isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 20
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20: capitulo 19 una condesa muy vengativa 20: capitulo 19 una condesa muy vengativa Punto de vista de Celestine – Trono usurpado del conde: Me senté en el trono del conde como si me perteneciera.
Bueno…
ahora me pertenece.
Tenía las piernas cruzadas, mi arco negro apoyado con elegancia a un lado, y una copa de agua (porque no hay vino aún) en la otra.
Mis tropas me rodeaban con expresión severa y en silencio, como si asistieran a una ópera trágica.
Al lado mío, un escribano de mirada nerviosa empezó a leer los cargos.
 -“Por interrumpir la labor de administración de la Condesa Celestine von Alvaria Estella, por duplicar el papeleo en el mes de mayor carga fiscal, por atentar contra el comercio legal establecido, por declarar una guerra no autorizada contra un noble imperial, por hacerme trabajar horas extras sin aumento de sueldo ni dulces, y por tener un gusto horrible en decoración interior…” Hubo risitas entre los soldados.
Yo levanté una ceja, y todos se callaron.
Ahí me levanté del trono, me acerqué al conde encadenado -que estaba de rodillas con su ridícula túnica hecha jirones- y solté con tono gélido: -Por todas estas ofensas y más, te declaro culpable y te sentencio a la ejecución inmediata.
Comandante Kuro, proced- -¡¡Esperad!!
-vociferó el cerdo pataleando indignamente-.
¡Ser reconocida por la familia real no te da derecho a ser una tirana!
¡Apenas eres una niña, una simple condesa recién nombrada!
¡Tú no entiendes de política ni de poder!
¡Este juicio es una farsa!
Yo ladeé la cabeza con una sonrisa helada y dije: -Qué conmovedor.
Tus últimas palabras.
Si lo deseas, puedo escribirlas en tu lápida con sal.
El comandante Kuro dio un paso al frente, desenvainó su espada, y justo cuando iba a levantarla…
-¡¡Esperad!!
-gritó otro soldado al irrumpir jadeando en la sala.
Casi se tropieza del cansancio.
Iba cubierto de polvo y con un sello imperial en la mano.
-¿Qué demonios ahora?
-mascullé molesta.
El mensajero tragó saliva y anunció con voz entrecortada: -¡Sus Majestades…
el Emperador y la Reina…
solicitan la inmediata presencia de la Condesa Celestine von Alvaria Estella y del Conde Mardeon en la Corte Imperial!
Desean mediar este asunto personalmente.
Mi ojo tembló.
Literalmente.
Miré al conde, que tenía una sonrisa estúpida en la cara.
Me giré, me volví a sentar en el trono y tomé otro sorbo de mi copa.
-Tch…
¡Lo que me faltaba!
Que interrumpan otra vez mi justicia divina con la burocracia del palacio.
Volteé al mensajero.
-Dile a sus majestades que atenderé su llamado.
Pero diles también…
que más les vale llevar dulces esta vez.
Estoy harta de esta gente con sangre salada.
-Sí…
sí, mi señora -dijo el mensajero, casi corriendo de vuelta.
Miré al conde.
-Parece que tienes suerte de rata, Mardeon.
Pero no olvides esto: en la Corte puedes salvar tu cuello, pero yo decido si mereces conservar tu dignidad.
Punto de vista del Conde – minutos antes de la llegada del mensajero imperial “Ridículo…
absurdo…
¡una completa burla a la nobleza!” Mascullé con rabia mientras el peso de las cadenas que ataban mis muñecas me recordaban mi humillante situación.
Estaba arrodillado, junto a mi esposa y mis hijos, en el centro del gran salón que alguna vez fue el símbolo de mi poder.
Ahora, ese mismo trono donde decidí la suerte de tantos campesinos y nobles menores…
era ocupado por una niña.
Una condenada niña.
La condesa Celestine Von Alvaria Estella.
Ella ni siquiera pestañeaba mientras escuchaba los cargos que su escribano leía con voz temblorosa.
Con una pierna cruzada y su arco infernal apoyado junto a su trono, parecía la mismísima encarnación de la arrogancia.
¡¿Y qué era eso?!
¿Una copa de agua como si estuviera disfrutando de un espectáculo?
¿Esto era una ejecución o una obra de teatro macabra?
La rabia me hervía por dentro, pero no era solo por mi caída.
Era por cómo esa mocosa había hecho caer todo mi legado en tan solo unas semanas.
Había barrido mis tropas como si fueran maleza, derrotado a Dargun -¡DARGUN!- el espadachín más salvaje que el gremio de mercenarios podía ofrecer, y para colmo…
lo había convertido en un sirviente afeminado que le seguía como un perro.
¡¿Cómo alguien así podía llamarse noble?!
Observé al público: soldados firmes, civiles temerosos, y ese aire de tensión que se respiraba…
era como si supieran que yo ya estaba muerto.
Nadie pensaba que tenía una oportunidad.
Nadie pensaba que esta “condenada princesa del infierno” podía ser detenida.
“¡Reconocimiento de la familia real no te da derecho a ser una tirana!”, grité con la poca dignidad que me quedaba, “¡No eres más que una mocosa jugando a gobernar!” Lo dije.
A sabiendas de que eso me podía costar la cabeza.
Pero que me parta un rayo si me quedaba callado viendo cómo una infante pisoteaba años de tradición aristocrática.
Y entonces, cuando ella alzó la mano, lista para dar la orden de mi ejecución…
…la gran puerta se abrió de golpe, y un mensajero imperial, jadeando y sudoroso, cayó de rodillas.
-¡Un mensaje de sus majestades, el emperador y la reina!
-gritó- ¡Solicitan que ambas partes comparezcan ante la corte imperial para una mediación oficial!
…
Por primera vez en todo el día, vi cómo la cara de la niña se tensaba.
Celestine frunció el ceño.
Quizás…
aún no todo estaba perdido.
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