isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 1
- Inicio
- Todas las novelas
- isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM!
- Capítulo 1 - 1 prólogo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: prólogo 1: prólogo Hay muertes trágicas.
Hay muertes heroicas.
Hay muertes tontas.
Y después está la mía.
Una muerte que ni siquiera encaja en ninguna categoría.
Me llamo… bueno, me llamaba… Renji Sakamoto, 19 años.
Otro otaku promedio, antisocial, gamer adicto, especialista en estrategia y simuladores de guerra.
Mi vida era simple: comida chatarra, cero vida social y horas infinitas de videojuegos.
Esa noche, me encontraba en lo que yo consideraba una misión sagrada: terminar el juego que había consumido los últimos tres años de mi existencia.
“Empire Chronicles: War of Destiny”, un simulador de estrategia tan complejo que hasta las guerras de la vida real parecían juegos de niños.
Estaba en el punto final.
Después de semanas de microgestión, diplomacia, guerras, traiciones y sacrificios…
solo me quedaba un enemigo por destruir.
El imperio más temido, cruel y despiadado de todo el continente.
—Vamos…
solo un asedio más… —mis dedos temblaban mientras desplegaba tropas, movía recursos y activaba habilidades—.
¡Esta vez lo logro!
La consola, una flamante X-Dream Infinity Ultra, emitía ruidos extraños.
Un zumbido…
un chasquido…
humo…
—…¿Eh?
No, no, no… no ahora…
💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥💥 PZZZZZTTT…
KABOOOOOOOM!!
La consola explotó.
Literalmente.
Sin advertencia, sin piedad, sin sentido.
Un destello blanco.
Un rugido ensordecedor.
Una sensación de calor abrasador.
Y luego… nada.
Oscuridad total.
Silencio absoluto.
—…Joder…
¿esto es la muerte?
—mi voz resonaba en un vacío sin fin.
No había suelo.
No había cielo.
Solo un abismo oscuro e infinito.
—Vaya, vaya…
eso fue inesperado —una voz desconocida surgió de la nada, grave pero extrañamente relajada.
—¿Eh…?
—Morir porque tu consola explota…
eso es nuevo.
Ni los dioses que manejan las estadísticas de muerte vieron venir esta.
—¿Quién…?
—parpadeé… o al menos creí hacerlo.
—En fin.
Esto es simple.
Como tu vida fue interrumpida de manera absurda por un fallo del destino, te corresponde una compensación.
—…¿Compensación…?
Espera, espera, espera…
¿esto es… acaso…
un isekai?
—…Correcto.
Te enviaré a otro mundo.
—¡¿Qué clase de mundo!?
¿Fantasía?
¿Magia?
¿Futuro distópico?
¿Cyberpunk?
¡DIME ALGO!
Silencio.
—…Ups.
Creo que ya te estoy enviando.
Bueno, lo descubrirás tú mismo.
Suerte.
—¿¡QUÉEEE!?
¡¡NOOO, ESPERA!!
¡¡¡DIME DÓNDE!!!
¡¡¡DIME AL MENOS QUÉ SOY!!!
¡¡MALDITOOOOO—!!
Una luz cegadora me envolvió y fui arrastrado como si mi existencia fuera absorbida por una aspiradora cósmica.
Y sin saber cómo, ni dónde, ni en qué…
Fui lanzado sin instrucciones al abismo del renacimiento.
—Lo que no sabía… Es que estaba a punto de abrir los ojos en un lugar que jamás habría imaginado.
Y que ahora…
ya no era él.
— Luz.
Demasiada luz.
Un techo blanco, alto, decorado con intrincados relieves dorados.
Arañas de cristal colgaban, lanzando destellos que cegaban a cualquiera que abriera los ojos de golpe.
—…Huh… —un susurro escapó de mis labios.
No era mi techo.
No era mi cama.
No era mi cuarto.
Intenté mover la mano.
La noté… ligera.
Delicada.
Suave.
Llevé la mano al rostro.
Lo toqué.
Redondeado.
Suave.
Pequeño.
Demasiado pequeño.
Me incorporé lentamente, y el movimiento hizo que un peso extraño en mi pecho se hiciera notar.
—…Oh no.
No.
No.
No.
No.
—pensé, pero sin emitir sonido alguno.
Giré la cabeza hacia un enorme espejo que decoraba la pared lateral.
Lo que vi reflejado…
me dejó paralizado.
Cabello largo, blanco como la nieve.
Ojos violetas grandes, brillantes, como gemas talladas.
Piel tan blanca y suave que parecía porcelana.
Rostro fino, bello, elegante, pero aún con rasgos juveniles, de no más de 14 años.
Vestía un camisón de dormir hecho de seda pura, bordado con hilos dorados y detalles florales.
Todo a mi alrededor era lujo: cortinas de terciopelo, alfombras bordadas, muebles finos de madera tallada.
—…Ah.
—fue lo único que salió de mis labios.
Por dentro, mi cerebro gritaba: “¡¡¿¿QUÉ CARAJOS ES ESTO??!!
¡¡¡NO, NO, NO, NO, NO!!!
¿¡¡DÓNDE ESTOY!!?
¿¡¡QUÉ ES ESTE CUERPO!!?
¿¡¡¿POR QUÉ TENGO PECHOS??!!?” Pero por fuera… mantuve la cara más inexpresiva que pude.
La misma cara que uno pone cuando su jefe le pregunta si puede quedarse a trabajar horas extras y tú solo asientes, muriendo por dentro.
—…Esto es…
un mal sueño…
seguro…
—murmuré, cruzando las manos sobre mi regazo con falsa serenidad, mientras mis piernas temblaban bajo las sábanas.
En ese momento, la puerta se abrió suavemente.
—Su Alteza… —una mujer, aparentemente una doncella, de cabello castaño recogido en un moño perfecto, se acercó haciendo una reverencia elegante—.
Veo que ha despertado.
Me alegra… —…Oh.
—ladeé la cabeza, fingiendo calma mientras sentía cómo mi alma se partía en mil pedazos—.
Sí…
creo que…
acabo de despertar…
“¿¡Por qué hablas como si yo supiera lo que está pasando!?
¿¡Quién eres!?
¿¡Dónde estoy!?
¿¡QUÉ DEMONIOS ES ESTO!?” —grité internamente.
La doncella sonrió, como si todo fuera normal.
—Prepararé su desayuno de inmediato.
Hoy no tiene clases, pero el sastre vendrá más tarde a tomar medidas para los nuevos vestidos que ordenó Su Majestad, la Reina.
—…Oh…
claro…
sí…
—asentí con una sonrisa perfectamente falsa.
“…¿Vestidos?
¿¡REINA!?
¿¡ALTEZA!?
¿¡VESTIDOS!?
¿¡¿VESTIDOS?!?!” Cuando la doncella salió, dejándome sola en esa habitación que olía a perfume caro, respiré hondo.
Lento.
Controlando el temblor de mis manos.
—…Tranquilo.
—me dije—.
Esto es…
esto es…
un mal sueño.
O…
una alucinación.
Tal vez estoy en coma.
O…
o…
o…
Una corriente de información súbita golpeó mi mente como un rayo.
Recuerdos que no eran míos, pero que ahora estaban allí, superpuestos sobre los míos.
“Celestine…” “Séptima princesa…” “Hija de una concubina de bajo rango…” “Despreciada.
Ignorada.
Sin valor en la línea sucesoria.” Sentí un escalofrío que me recorrió la columna entera.
—…No… no puede ser… —susurré, llevándome una mano a la cara—.
Ese maldito dios… no me dijo dónde me iba a mandar… Miré mis manos, pequeñas y finas.
Luego el reflejo en el espejo.
Y finalmente acepté la cruel y absurda realidad.
Reencarné… Como la séptima princesa de este maldito imperio.
Y mientras por dentro gritaba como un loco… por fuera, sonreí.
Pequeña.
Serena.
Elegante.
—…Perfecto.
Simplemente perfecto… —murmuré—.
Me cago en todo.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com