isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 33
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33: capitulo 32 El Fin del General Taurus 33: capitulo 32 El Fin del General Taurus La batalla rugía sin descanso.
Los cielos se teñían de rojo y azul; el polvo levantado por los golpes cubría el horizonte como una tormenta.
En medio de ese caos, Celestine bajó su arco lentamente, el brillo dracónico aún en sus ojos.
Sabía que debía concentrar toda su magia en el ataque final… pero no podía hacerlo si Vareia y Elaine estaban luchando sin apoyo.
—Iris, activa el sello del contrato —ordenó, su voz calmada pero firme.
> —¿Estás segura?
—Sí.
Es hora de que mi “fem… digo, mi esclavo útil” gane su redención.
Un círculo azul se expandió frente a Celestine, y de él emergió una figura envuelta en vapor y energía: Dargun, el antiguo mercenario, ahora de cuerpo más esbelto y rostro refinado, aunque su mirada aún ardía con la misma furia de antaño.
Su largo cabello negro se agitaba al viento mientras sus guanteletes se encendían con energía mágica.
—¡Tch… otra vez tú!
—gruñó, girándose hacia ella—.
¡¿Qué clase de amo invoca a su esclavo a una guerra solo para quedar de espectador?!
Celestine lo miró con indiferencia, cruzando los brazos.
—Uno eficiente.
Necesito tiempo para preparar mi ataque, así que muévete y demuestra que no eres solo una versión más atractiva de tu antiguo yo.
Dargun rechinó los dientes, el aura carmesí elevándose a su alrededor.
—¡Maldita seas, Celestine!
¡Deja de recordarme lo que hiciste con mi cuerpo!
Desde el frente, un soldado minotauro gritó entre risas: —¡Eh, Dargun!
¡Mira, el gran guerrero ahora brilla más que nuestras sacerdotisas!
El silencio duró medio segundo antes de que un aura oscura explotara alrededor de Dargun.
Sus ojos se volvieron dorados, y su voz, grave y furiosa, retumbó por el campo.
—…Morirás primero, idiota.
Con un salto inhumano, Dargun atravesó el frente enemigo, chocando directamente con Taurus.
Sus puños, ahora envueltos en runas negras, lanzaron ondas de choque que hicieron vibrar el aire.
Taurus sonrió salvajemente.
—¡JAJAJA!
¡Así que aún tienes fuerza en ese cuerpo endeble!
—¡Cierra la boca!
—gritó Dargun, lanzando un golpe ascendente que Taurus bloqueó con el antebrazo, provocando un estallido de energía—.
¡Ya estoy harto de que me subestimen!
Desde la distancia, Elaine y Vareia aprovecharon la apertura.
Elaine invocó una espada de luz sagrada, mientras Vareia giró su lanza con una destreza feroz, lanzando ataques cruzados para mantener al minotauro a la defensiva.
—¡Ahora, Dargun, izquierda!
—ordenó Vareia.
—¡No me des órdenes, mujer cornuda!
—respondió él, pero igual obedeció, desatando un rugido potenciado por su magia.
— Mientras tanto, en la colina, Celestine concentraba su poder.
El suelo bajo ella empezó a agrietarse mientras un círculo mágico de diez metros de diámetro brillaba con tonos azulados.
Los vientos comenzaron a girar a su alrededor, y la humedad del ambiente se condensó formando un vórtice líquido que flotaba sobre su cabeza.
> —Iris, estado del canal mágico.
—Inestable, pero dentro de los parámetros.
Si sigues cargando así, el impacto será equivalente a una bomba mágica de alto rango.
—Perfecto.
Quiero que sienta lo que es ser aplastado por un dragón.
Celestine cerró los ojos, concentrando toda su energía.
—「竜神の咆哮」(Ryūjin no Hōkō)… El Rugido del Dios Dragón de Agua.
Su voz retumbó con eco sobrenatural.
El vórtice se expandió, tomando forma de una serpiente acuática colosal que rugía sin sonido, como si todo el mar estuviera concentrado en una sola bestia.
— En el frente, Dargun cayó de rodillas, exhausto pero satisfecho; había logrado romper parte de la defensa mágica de Taurus.
Elaine y Vareia retrocedieron, jadeando, cuando vieron el cielo volverse azul oscuro.
—…Celestine está lista —susurró Vareia con una sonrisa cansada.
Elaine levantó su espada y gritó: —¡Todos atrás!
¡El campo de batalla dejará de ser nuestro en tres… dos…!
Un rugido resonó.
Y entonces el agua cayó del cielo.
Una columna gigantesca descendió sobre Taurus como una bestia divina, aplastando el terreno y arrasando todo a su paso.
El impacto fue tan brutal que el sonido llegó segundos después, con una onda expansiva que barrió el campo.
Cuando el polvo se disipó, solo quedaban cráteres, vapor… y el rugido distante de un dragón hecho de agua.
— Celestine bajó el arco, agotada, pero satisfecha.
—Iris… dile a Dargun que puede volver.
Y que si vuelve a quejarse, le devuelvo su cuerpo anterior… con barriga cervecera incluida.
> —Esa amenaza fue cruel.
—Exactamente como debe ser.
— — El silencio cayó sobre el campo de batalla.
El viento soplaba arrastrando el olor a tierra mojada y metal, mientras los soldados —humanos y bestias por igual— contemplaban el desastre que había dejado el ataque de Celestine.
Allí, donde antes se alzaba una pequeña montaña, solo quedaba un cráter humeante.
El agua seguía fluyendo por las grietas, evaporándose lentamente bajo el sol.
Taurus, el gran traidor, había desaparecido… literalmente partido en dos por el Rugido del Dios Dragón de Agua.
Ni su hacha ni su armadura resistieron; su cuerpo fue arrastrado hasta las profundidades del abismo que él mismo había creado al subestimar a una “niña marquesa”.
Vareia descendió desde el aire, con la armadura parcialmente rota y el cabello mojado.
Aterrizó junto a Elaine, que bajó su espada con un suspiro de alivio.
—…Está muerto —confirmó Vareia, mirando hacia el cráter con respeto—.
El golpe lo partió por el medio.
Jamás vi algo igual.
Elaine asintió con una sonrisa cansada.
—Bueno, eso ahorra los trámites judiciales.
Celestine, aún en la colina, bajó el arco lentamente.
Su respiración era entrecortada, y el brillo azul de sus ojos se apagaba.
—Iris… estado del flujo mágico.
> —Estás al límite, pero estable.
Ese ataque drenó más del ochenta por ciento de tu maná.
—Hah… sabía que me iba a doler después.
Pero al menos funcionó.
Sus botas chapotearon sobre el suelo mojado cuando descendió la colina.
Al llegar al frente, Vareia la recibió con una sonrisa entre feroz y orgullosa.
—Ese ataque fue digno de una diosa —dijo la reina minotauro—.
Si hubieras nacido en mi pueblo, te habríamos adorado como una encarnación del océano.
—Por suerte nací en el imperio… aunque después de esto, empiezo a pensar que debería cobrar por espectáculo —respondió Celestine con su ironía habitual.
Elaine la miró con una mezcla de asombro y fastidio.
—Hermana, acabas de borrar una montaña del mapa, y lo único que se te ocurre es que el trámite del papeleo va a ser más largo.
—¿Tienes idea de lo que cuesta justificar la desaparición de una formación geográfica completa en los registros imperiales?
—replicó Celestine, rodando los ojos—.
Me van a hacer llenar tres informes por “alteración topográfica no autorizada”.
— Poco después, Dargun salió tambaleándose del campo.
Su ropa estaba rasgada, y su cabello empapado caía sobre sus ojos.
Se detuvo frente a Celestine, jadeando, con una expresión mezcla de furia y vergüenza.
—¡¿Eres consciente de que casi me arrastras con ese ataque, idiota?!
—gruñó, señalándola.
Celestine lo miró con total serenidad.
—Oh, tranquilo o tranquila?
cómo sea.
Sabía que sobrevivirías.
Tu contrato impide que mueras… al menos, sin mi permiso.
—¡Eso no lo hace mejor!
—gritó, frustrado, mientras un grupo de soldados intentaba no reírse.
Uno de ellos murmuró: —Bueno, al menos sigue vivo.
Y con ese cabello brillante, hasta parece una heroína.
El rostro de Dargun se volvió carmesí.
—¡TE VOY A REBANAR, MALDITO!
Celestine suspiró.
—Déjalo, Dargun.
Sonríe.
Al menos ahora luces bien en los retratos de victoria.
— Horas más tarde, el campo estaba tranquilo.
Celestine se sentó sobre una roca, con el arco apoyado a un lado y una jarra de agua en la mano.
El viento movía suavemente su cabello blanco, mientras observaba el horizonte teñido de naranja.
—Iris… —dijo en voz baja—.
Ese ataque fue demasiado lento.
Si Taurus hubiese tenido más defensas, habría contraatacado.
> —Aun así, lo derrotaste.
¿No es suficiente?
—No.
Quiero poder usarlo sin tanto tiempo de carga.
No siempre tendré el lujo de aliados que distraigan al enemigo.
Elaine se acercó y se sentó a su lado, cruzando los brazos.
—Ya planeas mejorar algo que borró media montaña.
¿Eres humana o una perfeccionista con complejo de dragón?
Celestine la miró de reojo, con una sonrisa tranquila.
—¿Por qué no ambas?
Vareia, desde unos metros más atrás, soltó una carcajada profunda.
—Si esa es tu idea de modestia, el mundo debería temer el día en que termines tu entrenamiento.
Celestine se puso de pie, alzando el arco hacia el cielo mientras una gota de agua se deslizaba por su mejilla.
—No me importa eso … —susurró con una mirada decidida— si me temen por mi bien.
—aviso (importante es muy probable que haga un manga de está historia así por favor denle mucho apoyo) Por favor comenten y den like y compartan
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