Issei en el grand line - Capítulo 20
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20: Capitulo 19: Navegando a lo desconocido 20: Capitulo 19: Navegando a lo desconocido El Sueño Escarlata se deslizaba sobre aguas de un azul profundo e infinito, dejando atrás la silueta cada vez más pequeña de los picos gemelos de Isla Cimera.
El sol de la tarde bañaba la cubierta con una luz dorada que contrastaba fuertemente con la tensión gris y metálica que habían respirado en el puerto.
Alejarse de esa isla no fue solo un cambio geográfico; fue un exhálisis colectivo, una liberación de la presión que se había acumulado en sus pechos desde el momento en que vieron a los civiles esposados.
Issei, con una mano en el timón, sentía cómo la rigidez en sus hombros se disipaba lentamente.
La confrontación con Kael, aunque no violenta, había sido una batalla de voluntades tan agotadora como cualquier pelea física.
El hecho de que hubieran logrado salir sin que la situación escalara a un conflicto abierto era, en gran medida, gracias a la sangre fría de Naira y a su propia capacidad para morderse la lengua cuando era necesario.
Una pelea directa con la Marina en ese momento habría sido un desastre.
No solo por el poder de fuego del bergantín de Kael, sino por las consecuencias a largo plazo: quemar sus puentes con la institución que les pagaba las recompensas, convertirse en fugitivos, y poner en riesgo su misión principal de encontrar más fragmentos para regresar a su mundo.
A veces, la victoria más inteligente es la que no se pelea.
Naira estaba apoyada en la borda, su mirada perdida en la estela que dejaba el barco.
Ver a Cimera desaparecer en el horizonte tenía un significado profundo para ella.
No era solo alejarse de un marine tirano; era dejar atrás el eco más potente de su propio trauma.
Había caminado entre las sombras de su pasado, había visto el uniforme que le había arrebatado todo, y no había huido.
Lo había enfrentado con la cabeza en alto, apoyada por Issei y Camila.
El miedo no había desaparecido por completo, pero ya no la paralizaba.
Se había transformado en una cicatriz, un recordatorio de lo que había superado, no de lo que aún la atormentaba.
Respiró hondo, el aire salino llenando sus pulmones, y sintió que una pesada cadena invisible se rompía en su interior.
Issei tenía razón: ella era más fuerte ahora.
Camila, por su parte, estaba en un estado de reflexión más complejo.
La experiencia en Cimera había sido como mirar en un espejo deformante.
Había visto la versión más extrema de la filosofía que ella misma, en su ingenuidad, había abrazado al unirse a la Marina.
Kael no era un monstruo sádico; era un monstruo de convicción, y eso era, de alguna manera, más inquietante.
Pero también le había mostrado algo sobre sí misma: su propia justicia era diferente.
Era más flexible, más humana.
No se basaba en la erradicación del mal, sino en la protección de los inocentes.
Y estaba aquí, en este barco, con un cazarecompensas pervertido y una princesa exiliada, porque ese era su lugar.
Su justicia no necesitaba un uniforme; necesitaba un corazón.
Y el suyo, aunque golpeado, latía con fuerza al lado de Issei.
La tarde transcurrió en una rutina pacífica que, después de los últimos días, sabía a gloria.
Issei, después de ceder el timón a la confiable brújula y al viento constante, se dedicó a su verdadera religión: el entrenamiento.
La cubierta del Sueño Escarlata se convirtió una vez más en su dojo flotante.
Flexiones, sentadillas, golpes a la viga de hierro, y la práctica constante de su Haki de Armadura, que ahora podía mantener durante varios segundos seguidos en sus nudillos, creando un brillo negro mate y sólido que satisfacía incluso a Ddraig.
“Mejor, usuario.
Tu voluntad se está convirtiendo en acero.
Pero recuerda: la armadura no sirve de nada si el enemigo no puede golpearte.
La Observación debe ser tu primera línea de defensa.” Issei asentía mentalmente, cerrando los ojos y extendiendo su percepción.
El Haki de Observación se había vuelto más nítido.
Podía sentir a Naira en la cabina, revisando los mapas con una concentración serena; podía sentir a Camila, que se acercaba a la cubierta con una determinación ardiente en su presencia.
Y más allá, la vida marina: bancos de peces, las corrientes sutiles, la respiración misma del océano.
Era un radar cada vez más fino.
Camila se unió a él sin decir palabra, como ya era costumbre.
Se colocó frente a él, adoptando una postura de combate.
Issei sonrió, dejando a un lado su entrenamiento en solitario.
—¿Lista para tu sesión de tortura diaria?
—bromeó.
—Siempre —respondió ella, con una sonrisa desafiante.
El entrenamiento de Camila había progresado notablemente.
Ya no era la novata torpe que apenas podía seguir su ritmo.
Sus movimientos eran más fluidos, su resistencia había aumentado, y su comprensión del combate se volvía más instintiva.
Hoy, Issei decidió enfocarse en el Haki de Observación con ella.
—Cierra los ojos —ordenó—.
Voy a atacar con movimientos lentos al principio.
Quiero que los sientas antes de que lleguen.
No los veas, no los escuches.
Siéntelos.
Camila obedeció, su respiración calmándose.
Issei comenzó a mover su mano en lentos arcos, a veces deteniéndose, a veces acelerando.
Al principio, ella no reaccionaba.
Pero después de unos minutos, su cuerpo empezó a moverse ligeramente, esquivando los golpes imaginarios antes de que Issei completara el movimiento.
Era un progreso sutil, pero real.
Su Haki de Observación estaba despertando, alimentado por su deseo de proteger y de no ser una carga.
—Bien —dijo Issei, genuinamente impresionado—.
Ahora, intenta con el de Armadura.
Concéntrate en tu puño.
Imagina que es una roca, un diamante.
Quiere ser duro.
Camila apretó el puño, el esfuerzo visible en su rostro.
Por un instante, Issei juró ver un tenue brillo oscuro, casi imperceptible, en sus nudillos.
Pero se desvaneció tan rápido como apareció.
Ella abrió los ojos, frustrada.
—Casi —la animó él—.
Eso es más de lo que tenías ayer.
Sigue así.
Naira, que había salido a cubierta con una taza de té, observaba la escena con una sonrisa cálida.
Ver a Issei entrenar a Camila, ver el esfuerzo y la dedicación de ambas, le llenaba de una paz que no había sentido en días.
El barco, con sus tres ocupantes, era un hogar.
Un hogar extraño, pero un hogar.
La tarde avanzó hacia el atardecer, pintando el cielo de tonos naranjas y púrpuras.
Issei tomó el timón, dejando que la brisa fresca le diera en el rostro.
Naira se colocó a su derecha, apoyada en la barandilla, y Camila a su izquierda, todavía recuperando el aliento después del entrenamiento.
Era una imagen de tranquilidad idílica, el tipo de momento que hacía que todos los peligros del Grand Line parecieran valer la pena.
El silencio era cómodo, roto solo por el crujir de la madera y el suave chapoteo de las olas contra el casco.
Hasta que no lo fue.
¡CRAC!
Fue un sonido sordo, no violento, pero claramente el impacto de algo contra el barco.
No el raspado de una roca, sino un golpe más hueco, como de madera contra madera.
El Sueño Escarlata se sacudió ligeramente, y los tres se sobresaltaron.
—¿Qué fue eso?
—preguntó Naira, su mano yendo instintivamente hacia su daga.
Issei ya estaba en la borda, asomándose.
Allí, flotando a la deriva y ahora rozando suavemente el costado del barco, había un pequeño bote salvavidas.
Era de madera, de unos tres metros de eslora, con un mástil roto y las velas hechas jirones.
Y en su interior, dos figuras yacían inmóviles.
Un hombre y una mujer.
El hombre, de complexión robusta y vestido con ropas de cuero oscuro, estaba recostado sobre unos barriles, con el rostro pálido.
La mujer, más joven, de cabello negro azabache y rasgos afilados, llevaba una camisa blanca rasgada y pantalones ajustados, y yacía boca abajo en el fondo del bote.
Ambos parecían inconscientes, víctimas de alguna tormenta o ataque.
El instinto inmediato de Issei fue de compasión.
—¡Hay dos personas!
¡Están heridas!
¡Tenemos que subirlos!
—exclamó, moviéndose para buscar una cuerda.
Pero antes de que pudiera dar un paso, la voz de Ddraig resonó en su mente con una urgencia que le heló la sangre.
“¡Usuario, ALTO!
¡No te acerques!” Issei se detuvo en seco.
¿Ddraig?
¿Qué pasa?
“Usa tu Haki de Observación.
Ahora.
No te dejes cegar por tu corazón blando.
Mira.” Issei cerró los ojos, concentrándose.
Extendió su percepción hacia el bote, hacia las dos figuras inertes.
Al principio, todo parecía normal.
Pero entonces, su Haki, afinado por semanas de entrenamiento y combate, detectó algo sutil, casi imperceptible.
Las presencias de las dos personas no eran las de alguien inconsciente o moribundo.
No tenían la debilidad, la pasividad de un cuerpo vencido.
Eran presencias contenidas, agazapadas, como gatos al acecho.
Su respiración era controlada, sus corazones latían con una calma deliberada.
Era una actuación.
Una trampa.
Abrió los ojos, y su expresión cambió.
La compasión se transformó en una cautela afilada.
Miró a Naira y a Camila, que lo observaban esperando instrucciones.
—No son náufragos —dijo en voz baja, pero con una certeza absoluta—.
Es una emboscada.
Están fingiendo.
Naira se tensó, su mano apretando la daga.
Camila, sin mediar palabra, se colocó en una posición de combate, sus ojos escudriñando el bote.
—¿Estás seguro?
—preguntó Naira.
—Mi Haki lo está.
Ddraig también lo sintió.
Todo esto es demasiado conveniente.
Un bote a la deriva justo en nuestra ruta, justo cuando estamos solos en medio del mar…
—Issei negó con la cabeza—.
Vamos a seguirles el juego.
Los subiremos, pero estaremos preparados.
Camila, tú conmigo.
Naira, quédate atrás, en la cabina, pero con la puerta abierta.
Si pasa algo, no intervengas a menos que sea necesario.
Nosotros nos encargamos.
Naira asintió, aunque su rostro mostraba preocupación.
Confiaba en Issei, pero el miedo a una trampa era real.
Se retiró a la posición acordada, su daga lista pero oculta.
Issei y Camila se acercaron a la borda.
Con movimientos coordinados, lanzaron una escalera de cuerda al bote y bajaron.
El contacto con la madera del pequeño bote fue deliberadamente ruidoso.
Issei se acercó primero al hombre, Camila a la mujer.
Simularon revisar sus pulsos, sus heridas.
—Están fríos, pero vivos —dijo Issei en voz alta, para que lo oyeran.
—Aquí igual —respondió Camila.
—Vamos a subirlos.
Tú primero con la mujer.
Yo te sigo con el hombre.
Camila asintió.
Con un esfuerzo fingido, comenzó a atar una cuerda alrededor de la cintura de la mujer.
Issei hizo lo mismo con el hombre.
Luego, usando un sistema de poleas improvisado, comenzaron el ascenso.
Fue un proceso lento y tenso.
Cada segundo, Issei sentía las presencias acechantes agazapadas, listas para saltar.
Pero mantuvo la calma.
Cuando los dos cuerpos estuvieron en la cubierta del Sueño Escarlata, yacían exactamente donde los habían colocado.
Issei y Camila se enderezaron, fingiendo cansancio.
Naira, desde la cabina, observaba con el corazón en un puño.
Un segundo.
Dos segundos.
Tres.
Entonces, ocurrió.
Los dos cuerpos se movieron con una sincronización perfecta y aterradora.
En un abrir y cerrar de ojos, pasaron de estar inertes a estar de pie, armas en mano.
El hombre empuñaba un gran cuchillo de abordaje, de hoja ancha y dentada.
La mujer, una daga curva en cada mano, sus ojos negros brillando con una malicia feroz.
—¡Sorpresa!
—gruñó el hombre, lanzándose directamente contra Issei.
—¡Ja!
¡Pilones!
—rió la mujer, sus dagas silbando hacia Camila.
Issei, gracias a su preparación, no fue tomado por sorpresa.
Su cuerpo reaccionó antes de que su cerebro procesara el movimiento.
El Haki de Armadura floreció en su antebrazo justo a tiempo para bloquear el cuchillo de abordaje que se estrellaba contra él con un ¡CLANG!
metálico.
La fuerza del impacto fue considerable, pero Issei ni se inmutó.
—¡Lo sabía!
—rugió, y contraatacó con un puñetazo directo al estómago del hombre.
El pirata, sorprendido por la velocidad y fuerza de la respuesta, intentó esquivar, pero el puño de Issei, imbuido con la fuerza de un Boost instantáneo, lo alcanzó en el costado.
El hombre expulsó el aire de sus pulmones con un jadeo y retrocedió tambaleándose, pero no cayó.
Era duro.
Se recuperó rápidamente, su mirada de sorpresa transformándose en furia asesina.
—¡Bastardo!
¡Estabas preparado!
—Obviamente —respondió Issei, adoptando su postura de combate—.
No soy tan estúpido como parezco.
Mientras tanto, el combate de Camila había comenzado con la misma ferocidad.
La mujer pirata era rápida, muy rápida.
Sus dos dagas creaban una red de acero que buscaba desgarrar a Camila por todos lados.
Camila, sin su tobikuchi desenfundado al inicio, tuvo que hacer una serie de esquivas desesperadas, moviéndose hacia atrás para ganar espacio.
La mujer reía mientras atacaba.
—¡Pobrecita!
¿Dónde está tu espada?
¿O solo sabes poner caritas de ángel?
Camila no respondió.
Su entrenamiento con Issei le había enseñado a mantener la calma bajo presión.
En un movimiento rápido, mientras esquivaba un tajo que buscaba su garganta, desenfundó uno de sus tobikuchi.
El sonido del metal al salir de la vaina fue una declaración de guerra.
—¡Ahora!
—gritó, y en lugar de seguir retrocediendo, dio un paso adelante, su espada corta encontrándose con las dagas de la pirata en un choque de acero.
¡CLING!
¡CLANG!
¡CLING!
El duelo de espadas que siguió fue intenso y rápido.
La mujer pirata era una combatiente experimentada, con años de peleas callejeras y abordajes a sangre fría.
Sus movimientos eran sucios, impredecibles, pero efectivos.
Camila, en cambio, había sido entrenada en la Academia de la Marina con técnicas más estructuradas, y luego pulida por el entrenamiento brutal de Issei.
Su estilo era una mezcla de disciplina y adaptación instintiva.
Los primeros segundos fueron de puro intercambio.
La mujer atacaba con furia, buscando abrumar a Camila con velocidad.
Camila bloqueaba, esquivaba, retrocedía un paso, luego otro.
Pero no cedía terreno crítico.
Sus ojos, verdes como el mar, estaban fijos en los movimientos de su oponente, buscando patrones, buscando una apertura.
Issei, mientras luchaba contra el hombre, mantenía un ojo en el combate de Camila.
La veía luchar, y sintió una oleada de orgullo.
Su alumna estaba dando la talla.
Pero también sabía que no podía distraerse.
Su propio oponente era un hueso duro de roer.
El hombre, después del primer golpe, se había vuelto más cauteloso.
Blandía su cuchillo de abordaje con una técnica bruta pero efectiva, cada tajo cargado de una fuerza que podía partir un hueso.
Issei usaba su Haki de Armadura para bloquear los golpes más peligrosos, pero el hombre era rápido y obligaba a Issei a moverse constantemente.
“¿Por qué no acabas con él de un solo Boost bien colocado?” preguntó Ddraig en su mente.
Porque quiero ver cómo se desenvuelve Camila, pensó Issei.
Este es su momento.
Confío en ella.
Y confió.
El combate de Camila alcanzó un punto crítico.
La mujer pirata, frustrada por no poder derribar a la “novata”, decidió arriesgar.
Hizo un amago de ataque a la cabeza de Camila, y cuando ella levantó su espada para bloquear, la mujer giró sobre sí misma y lanzó una patada baja, barriendo las piernas de Camila.
Camila cayó de espaldas sobre la cubierta con un golpe sordo.
La mujer se abalanzó, sus dagas listas para clavarse en su pecho.
—¡Muere!
—gritó.
En ese instante, algo ocurrió en Camila.
No fue un pensamiento, ni una decisión consciente.
Fue un sentimiento.
Un deseo abrumador de proteger, de no fallar, de demostrar que merecía estar allí, al lado de Issei.
Cerró los ojos, y en la oscuridad de su mente, sintió la intención asesina de la mujer como una mancha ardiente, sintió la trayectoria de las dagas antes de que empezaran a descender.
Su cuerpo se movió por sí solo.
Rodó hacia la izquierda, un movimiento brusco e instintivo, justo cuando las dagas se clavaban en la madera donde había estado su pecho.
La madera crujió con la fuerza del impacto.
La mujer gruñó, sorprendida por la esquiva imposible.
Camila no perdió el momento.
Mientras la mujer forcejeaba para liberar sus dagas de la madera, ella impulsó su cuerpo hacia arriba y, con un grito de esfuerzo y determinación, clavó su tobikuchi en el abdomen de su oponente.
No fue una estocada profunda, no buscaba matar.
Fue un corte limpio, rápido, quirúrgico, justo en la zona expuesta entre las costillas.
La hoja penetró la piel y el músculo, y la sangre brotó, cálida y escarlata.
La mujer pirata lanzó un alarido de dolor y sorpresa.
Sus manos soltaron las dagas, llevándose instintivamente a la herida.
Dio un paso atrás, tambaleándose, sus ojos negros abiertos por la incredulidad.
Miró a Camila, luego la sangre en sus manos, luego de nuevo a Camila.
Su expresión de furia se desvaneció, reemplazada por una palidez mortal y una creciente debilidad.
Dio otro paso, y sus rodillas flaquearon.
Cayó de lado sobre la cubierta, inconsciente antes de tocar la madera.
Camila se quedó allí, jadeando, su tobikuchi manchado de rojo brillante.
La adrenalina corría por sus venas como fuego líquido.
No podía creerlo.
Lo había hecho.
Ella sola había derrotado a una oponente.
Issei, al ver la caída de la mujer, sintió una alegría tan intensa que casi se olvidó de su propio combate.
Su oponente, al ver a su compañera caída, cometió el error de mirar un segundo hacia ella, distrayéndose.
Fue el único segundo que Issei necesitaba.
Un paso adelante, un giro de cadera, y un puñetazo directo a la mandíbula del hombre.
Esta vez, no se contuvo.
El puño, cubierto por el negro mate del Haki de Armadura y potenciado por un Boost rápido, impactó con la fuerza de un martillo neumático.
El hombre ni siquiera tuvo tiempo de gritar.
Sus ojos se pusieron en blanco y cayó como un saco de patatas, inconsciente antes de tocar la cubierta.
El silencio regresó al Sueño Escarlata, roto solo por la respiración agitada de los tres tripulantes y el suave chapoteo de las olas.
Los dos atacantes yacían inmóviles, uno con una herida sangrante en el abdomen, el otro con la mandíbula probablemente fracturada.
Naira salió corriendo de la cabina, su rostro pálido pero sus ojos llenos de alivio.
Corrió primero hacia Issei, revisándolo frenéticamente.
—¿Estás bien?
¿Te hirió?
—Estoy bien —dijo él, abrazándola un momento para calmarla—.
Ni un rasguño.
Naira asintió, y luego se volvió hacia Camila.
Su expresión cambió a una de asombro y orgullo.
Camila seguía de pie junto al cuerpo de la mujer, mirando su espada manchada de sangre como si no pudiera creer lo que veía.
—Camila —dijo Naira suavemente, acercándose—.
Lo hiciste.
Lo lograste.
Camila alzó la vista.
Sus ojos verdes estaban húmedos, no de dolor, sino de una emoción abrumadora.
—Yo…
la vencí.
Peleé y vencí.
Issei se acercó y le puso una mano en el hombro.
—No solo venciste.
Demostraste lo que vales.
Ese movimiento para esquivar las dagas…
fue puro instinto.
Creo que tu Haki de Observación acaba de dar un salto.
Camila lo miró, y una sonrisa temblorosa pero radiante iluminó su rostro.
—¿De verdad?
—De verdad.
Ahora, tenemos que ocuparnos de estos dos.
La prioridad inmediata era estabilizar a los atacantes.
Issei, con la ayuda de Naira, inmovilizó al hombre con esposas de kairoseki, asegurándose de que incluso si tenía una Fruta del Diablo, no pudiera usarla.
La mujer, herida, requirió más cuidados.
Camila, recuperándose de su éxtasis, usó sus conocimientos de primeros auxilios para limpiar y vendar la herida.
No era mortal, pero debía ser tratada para evitar infecciones.
Una vez vendada, también la esposaron con kairoseki.
Luego, los arrastraron a la pequeña celda del Sueño Escarlata.
No era lujosa, pero era segura.
El hombre, aún inconsciente, fue dejado en el suelo.
La mujer, también inconsciente, fue colocada con un poco más de cuidado, aunque no mucha.
Cuando la puerta de la celda se cerró con un clic metálico, los tres se miraron en la cubierta.
El sol se había puesto por completo, y la luna comenzaba a brillar en el cielo estrellado.
La tranquilidad de la tarde había sido reemplazada por la adrenalina de un combate inesperado y la satisfacción de una victoria.
—Bien —dijo Issei, frotándose las manos—.
Ahora, lo importante: ¿quiénes son estos dos y por qué demonios nos atacaron?
Naira, ya con su mente analítica en marcha, se acercó a la celda y observó a los prisioneros a través de los barrotes.
—No llevan nada que los identifique.
Ninguna bandera, ningún tatuaje que reconozca.
Podrían ser piratas independientes, o…
—hizo una pausa—, o podrían haber sido enviados.
—¿Enviados?
¿Por quién?
—preguntó Camila, frunciendo el ceño.
—No lo sé.
Pero es una posibilidad.
El ataque fue demasiado coordinado, demasiado estratégico.
Fingir un naufragio para acercarse…
eso requiere planificación.
No es el modus operandi de piratas comunes.
Issei asintió, su expresión seria.
—Tienes razón.
Podría ser alguien del pasado de Barco, o de Numena, buscando venganza.
O…
—una idea más oscura cruzó su mente—, podría ser alguien que sabe lo del peón.
Alguien de mi mundo.
La posibilidad era escalofriante.
Si había otros fragmentos, y si alguien más los estaba buscando, su viaje se volvía aún más peligroso.
—No saquemos conclusiones precipitadas —dijo Naira, aunque su tono denotaba que ella también consideraba todas las opciones—.
Cuando despierten, los interrogaremos.
Mientras tanto, tenemos que mantenernos alerta.
Este ataque podría ser solo el primero.
Camila, que había estado en silencio, habló.
Su voz era firme, cargada de la nueva confianza que había ganado en el combate.
—Sean quienes sean, los enfrentaremos.
Juntos.
Como hoy.
Issei la miró y sintió una oleada de gratitud y orgullo.
Su harén, su equipo, se estaba convirtiendo en algo más que un sueño pervertido.
Eran guerreras, cada una a su manera.
Y él las protegería con todo lo que tenía.
—Tienes razón, Camila —dijo, poniendo un brazo alrededor de sus hombros y atrayendo a Naira también—.
Juntos.
Pase lo que pase.
Los tres se quedaron un momento en la cubierta, bajo la luna, con los prisioneros inconscientes en la celda y el vasto mar extendiéndose ante ellos.
El misterio de quiénes eran esos atacantes y por qué los habían abordado era una nueva incógnita en su viaje.
Pero tenían algo más importante: confianza el uno en el otro, y la certeza de que, viniera lo que viniera, lo enfrentarían unidos.
El Sueño Escarlata navegaba hacia el noreste, hacia lo desconocido, llevando a bordo a la Bestia Escarlata, su princesa estratega y su guerrera en ascenso, listos para la siguiente batalla.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Vota si te gusto el episodio y apoyame en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com