isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 8
- Inicio
- Todas las novelas
- isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM!
- Capítulo 8 - 8 capitulo 7 La Última Lección de Humildad
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: capitulo 7 La Última Lección de Humildad 8: capitulo 7 La Última Lección de Humildad En lo profundo del bosque, oculto entre riscos y árboles retorcidos, una vieja cueva servía como el refugio improvisado de un grupo de bandidos.
Alrededor de una fogata chispeante, unos 50 hombres armados, algunos con armaduras de cuero remendadas y otros apenas con ropas sucias y armas oxidadas, escuchaban atentamente al hombre que se mantenía de pie sobre una roca.
Era Rask, el jefe bandido.
Alto, de musculatura ancha, barba descuidada y una cicatriz que le cruzaba la cara.
Su presencia imponía respeto… o miedo.
Escupió al suelo y habló con voz rasposa: —Ese maldito pueblucho…
—Gruñó, cruzando los brazos—.
Se creen la gran cosa solo porque ahora cultivan un poco mejor y tienen un par de casuchas nuevas…
Rugidos de aprobación se escucharon alrededor.
—Siempre ha sido un agujero miserable, fácil de saquear cuando nos da la gana…
¿Y ahora qué?
¿Nos miran por encima del hombro solo porque tienen pan en la mesa?
—Escupió otra vez.
Golpeó con la bota un barril viejo para enfatizar sus palabras.
—Van a aprender que en esta región…
nosotros seguimos mandando.
—Su sonrisa dejó ver dientes amarillos y podridos—.
Vamos a darles una lección de humildad…
a la antigua.
Los bandidos corearon su nombre, chocando armas contra escudos, o simplemente alzando las botellas de licor barato.
Un bandido joven, probablemente nuevo en el grupo, levantó la mano con algo de duda.
—Oye, jefe…
eh…
¿estamos seguros?
Dicen que últimamente el pueblo anda un poco…
eh…
cambiado.
Rask lo miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
—¿Cambiado?
¡Por favor!
—Se rió, golpeando su propio pecho—.
¿Qué van a hacer?
¿Tirarnos zanahorias?
¿Arrojarnos sacos de trigo?
Risas estallaron por todo el campamento.
—Es un maldito pueblo de campesinos.
¡Son ratones jugando a ser zorros!
Apuntó su espada al cielo.
—Atacamos al anochecer.
Rodeamos desde la colina norte y la entrada este.
Quemamos los campos, saqueamos las casas, tomamos lo que queramos y dejamos en claro quién manda aquí.
Nadie sabía que la realidad había cambiado…
y que el pueblo al que se referían ya no era el agujero miserable de antes.
Nadie sabía que ahora ese lugar tenía un ejército entrenado, un espíritu del agua protegiendo sus campos, trampas, patrullas nocturnas, un herrero con armas nuevas y, sobre todo…
una baronesa arquera mágica con severas tendencias vengativas.
—A las armas…
al anochecer los haremos llorar.
—Rask ordenó.
Lo que no sabían…
era que esa noche sería la última que verían el amanecer.
— Frente a mi escritorio, flotaba la esfera de agua divina de adivinación, cortesía de Iris.
El agua giraba, mostrando imágenes distorsionadas, pero lo suficiente claras para ver y escuchar.
—Así que de verdad vienen…
—Murmuré, cruzada de brazos mientras observaba a ese montón de chatarra ambulante que se hacía llamar “bandidos”.
No podía ver su ubicación exacta —mi nivel no daba para tanto—, pero las conversaciones eran claras.
Escuchaba al jefe hablar con toda la arrogancia del mundo sobre cómo nos iban a dar una “lección”.
Cerré la mano con fuerza.
—Perfecto.
Vengan…
los estoy esperando.
Sin perder tiempo, convoqué a Rogan, el comandante, y a Kuro, el subcomandante.
Ambos llegaron rápidamente.
—Se confirmó.
Nos atacarán esta noche.
—Les solté sin rodeos.
Rogan golpeó su propio puño con la palma, con una sonrisa que parecía más depredadora que humana.
—Tch…
pobres bastardos.
Después del infierno que les hicimos pasar a nuestros hombres, esos bandidos serán pan comido.
Kuro cruzó los brazos, medio sonriendo.
—De hecho, estoy algo decepcionado…
pensé que serían dragones o algo más emocionante.
Fruncí el ceño.
—No subestimen.
Sí, nuestros soldados son mejores ahora, pero en este mundo…
la diferencia de nivel es un factor que puede convertir a un solo hombre en un ejército.
Ellos no tienen información de nosotros, pero nosotros tampoco sabemos sus niveles.
Mejor prevenir que lamentar.
Ambos asintieron.
—Quiero trampas.
Fosas ocultas, estacas, trampas de cuerda, púas, todo lo que podamos.
—Ordené con firmeza—.
Quiero que diezmen sus números antes de siquiera llegar a la muralla.
—Hecho.
—Rogan sonrió—.
De hecho…
los muchachos han estado esperando una excusa para usar los juguetes nuevos que preparamos.
Me subí a la muralla improvisada de madera.
No era impresionante, pero sí suficiente para defenderse de simples saqueadores.
Llevaba mi arco a la espalda y varias flechas nuevas.
Además, Iris flotaba a mi lado, lista para asistir con magia de agua.
Mi plan era simple: desde aquí dirigiría la batalla, lanzaría órdenes y dispararía a cualquier imbécil que intentara acercarse demasiado.
Mientras abajo los soldados colocaban trampas y organizaban las defensas, miré el horizonte.
—A veces olvidan que el verdadero terror no está en cuántas espadas tienes…
sino en que alguien te haya leído el manual de estrategia antes de que llegues.
—Murmuré, tensando el arco.
La esfera de agua seguía mostrándome el campamento bandido.
Los idiotas ni sabían lo que les esperaba.
—Que empiece la cacería.
— — Punto de vista del jefe bandido La luna apenas asomaba entre las nubes cuando los 50 bandidos se alinearon sigilosamente en la colina norte y el sendero este, tal como el jefe Rask ordenó.
Las antorchas estaban apagadas.
Caminaban en silencio, confiados.
Las risas y fanfarronadas de horas antes ahora eran cuchicheos y movimientos tensos.
—Acuérdense…
no maten a todos.
Necesitamos dejar algunos vivos para que recuerden quién manda.
—Gruñó Rask con su voz rasposa mientras se ajustaba su espada en el hombro.
El grupo comenzó a descender por la colina, acercándose al claro donde el pequeño y miserable pueblo esperaba.
—Pfff…
ni murallas decentes tienen…
solo esas tablas podridas.
—Murmuró uno, riéndose.
Y fue entonces…
que ocurrió.
—¡AAARGH!
—Un grito desgarrador quebró el silencio.
Todos voltearon.
Uno de los bandidos desapareció del grupo…
cayó en una fosa oculta cubierta de ramas.
El sonido de carne atravesada por estacas resonó con eco.
—¡Maldición!
¿Qué fue eso?
—Gritó otro.
¡CRACK!
—El bandido que iba detrás pisó un lazo oculto que se tensó de golpe.
La cuerda se alzó, jalándolo por el tobillo.
Su cuerpo salió disparado y terminó colgando boca abajo de un árbol.
—¿¡QUÉ DEMONIOS…!?
—Otro dio un paso atrás, solo para escuchar el “clic” metálico de un mecanismo rudimentario.
¡FWOOSH!
—Una trampa de flechas improvisada se disparó desde un arbusto.
Tres dardos de madera se incrustaron en su pecho y cuello.
Cayó con un gorgoteo, revolcándose en su propia sangre.
El caos estalló.
—¡Nos tendieron una maldita emboscada!
—Gritó uno, retrocediendo.
—¡Imposible, son solo campesinos!
—Otro trató de razonar mientras veía a su compañero convulsionar con una estaca atravesando el abdomen.
Rask apretó los dientes y gritó: —¡AVANZAD, MALDITA SEA!
¡RÓMPANLES LAS CABEZAS!
¡SON SOLO TRAMPAS DE NIÑOS!
Pero cada paso que daban parecía abrir otra boca del infierno.
¡CRACK!
¡SLASH!
¡THUMP!
Pisos falsos.
Estacas ocultas.
Rocas rodantes.
Cuerdas que jalaban troncos con púas.
Y cuando algunos empezaron a salir de las trampas…
¡SWHOOSH!
—Una flecha brillante, envuelta en agua a presión, atravesó el cráneo de uno de los bandidos más fornidos.
La cabeza explotó en una mezcla de sangre y hueso, dejando su cuerpo caer como un saco inerte.
—¿¡Q-qué demonios fue eso!?
—Gritó otro, mirando hacia las murallas.
En lo alto, la figura de una niña de cabello plateado y vestido corto ondeando al viento, con un arco en mano y una sonrisa que solo podía describirse como demoníaca, se recortaba contra la luna.
—…¿Es…
una niña?
—Balbuceó uno.
¡SWISH!
¡THUNK!
—Otra flecha atravesó el muslo de un bandido que intentaba escapar, haciéndolo caer de rodillas.
—¡Nos están cazando…
como conejos!
—Gritó alguien, intentando correr hacia el bosque.
*—¡Y apenas empieza!
—Se escuchó la voz femenina desde las murallas, seguida de otra ráfaga de flechas y explosiones de agua.
Rask rugió, cortando una cuerda que tenía atado a otro de sus hombres atrapado.
—¡SIGAN ADELANTE, MIERDA!
¡ROMPAN ESA MALDITA PUERTA!
Pero por cada paso que daban…
la muerte llegaba antes que la esperanza.
La arrogancia con la que habían salido…
se convirtió en un pantano de miedo, sangre, astillas y cuerpos destrozados.
Y eso…
era solo el comienzo.
— Por favor comenten y dejen su like y compartan
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com