isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 3
- Inicio
- Todas las novelas
- isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM!
- Capítulo 3 - 3 capitulo 2 este pueblo es una mierda !
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: capitulo 2 este pueblo es una mierda !
3: capitulo 2 este pueblo es una mierda !
El viaje no fue largo, pero sí incómodo.
Un carruaje viejo, con las ruedas que crujían a cada kilómetro, tirado por caballos que parecían más cerca de morir que de trotar.
Cuando crucé la entrada del territorio asignado, lo primero que me golpeó fue la realidad.
“…Esto es…
un maldito chiste, ¿verdad?” Casas de madera mal construidas, caminos de tierra llenos de baches, cercas rotas, techos a medio caer.
No había murallas, no había puestos de vigilancia, ni siquiera un letrero con un nombre.
Literalmente, un pueblo que no tenía ni nombre.
Y al fondo…
“la mansión de la baronesa”.
Si es que a esa casona vieja, de dos pisos, con la pintura desgastada, ventanas rotas y techo agujereado, se le podía llamar mansión.
Suspiré, bajando del carruaje mientras mantenía la misma expresión serena que había practicado desde que desperté en este mundo.
—…Bien.
—Ajusté el vestido, aunque las ganas de prenderle fuego a todo eran bastante fuertes—.
Hora de comenzar.
Con los pocos asistentes que me habían sido asignados (literalmente tres personas: un mayordomo anciano que parecía un fósil con patas, una cocinera de mediana edad y un chico que hacía de mozo, jardinero y mensajero a la vez), di mi primera orden como baronesa: —Quiero un censo.
Cuántas personas viven aquí, edades, profesiones, cualquier cosa que se pueda registrar.
También un informe de los problemas que enfrenta el pueblo y el método de cultivo que utilizan.
Los tres se miraron entre ellos, desconcertados.
“Probablemente la antigua administración nunca les pidió algo así.” —Tienen tres días.
—Dije con voz firme.
— 【Informe del Censo】 Población Total: 137 personas Hombres adultos: 52 Mujeres adultas: 49 Niños (menores de 14): 23 Ancianos (mayores de 60): 13 Ocupación principal: Agricultura de subsistencia (83%) Otros: Carpintería (2 personas), Herrería básica (1 persona, equipo muy deteriorado), Recolección y caza ocasional (5 personas) Observación: Sin presencia de soldados, sin sanadores, sin magos, ni ningún tipo de infraestructura defensiva.
— 【Informe de Problemas del Pueblo】 Escasez de alimentos: Las cosechas son pobres.
Gran parte de la población vive al borde de la hambruna.
Enfermedades frecuentes: Diarreas, fiebres y enfermedades respiratorias.
No hay sanadores ni herbolarios capacitados.
Falta de agua limpia: El pozo principal está contaminado.
Algunos beben de un río cercano que también es usado por animales.
Problemas estructurales: Casas en mal estado, caminos prácticamente intransitables, puentes caídos.
Ataques de monstruos: Lobos gigantes, jabalíes salvajes y algunos goblins en los bosques cercanos.
Falta de comercio: No hay rutas comerciales activas.
Nadie viene ni sale del pueblo, salvo raras excepciones.
— 【Informe sobre el Método de Cultivo】 Método actual: Sistema de siembra directa sin rotación ni abono.
Simplemente plantan las semillas tras arar la tierra superficialmente.
No utilizan fertilizantes, ni técnicas de irrigación.
Herramientas: Arados de madera dañados, sin piezas metálicas.
La mayoría de las herramientas están oxidadas o rotas.
Problemas detectados: ✔️ El suelo está agotado por la falta de rotación de cultivos.
✔️ No usan compost ni abono animal.
✔️ Las cosechas dependen completamente del clima.
✔️ Plagas y maleza sin control.
✔️ No conocen técnicas de canalización de agua.
Resultado: Cosechas de baja calidad, insuficientes para alimentar a la población durante todo el año.
— Leí los tres informes mientras me sentaba en el escritorio polvoriento de la “mansión”, con las ventanas abiertas para que al menos corriera algo de aire y no muriera asfixiada por el olor a humedad y madera podrida.
Apoyé el codo sobre el escritorio, llevándome la mano a la frente.
—…Perfecto.
Simplemente perfecto.
—Suspiré, manteniendo el rostro inexpresivo mientras por dentro sentía que algo dentro de mí se rompía lentamente.
“Este lugar…
está literalmente en la cuerda floja.
Cualquier catástrofe, mala cosecha o ataque de monstruos…
y desaparece del mapa.” Golpeé suavemente el escritorio con los nudillos, pensando.
“No hay otra opción.
Si quiero sobrevivir… tengo que reconstruir este maldito basurero desde cero.” Cerré los ojos, respirando hondo.
“Muy bien.
No tengo dinero.
No tengo soldados.
No tengo recursos.
No tengo aliados.” Abrí los ojos con una sonrisa calmada, casi maquiavélica.
—…Entonces usaré lo único que me queda.
—Murmuré—.
Mi cerebro.
— Me recosté contra la silla vieja y maltratada, mirando los tres informes extendidos sobre el escritorio.
—…Agricultura…
agua…
agricultura…
agua…
—repetía mientras me frotaba las sienes.
Ambos problemas eran críticos.
Ambos eran fatales si no se resolvían.
Y sinceramente…
yo no era un maldito experto en ninguno de los dos.
Me levanté, abrí uno de los pocos cajones que no estaban llenos de termitas, y encontré una vieja bolsa de cuero con unas pocas monedas dentro.
Saqué una.
Una simple moneda de oro.
—…¿Sabes qué?
—murmuré mientras la giraba entre los dedos—.
Según mi estado…
mi estadística de suerte es anormalmente alta.
Así que, si el destino me mandó a este mundo, si el maldito dios que me trajo no me dio instrucciones, entonces…
vamos a probar si la suerte sirve de algo aquí.
Apoyé los codos sobre la mesa, junté las manos, cerré los ojos y murmuré: —…Diosa de la Suerte de este mundo, o lo que sea que controle el destino aquí…
escúchame, criatura del caos, de la probabilidad y de las desgracias…
te ofrezco este sacrificio en forma de una moneda de oro…
—Cara: comienzo con la agricultura.
—Cruz: empiezo con resolver el problema del agua.
Abrí los ojos, respiré hondo y lancé la moneda al aire.
Giró, giró, giró, brillando bajo la tenue luz que entraba por la ventana rota.
Clink…
Clink…
Clink…
La moneda cayó sobre el escritorio y rodó un poco hasta detenerse.
Me asomé, respirando con fuerza mientras observaba el resultado.
Silencio.
… … … —…Cara.
—leí en voz baja, parpadeando lentamente.
Me llevé una mano al rostro, deslizando los dedos por mi frente mientras sentía cómo mi alma suspiraba.
—…Agricultura, entonces.
—Dije, fingiendo que esto era parte de un plan perfectamente calculado mientras por dentro pensaba: “…Si muero de disentería porque no resolví lo del agua, juro que me llevo conmigo a la diosa de la suerte.” Suspiré, me puse de pie y di un par de palmadas.
—¡Muy bien!
—Dije con un falso entusiasmo mientras llamaba al mayordomo fósil y al chico mensajero—.
A partir de ahora…
vamos a rehacer este basurero desde el campo.
Que me reúnan con todos los campesinos disponibles.
Voy a…
eh…
implementar reformas.
O algo así.
El mayordomo me miró desconcertado.
—¿Reformas… Su Alteza?
—…Sí.
Suena bien, ¿no?
Reformas.
—Asentí con confianza, aunque por dentro pensaba: “No tengo la más mínima idea de qué estoy haciendo.” — — La plaza del pueblo no era más que un descampado con un par de tablones medio podridos donde alguna vez alguien intentó hacer un escenario.
Frente a mí se alineaban unos veinte campesinos, algunos jóvenes, otros viejos, casi todos con la expresión universal del pobre que sabe que le van a cargar más trabajo sin paga.
Carraspeé, colocando las manos detrás de la espalda, intentando mantener la mejor pose de noble digna, elegante y segura, mientras por dentro mi cerebro gritaba: “Dios mío, espero que esto funcione… porque si no, estamos todos jodidos.” Di un paso al frente.
—Muy bien.
—Dije, proyectando la voz—.
Escúchenme bien, porque lo que voy a decir es importante.
Las miradas eran una mezcla de aburrimiento, sospecha y resignación.
Tomé aire.
Momento de soltar todo lo que sabía…
o creía saber.
—A partir de hoy implementaremos un nuevo sistema de cultivo.
—Anuncié—.
Lo que ustedes han hecho hasta ahora… es, con todo respeto, una receta para matar la tierra.
Vi cómo algunos fruncían el ceño.
—Primero: rotación de cultivos.
—Dije señalando el suelo—.
No pueden plantar lo mismo en la misma parcela una y otra vez.
Eso mata los nutrientes de la tierra y provoca que las cosechas sean cada vez más pobres.
Algunos se miraron entre ellos, incómodos.
—Desde ahora, dividiremos los campos en tres secciones.
—Expliqué, levantando tres dedos—.
Una para cultivos principales, como trigo o cebada.
Otra para cultivos secundarios, como legumbres: guisantes, lentejas, habas…
—hice énfasis—.
Las legumbres devuelven nutrientes a la tierra.
Y la tercera quedará en descanso, es decir, sin cultivo, para que la tierra se recupere.
—El año siguiente, rotan.
Lo que estuvo en descanso pasa a ser cultivo principal, y así sucesivamente.
Uno de los campesinos levantó la mano, con cara de querer estar en cualquier otro lugar menos aquí.
—…¿Y si no quiero?
Le lancé una mirada que aprendí de la Reina: una mezcla de sonrisa educada con ojos que claramente dicen “estás respirando porque yo te dejo.” —No es una sugerencia.
—Dije con calma, sonriendo—.
Es una orden.
Silencio incómodo.
—Además —continué, cruzándome de brazos—, implementaremos el uso de compost y estiércol.
Todos los residuos orgánicos, restos de plantas, cáscaras, y especialmente el estiércol de animales, deberán ser recolectados y utilizados para abonar los campos.
Vi varias caras de asco.
—Sí, ya sé, huele mal.
Pero si prefieren morirse de hambre…
adelante, sigan como hasta ahora.
—Me encogí de hombros.
—¡Pero eso no se ha hecho nunca!
—reclamó un hombre mayor, con cara de querer tirarse del puente más cercano.
—Pues por eso estamos como estamos.
—Repliqué, sin perder la sonrisa—.
Se hace desde ahora.
—También —continué—, deberán comenzar a hacer canales de riego.
Aprovechar la lluvia, construir zanjas, almacenar el agua en depósitos, y distribuirla cuando haga falta.
Vi cómo la cara de los campesinos cambiaba lentamente del desconcierto al horror.
Trabajo.
Mucho trabajo.
—Y no me miren así.
—Levanté una mano antes de que empezaran las protestas—.
No hago esto por capricho.
O lo hacemos, o este pueblo se muere.
Así de simple.
—Y para que no crean que pueden hacer las cosas a medias… —Mis ojos recorrieron la fila de campesinos—.
Tú.
—Señalé a uno, un hombre de unos 30 años, cara larga, mirada cansada, pero que parecía el menos inútil del grupo—.
A partir de hoy serás el jefe de agricultura del pueblo.
—¿¡Eh!?
—Retrocedió medio paso—.
¿¡Yo!?
¡¿Por qué yo!?
—Porque no me caes tan mal como los otros.
—Sonreí con tranquilidad, mientras por dentro pensaba: “O porque eres el que parece menos estúpido.
Una de dos.” —Tu trabajo es simple: organizar a los demás, asegurarte de que hagan lo que ordené, y venir a reportarme cada tres días sobre el progreso.
Si veo que te haces el tonto…
—Sonreí más—.
Bueno, recuerda que soy la autoridad aquí.
El hombre suspiró, resignado, claramente maldiciendo su vida y todas las decisiones que lo llevaron hasta este momento.
—…Está bien…
—gruñó—.
Lo haré…
supongo…
Asentí satisfecha, mientras por dentro solo podía pensar: “Perfecto.
He plantado la semilla.
Ahora a ver si esto no termina explotándome en la cara.” Me giré hacia el resto del pueblo.
—¡Muy bien!
¡A TRABAJAR!
“Ojalá la Diosa de la Suerte no me haya estafado esta vez…” — Por favor comenten, den like y compartan.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com