Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM!
  4. Capítulo 2 - 2 capitulo 1 Una Princesa sin Lugar
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: capitulo 1 Una Princesa sin Lugar 2: capitulo 1 Una Princesa sin Lugar Suspiré profundamente mientras la puerta se cerraba y la doncella desaparecía de mi vista.

La sonrisa falsa que había mantenido desapareció de inmediato, reemplazada por una expresión completamente vacía.

Me quedé en silencio, mirando mis propias manos.

Pequeñas.

Delicadas.

Suaves.

Piel inmaculada, sin cicatrices, sin rasguños, sin el más mínimo rastro de la vida que recordaba.

—…Sí, definitivamente ya no soy yo.

—Murmuré con voz casi inaudible, dejando caer los brazos sobre las sábanas de seda.

Miré hacia el techo, mientras sentía cómo un vacío extraño se instalaba en mi pecho.

“Ok… Renji… piensa.

Piensa maldita sea… primero: estás viva.

O vivo.

Bueno… técnicamente viva.

Segundo: este no es tu mundo.

Tercero: eres una princesa.

Cuarto: no sabes nada más.

Quinto… te jodes.” Tragué saliva con dificultad mientras los recuerdos fragmentados de este cuerpo, “Celestine”, se mezclaban con los míos.

Una princesa de 14 años.

Hija de una concubina de bajo rango que murió envenenada hace años.

Marginalizada.

Sin influencia política.

Sin tierras.

Sin tropas.

Sin respaldo.

Sin absolutamente nada que garantizara su supervivencia en un imperio donde incluso tus propios hermanos podían cortarte la garganta si estorbabas.

—…Fabuloso.

Simplemente fabuloso.

—dije con tono plano mientras sentía que mi estómago daba vueltas.

Me incorporé lentamente, dejando que las sábanas de seda cayeran sobre mis piernas delgadas, y me deslicé hacia el borde de la cama.

El suelo estaba cubierto por una alfombra tan suave que mis pies se hundieron ligeramente al tocarla.

Caminé tambaleando hasta el espejo.

Me observé.

“…Soy… bonita.

No.

Bonita no.

Hermosa.

Hermosa nivel: los nobles se matarían por casarse con alguien con este rostro.” Toqué mi reflejo.

Ojos violetas, cabello blanco que caía en ondas suaves hasta la cintura, piel pálida y perfecta.

Una muñeca de porcelana.

Pero lo que más me perturbaba era que… era yo ahora.

—…No.

No.

No.

No.

—Negué con la cabeza mientras una risa seca, casi sin aire, se me escapaba—.

Esto tiene que ser ilegal en más de setenta países.

Respiré hondo.

Cerré los ojos.

“Ok… aceptémoslo.

Esto es real.

Estoy atrapado en este cuerpo.

No tengo opción.

Lamentarme no me servirá de nada.” Abrí los ojos con una expresión completamente neutral, fría, casi calculadora.

“Ahora…

prioridades.” —Uno: entender el mundo.

—Dos: saber en qué clase de situación política estoy.

—Tres: asegurar mi supervivencia.

—Cuatro: si es posible…

subir en la escala del poder.

—Cinco: encontrar a ese maldito dios y patearle el trasero.

Asentí levemente frente al espejo.

—…Sí.

Es un buen plan.

—Dije con voz suave, mientras por dentro sentía cómo mi yo interior se acurrucaba en posición fetal gritando “¡¡¡ESTO ES UNA LOCURA!!!” —Su Alteza… —la puerta se abrió suavemente y la doncella anterior regresó, acompañada de otra joven que empujaba un carrito plateado con comida—.

Su desayuno está listo.

Me giré con una sonrisa impecable, aquella sonrisa elegante que este rostro permitía, y que ocultaba perfectamente el absoluto caos mental que se desataba en mi interior.

—…Gracias.

Lo pueden dejar ahí.

—Asentí con una delicadeza que ni siquiera yo sabía que podía fingir.

Ambas hicieron una reverencia y se retiraron en silencio.

Cuando se fueron, mi rostro volvió a su estado natural: inexpresivo, muerto por dentro.

Me acerqué al carrito.

Platos de porcelana fina, cubiertos de tapas de plata, donde humeaban trozos de pan caliente, frutas perfectamente cortadas, queso, mantequilla y una taza con un líquido oscuro.

Tomé la taza, la olí… y solté una carcajada amarga.

—…Café.

—Sonreí, negando con la cabeza—.

Al menos en este maldito mundo existe el café.

Di un sorbo y mis labios temblaron.

—…Sabe a mierda.

Dejé la taza sobre la bandeja y me apoyé en la mesa, observando por la ventana las enormes murallas blancas, las torres doradas y los jardines que se extendían hasta donde la vista alcanzaba.

“Sea lo que sea este lugar… sé que no es un lugar amable.” Mis dedos temblaron, pero los apreté con fuerza, obligándome a mantener la compostura.

“Si este mundo es un juego…

entonces jugaré.

Si aquí la ley es el poder…

entonces lo conseguiré.

No pienso ser una princesa de porcelana esperando que me rompan.” Apreté los dientes mientras observaba el horizonte.

—…No sé dónde estoy.

No sé qué juego es este.

No sé qué reglas hay.

—Susurré—.

Pero juro por todo lo que soy… que no pienso perder.

Y mientras mantenía aquella imagen serena, elegante, digna de una princesa…

Por dentro seguía repitiendo una y otra vez: “¡¡¡ME CAGO EN TODO ESTO!!!” — — Los pasillos eran largos, fríos, decorados con tapices de escenas gloriosas de guerras pasadas.

El mármol del suelo reflejaba las columnas doradas mientras dos doncellas caminaban detrás de mí en silencio.

A cada paso que daba, más claro se hacía el peso de esta realidad.

Y más difícil se hacía ignorar el nudo que tenía en el estómago.

Finalmente llegamos frente a una enorme puerta doble, finamente tallada con símbolos imperiales.

Los guardias la abrieron y, tras dar un paso dentro, la vi.

Allí, sentada en un elegante sofá de terciopelo blanco, rodeada de vitrinas con porcelanas, libros antiguos y flores frescas, estaba ella.

La Reina.

Su cabello negro azabache caía como una cascada sobre sus hombros.

Sus ojos grises eran fríos, agudos, como dos cuchillas que podían diseccionarte con una sola mirada.

Su rostro era la perfecta definición de belleza imperial, pero en su expresión había una mezcla compleja: cortesía, indiferencia…

y un ligero dejo de disgusto que no se molestaba en ocultar del todo.

Aun así, cuando me vio, sonrió con una elegancia impecable.

—Bienvenida, Celestine.

—Su voz era suave, educada, con un matiz de amabilidad perfectamente medida—.

Me alegra que hayas despertado.

Hice una reverencia automática, impulsado tanto por los recuerdos que ahora eran míos como por simple instinto de supervivencia.

—Gracias por recibirme, Su Majestad.

—Dije con la mejor sonrisa neutra que pude fingir, mientras por dentro mi alma chillaba como un gato atrapado en una caja.

Sus ojos me observaron de arriba abajo.

Amables, sí… pero no tanto como para fingir que no era un estorbo.

Hija de una concubina de bajo rango.

No legítima.

No deseada.

Solo una sombra incómoda en la línea imperial.

—Antes de hablar de tu situación, imagino que ya habrás notado que puedes ver tu estado —dijo, cruzando las piernas elegantemente—.

Todo ciudadano del imperio puede acceder a su propia pantalla.

Es básico.

—¿Mi… estado?

—repetí.

Extendí la mano por reflejo y, como si respondiera a mi pensamiento, una ventana translúcida apareció frente a mis ojos.

— 【Estado】 Nombre: Celestine Alectra (7ª Princesa) Edad: 14 años Clase: Arquero (Común) Rango Social: Princesa Imperial / (Próxima a recibir título de Barón Menor) Nivel: 3 Atributos: Fuerza: 5 (Débil) Agilidad: 11 (Promedio bajo) Resistencia: 6 (Baja) Magia: 8 (Levemente por encima del promedio) Suerte: 14 (Notablemente Alta) Inteligencia: 12 (Promedio Alto) Carisma: 16 (Alta) Habilidades: 【Disparo Básico Lv.1】 【Concentración Lv.1】 【Ojo de Halcón Lv.1】 【Etiqueta Noble Lv.3】 (Por educación imperial) — Miré la pantalla, completamente en silencio.

“…¿Arquero…?

¿¿EN SERIO??”  No era una clase noble.

No era mágica.

No era poderosa.

No era ni siquiera poco común.

Arquero.

Clase de soporte.

Clase de soldado de línea.

Básico.

Mediocre.

Común.

La Reina asintió ligeramente, interpretando mi silencio como resignación.

—Lo veo.

—Suspiró con un tono casi indiferente—.

Como pensaba.

Eres físicamente débil.

No tienes una clase sobresaliente.

No representas ninguna amenaza para la familia imperial.

Sus ojos, aunque mantenían esa máscara amable, mostraron un destello de desdén.

—Por esa razón, y como muestra de…

llamémoslo…

misericordia, he decidido otorgarte un título nobiliario menor.

—Hizo una pausa, bebiendo de una copa de porcelana—.

Serás nombrada Baronesa Menor, y se te asignará la administración de un pequeño pueblo en las tierras exteriores.

Mi espalda se tensó.

—…¿Un pueblo?

—pregunté, con la voz cuidadosamente neutral, mientras por dentro sentía que mi alma se derretía como mantequilla en un microondas.

—Sí.

Un lugar modesto.

Sin importancia estratégica.

Sin recursos valiosos.

Pero suficiente para que sobrevivas…

si sabes administrarlo.

—Sonrió, aunque sin calidez—.

No esperes lujos, ni guardias, ni asesores.

Lo básico.

Cerré el puño, ocultándolo entre las mangas del vestido, mientras mantenía el rostro completamente sereno.

“…Perfecto.

Me están literalmente exiliando de la capital con una sonrisa elegante en la cara.

Precioso.” —Su Majestad…

—ladeé la cabeza ligeramente—.

¿Y qué hay de mis hermanos?

La sonrisa de la Reina se mantuvo, pero su mirada se tornó un poco más altiva, como si hablara de cosas obvias.

—Ellos, a diferencia tuya, tienen clases dignas de la sangre imperial.

—Sus palabras eran suaves, pero afiladas como cuchillas—.

Espadachines mágicos, paladines, magos de batalla, incluso un invocador.

Ellos son…

—hizo un gesto elegante con la mano—…

útiles para el imperio.

Tú, en cambio…

Acarició la porcelana de su copa.

—No eres ni una amenaza, ni una herramienta.

Por eso…

puedo permitirte vivir.

Al menos, por ahora.

El sonido del líquido en la copa fue lo único que rompió el silencio por un momento.

—Tienes una hora.

Prepara lo que consideres necesario.

El carruaje partirá cuando el reloj de la torre dé la campanada.

Incliné la cabeza, manteniendo aquella expresión serena, respetuosa, casi frágil.

—…Entendido.

Agradezco su generosidad, Su Majestad.

Me levanté, di una reverencia perfecta y caminé hacia la puerta mientras por dentro…

“MALDITA.

¡MALDITA!

¡ME ACABAS DE BOTAR COMO BASURA PERO SONRIENDO COMO SI FUERA UN FAVOR!

¡ME CAGO EN ESTE SISTEMA DE CLASES DE MIERDA!

¡¡¡Y EN ESE MALDITO DIOS!!!” Apreté los dientes, pero no dejé que mi rostro se rompiera.

“Está bien…

está bien.

Me botan a un rincón olvidado del mapa.

Perfecto.

Pero juro…

juro por todo lo que existe…

que no pienso quedarme ahí como basura.” Miré al horizonte desde las ventanas del pasillo.

“Si me botan como un simple arquero… entonces les demostraré lo que un simple arquero puede hacer.” — Por favor comenten, y den like y compartan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo