isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 31
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31: capitulo 30 estrategias de guerra 31: capitulo 30 estrategias de guerra El sol caía en tonos dorados sobre las murallas de piedra gris.
Las puertas de la capital temporal del Reino Bestia se abrieron lentamente, y el sonido de los cuernos resonó en el aire.
Al frente del convoy imperial marchaban Celestine y Elaine, seguidas por escoltas imperiales y bestias aliadas.
Los ciudadanos —híbridos de diferentes razas bestkin— observaban con una mezcla de curiosidad y respeto.
No todos los días una marquesa humana y una princesa imperial pisaban su ciudad.
En lo alto de los escalones del palacio, la Reina Vareia esperaba con su sonrisa relajada y esos brazos cruzados que parecían dos columnas vivientes.
Cuando Celestine desmontó, Vareia soltó una carcajada que resonó en toda la plaza.
—¡Jajaja!
Veo que tu padre no confía en mí, Celestine.
—Levantó una ceja, mirando a Elaine de arriba abajo—.
Así que me ha enviado una chaperona real.
Qué detalle tan…
Cálido.
Elaine sonrió con un aire de cortesía afilada.
—No lo tome a mal, su majestad.
Mi presencia no es desconfianza… es supervisión protocolaria.
Y también…
curiosidad.
Quería ver con mis propios ojos si la famosa Reina Minotauro es tan fuerte como dicen…
o solo tan grande como cuentan.
El silencio se quebró con una risita contenida de Celestine.
Vareia sonrió mostrando apenas los colmillos, encantada.
—Tienes agallas, pequeña.
Me caes bien.
—Sí, sí, muy bonito todo —interrumpió Celestine, llevándose una mano a la frente—, pero dejemos el intercambio de indirectas musculares para después.
Dime, Vareia, ¿cómo va el combate?
Porque, créelo o no, puedo sentir el papeleo creciendo en mi escritorio por cada segundo que paso lejos de mi territorio.
Los soldados imperiales soltaron una carcajada.
Incluso uno de los capitanes minotauros no pudo contener un gruñido divertido.
Vareia se inclinó un poco hacia ella, su tono mezclando respeto y burla.
—No te preocupes, Marquesa del Papeleo.
Ya hemos avanzado.
Mis fuerzas del sur retuvieron a los seguidores del traidor Taurus, pero aún controlan los pasos del este.
Si los perdemos, el enemigo podría reanudar el comercio con los rebeldes del norte.
Celestine asintió, su semblante volviéndose más frío y analítico.
—Entonces el siguiente movimiento es claro: cortar su acceso antes de que lo intenten.
Mi ejército imperial tomará el flanco este mientras tus tropas refuerzan el oeste.
Elaine intervino, mirando los mapas que le entregó un teniente.
—¿Y qué hay de las tribus neutrales?
Algunas no se han declarado por ninguno de los dos bandos.
Si logran reunir fuerzas, podrían aprovechar la guerra civil para independizarse.
—Ya estoy trabajando en eso —dijo Celestine, con un aire de confianza inquietante—.
Envié emisarios con cargamentos de azúcar refinada y sal.
Ya sabes, los verdaderos recursos sagrados de este continente.
Elaine arqueó una ceja.
—¿Tu plan para ganarte aliados es endulzarlos y salarles la vida?
—Exacto.
—Celestine sonrió—.
Nadie odia a quien le hace ganar dinero…
y sazona sus comidas.
Vareia soltó una carcajada, aplaudiendo.
—Tu pragmatismo me encanta.
En otro mundo, habrías sido una gran reina bestia.
Celestine la miró de reojo, sonriendo con cansancio.
—Y en este mundo, soy una burócrata imperial que pelea con dragones y papeles a la vez.
No me tientes.
Elaine cruzó los brazos y murmuró con tono burlón: —Padre tenía razón… sí te estás “pegando” a ella.
Celestine suspiró, mirando al cielo como si pidiera paciencia divina.
—Por los dioses… si alguien menciona de nuevo el baño termal, juro que me exilio voluntariamente.
Cuando la reunión terminó, las tres salieron del salón principal.
Celestine se detuvo al final del corredor, mirando hacia las montañas donde se levantaba el humo de los campamentos enemigos.
—Esto se convertirá en una guerra difícil —dijo con tono bajo.
Elaine, más seria de lo habitual, respondió: —Y tú… pareces demasiado dispuesta a pelearla.
Vareia, apoyada en una columna, soltó una sonrisa tranquila.
—Porque ella no lucha solo con fuerza.
Lucha con propósito.
Y esos son los enemigos más peligrosos de todos.
Celestine giró sobre sus talones, ajustó sus guantes y, con una sonrisa fría pero confiada, dijo: —Entonces es hora de que el traidor Taurus aprenda una lección.
En este continente…
los contratos se cumplen, y las promesas también.
El rugido de los tambores bestiales retumbaba en el aire, seguido por el estruendo de cascos, gritos de guerra y el viento cortante que levantaba polvo y olor a sangre.
Los estandartes del Imperio y del Reino Bestia unificado ondeaban uno frente al otro.
Dos ejércitos de más de veinte mil guerreros se extendían a lo largo de las colinas, listos para escribir un nuevo capítulo en la historia.
Desde una colina fortificada, Celestine von Alvaria Estella, montada sobre su corcel blanco y con su arco negro azabache en mano, observaba la formación enemiga.
Sus ojos, brillando con el tono místico de su habilidad “Ojo de Halcón”, analizaban cada movimiento, cada insignia, cada centella de energía mágica.
—…Ahí están —susurró con voz baja pero fría—.
Los comandantes… si corto la cabeza del mando, el cuerpo se desmoronará.
Tensó el arco.
Una flecha azulada, cubierta con una delgada capa de veneno mágico, se formó entre sus dedos.
El aire tembló.
—水毒矢 (Suidoku Ya) —Flecha de Agua Envenenada.
Soltó la cuerda.
La flecha viajó tan rápido que el sonido vino después del impacto.
En el campo enemigo, un general orco cayó sin siquiera entender qué lo atravesó.
—Uno menos… —dijo Celestine con calma mientras otra flecha se manifestaba en su mano.
Cada disparo era un mensaje mortal.
A un kilómetro de distancia, los oficiales enemigos caían uno tras otro, desorganizando a las tropas del traidor.
Los mensajeros corrían sin rumbo, y el caos comenzó a expandirse como fuego en pasto seco.
Desde el aire, la Reina Vareia observaba desde su montura dracónica, impresionada.
—Por los cuernos del primer toro… esa niña dispara como si tuviera los ojos de un dios.
A su lado, Elaine, la sexta princesa, no podía evitar sentir una mezcla de orgullo y exasperación.
—Sí… eso o un complejo homicida con fines administrativos.
Vareia soltó una carcajada.
—¿Administrativos?
—Cada vez que elimina un enemigo, pienso que está imaginando reducir su carga de papeleo.
— 🩸 Perspectiva de Taurus, el General Traidor Entre el polvo y el olor metálico de la sangre, una figura gigantesca avanzaba entre sus tropas.
Su cuerpo musculoso estaba cubierto de runas tribales incandescentes, y sus ojos, dorados y salvajes, brillaban como brasas.
Taurus, el general rebelde, levantó su gran hacha forjada con hueso dracónico y rugió: —¡IDIOTAS!
¡MANTENGAN LA FORMACIÓN!
Un súbito silbido cortó el aire.
Una flecha azul atravesó las defensas mágicas y se dirigió directo a su cuello.
Taurus la detuvo… con dos dedos.
El veneno chispeó en el aire, evaporándose por el calor que irradiaba su cuerpo.
Durante unos segundos, nadie se movió.
Taurus miró la dirección desde donde vino el disparo, inhaló profundamente… y sonrió mostrando los colmillos.
—Jajajajaja… Así que ahí están… —susurró, con una voz grave y burlona.
Cerró los ojos y olfateó el aire como una bestia cazando.
—Puedo olerte, pequeña cazadora.
Tu miedo… tu ira… y tu orgullo.
Abrió los ojos de golpe.
Una ráfaga de polvo se levantó cuando Taurus clavó su pie en el suelo y salió disparado hacia adelante con una velocidad inhumana.
Cada paso suyo hacía temblar la tierra.
—¡CELÉSTINE VON ALVARIA…!
—rugió con furia animal—.
¡NO TE ESCONDERÁS DETRÁS DE TÍTULOS NI MAGIAS!
En su mirada ardía un fuego que ningún ejército podía apagar.
Celestine, al verlo avanzar a lo lejos, sintió por primera vez que su propio instinto de cazadora le gritaba que esa presa también sabía cazar.
El viento sopló con violencia entre ambos ejércitos.
El destino estaba a punto de ponerlos frente a frente.
Y así, la primera gran batalla de Celestine como marquesa y guerrera del Imperio… acababa de comenzar.
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