isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 13
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13: capitulo 12 el duelo 13: capitulo 12 el duelo 📌 Perspectiva de Rosalía von Alvaria – Sexta Princesa del Imperio El banquete ya estaba en su punto medio cuando llegué, con mi capa todavía manchada de polvo del campo de entrenamiento.
Los guardias imperiales se apartaron con respeto apenas vieron el símbolo de la Espada Carmesí en mi pecho: el emblema que gané al convertirme en la primera mujer general de la Academia del Sur.
Mi nombre es Rosalía von Alvaria, sexta hija del Emperador.
Una guerrera.
Una espada.
Y… también la hermana mayor de una pequeña flor llamada Celestine.
> Celestine…
la niña frágil que solía llorar cuando se raspaba la rodilla.
La que se escondía detrás de las cortinas cuando escuchaba truenos.
La que… siempre miraba desde la distancia mientras nosotros entrenábamos espada, magia o política.
Así que cuando escuché que esa misma niña no solo había sobrevivido en una aldea olvidada, sino que venció bandidos, reconstruyó un pueblo y recibió el título de condesa, no lo creí.
> “¿Mi Celestine…?
¿La misma que se desmayaba con el olor del establo?” Pero ahí estaba.
De pie entre nobles.
Hablando con soltura.
Aceptando su título sin temblar.
Una presencia afilada, casi peligrosa, como un cuchillo envuelto en terciopelo.
Me acerqué despacio, para no asustarla.
Como hacía cuando éramos niñas.
—Celestine… —dije con una sonrisa suave, casi maternal—.
Tanto tiempo.
Vine apenas escuché que nuestra pequeña heroína había causado conmoción en la capital.
Ella giró la cabeza con calma.
Me miró a los ojos.
… Y no vi ni rastro de la niña frágil que recordaba.
Su mirada era fría, calculadora.
Cansada, sí… pero también aguda, como la de alguien que ha visto cosas que no debería.
Tenía ojeras, un peinado sencillo, y una postura tensa que ocultaba con gracia.
—Rosalía.
—me saludó con voz neutra y elegante—.
Me alegra que hayas venido.
Aunque si lo hiciste por curiosidad, lamento decepcionarte: no estoy aquí para entretener.
… ¿Qué…?
—Celestine… —sonreí, dando un paso más cerca—.
¿Qué te parece un pequeño duelo entre hermanas?
Solo para ver cuánto has crecido.
Dicen que tus soldados derrotaron a un grupo de cincuenta bandidos… ¿no sería interesante medir tus progresos?
Vi su ceja arquearse.
Antes, habría palidecido.
Habría dado un paso atrás, balbuceado algo sobre estar enferma o no saber pelear.
Pero esta nueva Celestine… Esta nueva versión me miró como si ya estuviera calculando dónde golpear primero.
—Acepto.
—dijo sin titubeo—.
Pero en campo abierto.
Y sin contenerte.
Quiero ver si mis entrenamientos realmente sirven para algo.
Después de todo… no tengo interés en fingir debilidad para hacer sentir mejor a los demás.
… Santo cielo.
¿Qué le pasó a mi hermana?
Y por primera vez en muchos años, sentí una chispa de emoción.
> “Quizás ya no tengo que protegerla… Quizás ahora debo enfrentarla como a una igual.” — — Lugar: Patio de prácticas del Palacio Imperial Presencia: Emperador, Reina, nobles de alto rango, comandantes de la Guardia Real, asistentes y soldados.
— El sol brillaba con fuerza sobre el campo de entrenamiento, mientras el silencio se apoderaba del lugar.
De pie, frente a su hermana mayor, Celestine respiraba profundamente, manteniendo la compostura.
El uniforme de duelo le quedaba ligeramente holgado, pero su expresión fría no dejaba dudas: estaba lista.
En las gradas imperiales, el Emperador observaba con atención.
A su lado, la Reina cruzó las piernas y apoyó el mentón en su mano, con una sonrisa enigmática.
—Comiencen el duelo.
—anunció el maestro de armas.
Rosalía desenvainó su espada con una fluidez elegante.
—Veamos cuánto ha crecido mi dulce hermanita… —murmuró con una sonrisa leve.
Celestine tensó los dedos sobre la empuñadura de su arco.
Activó sus habilidades mentalmente.
> [Ojo de Halcón – Activado] [Concentración – Activado] La visión del mundo se volvió más nítida.
Los movimientos de Rosalía, más lentos.
Como si pudiera ver milésimas antes de cada acción.
> Primero esquivar… luego, contraataque.
Rosalía se lanzó como una tormenta de acero.
Celestine dio un paso atrás justo a tiempo.
Una, dos, tres estocadas, todas desviadas con un elegante movimiento de su cuerpo.
—Nada mal, —dijo Rosalía— pero no te contengas.
Si quieres sobrevivir, dispara.
—¡Como desees!
—respondió Celestine con firmeza, apuntando con su arco.
> [Técnica mágica – Copia personal: Rayo Burbuja] “¡Awa no Raidō!” Un torrente de burbujas brillantes salió disparado desde su flecha, impactando el suelo frente a Rosalía y cubriéndola con una explosión acuática.
Por un momento, pareció que Celestine había tomado la delantera…
…pero entonces, la silueta de Rosalía emergió del vapor con un salto giratorio.
—¡Demasiado lento!
—gritó mientras su espada trazaba un corte.
—¡Tch…!
Celestine trató de girar, pero sintió el filo de la espada rozar su mejilla.
Un corte superficial, pero real.
Doloroso.
El ardor la hizo apretar los dientes.
> [Habilidad pasiva activada: Regeneración de humedad leve] Origen: Contrato con Espíritu del Agua “Iris” El ardor desapareció lentamente.
La herida… se cerró.
Los ojos de Celestine se abrieron ligeramente.
> ¿Me regeneré?
¿Desde cuándo…?
Desde el borde del campo, Iris sonreía, levitando en su forma espiritual como una pequeña hada de agua.
—Tú me diste tu sangre.
Yo te doy parte de mi poder, Celestine.
Volviendo a su postura, Celestine alzó el arco una vez más.
—No esperaba menos de ti, hermana.
Pero ahora… no retrocederé.
Rosalía alzó una ceja.
—Así me gusta.
¡Al fin muestras los colmillos!
Y se lanzó de nuevo.
Celestine esquivó, rodó por el suelo y disparó otra flecha cargada de magia.
El intercambio continuó por varios minutos, cada una midiendo la fuerza de la otra.
— Desde el palco, el Emperador murmuró: —La pequeña flor se convirtió en espina.
La Reina asintió con elegancia.
—Y aún está floreciendo.
Qué clase de jardín será el suyo…
solo el tiempo lo dirá.
— — —¡Ven aquí, hermanita!
Rosalía arremetió con una velocidad sorprendente, y su espada bailaba con gracia letal.
Celestine apenas podía seguirla, incluso con su habilidad [Ojo de Halcón] activada.
> Sus ataques son precisos… rápidos… está apuntando a agotarme.
No me está matando, pero tampoco me deja respirar… Celestine se lanzó hacia un lado, rodando por el suelo y disparando una flecha mágica con un movimiento rápido.
El proyectil pasó rozando la trenza de Rosalía… pero no logró acertar.
—¡Eres rápida, Celestine!
—gritó Rosalía, riendo como si esto fuera solo un juego.
—Pero la velocidad sin fuerza no es suficiente.
La espada cayó.
Celestine apenas logró bloquearla con una barrera de agua improvisada.
> [Magia de Agua – Escudo de rocío] La barrera tembló, se rompió… pero bastó para evitar un golpe directo.
Celestine retrocedió… solo para descubrir que había sido empujada contra el muro del campo.
Sin espacio para maniobrar.
Rosalía la apuntó con la punta de su espada.
—¿Rendirse?
—preguntó con voz suave, casi compasiva—.
Aún puedes hacerlo con gracia.
Celestine tragó saliva.
Sentía los músculos temblar.
El sudor le corría por la frente.
Sus piernas dolían.
Sus brazos dolían.
¡Incluso su orgullo dolía!
Pero en su interior… algo rugía.
> ¡No voy a rendirme!
Una imagen cruzó su mente.
Su vida pasada y los recuerdos como celestine antes de que recuperará sus recuerdos.
Las veces que tuvo que tragar orgullo, rendirse, alejarse de la lucha solo porque “no tenía sentido pelear”.
Pero esta vez… no.
Esta vez es una princesa, una noble, una comandante, una arquera, y maldita sea, una guerrera.
Celestine alzó su arco de golpe y lo apuntó directo al rostro de Rosalía.
A esa distancia no podía fallar.
—¿Sabes, hermana?
—dijo entre jadeos—.
Me estoy cansando de que todos me vean como una muñeca frágil.
—No soy la misma de antes.
Y si tengo que dispararte en la cara para demostrarlo, lo haré.
—…Con burbujas, pero lo haré.
Rosalía no se movió.
Sus ojos se abrieron un poco.
Y por primera vez, en el filo de su sonrisa… hubo respeto.
—Bien.
—bajó su espada con una risa breve—.
Eso es lo que quería ver.
—¿Qué?
—jadeó Celestine, confundida.
—No quería ganarte.
Quería ver si lucharías hasta el final.
Quería ver si la hermana que enviamos al exilio aún existía.
—Y ya no existe.
Ahora estás de pie por ti misma… aunque estés a punto de caer.
Celestine bajó su arco… lentamente.
Sus piernas temblaron.
Y al final… simplemente cayó sentada en el suelo.
—…Maldita seas.
—Estaba a punto de llorar del orgullo, y ahora estoy a punto de llorar del cansancio… Rosalía le ofreció una mano.
—Entonces llora… pero hazlo como toda guerrera: después del combate.
— Desde las gradas, la Reina suspiró con una sonrisa contenida.
—Nuestras hijas… ambas están hechas de fuego.
El Emperador asintió con orgullo silencioso.
— Por favor comenten, y den like y compartan
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