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Issei en el grand line - Capítulo 21

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21: Capitulo 20: Organizacion 21: Capitulo 20: Organizacion La noche se extendía sobre el Sueño Escarlata como un manto de terciopelo oscuro salpicado de estrellas desconocidas.

El barco se deslizaba con suavidad sobre las aguas tranquilas, empujado por una brisa constante que hacía cantar a las velas.

Pero a bordo, la paz era solo una ilusión.

En la pequeña celda improvisada en la bodega, dos figuras yacían inmóviles, sus respiraciones apenas perceptibles bajo el efecto de los golpes y la pérdida de sangre controlada.

Issei estableció un sistema de turnos desde el primer momento.

No podían permitirse el lujo de bajar la guardia.

Estos atacantes eran profesionales, y aunque estaban inconscientes y esposados con kairoseki, su mera presencia a bordo era un riesgo.

El primer turno fue para él.

Se sentó en un taburete frente a la celda, la espalda apoyada contra la pared de madera, sus ojos fijos en las siluetas de los prisioneros.

La Boosted Gear en su brazo emitía un tenue calor, un recordatorio de que incluso en la calma, Ddraig vigilaba.

“Son tenaces, usuario.

Su voluntad no se quebró con la derrota física.

Cuando despierten, será una batalla de palabras.” Lo sé, pensó Issei.

Pero tenemos a Camila.

Ella sabe de esto.

El turno de Naira fue más tranquilo.

La princesa, con su serenidad característica, se sentó con un libro de navegación en las manos, levantando la vista cada pocos minutos para verificar que los prisioneros no se movieran.

Su presencia era diferente a la de Issei; donde él irradiaba una energía vigilante y pronta a la acción, ella proyectaba una calma que disuadía cualquier intento de engaño.

Los prisioneros, aún inconscientes, ni siquiera podían percibirlo.

Camila tomó el relevo en las horas previas al amanecer.

Y fue durante su turno cuando los prisioneros comenzaron a mostrar signos de despertar.

La mujer fue la primera.

Un gemido bajo escapó de sus labios mientras sus párpados se agitaban.

La herida en su abdomen, aunque vendada, debía doler como el infierno.

Abrió los ojos lentamente, y lo primero que vio fueron los barrotes de la celda y, al otro lado, a Camila sentada con las piernas cruzadas, sus ojos verdes fijos en ella con una intensidad que helaba la sangre.

—Buenos días, dormilona —dijo Camila, su voz tan suave como el acero recién afilado.

La mujer intentó moverse y sintió el frío del metal en sus muñecas.

Las esposas de kairoseki.

Su rostro, de rasgos afilados y belleza peligrosa, se torció en una mueca de furia.

—Suelta esto, zorra.

—No creo —respondió Camila, sin inmutarse—.

Has intentado matarnos.

Las cortesías quedaron en el bote.

El hombre despertó momentos después, con un gruñido de dolor al intentar mover su mandíbula, que probablemente estaba fracturada.

Sus ojos, pequeños y astutos, evaluaron la situación rápidamente.

Estaban atrapados.

Issei, alertado por Camila, bajó a la bodega poco después.

Naira también se unió, su presencia analítica completando el cuadro.

Los tres se sentaron frente a la celda, un tribunal improvisado en la penumbra de la bodega.

—Vamos a hacer esto simple —comenzó Issei, su voz firme—.

¿Quiénes son?

¿Por qué nos atacaron?

El hombre escupió al suelo, un gesto de desprecio absoluto.

Su mandíbula le impedía hablar con claridad, pero su actitud era elocuente.

La mujer, en cambio, soltó una risa seca y desagradable.

—¿Crees que vamos a decirte algo, cazarecompensas de pacotilla?

Somos profesionales.

Esto no es más que un contratiempo.

—Un contratiempo con esposas de kairoseki y una herida que podría infectarse si no la cuidamos —señaló Naira con calma—.

Podríamos dejarlos aquí, olvidarnos de ustedes.

El mar es grande.

La amenaza implícita hizo que la mujer apretara la mandíbula, pero no cedió.

—Hagan lo que quieran.

No hablamos.

El interrogatorio de Issei duró una hora.

Una hora de preguntas directas, de intentos de razonar, de ofrecer un trato a cambio de información.

Los prisioneros se mantuvieron firmes en su silencio, respondiendo solo con insultos y risas burlonas.

El hombre, a pesar de su mandíbula rota, lograba articular insultos con una claridad sorprendente.

Era frustrante.

Issei sentía que golpeaba una pared de granito.

Finalmente, se levantó, exhalando un suspiro de cansancio.

—No vamos a sacar nada así.

Necesitamos otro enfoque.

Fue entonces cuando Camila sonrió.

No fue una sonrisa amable, ni siquiera una sonrisa de satisfacción.

Fue una sonrisa que transformó su rostro angelical en algo…

diferente.

Una curva lenta y deliberada de sus labios que no llegaba a sus ojos, los cuales permanecían fríos y calculadores.

Era la sonrisa de alguien que sabe algo que tú no sabes, y que está a punto de usar ese conocimiento para hacerte daño.

Issei la vio y, a pesar del contexto, sintió un escalofrío que recorrió su espina dorsal.

Pero al mismo tiempo, una parte de su cerebro pervertido no pudo evitar notar lo fascinante que era esa expresión en el rostro de Camila.

Era peligrosa, sí, pero también había una belleza retorcida en ella, una intensidad que la hacía aún más atractiva.

Dios, pensó, hasta cuando da miedo es hermosa.

Me case, me encanta.

—Déjenmelos a mí —dijo Camila, levantándose y estirando los brazos con una naturalidad inquietante—.

Tengo algunas ideas.

Issei y Naira intercambiaron una mirada.

Naira parecía intrigada; Issei, ligeramente aterrorizado.

Pero asintieron.

Salieron de la bodeja, dejando a Camila a solas con los prisioneros.

Antes de cerrar la puerta, Issei miró hacia atrás.

Camila ya se había sentado en el taburete, frente a la celda, y estaba desenrollando lentamente un rollo de cuerdas que había sacado de su equipo.

Su sonrisa sádica se había ensanchado.

—Bueno —dijo, con una voz que era un susurro melódico y aterrador—, tenemos mucho tiempo.

Hablemos de sus miedos.

Issei cerró la puerta y se apoyó contra ella, respirando hondo.

Naira estaba a su lado, con una expresión de curiosidad.

—¿Crees que lo logrará?

—preguntó Naira.

—Si esa sonrisa es un indicador, esos dos van a cantar como canarios en una hora —respondió Issei, frotándose la nuca—.

Pero, Naira…

¿viste esa sonrisa?

Fue…

aterradora.

Y hermosa.

No sé cómo procesarlo.

Naira soltó una risa suave.

—Bienvenido a la complejidad de las mujeres, Issei.

Podemos ser todo a la vez.

Acepta que nunca nos entenderás del todo y serás feliz.

Desde el interior de la bodega, comenzaron a escucharse los primeros sonidos.

No eran gritos de dolor, no exactamente.

Eran más bien…

ruidos.

Golpes sordos, como de algo blando contra la madera.

Unos gemidos ahogados, seguidos de un lamento prolongado.

Luego, la voz de Camila, clara y cantarina, diciendo algo como “¿Seguro que no quieres contarme?

Esta es mi parte favorita del juego”.

Issei sintió que el sudor frío le recorría la espalda.

Naira, en cambio, tenía una sonrisa de aprobación en el rostro.

—Es más eficiente de lo que pensaba —comentó.

—Eso es…

tortura —dijo Issei, inseguro.

—Es interrogación.

Aprendió en la Academia, supongo.

Y en este caso, los prisioneros son asesinos que intentaron matarnos.

No derrames lágrimas por ellos todavía.

Los sonidos continuaron durante lo que pareció una eternidad, aunque probablemente no fueron más de dos horas.

Issei se mantuvo en cubierta, fingiendo que revisaba las velas y el timón, pero su mente estaba en la bodega, imaginando qué tipo de “juegos” estaría aplicando Camila.

En algún momento, escuchó un grito masculino, seguido de un sollozo.

Luego, un gemido femenino, y después, un largo silencio roto solo por la voz de Camila, que ahora sonaba casi amable, como si estuviera consolando a alguien.

—Ya ves —llegó amortiguado por la madera—, no era tan difícil, ¿verdad?

Ahora, cuéntamelo todo otra vez, desde el principio.

Y esta vez, sin mentiras.

Issei se prometió a sí mismo, en ese momento, que jamás, bajo ninguna circunstancia, haría enfadar a Camila.

No deliberadamente.

Por supuesto, sabía que en una relación, incluso en una tan idílica como la que empezaban a construir, habría roces, discusiones, momentos de tensión.

Era inevitable.

Pero a partir de ahora, su estrategia sería: mantener a Camila feliz, complacida y, sobre todo, lejos de cualquier motivo para usar esa sonrisa con él.

Rezaba para que esos momentos de conflicto no llegaran pronto.

Su sistema nervioso no lo soportaría.

Finalmente, la puerta de la bodega se abrió.

Camila apareció en la escalera, su cabello pelirrojo ligeramente desordenado, un brillo de satisfacción en sus ojos verdes, y gotas de sudor en su frente y cuello.

Su ropa estaba un poco arrugada, pero su postura era triunfal.

En su rostro, una sonrisa amplia, genuina y satisfecha.

—¡Listo!

—anunció, subiendo a cubierta con energía—.

Han cantado como jilgueros.

Hasta me pidieron que parara.

Bueno, él me lo pidió.

Ella se desmayó hace una hora, pero cuando despertó, también colaboró.

Issei la miró, una mezcla de admiración y un residuo de temor en sus ojos.

—¿Qué…

qué les hiciste?

Camila se encogió de hombros con naturalidad.

—Técnicas básicas de interrogación de la Academia.

Nada demasiado creativo, la verdad.

Presión psicológica, privación sensorial controlada, amenazas creíbles basadas en sus propias inseguridades…

y un par de trucos con cuerdas que aprendí de un instructor sádico.

Nada que no se merecieran después de intentar matarnos.

—Su sonrisa se ensanchó—.

Además, fue terapéutico.

Llevaba tiempo queriendo soltar tensiones.

Naira se acercó, claramente impresionada.

—¿Y qué información obtuviste?

Camila hizo un gesto para que se sentaran.

Issei y Naira la siguieron a la pequeña mesa de la cabina, donde Camila desplegó un papel con notas que había garabateado durante el interrogatorio.

—Primero, lo básico.

Estos dos son miembros de una organización de mercenarios llamada Baroque Works.

—Pronunció el nombre con claridad—.

Es una organización secreta que opera en el Paraíso, la primera mitad del Grand Line.

Su estructura es…

peculiar.

Usan un sistema de números y nombres en clave.

Estos dos —señaló hacia la bodega— son agentes de rango medio-bajo.

El hombre se hace llamar “Misterio”, la mujer, “Dama”.

No son nombres en clave oficiales, solo apodos que usan entre ellos.

Su misión era clara: cazar y entregar a cazarecompensas que consideran “problemáticos”.

Issei frunció el ceño.

—¿Cazar cazarecompensas?

Pero nosotros no somos criminales.

No tenemos recompensa.

—Ahí está el truco —explicó Camila, sus ojos brillando con la emoción de desentrañar un misterio—.

Baroque Works no solo caza piratas con recompensa.

También tienen un sistema paralelo.

Distribuyen por todo el mundo, a través de canales ocultos, “avisos de búsqueda” que no son carteles de Se Busca oficiales, pero funcionan igual.

Son básicamente recompensas encubiertas por “información que lleve a la captura de individuos que atenten contra los intereses de la organización”.

Traducción: si alguien les estorba, ponen precio a su cabeza, y sus propios agentes o mercenarios independientes pueden cobrarlo.

—¿Y nosotros les estorbamos?

—preguntó Naira, incrédula—.

Ni siquiera sabíamos de su existencia.

—No les estorbamos directamente —dijo Camila—.

Pero según contaron, su plan era capturarnos, inventar una historia creíble sobre cómo Issei había cometido un crimen atroz —algo tan asqueroso y escandaloso que la Marina no tendría más remedio que aceptar la versión— y con eso cobrar la recompensa encubierta.

Luego…

—hizo una pausa, su expresión endureciéndose—, luego, ellos —señaló de nuevo a la bodega— planeaban reclamarnos a Naira y a mí.

—¿Reclamarlas?

¿Para qué?

—la voz de Issei se volvió peligrosamente baja.

Camila soltó un bufido de desprecio.

—Resulta que son pareja.

Trabajan juntos y, según sus retorcidas mentes, están tratando de “avivar su relación” añadiendo más mujeres a la ecuación.

—Su tono se llenó de asco—.

Básicamente, querían secuestrarnos para que su patético noviazgo con el tipo ese —otro gesto hacia la bodega— fuera más “interesante”.

Naira sintió una oleada de repulsión tan fuerte que casi la hizo estremecerse.

—¿Qué?

¿Ese hombre…

con esa cara…

pretendía…?

—No pudo ni terminar la frase.

La idea era tan grotesca que la indignación le cerraba la garganta.

—Exacto —confirmó Camila, con una mueca de asco—.

Y lo peor es que lo decían con total naturalidad.

Como si nosotras fuéramos objetos que se pueden añadir a una colección.

El muy idiota —se refería al hombre—, a pesar de tener un cuerpo trabajado, tiene una cara que solo una madre podría amar.

Y encima, prepotente.

—Miró a Issei—.

No se comparan contigo, ni por asomo.

Issei, que había estado al borde de la furia, se sintió desarmado por el cumplido inesperado.

—Eh…

gracias, ¿supongo?

Naira asintió con vehemencia.

—Camila tiene razón.

Ese hombre es vulgar.

Su cuerpo puede estar musculoso, pero su rostro es tosco, sus ojos son pequeños y calculadores, y su actitud es repulsiva.

No hay comparación posible con Issei.

—Ella también miró a su prometido con una expresión de admiración sincera—.

Tú, a pesar de ser un pervertido integral, tienes un cuerpo trabajado, una presencia que impone respeto, y tu rostro, cuando no estás baboseando por oppai, es…

atractivo.

No nos rebajaríamos jamás a estar con alguien como ese individuo.

Issei no sabía si sentirse halagado o abrumado.

Dos mujeres hermosas comparándolo favorablemente con otro hombre y declarando, implícitamente, su preferencia absoluta por él.

Era material de sueño pervertido.

Pero el contexto lo mantenía enfocado.

—Dejando de lado el asco que me dan esos dos —dijo, recuperando la compostura—, lo importante ahora es: ¿qué es Baroque Works?

¿Por qué es tan peligrosa?

Camila asintió, volviendo a su tono profesional.

—Baroque Works es una organización secreta muy poderosa en esta parte del Grand Line.

Tienen agentes por todas partes, desde peones como estos dos hasta asesinos de élite.

Su líder es un completo misterio.

Nadie sabe su nombre, ni su rostro, ni siquiera si es hombre o mujer.

Se le conoce solo como Mr.

0.

Pero se dice que tiene una influencia enorme, recursos ilimitados, y conexiones que llegan muy alto.

—Bajó la voz—.

Hay rumores, solo rumores, de que el líder podría estar relacionado con uno de los Siete Guerreros del Mar.

Pero no se sabe cuál, ni cómo.

Naira procesó la información con su mente analítica.

—Una organización secreta con conexiones a un Shichibukai.

Eso es…

preocupante.

Si estos dos no reportan su éxito, sus superiores enviarán a alguien a investigar.

—Exacto —confirmó Camila—.

Ya habrán notado su desaparición.

El que estaba a cargo de supervisarlos es alguien llamado Mr.

7, junto con su compañera, Miss Father’s Day.

Según lo que soltaron estos dos, Mr.

7 es un agente de rango medio-alto, más peligroso que ellos.

Y si él no recibe noticias pronto, empezará a rastrearnos.

Tenían nuestras coordenadas aproximadas.

Issei sintió un peso en el estómago.

No era miedo, sino la conciencia de que se habían metido en algo más grande que una pelea callejera.

Esto era una organización, con estructura, recursos y un poder oculto.

—Entonces tenemos dos opciones —dijo, poniéndose de pie—.

Una: intentar desaparecer, cambiar de rumbo, confiar en que el mar es grande y no nos encuentren.

Dos: prepararnos para cuando vengan.

—La una es poco realista —dijo Naira con franqueza—.

Si tienen recursos y conexiones, nos encontrarán.

El Grand Line no es tan grande cuando sabes buscar.

—Entonces nos preparamos —concluyó Camila, con una determinación feroz en sus ojos—.

Entrenaremos más duro.

Estaremos alerta.

Y si vienen, les daremos una bienvenida que no olvidarán.

Issei la miró y sintió una oleada de orgullo.

Su segunda novia, la ex-marine, se estaba convirtiendo en una guerrera de verdad.

Y su primera novia, la princesa estratega, ya estaba trazando planes en su mente.

—De acuerdo —dijo Issei, su voz firme—.

Mantenemos el rumbo que marca el Log Pose.

No vamos a escondernos.

Si Baroque Works quiere problemas, los tendrá.

Pero mientras tanto, seguimos con nuestro objetivo: encontrar más fragmentos y, con suerte, llegar a tiempo a la siguiente isla sin más sobresaltos.

Los tres asintieron, un pacto silencioso sellado en la penumbra de la cabina.

En la bodega, los dos prisioneros yacían inconscientes, sus sueños probablemente poblados de pesadillas inducidas por la sonrisa sádica de Camila.

El Sueño Escarlata continuó su navegación hacia el noreste, hacia lo desconocido, sin saber que tras ellos, una sombra comenzaba a moverse.

Mientras tanto, en algún lugar del Paraíso…

La habitación era espartana, iluminada solo por la tenue luz de un Den Den Mushi que parpadeaba sobre una mesa de metal.

Un hombre de complexión atlética, con el cabello oscuro peinado hacia atrás y una cicatriz que le cruzaba la ceja izquierda, esperaba con impaciencia.

Llevaba una camisa blanca abierta sobre un pecho musculoso, y en su cinturón, un par de pistolas de diseño extraño.

Era Mr.

7, un agente de rango medio-alto de Baroque Works.

El Den Den Mushi en la mesa había estado mudo durante horas.

Demasiadas horas.

Sus subordinados, la pareja conocida como Misterio y Dama, debían haber reportado ya.

La misión era simple: interceptar a un grupo de cazarecompensas novatos, eliminarlos o capturarlos según conviniera, y reportar.

Nada que dos agentes experimentados no pudieran manejar.

Pero el silencio era ensordecedor.

—Algo salió mal —murmuró Mr.

7, sus dedos tamborileando sobre la mesa.

A su lado, una mujer de belleza fría y serpenteante, con el cabello recogido en un moño alto y vestida con un traje ajustado, observaba con sus ojos de un azul helado.

Era Miss Father’s Day, su compañera asignada.

—¿Crees que los mataron?

—preguntó ella, su voz un susurro.

—No lo sé.

Pero si esos dos fracasaron, significa que el objetivo es más peligroso de lo que parecía.

—Mr.

7 se levantó, tomando una decisión—.

Informaré a Mr.

0.

Necesitamos autorización para rastrearlos.

Si han eliminado a una unidad, son una amenaza.

Y Baroque Works no tolera amenazas sin respuesta.

Miss Father’s Day asintió.

—Tengo las últimas coordenadas de su transponder.

Podemos seguir su rastro.

—Prepara el equipo.

Saldremos en cuanto tengamos el visto bueno.

Horas después, un pequeño pero rápido barco de vela, sin bandera ni marcas distintivas, zarpó de un puerto oculto en una isla remota.

A bordo, Mr.

7 y Miss Father’s Day, armados hasta los dientes y con la determinación de cumplir su misión, comenzaron la cacería.

Las coordenadas de los transpondedores de sus subordinados, aunque débiles, aún emitían una señal intermitente.

No era difícil seguir ese rastro.

El juego había comenzado.

Y en el tablero de Baroque Works, las piezas comenzaban a moverse.

A bordo del Sueño Escarlata, unos días después…

La rutina se había restablecido, aunque con una capa extra de vigilancia.

Issei había intensificado su entrenamiento, y Camila lo seguía con una dedicación aún mayor.

Su confianza en combate, después de su victoria en solitario, se había disparado.

Su Haki de Observación daba pequeños pero constantes pasos, y el de Armadura, aunque esquivo, ya no era una quimera imposible.

En sus momentos de concentración, a veces lograba un brillo fugaz en sus nudillos, un destello que duraba apenas un segundo pero que la llenaba de esperanza.

Naira, por su parte, se había convertido en la centinela silenciosa.

Pasaba horas en el mástil de vigilancia, escudriñando el horizonte con un catalejo, buscando cualquier señal de un barco siguiéndolos.

También había mejorado sus habilidades de navegación, trazando rutas que, aunque seguían el Log Pose, evitaban zonas abiertas donde pudieran ser fácilmente detectados.

—Cualquier cosa, Naira?

—preguntó Issei una tarde, subiendo al mástil para relevarla.

—Nada todavía —respondió ella, bajando el catalejo—.

Pero tengo un mal presentimiento.

El Log Pose sigue firme hacia el noreste, pero cada vez que miro atrás, siento que algo nos observa.

Es irracional, lo sé.

—No ignores tus instintos —dijo Issei, poniendo una mano en su hombro—.

Los míos me han salvado más veces de las que puedo contar.

Si sientes algo, es por algo.

Naira le sonrió, agradecida por su confianza.

—Gracias.

Bajo en un rato.

Camila está preparando la cena.

Hoy toca pescado fresco.

—¡Mi favorito!

—exclamó Issei, su expresión iluminándose con una alegría casi infantil.

Naira rió, sacudiendo la cabeza.

A veces, su novio pervertido era tan simple de complacer que resultaba entrañable.

Bajó del mástil, dejándolo a él con sus pensamientos.

Issei se quedó un momento mirando el horizonte.

El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rojizos.

Era hermoso, pero también un recordatorio de que la noche traía oscuridad, y con ella, la posibilidad de un ataque.

Su Haki de Observación, siempre activo, no detectaba nada inusual.

Pero el presentimiento de Naira le había calado hondo.

Confiaba en ella.

“Usuario”, la voz de Ddraig resonó en su mente.

“He estado analizando la energía del peón que encontramos.

Hay algo que debes saber.” ¿Qué cosa?

preguntó Issei, alerta.

“El fragmento no es solo un residuo inerte.

Es como un…

faro.

Emite una señal extremadamente débil, pero constante.

Si hay otros fragmentos en este mundo, es posible que este los esté llamando.

O atrayendo a otros que puedan sentir su energía.” Issei sintió un escalofrío.

¿Quieres decir que este peón podría estar atrayendo a estos tipos de Baroque Works?

“Es posible.

La energía es de otro mundo, pero ciertos artefactos o seres con sensibilidad especial podrían detectarla.

No lo sé con certeza.

Pero es una hipótesis.” Era una información inquietante.

Si el peón era un imán para problemas, su búsqueda se volvía aún más peligrosa.

Pero también era su única esperanza de regresar a casa.

No podía deshacerse de él.

Gracias, Ddraig.

Lo tendré en cuenta.

Bajó del mástil y se unió a sus chicas en la cena.

El pescado estaba delicioso, y por un momento, la conversación fluyó ligera, alejada de las preocupaciones.

Camila contaba anécdotas de su infancia, Naira compartía recuerdos de su isla antes de Bruto, e Issei, a su manera torpe, añadía comentarios que las hacían reír.

Era un momento de paz, un recordatorio de por qué luchaban.

Pero mientras reían, en la oscuridad del mar, a unos kilómetros de distancia, un pequeño barco sin bandera cortaba las olas con determinación.

A bordo, Mr.

7 ajustaba el rumbo siguiendo la débil señal del transponder, y Miss Father’s Day afilaba sus cuchillas con una sonrisa fría.

La tormenta se acercaba, y el Sueño Escarlata navegaba directamente hacia ella, sin saber que, en el tablero de Baroque Works, se habían convertido en piezas a eliminar.

El choque era inevitable.

Y cuando ocurriera, las consecuencias resonarían más allá de sus pequeñas vidas, sacudiendo los cimientos de la confianza entre el Gobierno Mundial, la Marina y los Siete Guerreros del Mar.

Pero eso, aún estaba por escribirse.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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