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isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 capitulo 10 La Invitación Imperial
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11: capitulo 10 La Invitación Imperial 11: capitulo 10 La Invitación Imperial Perspectiva de Celestine Era un día tranquilo.

Tranquilo para los estándares de alguien que administra un pueblo sin nombre, con soldados sin sueldo fijo, una mina que parecía tragarse a los trabajadores, y una comida que, honestamente, sabía como si alguien hubiese cocido el aburrimiento.

—Falta sal…

otra vez.

—Murmuré, masticando con resignación.

La falta de condimentos era un problema.

El azúcar era un lujo reservado para fiestas imperiales.

Y aquí, tener sal era como encontrar un dragón domesticado que cocine.

Otro punto en la lista de “cosas que odio de este mundo medieval.” Pero al menos tenía paz… al menos por cinco minutos.

—¡Baronesa, baronesa!

—interrumpió un asistente jadeando— ¡Un emisario de la capital ha llegado!

Suspiré, dejando el trozo de pan duro que masticaba como si fuera piedra.

—¿La capital?

¿Ahora?

¿Por qué?

¿Se les cayó el mapa y recordaron que existo?

—Me limpié los labios, poniéndome de pie.

—Supongo que es la típica inspección sorpresa del jefe a su empleada mal pagada… Caminé al salón de audiencias de la mansión-barro-que-llamo-hogar, y de inmediato, me transformé.

Postura firme.

Mentón ligeramente elevado.

Brazos relajados, expresión serena.

Elegancia de la realeza.

La forma en que fui entrenada.

Aun si por dentro estaba pensando “ojalá no noten la mancha de sopa en la cortina…” El emisario se inclinó con respeto.

Era un hombre mayor, de rostro severo y ropajes imperiales.

—Baronesa Celestine, traigo un mensaje directo del Emperador y Su Majestad la Reina.

—Oh… ¿de veras?

—respondí, en tono delicado y educado.

Por dentro: “Ok, ya me van a exigir pagar impuestos… o me quieren reubicar.” El emisario prosiguió: —Su Majestad el Emperador y la Reina han quedado profundamente impresionados por el progreso logrado en este territorio.

La rehabilitación del pueblo, la producción minera, las reformas agrícolas, la defensa estratégica contra bandidos… —Sí, sí… he sido una chica aplicada.

—Pensé, mientras sonreía levemente como si fuera algo menor.

—…y por ello, los soberanos imperiales desean convocarla a la capital.

—Hizo una pausa solemne— Para discutir su ascenso de título y su reinstauración formal como miembro oficial de la familia imperial.

…

…¿Perdón?

Me quedé quieta un segundo.

Las palabras se clavaron como dagas inesperadas.

“Reinstauración formal como miembro oficial de la familia imperial”.

¿Qué parte de ‘exiliada en un pozo olvidado’ no habían entendido…?

Por dentro: > ¿Están locos?

¿Quieren arrastrarme de nuevo a ese nido de serpientes?

¿Ahora que finalmente tengo paz, comida decente (bueno, casi) y subordinados que obedecen…?

Pero por fuera, sonreí con la gracia de una princesa: —Será un honor, transmisor del imperio.

Me presentaré ante Sus Majestades como se me ha enseñado.

Hice una leve reverencia, delicada y medida.

Noble, tranquila… falsa como moneda de barro.

El emisario asintió y se retiró con formalidad.

Una vez que se fue… Me desplomé en mi silla con un quejido.

—¿¡REINSTALARME EN LA CORTE!?

¿¡ESTÁN LOCOS!?

Iris, el espíritu del agua, apareció flotando junto a mí con expresión confundida.

—¿Es malo que quieran reconocerte, Celestine?

—No, Iris, no es malo.

Es jodidamente peligroso.

—Bufé— Allá no peleas con espadas ni magia… peleas con sonrisas y veneno en las copas.

Suspiré, tapándome la cara con ambas manos.

—Bueno…

ya tomé un pueblo sin nombre y lo convertí en una mini-fortaleza.

Supongo que sobrevivir en la corte no puede ser tan difícil… ¿verdad?

Iris parpadeó.

—¿…Verdad?

—…No respondas.

— — Mi preparación fue rápida.

Un vestido limpio, algo de maquillaje para cubrir las ojeras que el estrés me regaló, y el cabello trenzado en estilo imperial básico.

Aparentemente, eso bastaba para lucir como una dama respetable.

No esperaba que la escolta imperial viniera a buscarme personalmente.

Diez caballeros con armaduras brillantes, un carruaje decorado con símbolos reales y…

lo peor: sin baños intermedios.

El viaje fue tranquilo, sí…

Pero tranquilo para ellos.

Yo estaba inquieta por otro asunto más apremiante.

—Maldita biología femenina…

—pensé, retorciéndome ligeramente en el asiento del carruaje.

Orinar en el monte era impensable, al menos si no quería arruinar toda esa fachada de noble refinada.

Cuando al fin llegamos a la capital, la incomodidad física fue reemplazada por otra peor: El desfile de bienvenida.

Al llegar al castillo, me escoltaron hasta la gran sala del trono.

Un enorme salón con pilares de mármol blanco, alfombra roja imperial, cortinas de seda, y, lo peor de todo…

una multitud de nobles mirándome como si fuera una anomalía vestida de gala.

—Están oliendo sangre… —pensé, caminando con paso sereno aunque por dentro deseaba lanzarles una flecha mágica en la frente a cada uno.

Sólo vine por la recompensa… no por desfilar entre víboras.

Y allí estaban ellos: el Emperador en su trono dorado, con su mirada de halcón, y la Reina, imponente, serena… con una sonrisa que decía “muévete mal y te entierro con gracia.” Un hombre dio un paso al frente.

Alto, delgado, con túnica ceremonial púrpura y un pergamino dorado entre manos.

El Gran Anunciador Imperial, un maestro del protocolo y del teatro innecesario.

Alzó su voz con fuerza y elegancia, haciendo resonar cada palabra en los muros del salón: — 📜 “¡Anunciando y reciban con dignidad imperial a Su Señoría Celestine Alvaria Estella!

Séptima hija del linaje imperial.

Baronesa de las tierras remotas del este.

Gobernadora legítima del territorio conocido como ‘el pueblo sin nombre’.

Quien en el transcurso de seis meses ha: — Reconstruido una aldea en ruinas.

— Establecido rutas de comercio estables.

— Derrotado y convertido a criminales en mano de obra útil.

— Implementado sistemas agrícolas de vanguardia.

— Descubierto y gestionado una mina de hierro.

— Formado una fuerza armada permanente.

— Forjado alianza con un espíritu menor del agua.

¡Y demostrado aptitud, sabiduría y liderazgo más allá de su estatus inicial!”* — Mi mandíbula quería descolgarse, pero mantuve la sonrisa noble.

¿Todo eso sonaba más impresionante cuando lo decía otro, no?

Bueno… al menos ahora saben que no estuve criando gallinas.

Los murmullos estallaron entre los nobles.

Algunos miraban con sorpresa, otros con desdén… y varios con preocupación.

Perfecto.

Ya me gané enemigos sin siquiera decir una palabra.

Caminé hasta el centro de la sala, me arrodillé con elegancia y reverencia, y pronuncié la fórmula de etiqueta: —Celestine Alvaria Estella, a disposición del Trono Imperial.

El Emperador se inclinó ligeramente hacia adelante.

La Reina no dijo nada… pero me estaba mirando con unos ojos que decían claramente: “Te dije que eras capaz de esto… pero ahora te metiste en problemas más grandes.” — — 📌 Perspectiva del Emperador Desde lo alto del trono, he visto a cientos de nobles caminar por este salón.

Algunos con arrogancia, otros con miedo, la mayoría con falsedad en cada paso.

Y sin embargo… cuando la pequeña figura de cabello plateado entró al salón, el bullicio se desvaneció.

Ahí estaba ella.

Celestine.

La séptima.

La más olvidada.

La niña enferma que nadie en la corte creía capaz de sobrevivir el invierno de su primer año.

La hija que nació del amor, no del deber.

Y ahora, caminaba como una noble.

Postura firme.

Brazos rectos.

Mirada…

Fría.

Inquebrantable.

Pero mis ojos no son los de un simple emperador.

Soy su padre.

Y un padre puede notar lo que otros no.

Vi la tensión sutil en su mandíbula.

Vi las ojeras bajo sus ojos, cuidadosamente maquilladas.

Vi el leve temblor en sus dedos al arrodillarse, como si el peso de su nueva vida se reflejara en cada músculo de su cuerpo.

No había venido a presumir.

Había venido porque era su deber.

Porque alguien debía proteger ese pueblo.

Porque si ella no lo hacía, nadie más lo haría.

Y lo logró.

La Reina, sentada a mi lado, también lo había notado.

Compartimos una mirada silenciosa.

Ella asintió, y su voz resonó con autoridad y claridad en todo el salón: — 👑 “Celestine Alvaria Estella,” —proclamó la Reina— “has demostrado con hechos aquello que muchos nobles de renombre sólo proclaman con palabras.

Tu esfuerzo, tu temple, y tu espíritu han superado las barreras que tu nacimiento impuso injustamente sobre ti.” “Hoy, ante los ojos del Imperio y del Trono, te reconozco oficialmente como miembro de la Familia Real Imperial.” “Desde este día, llevarás el nombre de: Celestine von Alvaria Estella.” “Y como prueba de la confianza de la Corona… te concedo el título de Conde Territorial.” “Serás la gobernante legítima de un nuevo territorio de 14 kilómetros, incluyendo las tres aldeas con las que estableciste comercio.

Serás su escudo, su mente, su guía.” — Los nobles contuvieron la respiración.

El ascenso fue tremendo.

De baronesa menor a conde territorial.

Una bofetada política para las familias que esperaban verla desaparecer en la sombra.

Mi hija alzó la vista con ese rostro impasible que ahora dominaba, pero sus ojos… sus ojos tenían un brillo escondido.

No de ambición.

De determinación.

Yo, Emperador del mayor imperio de esta tierra… Tuve que tragar saliva.

Porque vi claramente algo que pocos logran mostrar: el nacimiento de una figura que cambiará la historia.

—“Celestine…” —murmuré, apenas audible.

“…no sólo sobreviviste.

Estás floreciendo… y no hay muro en esta corte que pueda contenerte por mucho tiempo.” La Reina se volvió hacia mí.

—¿Lo anunciamos todo ahora… o dejamos que lo descubran más tarde?

—No todo.

Un paso a la vez.

—Respondí con una sonrisa ladina.

Sí… un paso a la vez.

Porque una flor nacida en el barro… puede volverse la raíz que sacuda todo el árbol del imperio.

— Por favor comenten y den like y compartan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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