isekai Game Over mi vida cambió con un BOOM! - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 capitulo 8 El Infierno Tiene Forma de Pueblo
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9: capitulo 8 : El Infierno Tiene Forma de Pueblo 9: capitulo 8 : El Infierno Tiene Forma de Pueblo El ataque, que debía ser un simple saqueo…
se había convertido en una masacre.
Los gritos de agonía llenaban el aire.
Las trampas los habían diezmado, pero eso fue solo el primer acto del infierno.
Cuando lograron cruzar la línea de trampas, jadeando, heridos, cubiertos de barro y sangre, el verdadero horror comenzó.
—¡A LA CARGA!
—Rask rugió, empuñando su espada.
Y entonces los vieron…
Unos 20 soldados con armaduras ligeras recién fabricadas, escudos brillantes, lanzas firmes y arcos tensados.
No eran campesinos.
Ya no.
Eran soldados.
Eran bestias entrenadas.
—¡Formación en cuña, adelante!
—Gritó uno de los soldados mientras las lanzas bajaban al unísono.
¡THUMP!
¡STAB!
¡CRACK!
Las lanzas atravesaron los torsos de los primeros bandidos que se atrevieron a cargar.
Sangre salpicó como lluvia.
—¡ARGH!
—Uno cayó con una lanza atravesando su garganta.
—¡ME ATRAVESARON EL PECHO!
—Gritaba otro, revolcándose mientras la sangre brotaba a borbotones.
Las flechas silbaban desde las murallas.
Cada una era precisa, cruel, letal.
Algunas normales, otras envueltas en magia de agua que al impactar estallaban como si fueran proyectiles de presión.
¡SWOOSH!
¡BOOM!
¡THUNK!
Cráneos estallaban, brazos volaban, cuerpos eran empalados, y lo peor…
los soldados no mostraban piedad.
—¡Ataquen!
¡Ataquen, maldita sea!
—Gritaba Rask, pero sus hombres empezaban a retroceder, presas del pánico.
—¡Son demonios!
¡Nos están masacrando!
—Gritaba uno mientras intentaba correr.
—¡NOOOO!
—Otro bandido trató de huir hacia el bosque…
solo para ser atravesado por tres flechas seguidas.
Cayó, convulsionando mientras la sangre brotaba de su boca.
Los soldados de Celestine, fríos y despiadados, golpeaban con sus escudos, apuñalaban con sus lanzas, degollaban con espadas cortas y remataban con flechas cualquier cosa que intentara gatear o levantarse.
No había misericordia.
No había piedad.
Solo muerte.
Cuando la batalla comenzó a apagarse, de los 50 bandidos solo quedaban 15 en pie.
Arrojaron las armas.
Algunos lloraban.
Otros se arrodillaron rogando.
Uno de los soldados, con la armadura manchada de sangre hasta la cintura, se acercó al jefe bandido, que jadeaba, herido en el costado y con la espada temblando en la mano.
—Ríndete, bastardo.
—Gruñó el soldado—.
Estás acabado.
Rask apretó los dientes, soltó la espada y levantó las manos, tragando saliva.
—Llévennos…
llévennos con su líder…
quien sea el maldito que gobierna este agujero.
—Escupió.
El soldado soltó una risa seca, sádica.
—Oh…
sí…
te llevaremos.
—Dijo, limpiándose la sangre del rostro—.
Prepárate…
porque conocerás a la baronesa.
Se inclinó hacia él, casi susurrando: —Y te advierto…
—Su sonrisa se torció de manera siniestra— …la señora no está de buen humor esta noche.
Y cuando se enoja…
es el maldito diablo hecho carne.
El rostro de Rask palideció.
—…¿Qué clase de monstruo es esa mujer…?
—Pensó, tragando saliva con dificultad.
Caminaron escoltados, con los pocos bandidos restantes cabizbajos, arrastrando los pies.
Y cuando llegaron a la plaza…
la vio.
Una figura de no más de 1.45 metros, con un vestido negro corto, botas largas, cabello plateado ondeando con el viento, ojos azules como el hielo y un arco colgado a la espalda.
Una niña.
UNA MALDITA NIÑA.
—…¿E-eso es una broma…
verdad…?
—Balbuceó Rask.
Pero cuando la mirada de Celestine se cruzó con la suya, sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Esos ojos…
esos malditos ojos no eran humanos.
No eran los de una niña.
Eran los de alguien que había visto la muerte…
y había aprendido a disfrutarla.
—Así que…
tú eres el jefe…
—Dijo la baronesa, con una voz suave, casi dulce.
Sonrió.
—Bien.
Empecemos la parte divertida.
— — 📌 Punto de vista de Rask, Jefe Bandido Me obligaron a arrodillarme junto con los 14 miserables que quedaban de mi grupo.
Teníamos las manos atadas con cuerdas gruesas, los pies amarrados y un soldado apuntándonos con lanza por cada uno.
Frente a nosotros, la plaza del pueblo estaba llena.
Campesinos, herreros, cazadores… todos mirándonos con odio.
Y al centro… ella.
La maldita baronesa.
Una niña.
UNA MALDITA NIÑA.
Cabello plateado, ojos azules tan fríos como el acero, y esa expresión…
esa sonrisa.
No era la sonrisa de alguien feliz.
Era la de alguien que disfrutaba jugar con su presa antes de romperle las patas.
—Bueno… —Dijo cruzada de brazos, mientras bostezaba.
—Vamos a hacer esto rápido, quiero irme a dormir.
No estoy de buen humor… Frunció el ceño, suspirando.
—…y creo que me va a venir la regla, así que no tengo paciencia para idioteces.
—Agregó, sin una pizca de vergüenza.
…¿Qué demonios acabo de escuchar?
—Pensé, tragando saliva mientras una gota de sudor frío me bajaba por la sien.
Entonces llamó a los aldeanos.
—Vengan.
Quiero escuchar qué piensan de estos despojos.
—Señaló con el pulgar hacia nosotros.
Uno tras otro, los aldeanos dieron un paso al frente.
—¡Ellos han saqueado nuestras cosechas durante años!
—Gritó un viejo.
—¡Mataron a mi esposo cuando intentó proteger nuestra comida!
—Dijo una mujer, con lágrimas en los ojos.
—¡Nos golpeaban, nos robaban todo y cuando no encontraban nada nos incendiaban las casas!
—Añadió otro.
Los relatos seguían.
Crímenes, abusos, muertes.
Cada palabra era como un puñal, pero no en mi corazón… en mi maldito sentido de supervivencia.
Porque mientras ellos hablaban… esa niña sonreía.
SONREÍA.
Era como ver a un gato jugando con un ratón antes de arrancarle la cabeza.
Y entonces…
se giró, mirando al herrero.
—Dime, ¿tú necesitas mano de obra?
—Preguntó.
—No, mi señora, pero el jefe minero sí.
—Respondió el herrero, sonriendo.
Ella asintió y se dirigió al jefe minero.
—¿Y tú?
¿Necesitas manos extras?
El minero, un viejo fornido, se rascó la barba.
—Claro que sí.
Las vetas de hierro necesitan excavadores.
Muchos.
Ella sonrió, esa maldita sonrisa escalofriante.
—Perfecto.
Entonces ya tomé una decisión.
—Se giró hacia nosotros.
—A partir de hoy…
—Hizo una pausa, cruzando los brazos y con una sonrisa de dientes perfectos— …estos idiotas serán trabajadores de tiempo completo, sin jubilación…
y sin paga.
Uno de los idiotas que quedaban vivos levantó la mano, temblando.
—E-eh…
Disculpe, su señoría…
¿qué significa eso…?
Ella se llevó un dedo a la mejilla y, como si fuera la cosa más adorable del mundo, respondió con una risita: —Significa…
esclavos, jijiji.
…Se me congeló el alma.
¿E-Esta mocosa… está…
está riéndose mientras sentencia a 15 hombres adultos a trabajos forzados hasta la muerte…?
Mi garganta estaba seca.
Mi mandíbula temblaba.
No podía apartar la vista de ella.
—No es humana.
—Pensé.
—¡Esto no es una niña!
¡Es un demonio con cara bonita!
Quise gritar, maldecir, pero las palabras no salían.
Solo podía temblar, sintiendo que la mirada de esa mocosa me perforaba el alma.
Ella chasqueó los dedos y los soldados empezaron a jalarnos hacia la mina.
—Llévenselos.
Mañana empiezan.
Y si alguno intenta escapar… bueno…
creo que ya saben qué les pasará.
—Dijo con una sonrisa que podía congelar el infierno.
Y mientras me arrastraban, solo una palabra daba vueltas en mi cabeza…
—Maldición…
¿qué clase de monstruo es esta mocosa…?
— Por favor comenten, y dejen su like y compartan
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