Issei en el grand line - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- Issei en el grand line
- Capítulo 13 - 13 Capitulo 12 Reverse Mountain
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: Capitulo 12: Reverse Mountain 13: Capitulo 12: Reverse Mountain El Sueño Escarlata se deslizaba sobre aguas cada vez más inquietas, alejándose de la segura, aunque gris, silueta de Umbra.
Atrás quedaba el último bastión conocido del West Blue.
Delante, solo el horizonte infinito y, en algún punto al este, la leyenda hecha geografía: la Reverse Mountain.
El aire mismo parecía cargarse de una electricidad diferente, un susurro salino que hablaba de corrientes locas, de vientos que cambiaban de humor en segundos y de una montaña que desafiaba todas las leyes de la naturaleza.
La recompensa de Barco, un colosal ingreso de cuarenta y cuatro millones de berries, había transformado su situación financiera.
Issei, tras hacer un recuento mental con la ayuda de Naira, calculó que su tesoro rondaba ahora los 112 millones de berries.
Una fortuna pequeña para los estándares del Grand Line o de los grandes piratas, pero un colchón monstruoso para un cazarecompensas emergente.
Les había permitido aprovisionarse en Umbra sin escatimar: barriles nuevos y sólidos para el agua y los alimentos, medicinas de calidad, material de curación en abundancia, herramientas de reparación, tela resistente para las velas e incluso algunos mapas genéricos del “Paraíso”, aunque Naira confiaba más en el Log Pose, cuyo cristal ahora tenía un brillo inquietantemente fijo.
El barco, sin embargo, seguía siendo el mismo: un pequeño velero robado a unos piratas anónimos, robusto para su tamaño pero hecho de madera común, sin blindaje, sin cañones dignos de ese nombre (más allá de los dos viejos trucos que Issei había animado con magia draconiana), y con una celda que ahora estaba vacía.
Mirándolo, frente a la majestuosidad aterradora que se avecinaba, parecía un cascarón de nuez.
Rezar por que resistiera no era un gesto piadoso; era una necesidad pragmática.
Los cinco días de travesía entre Umbra y la base de la Reverse Mountain se convirtieron en un microcosmos acelerado de emociones, entrenamiento y ajustes sociales a bordo del ahora más poblado Sueño Escarlata.
Naira y Camila encontraron, por fuerza de la proximidad y la necesidad de funcionar como tripulación, una zona de coexistencia.
Los primeros roces, cargados de sospecha y rivalidad, dieron paso a una comunicación funcional, y de allí, a los primeros atisbos de algo que podía, con el tiempo y mucha paciencia, parecerse a una amistad.
Descubrieron que, fuera del tema de Issei, tenían más en común de lo que creían.
Ambas eran jóvenes que habían visto la fealdad del mundo desde posiciones diferentes: Naira desde el trono de una isla oprimida, Camila desde el pupitre de una Academia y luego la cubierta de un barco corrupto.
Ambas valoraban la lealtad, aunque la de Camila era un fuego nuevo y voluble, y la de Naira, un acero templado.
Ambas eran inteligentes, cada una a su manera: Naira con una perspicacia estratégica y práctica, Camila con un conocimiento teórico y una determinación feroz.
Pasaban horas juntas en la cubierta, Naira enseñando a Camila los matices de la navegación con Log Pose, Camila aportando datos teóricos sobre corrientes y patrones climáticos del West Blue.
Limpiaban el barco juntas, preparaban la comida (donde Camila demostró tener un talento sorprendente, heredado de su abuela, según dijo), y organizaban las nuevas provisiones.
—Si colocamos los barriles de agua más pesados aquí, cerca del centro de gravedad, el balance será mejor con mar gruesa —señaló Camila una tarde, sudando mientras empujaba un barril.
—Tienes razón.Y los alimentos más perecederos, abajo, donde hace más fresco —asintió Naira, marcando los barriles con tiza.
Eran conversaciones tranquilas, prácticas.
Incluso había risas, breves y sinceras, cuando algún percance menor ocurría, como el día en que una ola repentina mojó por completo los mapas que estaban secando.
Pero había un interruptor que invariablemente activaba el sistema de alerta en ambas: Issei Hyoudou.
Si el tema de conversación derivaba hacia él, hacia algo que hubiera dicho, hecho, o incluso hacia sus sueños pervertidos (que Naira mencionaba con exasperación afectuosa y Camila escuchaba con confusión y curiosidad), la atmósfera cambiaba.
La tregua se agrietaba.
—Anoche soñó que había inventado un nuevo Dress Break que funcionaba a distancia —comentó Naira, rodando los ojos mientras cosía un rasgón en una vela.
—¿Esa es la técnica que…desintegra la ropa?
—preguntó Camila, bajando la voz, un rubor subiéndole a las mejillas.
—Sí.Su «contribución única a las artes marciales», según él.
—Es…atrevido.
Pero supongo que, en combate contra una mujer pirata, podría ser… desconcertante.
—¡Es pervertido y punto!—protestó Naira, aunque una sonrisa jugueteaba en sus labios—.
Aunque… funcionó contra Numena.
—¿La Reina Resbaladiza?¡He visto su cartel!
—Camila se inclinó, interesada—.
¿Y… cómo fue?
—Humillante para ella.Gratificante para el idiota.
—Naira suspiró—.
El punto es que no necesita estar soñando con mejorarlo.
Debería soñar con controlar mejor su Haki.
—Pero su Haki es increíble—defendió Camila, su tono reverencial—.
La forma en que derrotó a Barco, ese destello en sus ojos, en sus puños… —Esa«incredibidad» viene de entrenar hasta caer rendido, no de fantasear con técnicas de pervertido —replicó Naira, un punto de aspereza en su voz.
—¡Pero la creatividad también es importante!¡Un guerrero completo usa todas las herramientas!
—¿Y llamas herramienta a desnudar a tu oponente?
—¡Si funciona,sí!
¡La guerra no tiene reglas de caballerosidad!
Y así comenzaba.
Una discusión que podía escalar desde el tono de debate a algo más caliente, con miradas que se clavaban y posturas que se endurecían.
La raíz era clara: Naira veía a Issei de manera integral, con sus virtudes y sus (muchos) defectos, y su amor incluía querer pulir esos defectos, guiarlo.
Camila, en su fase de admiración intensa, tendía a idealizarlo, a ver incluso sus excentricidades pervertidas como excentricidades de genio.
Para Naira, eso era una peligrosa indulgencia.
Para Camila, era una falta de fe en la grandeza de Issei.
Issei, por su parte, navegaba estas aguas sociales con la torpeza característica de un torpedo, pero con un corazón sincero.
Con Naira, los momentos eran de una intimidad consolidada, cálida y profunda.
Ella era su ancla emocional, y él lo sabía.
Cada tarde, después del entrenamiento, buscaba tiempo a solas con ella.
A veces se sentaban en la proa, sus espaldas contra el mástil, viendo las nubes teñirse de púrpura.
—¿Crees que en el Grand Line haya islas con aguas termales?
—preguntó Issei una de esas tardes, acariciando el cabello de Naira, que descansaba sobre su hombro.
—Seguro que las hay—respondió ella, con los ojos cerrados, disfrutando del contacto—.
Pero probablemente estén habitadas por monstruos gigantes o tribus guerreras que adoren a los baños calientes.
—¡Entonces tendré que derrotarlos para que mi futuro harén pueda disfrutar de un buen baño!—declaró él con determinación.
—Siempre pensando en el harén—suspiró Naira, pero sin enojo.
Era parte de él, como su fuerza o su estómago de bottomless pit—.
A veces me pregunto si cuando lo tengas, realmente será lo que sueñas.
—¿Qué quieres decir?
—Que soñar con algo es una cosa.Gestionar los celos, las personalidades, el tiempo… es otra.
Mira lo que pasa con Camila y yo.
Y solo somos dos.
—Pero tú eres la primera esposa—dijo Issei, como si eso lo resolviera todo—.
Tú estás a cargo.
Tú… me mantienes enfocado.
Sin ti, sería un desastre.
Naira alzó la vista para mirarlo.Sus ojos azul grisáceos eran serios.
—¿Y si llega alguien más fuerte que yo?
¿Más inteligente?
¿Más… dispuesta a cumplir todas tus fantasías pervertidas sin poner límites?
Issei la miró,genuinamente perplejo.
—Eso no importa.
Tú eres Naira.
Tú me salvaste.
No solo del hambre en la isla, sino de… de solo ser un tipo con un brazo poderoso y un sueño tonto.
Tú le diste un propósito a todo esto.
—Tomó su mano y la apretó—.
Eso no lo cambia nadie.
Nunca.
Era la verdad simple y contundente de Issei Hyoudou.
No era poético, pero era más sólido que el acero.
Naira sintió un nudo de emoción en la garganta y se acercó para besarlo.
Era un beso lento, profundo, lleno de todo lo que habían vivido juntos.
Un beso que decía “soy tuya” y “eres mío” en el lenguaje más antiguo.
Sin embargo, esos momentos idílicos tenían un interrupctor frecuente: Camila.
No por malicia premeditada, sino por una combinación de mala sincronización y un deseo ardiente de estar cerca de Issei.
Justo cuando el ambiente se volvía más íntimo, aparecía con una pregunta sobre el entrenamiento, una duda sobre una nube en el horizonte, o simplemente se sentaba cerca, mirando el océano con una expresión que claramente deseaba ser incluida.
Naira, al principio, reprimía suspiros de exasperación.
Con el tiempo, aprendió a anticiparlo.
Incluso, en un acto de resignación estratégica, a veces invitaba a Camila a unirse, transformando el momento romántico en una conversación grupal.
Era agotador, pero era el precio de mantener la paz en el barco y de, lentamente, acostumbrar a Camila a la dinámica de que Naira era el centro de la vida emocional de Issei.
Con Camila, la dinámica era diferente.
Era nueva, emocionante, cargada de la adrenalina de lo desconocido y la gratificación inmediata de una admiración absoluta.
Camila lo abrazaba al saludarlo, se reía con ganas de sus chistes malos, y sus ojos verdes brillaban como esmeraldas al fuego cada vez que él hablaba.
Pasar tiempo con ella era fácil.
Hablaban por horas.
Camila le hacía preguntas interminables sobre sus batallas, sobre el Haki, sobre cómo había sobrevivido en la isla desierta.
Issei, siempre halagado por la atención y genuinamente disfrutando de contar sus hazañas, se expandía.
Exageraba un poco, por supuesto, pero en el fondo, era la verdad de su crecimiento.
—¿Y realmente sentiste cómo tu voluntad se volvía un escudo?
—preguntaba Camila, fascinada, durante una de esas charlas.
—Algo así—respondía Issei, flexionando el brazo—.
Es como… querer algo tan fuerte que tu cuerpo responde.
Como cuando quieres proteger a alguien y de repente encuentras fuerza que no sabías que tenías.
—Como cuando me protegiste a mí—dijo ella, bajando la voz, su mirada intensa.
—Eh…sí, algo así —Issei se rascó la nuca, sintiendo un calor que no provenía del sol.
Camila intentó, en más de una ocasión, crear un momento a solas para dar el paso que sentía inevitable.
Buscaba oportunidades cuando Naira estaba concentrada en la navegación o dormitando.
Pero su sincronización era pésima.
Una vez, justo cuando se acercó a Issei en la popa al atardecer con el corazón galopando, Naira salió de la cabina estornudando (por el polen de una planta exótica que habían comprado).
Otra, cuando estaba a punto de hablar, Issei fue llamado urgentemente por Ddraig para un entrenamiento mental.
Parecía que el universo, o quizás la aguda percepción de Naira, conspiraba contra su declaración.
Naira, por su parte, no estaba lista para que eso ocurriera.
Necesitaba más tiempo a solas con Issei, más consolidación de su vínculo antes de introducir una variable tan poderosa como una segunda declaración de amor.
En su mente, el harén era un proyecto a largo plazo, y la incorporación de nuevos miembros debía ser manejada con cuidado, asegurando que su posición como «primera esposa» y administradora fuera inquebrantable.
Camila como amiga y compañera era manejable.
Camila como segunda novia prometida… eso requería preparación.
Issei no descuidó su verdadera religión: el entrenamiento.
Los días en el mar eran un ciclo de sudor, esfuerzo y superación.
Su rutina con la viga de hierro se intensificó.
Ahora, no solo se trataba de golpear, sino de imbuir.
Ddraig lo guiaba desde dentro.
“No solo fuerza, usuario.
Precisión.
Imagina que tu puño es una aguja que debe atravesar no la madera, sino la idea misma de la resistencia.
Concentra tu voluntad en un punto.” Issei golpeaba, y a veces, un área del tamaño de una moneda en la viga se oscurecía ligeramente bajo el impacto, astillándose de manera diferente al resto.
Su Haki de Armadura empezaba a obedecer, a aparecer no en destellos aleatorios, sino cuando él, de manera consciente, ordenaba a su piel endurecerse.
Todavía era inconsistente, requería una concentración profunda que en combate real sería difícil de mantener, pero era progreso.
Camila se unía a él con una devoción que rivalizaba con la suya.
Su cuerpo, ya tonificado por el entrenamiento de la Marina, se sometía a las exigentes rutinas de Issei.
Hacía flexiones, sentadillas, abdominales, y entrenamiento básico con sus nuevos tobikuchi, practicando estocadas y movimientos defensivos contra un poste improvisado.
—¡Tu postura es muy rígida!
—le gritaba Issei, observándola—.
¡Tienes que fluir!
¡El enemigo no va a esperar a que te coloques perfectamente!
—¡Es…difícil!
—jadeaba Camila, el sudor empapando su ropa.
—¡La dificultad es el punto!¡Otra vez!
Naira, viendo esto, intentó unirse al principio.
Quería ser parte de ese esfuerzo, de esa dinámica de superación que veía entre Issei y Camila.
Pero pronto descubrió su límite.
Su cuerpo, aunque sano, no estaba forjado para el castigo físico extremo.
Una sesión de entrenamiento la dejaba agotada, con músculos doloridos que interferían con sus deberes esenciales de navegación y gestión.
Tras unos intentos, con la sabiduría práctica que la caracterizaba, tomó una decisión.
—Yo no voy a ser tu luchadora, Issei —le dijo una noche, masajeándose los hombros adoloridos—.
Mis fuerzas están aquí —señaló su cabeza y luego el mapa de navegación—.
Yo me aseguraré de que lleguemos a donde debemos, de que tengamos provisiones, de que el barco esté en condiciones, y de que no te metas en problemas innecesarios.
Tú y Camila encárguense de meterle los puños a los problemas cuando aparezcan.
Fue una división de roles natural y sensata.
Issei la abrazó, comprendiéndolo.
—Eres la mejor estratega que podría tener.
Sin ti, probablemente ya nos habríamos perdido o habríamos comido una fruta venenosa pensando que era un snack.
—Exacto—sonrió Naira—.
Así que deja el levantar hierros a los jóvenes y fogosos.
Camila, por su parte, florecía bajo el entrenamiento.
En cinco días no se transformó en una superguerrera, pero el cambio, aunque minúsculo, era perceptible.
Sus movimientos eran un poco más fluidos, su resistencia había aumentado, y había una confianza nueva en sus ojos cuando empuñaba sus puñales.
Más importante, cada sesión de entrenamiento era un tiempo sagrado a solas con Issei, donde el contacto físico correctivo y las palabras de aliento alimentaban su creciente afecto.
Pero el entrenamiento más profundo ocurría cuando Issei dormía.
Ddraig, el Dragón Emperador Rojo, no perdía el tiempo.
En el paisaje onírico de la mente de Issei, un dojo etéreo y rojizo se materializaba.
Allí, Issei se enfrentaba no a enemigos de carne y hueso, sino a proyecciones de su propia voluntad y a los instructivos del dragón.
“Tu Haki de Observación es un sentido dormido.
En este lugar, no hay distracciones.
Cierra los ojos del sueño.
¿Qué sientes?” En el sueño, Issei extendía su percepción.
Sentía las «presencias» de formas de energía que Ddraig creaba: unas hostiles, veloces como cuchillas; otras neutras, estáticas; otras, fugaces y engañosas.
Aprendió a distinguir la «textura» de la intención.
La ira era áspera y caliente.
La sorpresa, un chasquido frío.
El engaño, una superficie resbaladiza.
No era infalible, pero su radar se afinaba.
“Y la Armadura.
Aquí, el dolor es una ilusión, pero la lección es real.
Forja tu voluntad no como un muro, sino como una segunda piel.
Flexible como el cuero, dura como el diamante.
¡Hazla TUYA!” Issei combatía contra un oponente espectral que cambiaba de forma, a veces como Barco con su espada, a veces como Numena con su intangibilidad.
Y en esos combates, forzaba su Haki de Armadura a activarse, a cubrir zonas específicas ante ataques específicos.
Un brazo aquí para bloquear, un puño allí para golpear.
El cansancio que sentía al despertar era real, un agotamiento mental que se traducía en pesadez física.
Pero la mejora también lo era.
Ddraig observaba, una presencia colosal y orgullosa en la penumbra del sueño.
“Estás aprendiendo, usuario.
Lento, pero constante.
En este mundo, la voluntad es una espada que muchos empuñan, pero pocos forjan.
Tú estás comenzando a calentar el metal.
Para cuando regreses a tu mundo, si llevas contigo estas lecciones y el poder acumulado… ese mocoso del Dragón Blanco Albion sentirá el verdadero peso de la Bestia Escarlata.” La idea de superar a Vali, una vez una fantasía distante, ahora se plantaba como una semilla de determinación en el corazón de Issei.
Desde el tercer día de viaje, una mancha en el horizonte había comenzado a definirse.
No era una nube.
Era demasiado fija, demasiado masiva.
Para el cuarto día, ya no había duda.
La Reverse Mountain no era una montaña cualquiera.
Era una aberración geológica, un monstruo de roca que se alzaba desde las profundidades del mar para penetrar las nubes.
Su tamaño desafiaba la escala, haciendo que los barcos a su alrededor parecieran insectos.
Y el fenómeno más alucinante era visible incluso a distancia: por uno de sus flancos, un río furioso, una catarata invertida, fluía hacia arriba de la montaña con una violencia que atomizaba el agua en una neblina perpetua.
Era el canal, la fuerza bruta de la naturaleza que servía de ascensor loco para los aventureros lo suficientemente temerarios (o desesperados) para entrar al Grand Line.
El quinto día, la montaña dominaba por completo el mundo.
Era una pared que cortaba el cielo, un recordatorio gigante de que las reglas normales terminaban aquí.
El rugido del agua ascendente era un trueno constante, un bajo primordial que vibraba en el pecho.
El aire olía a ozono y a sal pulverizada.
Issei, Naira y Camila se reunieron en la cubierta, una mezcla de ansiedad y determinación en sus rostros.
—Allí está —dijo Naira, su voz casi ahogada por el estruendo distante—.
El canal ascendente es ese, el del flanco norte.
Según las notas, debemos abordar la corriente en un ángulo preciso, o nos estrellaremos contra los acantilados de entrada.
—El barco…—murmuró Camila, mirando con aprensión las tablas del Sueño Escarlata.
—Aguantará—afirmó Issei, con más convicción de la que sentía—.
Ha aguantado tormentas y batallas.
Aguantará esto.
Nosotros aguantaremos.
Procedieron a los preparativos finales.
Aseguraron todo lo suelto con cuerdas extra: barriles, herramientas, el propio mástil con refuerzos.
Revisaron que el timón respondiera con suavidad.
Se pusieron sus equipos más resistentes.
Issei se colocó unos guantes gruesos.
Naira se ató el cabello con fuerza y se ajustó un cinturón con su daga.
Camila comprobó el filo de sus tobikuchi y los aseguró en sus fundas.
Luego, el momento crucial.
Se distribuyeron por el barco, atándose a puntos fijos con arneses de cuerda que habían preparado.
Issei se amarró cerca del timón, listo para tomar el control si era necesario.
Naira se sujetó al mástil principal.
Camila a un anillo de hierro cerca de la proa.
—¡Listos!
—gritó Issei, su voz luchando contra el rugido que ahora era ensordecedor.
El Sueño Escarlata fue succionado por la periferia de la corriente.
Fue como si una mano gigante e invisible los agarrara.
La transición fue brutal.
De la relativa calma del mar abierto, pasaron a un torbellino de agua blanca y espuma.
El barco crujió de manera aterradora, cada tablón, cada clavo protestando bajo una presión para la que no fue diseñado.
Al principio, el ascenso fue relativamente lento, una subida empinada pero constante.
Luego, la corriente los atrapó por completo.
La velocidad aumentó de forma exponencial.
El mundo se convirtió en un borrón de roca gris que pasaba a un lado a una velocidad demencial, y de agua blanca hirviente por todos lados.
El viento les azotaba el rostro con la fuerza de un martillo.
Era imposible hablar, imposible pensar.
Solo podían aferrarse, con los músculos tensos hasta el límite, los dientes apretados, rezando para que el siguiente crujido no fuera el de la quilla partiéndose.
Issei sentía el barco como una extensión de su propio cuerpo, un animal aterrorizado que él intentaba calmar con su voluntad.
¡Aguanta!
¡Por el harén!
¡Por Naira!
¡Por el nuevo barco!
¡AGUANTA!
El ascenso parecía una eternidad, una espiral vertiginosa hacia el cielo.
Hasta que, de repente, la presión cambió.
La inclinación disminuyó.
La velocidad seguía siendo monstruosa, pero ahora era horizontal.
Habían llegado a la cima de la Reverse Mountain.
Por un instante, hubo una calma relativa, el rugido amortiguado, la vista de un cielo increíblemente cercano.
Estaban en la cresta del mundo, en un río que corría por la cima de una montaña hacia el otro lado.
Y entonces, el barco, impulsado por la velocidad acumulada, salió de la corriente de agua y se proyectó al aire.
Voló unos metros, suspendido en un silencio surrealista sobre el abismo.
En ese preciso instante, el tiempo pareció dilatarse.
Desde otra de las corrientes ascendentes, desde un canal diferente que convergía en la misma cresta, otro barco fue catapultado al aire.
Era una galera de tamaño mediano, con una proa adornada con una alegre y tosca cabeza de carnero.
Su casco estaba pintado de colores vivos, y en el mástil principal, ondeaba una bandera que Issei no reconoció: una calavera sonriente con un sombrero de paja.
Sobre su cubierta, un grupo de figuras gritaba.
Un chico con un sombrero de paja estiraba sus brazos de manera imposible para agarrar partes del barco.
Un hombre con tres espadas y el pelo verde gritaba blasfemias.
Una chica de cabello naranja y un hombre con una nariz larga chillaban de terror.
Y un hombre rubio con un ceño extrañamente curvado intentaba mantener el timón.
Era el Going Merry.
Y su tripulación, los futuros infames Sombreros de Paja, liderados por Monkey D.
Luffy.
Los dos barcos, el humilde Sueño Escarlata con sus tres tripulantes aferrados y asustados, y la caótica galera carnero con su banda de forajidos en pleno grito, cruzaron sus trayectorias en el aire, en la cima del mundo.
Sus miradas se encontraron por una fracción de segundo.
Issei vio al chico del sombrero de paja, cuya expresión de pánico se transformó por un instante en una amplia sonrisa de puro éxtasis ante la locura de la situación, y le gritó algo que se perdió en el viento.
Luego, la gravedad reclamó su derecho.
El Sueño Escarlata cayó de nariz hacia la corriente descendente, la que fluía hacia el Grand Line.
La caída fue aún más terrorífica que el ascenso.
Un descenso casi vertical, un tobogán de agua hacia lo desconocido.
Issei, Naira y Camila gritaron, una mezcla de miedo, adrenalina y una excitación salvaje que solo el borde de la muerte puede provocar.
Mientras se precipitaban, el sonido de las risas y gritos del otro barco se perdió detrás de ellos, en la cima de la montaña.
No hubo tiempo para más.
No hubo presentaciones.
Solo un cruce de destinos, un instante compartido en el vértice de la locura, que quedaría grabado en sus memorias como un presagio.
El Sueño Escarlata impactó con el agua de la corriente descendente con un golpe que sacudió hasta los dientes, pero milagrosamente no se hizo añicos.
Luego, fue arrastrado, ahora cuesta abajo, a una velocidad endemoniada, hacia el mar que se abría ante ellos: un mar de un azul más profundo, más vivo, más extraño.
Un mar donde el viento olía a aventura, a peligro y a sueños imposibles.
Habían superado la Reverse Mountain.
Habían entrado al Grand Line.
Aturdidos, mojados, con el corazón aún a galope, Issei, Naira y Camila se miraron.
En sus ojos había terror residual, pero, sobre todo, un brillo nuevo, un fuego encendido.
Habían sobrevivido.
Y frente a ellos, iluminado por un sol que parecía más brillante, se extendía el Paraíso.
Sin saberlo, el aleteo de la mariposa de su encuentro fugaz con el futuro Rey de los Piratas ya había comenzado a alterar la corriente del destino.
Sus caminos, trazados por el Log Pose y los sueños, se encontrarían de nuevo.
Pero eso era una historia para otro día.
Hoy, solo había supervivencia, y el vasto, tremendo océano que ahora los reclamaba como suyos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Lo prometido es deuda, alcanzamos los 50 votos necesarios para continuar esta historia y aquí les traigo la continuación, esta historia, de ahora en adelante se publicará todos los domingos hasta que se acabe, voten si les gustó el episodio y si gustan apoyenme en mi Patreon para seguir escribiendo más de estás historias.
Mi Patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com