que recordaba.

La carne que antes colgaba ahora parecía derretirse sobre los huesos.

Pero sus ojos… sus ojos seguían siendo los mismos.

Pequeños, hundidos, hambrientos.

Cuando entré, me miró.

No sonrió.

Solo dijo, con esa voz ronca que todavía conservaba fuerza: —Acércate.

Me acerqué en silencio.

Me paré al lado de la cama.

No tenía miedo.

Solo curiosidad fría.

Él respiró hondo, como si le doliera el aire.

Y empezó a contar.

La historia de como se casó con mamá Habló de un tiempo antes de mí.

De cuando Makoto estaba casada con otro hombre —no dijo su nombre, solo un tipo que también trabajaba en la escuela secundaria, que era un cocinero, no importaba.

Cuando Yasuno vio a mama por primera vez en el pasillo de la escuela.

Caminaba con su uniforme de profesora de gimnasia, el pelo recogido, la piel brillante de sudor después de una clase.

Y la deseó.

No como se desea a una mujer.

Como se desea poseer algo que no te pertenece.

—No me importó que estuviera casada —dijo, con una sonrisa torcida que le costó esfuerzo—.

No me importó nada.

La quería.

Así que hice lo que fuera necesario.

Esto es algo que ningún niño de diez años debería escuchar.

No me conto los detalles morboso talvez hasta ilegales, por qué le costaba hablar por la falta de aire —No me arrepiento de nada —terminó, mirándome directamente Hizo una pausa.

El monitor pitaba regular, como un metrónomo de muerte.

—Este mundo… Haruto, hay solo una regla no escrita ; o eres débil, o eres fuerte.

eres un cordero… o eres el lobo.

Sus ojos se clavaron en los míos —Nunca seas el cordero–.

Me dijo, era una verdad cruda.

No dijo más.

Solo respiró, pesado, y cerró los ojos.

Yo no respondí mucho.

Nunca he sido de muchas palabras.

Solo dije, con voz neutra: —Entiendo.

Sin amor.

Sin odio.

Solo comprensión.

Semanas después murió.

Sin arrepentimiento.

Vivió una vida plena, según sus estándares.

Se llevó lo que quiso, cuando quiso, y no pidió perdón.

El funeral fue pequeño.

No había familiares.

Solo conocidos como Kanako y desconocidos, como un grupo de hombres jóvenes —demasiado jóvenes para ser amigos de verdad—.

Quizás alumnos antiguos.

Quizás algo más.

Miraban a mamá.

Hablaban con ella.

Le daban condolencias con esa sonrisa que yo ya conocía: la que dice “estás sola ahora”.

Ella era cortés.

Inclinaba la cabeza, pero sus ojos estaban vacíos.

Mamá estaba muy triste.

Nunca la había visto así.

Lloraba en silencio en el tren de vuelta a casa, Yo la miraba desde al lado.

No la abracé.

No sabía cómo.

Solo observé.

Yo no estaba triste.

Tampoco feliz.

Solo Reflexionando.

Todavía no sabía qué hacía en este mundo.

Por qué había venido a este cuerpo.

A esta familia .

La palabras de Yasuno.

“Ser cordero o lobo” No.

Yo no seré el cordero.

Tampoco seré el lobo que se conforma con devorar lo que encuentra.

Yo seré el hombre, el cazador.

El que mata a los lobos.

Y también, si es necesario… el que come a los corderos.

Fin del Capítulo 8 REFLEXIONES DE LOS CREADORES MrAnonymous_4258 En el próximo cap el prota estára en la secundaria, y aparecerá un nuevo personaje femenino

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo