Issei en el grand line - Capítulo 16
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16: Capitulo 15: Una pista 16: Capitulo 15: Una pista El mar del Grand Line, una vez que dejaban atrás la isla de la pesadilla púrpura, parecía querer compensarlos.
Los días de navegación que siguieron fueron de una tranquilidad casi idílica.
Un sol cálido pero no abrasador, brisas constantes que hinchaban las velas del Sueño Escarlata con propósito, y un oleaje manso que mecía el barco como una cuna.
Fue en este escenario de paz donde las últimas sombras del trauma dejado por Mesmer se disiparon finalmente.
La recuperación no fue instantánea.
Las primeras noches, Naira se despertaba sudando frío, con la sensación de garras mentales tratando de hurgar de nuevo en su voluntad.
Camila, por su parte, tenía episodios de silencio absoluto, mirándose las manos como si aún pudieran empuñar un arma contra su voluntad.
Pero Issei, con una sensibilidad que a menudo su torpeza pervertida ocultaba, fue su ancla.
No con grandes discursos, sino con gestos pequeños y constantes.
Un abrazo fuerte y silencioso para Naira cuando la veía palidecer al anochecer.
Una mano firme en el hombro de Camila durante los entrenamientos, acompañada de un “tu forma mejora cada día” dicho con genuino orgullo.
Complacía a ambas, no de manera grandilocuente, sino con detalles: le traía a Naira la fruta más jugosa de las provisiones porque sabía que era su favorita, y elogiaba la precisión de Camila con los tobikuchi, sugiriendo pequeños ajustes que la hacían sentirse vista y valorada como guerrera.
Naira, como la novia oficial y prometida, fue la primera en sanar por completo.
El amor de Issei, sólido e inquebrantable como el acero de su voluntad, era el mejor antídoto contra el recuerdo de la violación mental.
Ella veía sus esfuerzos, sentía su protección constante, y eso sellaba las grietas en su confianza.
Sin embargo, un nuevo sentimiento comenzó a germinar en ella mientras observaba la interacción de Issei con Camila.
Al principio, un puñal de celos, afilado y familiar, se clavaba en su costado cada vez que Issei dedicaba una sonrisa especialmente amplia a Camila, o cuando la corregía en el entrenamiento con una cercanía física que a Naira le parecía excesiva.
Pero, con el paso de los días, el puñal perdió filo.
Lo que veía no era a Issei siendo desleal, sino a Issei siendo Issei: un hombre de corazón enorme, incapaz de dejar sufrir a alguien a quien consideraba suya, y cuya naturaleza pervertida y protectora se extendía de forma natural a cualquier mujer hermosa que demostrara lealtad y necesidad.
Camila, por su parte, se aferraba a cada muestra de afecto de Issei como a un salvavidas.
Su culpa se transformó, lenta pero firmemente, en una devoción aún más profunda.
Ya no era solo la admiración por el héroe que la salvó; era un amor complejo, teñido de gratitud, de un deseo de redimirse ante sus ojos, y de una atracción física que el entrenamiento compartido y la cercanía no hacían más que avivar.
Cada “bien hecho” de Issei era una inyección de éxtasis.
Cada contacto casual, un fuego que recorría su piel.
Naira lo observaba y, para su propia sorpresa, empezó a no sentir enojo, sino…
una curiosidad resignada.
“Si este es su sueño, y él es así…
¿podré yo ser tan egoísta como para negárselo?
¿Y negárselo a ella, que claramente lo adora y ha sufrido también?” Una tarde, mientras Issei ayudaba a Camila a practicar una llave de defensa, viendo cómo la pelirroja se sonrojaba intensamente bajo su cercanía, Naira se encontró sonriendo con una mezcla de exasperación y afecto.
“Es un pervertido sin remedio.
Pero es mi pervertido.
Y si su corazón es tan grande como sus…
ambiciones, quizás haya espacio para más.” Luego, un pensamiento más atrevido cruzó su mente: “Además, si es tan resistente como parece, capaz y tiene estamina infinita…” Se sonrojó furiosamente, sacudiendo la cabeza para despejar esa imagen.
No, no.
Eso era ir demasiado lejos, demasiado pronto.
Pero la semilla de la aceptación estaba plantada.
La navegación continuaba.
El Log Pose, tras recalibrarse en la isla de Mesmer, apuntaba ahora con su cristal verde esmeralda hacia el noreste.
Según los mapas genéricos y la información que los isleños liberados les dieron, la siguiente parada era Isla Canto, un lugar conocido por sus festivales musicales y su puerto neutral, donde piratas de baja monta y marines de rango bajo coexistían en una tregua tensa pero generalmente pacífica.
El viaje, estimaban, tomaría unos cuatro días.
—Dicen que hay una base de la Marina cercana —comentó Naira una noche, estudiando las notas—.
Por eso los piratas no causan muchos problemas allí.
Los atacan antes de que puedan escapar.
Issei notó el leve temblor en su voz.
Se acercó y la rodeó con un brazo.
—¿Te preocupa?
Naira se encogió de hombros, apoyando la cabeza en su hombro.
—Sé que no todos los marines son como Bruto.
Pero…
la institución los protegió.
Los dejó hacer.
Es difícil confiar.
—Lo entiendo —dijo Issei, su voz suave—.
Pero también conociste a Camila.
Ella era marine, y renunció porque su sentido de la justicia era más fuerte que el uniforme.
El mundo no es blanco y negro, Naira.
Hay marines buenos y piratas malos, y piratas que no son tan malos y marines que son unos cabrones.
Nosotros solo tenemos que seguir nuestro camino y juzgar a cada persona que encontremos.
Era una sabiduría simple, pero provenía de la experiencia.
Issei había conocido a piratas despreciables como Barco y Mesmer, pero también había derrotado a marines corruptos.
Naira asintió lentamente.
Tenía razón.
No podía dejar que el miedo al pasado nublara su juicio sobre cada nuevo lugar.
—Solo…
prométeme que si vemos algo que no nos gusta, nos iremos.
—Lo prometo —afirmó Issei, besando su frente.
Camila, que escuchaba desde el timón, sintió un calor en el pecho.
Issei la había incluido en su ejemplo.
Él la veía como un ejemplo de bondad dentro de la Marina.
Eso significaba más para ella que cualquier medalla.
La noche del tercer día de travesía, mientras un manto de estrellas desconocidas y brillantes cubría el cielo, ocurrió algo.
Issei estaba en cubierta, haciendo sus series finales de flexiones bajo la luz de la luna, cuando una voz retumbó en su cráneo con una urgencia que no sentía desde que llegó a este mundo.
“¡Usuario!
¡Alto!” Issei se detuvo en medio de un movimiento, sudoroso y confundido.
¿Ddraig?
¿Qué pasa?
“Una energía…
una firma de poder.
No es de este mar.
No es de este mundo.
Es tenue, muy tenue, pero es inconfundible.
¡Es un eco del sistema!” La voz de Ddraig vibraba con una emoción cruda, una mezcla de anhelo y asombro.
Issei se puso de pie de un salto, el corazón acelerándose.
¿Del sistema?
¿Quieres decir…
de nuestro mundo?
¿De DxD?
“Sí.
No es un portal, no es nada tan potente.
Es un…
residuo.
Un fragmento de algo que cayó aquí a través de la misma grieta que te trajo a ti, quizás.
Es débil, pero está ahí.
¡A unos cinco kilómetros al oeste de nuestra posición actual!” Sin pensarlo dos veces, Issei corrió hacia la cabina donde Naira y Camila revisaban las cartas.
—¡Chicas!
¡Ddraig ha sentido algo!
Les explicó, con palabras entrecortadas por la excitación, lo que el Dragón Emperador le había comunicado.
Naira lo escuchó, sus ojos analíticos procesando la información.
Una pista.
Una posibilidad real, por remota que fuera, de encontrar una manera de regresar.
Sabía lo que eso significaba para Issei.
Y, en el fondo de su corazón, sintió un pellizco de miedo.
¿Regresar?
¿A un mundo del que solo conocía historias de dioses, ángeles y demonios?
Pero luego miró la esperanza pura y desbordante en los ojos de Issei, y el miedo se transformó en determinación.
Donde fuera que él fuera, ella iría.
Eso estaba decidido.
—¿Una pista de cómo volver?
—preguntó Camila, sus ojos verdes abriéndose.
Ella no entendía completamente las implicaciones de “otro mundo”, pero entendía el anhelo en la voz de Issei.
Y si él se iba…
ella no podía, no quería quedarse atrás.
—Entonces…
tenemos que investigar.
—Sí —afirmó Naira, cerrando el mapa con decisión—.
El Log Pose puede esperar.
Esto es más importante.
Ddraig, ¿puedes guiarnos?
“Girar el timón quince grados a babor.
Mantengan ese rumbo.
La firma es estática, no se mueve.” Camila tomó el timón, ajustando el curso con manos firmes.
El Sueño Escarlata se desvió suavemente de su ruta, cortando las oscuras aguas hacia lo desconocido.
Un silencio cargado de expectación cayó sobre el barco.
Issei estaba en la proa, sus sentidos extendiéndose, como si pudiera ver la energía a lo lejos.
Naira se colocó a su lado, tomando su mano.
Camila vigilaba el horizonte, su corazón latiendo al unísono con la emoción colectiva.
La navegación fue tensa y lenta.
Ddraig daba ajustes mínimos.
“Más cerca…
ya casi…
detengan el barco.
Aquí.
Está directamente debajo de nosotros.” Frenaron el barco.
Miraron hacia abajo.
Solo había mar, negro como la tinta bajo el cielo estrellado, salpicado por el reflejo de la luna.
No había isla, ni rocas, ni barco hundido visible.
—Debe estar bajo el agua —concluyó Naira, su voz práctica cortando la decepción incipiente.
—Iré a buscarlo —anunció Issei, empezando a quitarse la camisa.
—¡Espera!
—protestaron ambas al unísono.
—¡Es demasiado peligroso!
¡No sabemos qué hay ahí abajo!
—dijo Naira, agarrando su brazo.
—¡Podría haber monstruos marinos, o corrientes traicioneras!
—añadió Camila, su entrenamiento marinero alertando de los peligros.
Issei les sonrió, una sonrisa llena de confianza draconiana.
—Chicas, relájense.
¿Olvidáis con quién estáis hablando?
Sobreviví meses solo en una isla llena de bestias.
Mi cuerpo no es el de un humano normal, no desde hace tiempo.
La Sacred Gear no solo me da el Boost; está…
cambiándome.
Haciéndome más resistente, más fuerte, adaptándome.
Mis pulmones…
—hizo una inspiración profunda, y pareció inflarse ligeramente— pueden almacenar aire como los de un dragón.
Calculo que puedo aguantar la respiración cómodamente más de dos horas.
Y si hay monstruos, pues ya les he dado una paliza a unos cuantos en la superficie.
Abajo no será diferente.
Era una bravata, pero basada en hechos.
Naira lo miró, viendo la determinación absoluta en sus ojos.
Sabía que no podía detenerlo.
No en esto.
—Muy bien —susurró, su voz ronca—.
Pero prométeme que tendrás cuidado.
Que si algo sale mal, volverás de inmediato.
No somos nadie sin nuestro combatiente principal.
—Y sin nuestro futuro Rey del Harem —añadió Camila, tratando de sonar ligera pero fallando miserablemente, el miedo palpable en su tono.
—Lo prometo —dijo Issei, solemnemente.
Luego, en un gesto que las hizo sonrojar a ambas, les dio un rápido beso en cada mejilla—.
Mantened el barco a salvo.
Regresaré con nuestra pista.
Se desvistió hasta quedar en unos calzoncillos resistentes.
En la borda, respiró hondo una, dos, tres veces, llenando sus pulmones hasta el límite.
Se sentía como un fuelle, una capacidad que no había probado jamás a fondo.
Luego, con una sonrisa de despedida y un pulgar en alto, se lanzó de cabeza al agua oscura.
El impacto fue frío, pero su cuerpo, acalorado por el entrenamiento y la emoción, apenas lo notó.
La oscuridad lo envolvió, pero sus ojos, tal vez otro cambio draconiano, empezaron a ajustarse rápidamente.
Abrió los ojos y un mundo surrealista se reveló ante él.
El mar del Grand Line a cincuenta metros de profundidad era un espectáculo de otro mundo.
Corales de colores fosforescentes que pulsaban con luz propia como corazones subterráneos.
Bancos de peces con formas imposibles: algunos con cuerpos transparentes que mostraban sus órganos brillantes, otros con aletas como encajes que ondeaban en la corriente suave.
Plantas marinas gigantes que se mecían en una danza lenta, y criaturas que parecían más joyas que animales, destellando con destellos de plata y azul eléctrico.
Era hermoso, sereno, y completamente alienígena.
“Dirección: hacia abajo y al suroeste.
La firma es estable, pero profunda.
Cuidado con las termoclina, usuario.
El agua cambia de densidad bruscamente aquí.” Issei nadó, impulsándose con poderosas brazadas.
Su cuerpo se movía con una facilidad sorprendente en el agua, otra habilidad latente.
No sentía la necesidad de respirar, solo una ligera presión en el pecho que era más psicológica que física.
Siguió las instrucciones de Ddraig, descendiendo en espirales suaves.
Vio más maravillas: un calamar gigante y pacífico que flotaba como un zeppelín viviente, ignorándolo por completo; una morena del tamaño de un tronco con dientes de cristal que lo observó con curiosidad antes de desaparecer en una grieta; jardines de anémonas que se cerraban a su paso como manos tímidas.
Treinta minutos pasaron.
La luz de la superficie era solo un lejano brillo azulado.
La presión aumentaba, pero su cuerpo, reforzado, la soportaba sin problemas.
No tenía dolor de oídos, ni visión borrosa.
Era como si estuviera hecho para esto.
“Más cerca.
Justo debajo de ti, en una formación rocosa.” Issei miró hacia abajo.
Allí, en un lecho de arena blanca y rocas cubiertas de algas negras, había un pequeño montículo.
Y en su centro, algo emitía un brillo tenue, un púrpura oscuro que parecía absorber la poca luz circundante en lugar de reflejarla.
Se acercó con cuidado, escaneando el área.
No había monstruos guardianes, ni trampas.
Solo el objeto, semienterrado en la arena, como si hubiera caído allí hacía mucho, mucho tiempo.
Lo desenterró con cuidado.
Era pequeño, cabía en la palma de su mano.
Al sacarlo, el brillo púrpura se intensificó por un momento, revelando su forma.
Issei lo miró, confundido.
Era un peón de ajedrez.
Tallado en un material que no era ni madera ni metal, sino algo parecido al ébano pero con vetas de color púrpura oscuro que parecían moverse lentamente en su interior.
Era pesado para su tamaño y frío al tacto, pero una energía familiar, minúscula pero innegable, pulsaba en su núcleo.
“Eso es…
un fragmento de autoridad.
Un artefacto menor del sistema de piezas, usuario”, explicó Ddraig, su voz cargada de asombro y algo de nostalgia.
“En nuestro mundo, se usan para otorgar poder, para sellar contratos…
Esto debe haber sido arrastrado por la distorsión espacio-temporal que te trajo aquí.
Es energía pura del sistema de Evil Pieces, pero incompleta, inerte por sí sola.
Un cascarón vacío de un poder que alguna vez fue.” ¿Una Evil Piece?
¿Como las que usan los demonios para reencarnar a los humanos?
pensó Issei, maravillado y un poco decepcionado.
No era una llave, ni un mapa.
“Sí, pero no es funcional.
No tiene la esencia necesaria para una reencarnación.
Es como…
la caja de una herramienta sin la herramienta dentro.
Sin embargo, su mera existencia aquí prueba que la brecha entre mundos no es impenetrable.
Y si hay uno…
puede haber más.
Quizás otros fragmentos, quizás algo más sustancial.
Este peón es una pista, un faro que nos dice que el camino, aunque esté roto, existe.” Era algo.
No era la respuesta, pero era algo.
Un punto de partida tangible.
Issei cerró la mano alrededor del peón, sintiendo su frialdad y el leve zumbido de energía extraña.
Con renovado propósito, comenzó su ascenso.
Lo hizo lentamente, permitiendo que su cuerpo se adaptara a los cambios de presión, emergiendo como una burbuja silenciosa a unos metros del barco después de cincuenta minutos bajo el agua.
—¡Issei!
—gritaron Naira y Camila, que no se habían movido de la borda.
Lo izaron a bordo, envolviéndolo en mantas secas aunque él apenas tiritaba.
—¿Estás bien?
¿Qué había?
—preguntó Naira, revisándolo frenéticamente.
Issei, todavía jadeando un poco más por la emoción que por el esfuerzo, abrió la mano.
El peón de ébano púrpura descansaba en su palma, pulsando suavemente bajo la luz de la luna.
—Esto —dijo, su voz cargada de un significado enorme—.
Ddraig dice que es del nuestro mundo.
Un fragmento.
Una pista.
Las chicas lo observaron, fascinadas y un poco confundidas por la forma mundana del objeto.
Issei explicó lo que Ddraig le había dicho, sobre las Evil Pieces, los fragmentos de autoridad, la posibilidad de un camino.
Naira lo tomó con cuidado, sintiendo el peso anormal.
—Es…
hermoso.
Y triste.
Como una carta de un lugar que ya no existe.
—Pero existe —afirmó Camila con firmeza, tocando el peón con la yema del dedo—.
Y si este está aquí, significa que podemos encontrar más.
Que podemos construir el camino de vuelta.
La certeza en su voz conmovió a Issei.
La miró, y vio en sus ojos verdes no solo admiración, sino una lealtad feroz, una determinación de seguirlo a donde fuera, incluso a través del velo entre mundos.
Una ola de gratitud y felicidad tan abrumadora lo invadió que no pudo contenerse.
Giró hacia Naira, que aún sostenía el peón, y la tomó de la cintura.
—¡Lo tenemos, Naira!
¡Una pista real!
—Y, sin poder expresar con palabras la magnitud de su esperanza, la besó.
No fue un beso romántico y lento como los que compartían a solas; fue un beso de pura, eufórica alegría, lleno de gratitud por su apoyo, por estar allí.
Naira se sorprendió, pero respondió, sintiendo la corriente de felicidad que fluía de él.
Camila, que estaba justo al lado, observó la escena.
Un dolor agudo, familiar, de celos, le atravesó el pecho.
Pero esta vez, no iba a quedarse callada.
No después de casi perderlo, después de haber luchado a su lado, después de haber sentido su perdón y su calor.
La emoción del momento, la certeza de que su amor no era solo una fantasía, la impulsó.
En el momento en que Issei y Naira se separaron, respirando entre risas, Camila actuó.
Con una determinación que le vino de no sabía dónde, agarró a Issei del brazo, lo giró hacia ella y, antes de que él pudiera articular una palabra, se puso de puntillas y selló sus labios con los de él.
Fue un beso diferente.
Menos experto que el de Naira, más urgente, desesperado y lleno de toda la emoción contenida de semanas: admiración, culpa, gratitud, y un amor profundo y ardiente que ahora se liberaba.
Issei se quedó paralizado por un segundo, su mente procesando: Camila me está besando.
¡CAMILA ME ESTÁ BESANDO!
Y Naira está justo…
Con esfuerzo, rompió el beso (una parte de él protestó vehementemente) y giró la cabeza para mirar a Naira, esperando ver ira, decepción, dolor.
Lo que vio lo dejó sin aliento.
Naira no estaba enojada.
De pie allí, con el peón aún en su mano, los miraba a los dos.
En sus ojos azules había una chispa de sorpresa, seguida de…
¿complacencia?
Luego, sus labios se curvaron en una sonrisa genuina, cálida, y una risa suave y melodiosa escapó de ellos.
No era una risa burlona, sino de puro asombro y una especie de aceptación divertida.
—Bueno —dijo Naira, su voz teñida de esa risa—, supongo que era cuestión de tiempo.
Issei estaba estupefacto.
—N-Naira, yo…
ella…
no quise…
—Cállate, idiota —dijo Naira con cariño, acercándose.
Miró a Camila, que se había apartado, roja como un tomate, mirando al suelo con una mezcla de terror y euforia.
—Él es un imán, Camila.
Ya me había dado cuenta.
Y viendo cómo lo miras, y cómo él te cuida…
—suspiró, pero era un suspiro de resignación feliz—.
No puedo decir que no me den celos a veces.
Pero él…
—le dio un golpecito en el pecho a Issei— tiene un corazón tan grande como sus sueños pervertidos.
Y si su sueño es un harén, y tú quieres ser parte de él…
honestamente, después de todo lo que hemos pasado, después de verte luchar a su lado y por él…
creo que puedo aceptar que haya alguien más a su lado.
Siempre y cuando —añadió, su tono volviéndose firme y mirando a ambos— yo siga siendo la primera esposa.
La estratega.
La que mantiene a este pervertido enfocado y con los pies en la tierra.
Fue una declaración increíble.
Issei la miró, luego a Camila, luego de nuevo a Naira.
Su cerebro pervertido estaba teniendo un cortocircuito de felicidad.
¿Esto está pasando?
¿De verdad?
¿Naira lo acepta?
¿CAMILA ME BESÓ?
Camila, al escuchar las palabras de Naira, alzó la vista.
Las lágrimas asomaron de nuevo a sus ojos, pero esta vez eran de un alivio y una felicidad tan intensos que le dolían.
—¿De…
verdad, Naira?
¿No estás enfadada?
—Celosa, sí —admitió Naira con honestidad—.
Pero no enfadada.
Él te quiere, de su manera.
Y tú…
claramente lo adoras.
Sería una hipócrita si, aceptando su sueño, luego me negara a que se hiciera realidad.
Además —una sonrisa traviesa asomó a sus labios—, si este tonto va a ser Rey del Harem, al menos podemos asegurarnos de que el harén esté lleno de mujeres que de verdad lo valoren y no solo de…
bueno, de piratas locas como Main.
Fue el permiso explícito que Camila necesitaba.
Se volvió hacia Issei, que aún parecía un pez fuera del agua.
Tomó sus manos entre las suyas, sus dedos temblando ligeramente.
—Issei-san…
Issei —dijo, su voz clara y llena de emoción a pesar de los temblores—.
Te amo.
No solo como a un héroe.
Te amo como a un hombre.
Quiero estar a tu lado, luchar a tu lado, proteger tu sueño…
y ser parte de él.
¿Me…
me aceptarías?
¿Como tu…
segunda novia?
La pregunta, directa y valiente, resonó en la cubierta silenciosa.
Issei miró a esta hermosa pelirroja, ex-marine, guerrera en ciernes, que lo había visto como un héroe y ahora lo amaba como a un hombre.
Miró a Naira, su roca, su amor, que le sonreía con una mezcla de amor y complicidad.
Sintió que su pecho iba a explotar de felicidad.
Este era su sueño, haciéndose realidad, pieza a pieza.
—¡SÍ!
—exclamó, sin dudarlo ni un instante, su voz potente llenando la noche—.
¡Claro que sí, Camila!
—La levantó en un abrazo que hizo girar a ambos, haciendo que ella gritara entre risas y lágrimas.
Cuando la bajó, la besó de nuevo, esta vez con menos sorpresa y más intención, sellando su nueva relación.
Luego, sin soltarla del todo, extendió un brazo hacia Naira, quien rodó los ojos pero se acercó, permitiendo que Issei la envolviera a ella también en un abrazo grupal.
Los tres se quedaron abrazados en la cubierta, bajo las estrellas del Grand Line, una nueva dinámica nacida entre ellos, frágil pero prometedora, sellada por un fragmento de otro mundo y por el amor que los unía.
Fue en ese momento de felicidad compartida cuando Naira, siempre práctica, notó algo.
El Log Pose, que había estado fijado en su muñeca, emitía un suave click.
Se separó del abrazo y lo miró.
El cristal verde esmeralda había cambiado.
Ya no apuntaba hacia el noreste, hacia Isla Canto.
Ahora, su aguja se había reorientado por completo, apuntando con una determinación nueva e inquietante hacia el sureste, a un lugar no marcado en sus mapas.
—Chicos —dijo, mostrándoles el dispositivo—.
Nuestra desviación…
ha cambiado nuestro destino.
El campo magnético de la Isla Canto se perdió.
Ahora vamos a otra parte.
A algún lugar…
nuevo.
Issei miró la aguja, luego el peón púrpura que aún sostenía Naira, luego a las dos mujeres a su lado.
Una sonrisa amplia y desafiante se dibujó en su rostro.
Tenían una pista para regresar a casa.
Tenían un nuevo amor en su grupo.
Y ahora, tenían un nuevo destino desconocido que explorar en este océano de locuras.
—Perfecto —dijo Issei, su voz llena de la confianza del Dragón Emperador—.
El Grand Line es un lugar de infinitas posibilidades.
Vayamos a ver qué nos tiene preparado esta nueva isla.
Juntos.
Y así, con el corazón más ligero y el futuro más brillante (y complicado) que nunca, el Sueño Escarlata ajustó sus velas una vez más, dejando atrás el lugar donde recuperaron una esperanza y forjaron un nuevo vínculo, navegando ahora hacia un horizonte completamente distinto, llevando a la Bestia Escarlata, su primera novia y ahora su segunda novia, hacia la siguiente aventura en el glorioso y traicionero Paraíso.
El rompecabezas para regresar a casa tenía su primera pieza, y el harén del futuro Rey, su segundo miembro oficial.
El viaje, de todas formas, apenas comenzaba.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com