isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 34
- Inicio
- Todas las novelas
- isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM!
- Capítulo 34 - 34 capitulo 33 Regreso triunfal
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
34: capitulo 33 Regreso triunfal 34: capitulo 33 Regreso triunfal La capital imperial nunca había estado tan viva.
Calles adornadas con estandartes azules y dorados, flores lanzadas desde los balcones, el sonido de trompetas y tambores recorriendo el aire.
Los niños corrían con banderas diminutas, gritando su nombre: —¡Viva la Marquesa Celestine!
—¡La que derrotó al toro de la guerra!
Celestine avanzaba sobre un carruaje decorado con telas celestes y símbolos de dragones acuáticos, flanqueada por caballeros imperiales.
Los soldados se cuadraban a su paso, los ciudadanos arrojaban pétalos… y ella, sentada con porte digno, mantenía esa sonrisa diplomática que usaba para esconder su agotamiento mental.
—Hmm… qué cálida bienvenida —murmuró con voz baja, mirando los arcos de flores que adornaban la avenida principal—.
Pero si algo he aprendido en este imperio, es que cuando las flores llueven… también llueven ascensos, títulos, reuniones y papeleo.
Suspiró.
—Iris, apúntalo: si sobrevivo a otra promoción, quiero vacaciones.
—¿En la playa o en un mundo alterno?
—En el infierno, si ahí al menos no hay burocracia.
A su lado, Elaine caminaba a pie, saludando con elegancia a la multitud.
—Deberías disfrutar el momento, Celestine.
No todos reciben un desfile imperial.
—Disfruto los desfiles cuando no significan más trabajo —respondió, acomodándose la capa—.
Si papá y mamá están tan contentos, eso solo puede significar una cosa: “felicitaciones, hija, ahora te toca otra carga de responsabilidades absurdas.” Elaine rió, negando con la cabeza.
—Siempre tan optimista.
Celestine le lanzó una mirada lateral, fingiendo dulzura.
—Optimismo sería creer que me van a dejar descansar.
Realismo es asumir que en dos horas estaré frente al trono con otra corona que no pedí.
El carruaje se detuvo ante el palacio imperial.
Los guardias abrieron las puertas con solemnidad, y el rugido de aplausos llenó el aire.
Celestine descendió con paso elegante, sosteniendo el arco negro como símbolo de su victoria.
El emperador y la reina Lexia la esperaban en lo alto de la escalinata, rodeados de nobles, senadores y oficiales.
La joven marquesa subió los escalones lentamente, manteniendo la postura perfecta.
Cada paso resonaba con eco sobre el mármol pulido, acompañado del murmullo de admiración y… envidia.
“Ah, sí”, pensó.
“Ese sonido me es familiar.
Es el de los nobles mordiéndose la lengua.” Al llegar al final, inclinó la cabeza con respeto.
—Vuestra Majestad.
Vuestra Alteza.
He regresado con la victoria.
El emperador sonrió, una mezcla de orgullo y alivio.
—Celestine von Alvaria Estella… tu nombre se ha extendido por todo el continente.
El Imperio celebra a su heroína.
Lexia dio un paso al frente, su tono sereno pero cálido.
—Y por tus méritos, el consejo imperial ha decidido elevarte de Marquesa a… Duquesa de las Aguas Eternas.
Celestine sonrió con la gracia de quien sabe que la vida la acaba de condenar a más trabajo.
—Qué honor tan… refrescante.
—Iris, confirma si el título incluye un aumento de sueldo o solo más papeleo.
—Solo papeleo, según mi experiencia con humanos.
—Por supuesto.
El público estalló en aplausos y vítores.
Las trompetas sonaron.
Los nobles se inclinaron con aparente respeto.
Pero Celestine, con su mirada fría y cansada, ya sabía lo que venía después.
“Más poder significa más enemigos.
Más enemigos… más excusas para no dormir.” Aun así, se permitió un pensamiento sincero mientras el sol iluminaba su figura sobre la escalinata.
“Si este es el precio por mantener la paz y ver a todos ellos vivos… entonces que venga todo lo que falta.” Horas después del festival y las ceremonias, el eco de los vítores aún resonaba en la ciudad imperial.
Pero dentro del Salón de Cristal, donde solo los miembros de la familia imperial podían entrar, el ambiente era… distinto.
Más silencioso.
Más cargado de peso político.
Celestine entró al salón con la compostura de una veterana de mil reuniones, aunque su alma gritaba internamente por una cama.
El emperador, su padre, la esperaba sentado en su trono auxiliar, mientras Lexia, la reina, hojeaba un par de documentos con su habitual elegancia letal.
—Celestine —dijo su padre con tono solemne—.
Has superado las expectativas del consejo, y lo sabes.
Pero también sabes que el éxito trae rumores.
Ella suspiró, se acomodó el cabello blanco detrás de la oreja y dijo con una media sonrisa cansada: —Rumores, sí.
Supongo que se refieren a los que dicen que me robé medio mercado imperial… o los que aseguran que estoy “muy unida” a cierta reina minotauro.
Lexia cerró los papeles con un leve clac.
—Exactamente esos.
Celestine levantó ambas manos, como si se rindiera.
—Bien, lo aclararé.
Lo de Vareia —dijo con énfasis en el nombre— es platónico.
Repito: pla-tó-ni-co.
> —¿Estás segura de eso?
—preguntó Iris en su mente con un tono burlón.
—Silencio, conciencia curiosa.
El emperador arqueó una ceja, entretenido.
—Curioso… eso no es lo que dicen los informes.
Al parecer, durante las negociaciones se las vio bastante… cercanas.
Celestine puso una expresión neutra, aunque su ojo tembló apenas perceptiblemente.
—Padre, estar sentadas en una fuente termal discutiendo política sin ropa es una tradición diplomática de su cultura.
No mía.
Lexia suspiró, frotándose la sien.
—Lo tuyo no es hacer que las cosas suenen menos escandalosas, cariño.
Celestine encogió los hombros con un aire de superioridad tranquila.
—Madre, lo importante no es cómo se ve, sino los resultados.
Y los resultados son claros: un tratado comercial, estabilidad en la frontera y una nueva aliada para el imperio.
¿Qué importan los baños termales?
El emperador sonrió apenas, cruzando los brazos.
—Esa lógica tuya me recuerda a la mía cuando era joven.
Lo admito, el imperio te debe más de lo que crees.
Pero entiendes por qué preguntamos, ¿verdad?
La corte está inquieta.
—Sí, sí… los nobles siempre están inquietos cuando alguien joven logra más que ellos.
Lo entiendo.
Prometo no conquistar otro país sin aviso previo.
Lexia soltó una risa discreta.
—Hija mía, juras eso con la misma sinceridad que cuando dices que vas a descansar.
—Exacto —respondió Celestine con una sonrisa traviesa—.
Pura cortesía imperial.
— El emperador se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana, mirando el atardecer dorado.
—Celestine, sabes que confío en ti.
Pero tu influencia ha crecido demasiado rápido.
Eres duquesa, controlas una porción vital del comercio y ahora eres vista como un símbolo militar.
Si sigues así… algunos podrían verte como una amenaza al trono.
Celestine lo miró en silencio, luego habló con voz tranquila pero firme.
—Si eso llega a pasar, entonces no han entendido nada.
No quiero un trono.
No quiero poder por ego.
Solo quiero que el imperio sea lo bastante fuerte para que ninguna guerra absurda vuelva a destruirlo.
Lexia la observó en silencio, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió de forma sincera.
—A veces olvido que eres mitad plebeya.
Pero es precisamente eso lo que te hace diferente de nosotros.
Celestine arqueó una ceja.
—¿Eso fue un cumplido o una evaluación política?
—Ambas —respondió Lexia sin dudar.
El emperador se giró y, con tono sereno, decretó: —Celestine von Alvaria Estella, Duquesa de las Aguas Eternas… oficialmente eres nombrada embajadora plenipotenciaria del Imperio en las relaciones con el Reino Bestia.
Celestine parpadeó dos veces.
—¿Embajadora?
Espera, eso suena como “más trabajo disfrazado de honor.” Lexia sonrió suavemente.
—Eres rápida.
> —Iris, confirma si esto viene con aumento de sueldo.
—Negativo.
Pero te darán otra oficina.
—Excelente, así tendré otro escritorio que odiar.
— El emperador se acercó y apoyó una mano en su hombro.
—Has hecho más de lo que cualquiera esperaba.
Pero ten cuidado… incluso el agua más clara puede volverse turbulenta si se mueve demasiado rápido.
Celestine asintió.
—Lo tendré en cuenta, padre.
Y si el agua se vuelve turbulenta… bueno, siempre puedo congelarla.
— El gran salón del consejo estaba iluminado solo por velas, creando un ambiente solemne y conspirativo.
Las siete familias más antiguas del imperio estaban reunidas en torno a una mesa circular de ébano.
Las cortinas estaban cerradas, los guardias afuera… y los murmullos eran tan filosos como dagas.
—No podemos dejar que esa niña siga acumulando poder —dijo con voz áspera el Duque Grath, un hombre de rostro redondo y barba perfectamente recortada—.
Controla las rutas comerciales, los impuestos de sal y azúcar, y ahora tiene alianzas con el Reino Bestia.
¡En dos años ha hecho más que cualquiera de nosotros en diez!
Un conde menor, de aspecto nervioso, añadió: —Su influencia sobre el pueblo es peligrosa… la llaman “La Dragona del Agua.” Los comerciantes la adoran, los soldados la respetan, y los plebeyos la veneran.
Si el emperador sigue favoreciéndola, podríamos estar presenciando el surgimiento de… una segunda dinastía.
—Hmpf, exageras —gruñó otro noble, un anciano de la familia Von Heissen—.
Es una niña.
Bastará con casarla con el heredero adecuado.
Un matrimonio político y asunto resuelto.
Un murmullo de aprobación recorrió la mesa, pero fue interrumpido por una risa baja, seca, del propio Duque Grath.
—¿Casarla?
—repitió con ironía—.
No funcionará.
Los demás lo miraron confundidos.
Grath se recostó en su asiento, cruzando los brazos.
—He investigado a esa chica.
No muestra el más mínimo interés en el matrimonio.
De hecho, rechazó tres propuestas “honoríficas” de la nobleza del norte sin siquiera responder.
—¿Tres?
—preguntó otro noble, sorprendido.
—Tres condezas, un barón y un príncipe extranjero.
Todos ignorados —corrigió Grath, con un dejo de irritación—.
Y por si fuera poco… ha despertado la línea de sangre dragónica.
Un silencio pesado llenó el aire.
La única duquesa presente, una mujer de cabello plateado llamada Mariana Von Luthen, apoyó su copa con un suave clink.
—Entonces el emperador jamás permitirá que se case con cualquiera.
Esa línea es sagrada.
Es el legado directo de los antiguos héroes fundadores.
Otro noble, más cínico, masculló: —¿Y si intentamos un matrimonio dentro del imperio, con alguno de sus hermanos?
Mariana lo fulminó con la mirada.
—Eso sería incesto, idiota.
Y además, Lexia lo ejecutaría antes de que terminaras la frase.
Grath bufó, frustrado.
—Entonces, ¿qué sugieren?
¿Que nos quedemos mirando cómo esa chiquilla acumula poder y nos sonríe mientras nos arruina los mercados?
El silencio volvió, incómodo y tenso.
Hasta que el viejo Von Heissen murmuró con tono venenoso: —Entonces no la frenemos… orientémosla.
Todos lo miraron.
—Si no podemos controlarla, debemos hacerla creer que nos necesita.
Ofrecerle apoyo político, información, recursos… y dejar que se ahogue en la propia burocracia imperial.
Grath entrecerró los ojos.
—¿Y si eso falla?
Von Heissen sonrió con dientes amarillentos.
—Entonces, la heroína del pueblo se convertirá en la mártir perfecta.
— Cuando los nobles salieron del salón, uno de los sirvientes encapuchados que limpiaba la mesa levantó ligeramente la cabeza, revelando un pequeño tatuaje azul en su cuello: el emblema de una ola con una luna.
Era un agente del Anbu de Celestine.
Mientras el sirviente doblaba los manteles, murmuró con una sonrisa irónica: —Así que quieren jugar con fuego… o más bien, con agua hirviendo.
Y desapareció entre las sombras del pasillo.
— Por favor comenten y den like y compartan y síganme y recomienden la historia a sus amigos
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com