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Issei en el grand line - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capitulo 9 Barco la ironía hecha filo
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10: Capitulo 9: Barco, la ironía hecha filo 10: Capitulo 9: Barco, la ironía hecha filo El aire en la cubierta del bergantín Guardiamarina olía a pólvora quemada, sangre fresca y sal marina.

Bajo el sol implacable de la tarde, Issei Hyoudou y el capitán pirata Barco se medían con la intensidad de dos depredadores que sabían que solo uno saldría con vida.

La ironía del nombre del pirata—Barco, comandando un barco—era un chiste que el universo parecía encontrar gracioso, pero Issei no tenía espacio en su mente para juegos de palabras.

Cada neurona, cada instinto, estaba enfocado en el hombre delgado y letal que sostenía una espada curva que destellaba con luz ominosa.

Barco no era como Numena, cuya potencia residía en una Fruta del Diablo escurridiza.

Tampoco era como Main, que confiaba en la fuerza bruta.

Este hombre era un artesano de la muerte, un purista del filo.

Su estilo era económico, preciso, y cada movimiento fluía hacia el siguiente como un verso en un poema mortal.

Issei, cuyo Haki de Observación era aún instintivo y reactivo, se encontró luchando no solo contra la espada, sino contra la intención detrás de cada ataque, una capa más sutil y difícil de leer.

—¡Te estás moviendo demasiado, ratoncito!

—burló Barco, su voz un susurro áspero que cortaba el estruendo de las llamas y los gemidos—.

¿Solo sabes esquivar?

Su shamshir silbó en un tajo horizontal dirigido a desventrar a Issei.

El instinto de Issei gritó, y su cuerpo se torció hacia atrás.

La punta de la hoja pasó a milímetros de su estómago, rasgando su camisa y dejando un fino hilo de sangre en su piel.

¡Casi!

El aire le quemó la herida superficial.

Aún con su velocidad aumentada por el entrenamiento y los múltiples Boosts acumulativos en su cuerpo, el ataque de Barco había sido casi demasiado rápido.

“Usuario, su mente es más lenta que su cuerpo.

Está anticipando tus movimientos basándose en tu postura y tu mirada.

Debes ser impredecible.” La voz de Ddraig resonó en su cabeza, un susurro urgente y concentrado.

Desde el Sueño Escarlata, Naira observaba con el corazón latiendo con fuerza en su garganta.

Sus manos aferraban la borda con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

Veía la danza mortal, veía cómo la espada de Barco buscaba constantemente los puntos vitales de Issei.

Cada esquivada por los pelos la hacía contener la respiración.

Confiaba en él, en su fuerza, en su voluntad de acero que había derrotado a Numena.

Pero este enemigo era diferente.

Era frío, metódico, y su arma era una extensión mortal de su voluntad.

Naira sentía una mezcla de orgullo y un miedo helado.

Por favor, solo retrocede un poco, gana distancia, pensaba, pero sabía que Issei no era de esos.

Su estilo era frontal, abrumador.

Como un dragón.

En la cubierta destrozada del bergantín, Camila, la Alférez pelirroja, estaba arrodillada junto a un marine herido, aplicándole un vendaje de presión con manos temblorosas.

Pero sus ojos, verdes como el mar profundo, no se apartaban de la pelea.

Veía al joven desconocido—musculoso, de cabello oscuro y ojos llenos de una determinación feroz—esquivar ataques que habrían partido en dos a un hombre normal.

Veía cómo su cuerpo se movía con una agilidad sobrenatural.

Él era su salvador, la mano inesperada que había apartado la guadaña de su cuello.

Una oleada de admiración, intensa y vertiginosa, la inundó.

No era solo gratitud; era el reconocimiento de una fuerza pura, heroica, que encarnaba todas las historias de caballería que había devorado en los libros de la Academia.

Y, sin poder evitarlo, notó cómo su uniforme ajustado destacaba sus músculos, cómo el sudor brillaba en su piel bajo el sol…

Un calor extraño, ajeno al miedo, le subió por las mejillas.

Barco atacaba sin pausa.

Una estocada baja dirigida al muslo de Issei, seguida de un revés ascendente hacia su hombro.

Issei saltó hacia atrás, pero la punta de la espada le rozó la parte superior del brazo, abriendo otro corte superficial.

El dolor era agudo, una llamada de atención.

No puedo seguir solo a la defensiva.

—¿Ya estás cansado?

—preguntó Barco, sonriendo con una mueca que hacía que su cicatriz se retorciera—.

Pensé que el mago de los cañones tendría más aguante.

“Es ahora, usuario.

Su arrogancia está en su punto máximo.

No espera un contraataque directo.

Pero necesitas crear una apertura.

Un Boost solo no será suficiente.

Necesitas dos: uno para romper su guardia, otro para acabar con él.

Planifícalo.” Ddraig era el general en su mente, trazando la estrategia.

Issei asintió mentalmente.

Su plan era simple: usar el primer Boost en un momento de distracción para un golpe certero que desorientara a Barco, seguido de un combo de golpes cuerpo a cuerpo para debilitarlo, y activar el segundo Boost justo en el momento del golpe final para maximizar su poder.

Tenía que hacer que Barco se confiara, que cometiera un error.

Dejó de retroceder.

En su lugar, avanzó un paso, desafiante.

—Los magos también sabemos pelear de cerca, payaso —replicó Issei, su voz cargada de una confianza que no era del todo fingida.

Barco enarcó una ceja, intrigado por el cambio de actitud.

Atacó de nuevo, una serie de tres tajos rápidos en forma de abanico.

Issei esta vez no solo esquivó; desvió el primero con el antebrazo, sintiendo un dolor agudo al hacer contacto con el filo (su Haki de Armadura aún no podía cubrirlo consistentemente), y contraatacó con un rápido jab hacia la cara de Barco.

El pirata se inclinó hacia atrás con facilidad, riendo.

—¡Patético!

¡Tu puño es lento!

Pero Issei no se inmutó.

Siguió presionando, atacando con combinaciones simples pero potentes: golpes rectos, ganchos, patadas bajas.

Forzaba a Barco a bloquear y desviar, a moverse.

Hacía que el pirata gastara energía, que se concentrara en defenderse de lo que parecían ataques desesperados.

Issei absorbía cada comentario burlón, cada sonrisa despectiva, usándolos como combustible para su paciencia.

La batalla se convirtió en un torbellino de metal y carne.

Issei recibió otro corte, esta vez en el costado, pero logró dar un puñetazo en el antebrazo de Barco que hizo que el pirata gruñera de dolor y retrocediera un paso.

Fue una victoria menor, pero un signo.

Barco ya no sonreía con tanta facilidad.

Su respiración era un poco más pesada.

Naira, desde la distancia, vio la herida en el costado de Issei y apretó los labios.

Sabía que él era resistente, que había sobrevivido a cosas peores en la isla desierta, pero verlo sangrar encendía un fuego protector en su interior.

Sus ojos escudriñaron la cubierta del bergantín, buscando algo, cualquier cosa que pudiera darle una ventaja a Issei.

Vio un cañón desmontado, barriles…

pero nada útil.

Solo podía confiar en él.

Hazlo, Issei.

Acaba con él.

Camila había terminado de vendar a su compañero.

Se puso de pie, tambaleándose un poco.

Su mirada estaba clavada en la espalda ancha de Issei.

Veía cómo recibía golpes, cómo sangraba, y sentía una punzada de angustia.

“Por favor, gana”, susurró para sí, sus manos apretadas en puños sobre su pecho.

La imagen del joven luchando, imparable, se grababa a fuego en su mente.

Era…

hermoso.

El momento crítico llegó de la manera más mundana.

Barco, buscando terminar el juego, ejecutó un movimiento floreado, un tajo giratorio destinado a impresionar y decapitar.

Fue un exceso de estilo, un toque de arrogancia teatral.

Al completar el giro, su pie trasero resbaló en un charco de sangre y aceite que no había visto.

No fue una caída, ni siquiera un tropiezo grave.

Solo un instante de inestabilidad, un microsegundo en el que su equilibrio perfecto se quebró y su guardia se abrió una fracción.

Fue la oportunidad que Issei había estado esperando.

“¡AHORA!” rugió Ddraig en su mente.

El primer Boost estalló dentro de Issei.

No fue un grito, sino una liberación sorda de energía concentrada que hizo que el aire a su alrededor vibrara.

Su velocidad, ya considerable, se multiplicó.

Para Barco, que acababa de recuperar el equilibrio, el joven frente a él simplemente desapareció de su campo de visión frontal.

Issei reapareció a su lado izquierdo, en el punto ciego momentáneo creado por el resbalón.

Su puño derecho, imbuido no con el tenue negro del Haki de Armadura, sino con el resplandor carmesí interno del poder de Ddraig, se estrelló contra la mejilla de Barco con el sonido de un madero quebrado.

¡CRACK!

El golpe no solo fue rápido; fue inteligente.

Issei no apuntó a la mandíbula para un nocaut limpio, sino al costado de la cara.

El impacto fue desorientador, sacudiendo el cerebro de Barco dentro de su cráneo.

El pirata vio estrellas, su visión se nubló, y un zumbido ensordecedor llenó sus oídos.

Su espada, por primera vez, bajó.

Issei no le dio tiempo a recuperarse.

Como un martillo neumático, descargó un combo brutal en el cuerpo del pirata.

Un gancho al hígado que arrancó un jadeo de dolor.

Un uppercut al plexo solar que vació sus pulmones de aire.

Una rodilla en el vientre que lo dobló por la mitad.

Cada golpe resonaba con un thud sordo y cruel.

Barco, el maestro de la espada, se convirtió en un saco de boxeo humano, tambaleándose, incapaz de levantar sus brazos para protegerse.

Desde el Sueño Escarlata, Naira soltó el aire que había estado conteniendo.

Una sonrisa de puro orgullo y alivio se dibujó en sus labios.

Así es.

Así es mi Issei.

Sabía que él podía ser tonto y pervertido, pero en la batalla, cuando importaba, era un torbellino de fuerza decisiva.

Camila, en cambio, llevó ambas manos a la boca, sus ojos verdes abiertos como platos.

Había visto el cambio instantáneo, la explosión de poder.

Era como ver a un héroe de leyenda desatar su verdadera fuerza.

El miedo se disipó, reemplazado por un asombro embriagador.

“Increíble…” murmuró, y el nombre que había escuchado de Naira comenzó a latir en su mente: Issei.

Issei.

Issei.

En la cubierta, Issei sentía el poder del primer Boost disiparse.

El contador interno de Ddraig marcaba el paso de los segundos.

Nueve…

ocho…

Mantenía a Barco a raya con golpes de control, sin dejarlo caer, sin darle un respiro.

El pirata, con la nariz rota y sangrando, la mirada vidriosa, intentó blandir su espada en un último arrebato de furia.

Fue un movimiento lento, torpe.

“Segundo Boost, usuario.

¡Acaba con esto!” En el décimo segundo exacto, el segundo Boost se activó.

Esta vez, la energía no solo aumentó; se concentró.

Issei sintió el poder arremolinándose en su brazo derecho, una tormenta contenida de fuerza draconiana.

Su puño se cerró hasta que los nudillos palidecieron.

El aire alrededor de él crepitó.

Barco, a través de la niebla de su dolor, vio algo que lo llenó de un terror primitivo: los ojos de Issei brillaron con un destello rojo fugaz, como los de un depredador ancestral.

El golpe final no fue un puñetazo cualquiera.

Fue una proyección directa de voluntad.

Issei saltó ligeramente, girando sobre su eje, y lanzó un recto de derecha imbuido con la fuerza completa del segundo Boost.

No apuntó a la mandíbula, sino directamente al centro del rostro ya magullado de Barco.

¡BOOM!

El sonido fue distinto, más profundo y húmedo que el anterior.

El impacto hizo que Barco se levantara literalmente del suelo, sus pies dejaron la cubierta por una fracción de segundo antes de que su cuerpo, completamente inconsciente, inerte como un fardo, cayera de espaldas con un ruido sordo.

La espada de acero damasco se le escapó de los dedos y resonó contra la madera, rodando lejos de su dueño caído.

Un silencio repentino, cargado y pesado, cayó sobre el bergantín.

Solo el crepitar de las llamas distantes y el gemido del viento en los mástiles dañados rompían el hechizo.

Naira dejó escapar un suspiro largo y tembloroso, seguido de una risita nerviosa de alivio.

Su chico lo había logrado.

Una vez más.

La sonrisa en su rostro era amplia y genuina, llena de un amor que admiraba su fuerza tanto como su corazón.

Camila se quedó inmóvil, paralizada por la escena.

Luego, lentamente, bajó las manos de su boca.

Sus ojos, aún llenos de asombro, se posaron en la figura de Issei, erguido sobre el pirata derrotado, respirando con fuerza, su cuerpo marcado por el esfuerzo y las heridas superficiales.

Para ella, en ese momento, no era solo un hombre.

Era la encarnación de la salvación, de la fuerza que aplasta el mal.

Un calor intenso, desconocido, le recorrió el cuerpo, concentrándose en sus mejillas y en un revoltijo de mariposas en su estómago.

El nombre resonó en su cabeza con una dulzura casi dolorosa: Issei.

La acción práctica sacó a Issei de su concentración post-combate.

Se frotó los nudillos doloridos y miró a su alrededor.

Los pocos piratas que quedaban en el bergantín, al ver a su capitán noqueado, arrojaron sus armas y se rindieron.

Issei ignoró por el momento.

Buscó y encontró unas esposas de marina y cuerdas resistentes entre los restos.

Con eficiencia profesional, esposó las muñecas de Barco a su espalda y luego lo ató de pies y torso con las cuerdas, haciendo un paquete bien asegurado.

Luego, como si cargara un saco de patatas, se lo echó al hombro.

Caminó hacia la borda, donde su pequeño bote auxiliar (que había usado para llegar) seguía flotando.

Con un salto cuidadoso, bajó a él y comenzó a remar hacia el Sueño Escarlata.

Fue entonces cuando Camila, impulsada por una fuerza que no entendía, salió de su estupor y corrió hacia la borda que daba al Sueño Escarlata.

Su corazón palpitaba con fuerza.

Tenía que darle las gracias.

Tenía que hablarle.

Mientras Issei se alejaba remando con su premia, Camila se encontró con Naira, quien se había acercado a esa misma borda para ver a Issei regresar.

Las dos mujeres se miraron por primera vez de cerca.

Naira vio a una joven marine, probablemente de su edad o un poco mayor, con un uniforme blanco y azul manchado y rasgado que, sin embargo, no podía ocultar una belleza llamativa.

Su largo cabello pelirrojo era deslumbrante, y sus ojos verdes tenían una intensidad que, en ese momento, parecía dirigida con demasiada fuerza hacia el bote de Issei.

Naira, como “primera esposa” autoproclamada y estratega, sintió el primer cosquilleo de una alarma instintiva.

Camila, por su parte, vio a una joven rubia de belleza serena y ojos inteligentes.

Llevaba ropas de viaje prácticas, pero su porte era de nobleza (lo era, siendo princesa).

Estaba en su barco, el barco del héroe.

Una compañera.

Quizás una amiga.

La gratitud inicial se mezcló con un punto de…

¿curiosidad competitiva?

—Gracias —dijo Camila, rompiendo el hielo, su voz un poco ronca por el humo y la tensión—.

Gracias por…

por la ayuda.

Sus cañones…

fueron increíbles.

Naira sonrió, una sonrisa cálida pero con un toque de reserva.

—No me des las gracias a mí.

Todo fue idea de Issei.

Él es quien no puede evitar meterse en problemas para ayudar a los demás —dijo, con un tono de afectuosa exasperación que claramente delineaba una relación íntima.

Al escuchar el nombre pronunciado por los labios de la rubia, algo le pasó a Camila.

“Issei”.

La sílaba golpeó sus oídos y se instaló en su mente con una claridad cristalina.

Lo probó en silencio.

Is-sei.

Tenía un sabor dulce, fuerte, poderoso.

Era el nombre perfecto para un héroe.

Un estremecimiento, casi imperceptible, la recorrió.

—¿Is…

sei?

—repitió en voz baja, como saboreando la palabra.

Naira la observó.

Vio cómo los ojos verdes de la marine se perdían un instante, cómo sus labios se curvaban en una sonrisa pequeña y casi soñadora al pronunciar el nombre.

Vio cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente.

La gota de sudor frío que resbaló por la sien de Naira no fue por el calor del sol.

—Sí, Issei —confirmó Naira, su tono un poco más firme.

—Issei…

—repitió Camila, esta vez con más fuerza.

Y luego, como si no pudiera contenerse, lo murmuró una tercera vez, cerrando los ojos brevemente—: Issei…

Para Naira, fue como ver a alguien probar una droga adictiva por primera vez y engancharse al instante.

La expresión de Camila era de puro éxtasis reconocedor.

¡Oh, no.

Otra!

pensó Naira, sintiendo que su papel de “primera esposa” y administradora del futuro harén iba a tener un desafío inesperado y potencialmente problemático.

Issei, mientras tanto, había llegado al Sueño Escarlata.

Con la ayuda de Naira (quien le lanzó una mirada elocuante que él no captó), subió a Barco inconsciente y lo arrastró hacia la única celda que tenía el barco, una pequeña y robusta habitación con barras de metal que habían usado antes para Main.

La cerró con llave.

40 millones de berries más, pensó con satisfacción.

Luego, su mente práctica y pervertida (pero en este caso, práctica) se dirigió a la siguiente oportunidad.

—¡Los barcos piratas!

—anunció, frotándose las manos—.

Antes de que se hundan del todo, podemos buscar botín.

Cada berry cuenta para el barco del harén.

Naira asintió, intentando volver a la normalidad.

—Es una buena idea.

Algunos parecen tener cascos aún flotando.

Podemos usar el bote.

Fue entonces cuando Camila, que había estado observando desde la borda del bergantín, decidió que no podía quedarse atrás.

Con una agilidad que sorprendió incluso a Naira (fruto del entrenamiento básico de la Marina y, posiblemente, de la adrenalina de la admiración), la pelirroja agarró una cuerda colgante, se balanceó sobre la barandilla y saltó limpiamente hacia la cubierta del Sueño Escarlata, aterrizando con gracia junto a Issei.

Issei, que estaba recogiendo un garfio y cuerdas, se sobresaltó.

—¡Oye!

Cuidado con la pintura —bromeó, aunque su mirada se posó instantáneamente en la nueva llegada.

El uniforme rasgado de Camila, manchado de hollín pero aún así ajustado a una figura esbelta y voluptuosa, no escapó a su radar pervertido.

Oppai de calidad marinera…

pensó, antes de que su conciencia, entrenada por Naira, le diera una palmada mental.

Camila, sin embargo, no notó su mirada fugaz (o quizás sí, y le gustó).

Ella estaba completamente concentrada en él.

Con las manos juntas frente a su pecho, se inclinó en una reverencia algo torpe pero encantadora.

—¡Gracias!

—exclamó, su voz ahora clara y llena de emoción—.

Gracias por salvarnos, Issei-san.

Si no hubiera llegado usted…

—Su voz se quebró, recordando la carnicería de la que los había librado.

Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas genuinas de gratitud—.

¡Estaremos eternamente en deuda con usted!

Issei, siempre incómodo pero halagado por el agradecimiento de una chica bonita, se rascó la parte posterior de su cabeza con una sonrisa tímida.

—No es para tanto.

Solo hice lo que cualquier persona decente haría.

Además, ese tipo tenía una recompensa jugosa, así que…

—Se dio cuenta de que sonaba demasiado pragmático y rectificó—: ¡Quiero decir, salvar a una damisela en peligro es el deber de todo futuro Rey del Harem!

La declaración, que para cualquier otra persona habría sido una bandera roja del tamaño de una isla, para Camila, cuya mente ya había vestido a Issei con la armadura de un príncipe caballero, sonó a declaración de principios noble y galante.

“Rey del Harem” debía ser una metáfora poética, un título que se daba a sí mismo por su deseo de proteger a muchas mujeres.

¡Era adorable!

—¡Es usted tan modesto como valiente!

—dijo Camila, su admiración creciendo—.

Un verdadero héroe de los mares.

Naira, que había estado observando la escena con los brazos cruzados y una ceja levemente enarcada, decidió que era momento de intervenir.

Se interpuso físicamente entre Issei y Camila, dirigiéndose a este con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Cariño, deberíamos apresurarnos con el saqueo si queremos llegar a Umbra antes del anochecer —dijo, usando el término “cariño” con una naturalidad que hacía clara su posición—.

Y tú —se giró hacia Camila, con una expresión más neutral—, deberías atender a tus heridos y evaluar los daños en tu barco, Alférez.

El tono no era hostil, pero sí firme, el de una capitana reclamando la atención de su tripulación y recordando a una invitada sus propias responsabilidades.

A Camila no le gustó.

En absoluto.

Esa chica rubia, por muy bonita y cercana a Issei que pareciera, le estaba robando su momento.

Le estaba quitando el tiempo con su salvador, su príncipe de cabellos oscuros.

En todos sus sueños adolescentes, después de que el héroe derrotaba al villano, ella era la damisela a la que consolaba, con la que hablaba, a la que quizás…

No.

No permitiría que una extraña se interpusiera.

—¡Mis hombres están siendo atendidos por los capaces!

—replicó Camila, su voz perdiendo la timidez y ganando un tono defensivo—.

Y el capitán…

bueno, el capitán ya no está.

Como la oficial de mayor rango superviviente, mi deber es también asegurar que la justicia se aplique correctamente, y eso incluye supervisar la custodia del prisionero y el…

botín —dijo, pronunciando la última palabra con un deje de desaprobación hacia la intención de saqueo, aunque su verdadera motivación era otra.

—La custodia del prisionero está asegurada en nuestra celda —dijo Naira con calma—.

Y el botín es una recompensa legítima por nuestros servicios como cazarecompensas independientes.

No necesitamos supervisión.

—¡Todo acto en alta mar que involucre propiedad de piratas debe ser documentado por la Marina para evitar…

irregularidades!

—argumentó Camila, levantando la barbilla.

No tenía ni idea si eso era cierto, pero sonaba oficial.

—¿Irregularidades como las que permitieron que un comandante corrupto oprimiera mi isla?

—preguntó Naira suavemente, su mirada fría.

Estaba jugando su carta de experiencia.

Camila se ruborizó, herida en su idealismo pero sin ceder.

—¡Eso fue un caso aislado!

La justicia marina es pura, y yo debo asegurarme de que se cumpla!

Issei, que había estado mirando de una a otra como en un partido de tenis verbal, empezó a sentirse profundamente incómodo.

La atmósfera, que había pasado de la gratitud a la tensión en segundos, era densa.

Podía sentir las miradas que se clavaban entre Naira y Camila, cargadas de algo que no era hostilidad abierta, pero sí una competencia feroz por…

¿por qué, exactamente?

Por un momento, su mente pervertida sugirió “por mí”, pero la descartó inmediatamente como un delirio de grandeza.

No, debe ser por el protocolo o algo aburrido así.

—Bueno, chicas —intentó mediar, con una sonrisa nerviosa—, no hay necesidad de discutir.

Podemos…

—¡Issei-san es un héroe que actúa por un sentido de justicia superior a la burocracia!

—declaró Camila, cortándolo y dirigiendo a Naira una mirada desafiante.

—Issei es mi prometido y compañero, y sabemos muy bien cómo manejar nuestros asuntos —replicó Naira, poniendo un énfasis especial en “prometido”.

Su sonrisa era ahora una delgada línea.

Las palabras “prometido” golpearon a Camila como un balde de agua fría.

¿Prometido?

Su corazón se encogió por un instante.

Pero entonces, lo reconsideró.

¡Eso no cambiaba nada!

Los héroes de las historias a menudo tenían amadas en casa, pero el vínculo forjado en la batalla, entre salvador y salvada…

eso era único, especial.

Ella no estaba tratando de reemplazar a nadie, solo de…

asegurar su lugar en la narrativa.

—¡Ser prometido no le da derecho a monopolizar sus actos heroicos!

—replicó Camila, cruzando los brazos—.

¡Él nos salvó a todos!

—¡Y yo fui la primera persona que él salvó en este mundo, y he estado a su lado desde entonces, apoyando su sueño!

—contestó Naira, también cruzando los brazos.

Su postura era un espejo de la de Camila.

Las dos jóvenes, una rubia con ojos de cielo nublado y otra pelirroja con ojos de esmeralda en llamas, se miraban fijamente.

El aire entre ellas parecía chispear.

No era una pelea a gritos, sino un duelo de voluntades silencioso y tenso, un tira y afloja por la posición, la cercanía y la definición de la relación con el hombre que estaba en el centro, completamente perdido.

—Su sueño…

—dijo Camila, recordando la extraña declaración del “Rey del Harem”—.

¿De qué se trata, exactamente?

—Es un sueño maravilloso y ambicioso que yo apoyo plenamente —respondió Naira evasivamente, sin querer dar más munición—.

Y requiere de una compañera que lo entienda, no de una…

admiradora temporal.

—¡No soy una admiradora temporal!

¡Soy una oficial de la Marina que reconoce el valor y la justicia cuando los ve!

—protestó Camila, aunque el rubor en sus mejillas contradecía su tono profesional—.

Y quizás yo pueda…

aportar una perspectiva diferente a su…

sueño.

Issei los miró.

Miraba a Naira, su roca, su amor, comportándose de una manera posesiva que era nueva y extrañamente atractiva.

Miraba a Camila, la marinera hermosa y apasionada, defendiendo con fervor su derecho a…

¿admirarlo?

La parte pervertida de su cerebro estaba teniendo un día de campo.

Dos chicas increíbles discutiendo…

¿por mí?

¡Esto es como un sueño!

Pero la parte de su cerebro entrenada por Naira y Ddraig (la parte de la supervivencia) le gritó que esto era un campo minado.

Un paso en falso y el Sueño Escarlata podría volverse muy incómodo, o peor, perder a Naira.

Con un instinto de conservación sorprendentemente agudo, Issei dio un paso atrás.

Luego otro.

—Oye, creo que…

voy a empezar a saquear esos barcos yo solo —murmuró, señalando con el pulgar hacia los cascos piratas que humeaban—.

Ustedes…

sigan hablando.

Arreglen lo que tengan que arreglar.

¡Nos vemos luego!

Y antes de que cualquiera de las dos pudiera reaccionar, Issei saltó al bote auxiliar y comenzó a remar como si los propios Diablos del Mar lo persiguieran, dejando atrás a las dos chicas en la cubierta del Sueño Escarlata, congeladas en su duelo de miradas, ahora sin su premio inmediato.

Un silencio incómodo cayó.

Luego, lentamente, Naira y Camila se volvieron la una hacia la otra.

—Él…

es muy trabajador —dijo Camila, intentando un tono casual.

—Sí, siempre tan decidido —respondió Naira, con una sonrisa tensa.

Ambas sabían que la discusión no había terminado.

Solo había pasado a una guerra fría.

Y ambas, por razones muy diferentes, estaban decididas a ganarla.

Para Naira, era proteger su lugar y el corazón de Issei de una intrusa potencialmente disruptiva.

Para Camila, era reclamar un lugar, aunque fuera pequeño, en la leyenda que acababa de salvar su vida, y cuyo nombre, Issei, ya sentía grabado en su propio corazón.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Si gustas apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias y para seguir generando mas imagenes de tus personajes favoritos.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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