Izuku un corazón dividido en 2 - Capítulo 2
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2: Un Abrazo Inesperado 2: Un Abrazo Inesperado El líquido disolvente industrial tenía un olor penetrante y químico, una mezcla agresiva de alcohol isopropílico y esencias cítricas artificiales que finalmente logró romper la tiranía de la brea biológica.
El proceso fue lento y tortuoso; cada centímetro de sustancia que se ablandaba liberaba una pequeña parte de sus cuerpos, pero aumentaba la consciencia de lo cerca que habían estado.
Cuando la mezcla comenzó a burbujear y a perder su rigidez pétrea, Izuku y Nejire sintieron finalmente cómo la presión asfixiante que los mantenía unidos como una sola entidad desaparecía.
Sin embargo, en lugar del alivio que ambos esperaban, una oleada de timidez paralizante y una atmósfera cargada de electricidad estática los golpeó en cuanto el contacto físico se interrumpió.
—¡Libres al fin!
¡Uff, qué pegajoso!
—exclamó Nejire, dando un salto acrobático hacia atrás con su agilidad natural mientras se sacudía los restos de solvente de sus guantes.
Intentó mantener su tono vibrante de siempre, pero sus mejillas conservaban un tinte carmesí que no podía ocultar.
No pudo evitar que su mirada curiosa se cruzara con la de Izuku por una fracción de segundo, una chispa de reconocimiento mutuo que ambos desviaron de inmediato.
Izuku, por su parte, se quedó rígido como una estatua de sal, mirando sus propias botas embarradas como si fueran el objeto más fascinante de la creación.
Sus manos todavía temblaban de forma espasmódica; la sensación fantasmagórica de haber tenido a la chica más alegre, energética y hermosa de los “Tres Grandes” presionada contra su pecho no se borraba con disolvente.
—G-gracias por la ayuda…
y l-lamento mucho lo de…
bueno, todo —logró articular Izuku, pero su voz traicionó su temple heroico sonando dos octavas más alta de lo normal, rompiéndose al final.
No hubo una conversación de despedida romántica ni el intercambio de palabras profundas que uno esperaría tras un rescate.
El caos del deber los reclamó.
Entre el ajetreo ensordecedor de los héroes profesionales dando órdenes, los paramédicos verificando constantes vitales y la policía científica recolectando evidencia con guantes de látex, ambos fueron arrastrados por sus respectivos equipos en direcciones opuestas.
Se aseguraron de que no quedara ni un solo villano oculto en las vigas del techo y embalaron meticulosamente muestras de la brea endurecida para que sirviera como prueba irrefutable en el juicio.
El sol comenzó a descender tras el horizonte industrial, tiñendo el cielo de un naranja crepuscular violento que pronto dio paso a la fría oscuridad de la noche.
El viaje infernal: La perspectiva de Izuku El silencio dentro del coche de lujo de Endeavor era una entidad física, pesada y sofocante.
No era un silencio de paz, sino una calma precursora de una tormenta de fuego.
Endeavor conducía con una postura militar, sus manos enguantadas apretando el volante de cuero con una fuerza que hacía crujir el material.
Shoto miraba por la ventana lateral, su reflejo en el cristal mostrando una expresión pensativa y distante, mientras que Izuku, en el asiento trasero, intentaba fusionarse con el tapizado para desaparecer.
Lamentablemente, Bakugo Katsuki estaba sentado justo a su lado, y el silencio no era algo que él estuviera dispuesto a respetar.
—Oye, Deku…
—comenzó Bakugo, con una voz peligrosamente baja, arrastrando las palabras con una malicia que Izuku reconoció al instante—.
No sabía que tu nuevo y flamante “Don” fuera ser un imán de heroínas.
Primero la de las ondas, ¿y ahora qué sigue?
¿Vas a ir por ahí lanzándote a los brazos de cada chica que use una capa para “salvarla” de un destino terrible?
Qué conveniente, ¿no?
—¡Kacchan, por favor, baja la voz!
—susurró Izuku, sintiendo el sudor frío bajar por su nuca—.
Fue un accidente táctico, el villano atacó desde un punto ciego y yo solo reaccioné…
fue puro instinto de protección.
—Sí, sí, el típico discurso del “héroe sacrificado” que siempre te tragas —interrumpió Bakugo con una sonrisa de lado, sus ojos brillando con diversión cruel—.
Aunque, siendo sinceros, no parecías estar sufriendo mucho ahí dentro.
Tenías la cara tan metida en su cuello que juraría que estabas intentando contarle las vértebras.
¿A qué huele la enérgica de los Tres Grandes, maldito nerd?
¿A flores silvestres o a tu propia desesperación por conseguir novia?
Izuku se puso de un rojo tan intenso que parecía que su piel iba a empezar a emitir luz propia.
—¡No estaba haciendo nada de eso!
¡Estábamos atrapados bajo una presión de varias toneladas!
¡Apenas podíamos expandir los pulmones para respirar, Kacchan!
Bakugo soltó una carcajada seca, corta y explosiva, antes de recostarse en el asiento y cruzar los brazos tras la nuca con prepotencia.
—Si no te gusta la chica de los rizos azules, dímelo de una vez y deja de fingir.
Porque la última vez que fuimos a cenar a la mansión de los Todoroki, estabas mirando a Fuyumi-san con unos ojos de cordero degollado que daban auténtico asco.
Estabas tan embobado que casi te comes el palillo de la comida.
En ese preciso instante, el sistema de climatización del coche pareció detenerse por completo.
El ambiente se volvió gélido por un lado y asfixiante por el otro.
Endeavor apretó el volante con tal magnitud que el cuero cedió bajo sus dedos.
Shoto, por su parte, giró la cabeza con una lentitud mecánica hacia Izuku.
Sus ojos heterocromáticos brillaban con un matiz que Izuku no había visto ni siquiera en el festival deportivo.
—¿Mirabas a mi hermana?
—preguntó Shoto.
Su voz era plana, desprovista de emoción aparente, pero cargada de una amenaza territorial tan densa que el “Sentido de Peligro” de Izuku comenzó a vibrar en la base de su cráneo como si estuviera frente a un villano de rango S.
—¿Mirabas a mi hija con esos ojos mientras compartías mi mesa y comías mi comida?
—gruñó Endeavor desde el asiento del conductor.
Su barba de llamas reales pareció chisporrotear con un fulgor naranja intenso, elevando la temperatura de la cabina varios grados.
—¡N-NO!
¡No es lo que piensan!
¡Kacchan está distorsionando los hechos para divertirse!
—gritó Izuku, agitando las manos frenéticamente frente a su rostro, como si pudiera borrar las palabras de Bakugo del aire—.
¡Fuyumi-san es una persona maravillosa, muy amable y una cocinera excepcional, pero mi admiración es puramente educada!
¡Lo juro por la paz mundial y por All Might!
Bakugo simplemente cerró los ojos, disfrutando del espectáculo de ver a Izuku sudar bajo el escrutinio de los dos hombres más peligrosos de la familia Todoroki.
El resto del camino fue una tortura psicológica: Shoto haciendo preguntas pasivo-agresivas sobre “las intenciones de amistad” y Endeavor lanzando miradas que prometían entrenamientos infernales a través del espejo retrovisor.
Cuando finalmente llegaron a la agencia de Endeavor, Izuku prácticamente salió disparado del vehículo antes de que este se detuviera por completo.
Corrió por los pasillos, saludó a los asistentes con un movimiento de cabeza casi imperceptible y se encerró en su habitación asignada.
Se dejó caer sobre la cama, todavía con el traje de héroe puesto, sintiéndose mentalmente drenado.
El silencio de la habitación era un bálsamo, pero su mente se negaba a descansar.
Al cerrar los ojos, la oscuridad de sus párpados no le traía sueño, sino recuerdos sensoriales.
No recordaba el miedo a la brea, sino la calidez humana.
Podía sentir el eco del cuerpo de Nejire contra el suyo, el roce sedoso de su cabello azul contra su mejilla y, por encima de todo, el recuerdo rítmico de sus corazones latiendo en una sincronía perfecta y frenética.
—Nejire-senpai…
—susurró para el cuarto vacío, sintiendo un nudo en el estómago que era una mezcla de ansiedad, confusión y una extraña alegría que no se atrevía a nombrar.
La otra cara de la moneda: La perspectiva de Nejire Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia en la agencia de Ryukyu, el ambiente era radicalmente distinto, pero no menos cargado de introspección.
Nejire Hado se encontraba bajo el chorro de agua caliente de las duchas, dejando que el vapor inundara el espacio mientras intentaba eliminar cualquier residuo invisible del solvente o de la brea de su piel.
Se quedó allí, inmóvil, dejando que el agua le golpeara la espalda durante mucho más tiempo del necesario.
De manera inconsciente, pasó su mano por su propia cintura, justo en el lugar exacto donde los brazos de Izuku la habían sujetado con una fuerza desesperada y protectora.
Normalmente, Nejire era quien rompía las barreras sociales; ella era la que hacía preguntas invasivas, la que tocaba el cabello de extraños por curiosidad y la que se acercaba demasiado a las personas para analizar sus dones.
Pero esta vez, los papeles se habían invertido.
Alguien había invadido su espacio vital no por curiosidad, sino para protegerla.
Alguien se había convertido en su escudo.
Y por primera vez en su vida, la chica que siempre tenía mil preguntas en la lengua, se había quedado sin palabras.
Solo había podido sentir.
Al salir de la ducha, se envolvió en una toalla suave, se puso su pijama celeste decorado con nubes y se desplomó en su cama, mirando fijamente el techo.
Su habitación estaba llena de vida: peluches de todas las formas, fotos con Mirio y Tamaki, y decoraciones brillantes.
Sin embargo, esa noche, el espacio se sentía extrañamente amplio y vacío.
—Izuku-kun…
—murmuró, enrollando un mechón de su largo cabello azul en su dedo—.
Es menor que yo, pero sus brazos se sentían tan…
sólidos.
Tan seguros.
Se tapó la cara con una almohada de plumas y soltó un grito ahogado de pura excitación y vergüenza.
Recordó con una claridad dolorosa cómo él no la soltó ni siquiera cuando atravesaron la pared de ladrillos, cómo prefirió girar su propio cuerpo para recibir el impacto del hormigón y el escombro antes que permitir que ella sufriera un solo rasguño.
Recordó cómo su mirada verde, generalmente llena de dudas y nerviosismo, se había vuelto tan severa y decidida en el momento del peligro.
—¿Por qué mi pecho se siente tan apretado ahora?
—se preguntó, rodando por la cama mientras sus mejillas volvían a arder—.
Es un junior…
un alumno de primer año…
¡Pero su corazón latía tan fuerte!
¿Iba tan rápido porque estaba asustado por el villano, o sería porque yo estaba…
tan cerca?
Nejire abrazó a su peluche favorito con una fuerza inusual, hundiendo la cara en él.
Normalmente, su mente era un motor incansable de preguntas sobre el funcionamiento del mundo, pero esa noche, todo su intelecto y su curiosidad estaban monopolizados por un solo chico de cabello revuelto y pecas que, probablemente, estaba sufriendo el mismo insomnio al otro lado de la ciudad.
Dos agencias distintas, dos héroes que habían enfrentado a los seres más aterradores del país, pero ambos se encontraban ahora admitiendo una derrota absoluta ante un enemigo invisible y mucho más persistente: un recuerdo táctil que se negaba a abandonar su memoria.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Daoist3kPYhE Soy nuevo en escribir historias este es el primer Fanfics que escribo, dejen sus reseñas y dígame si la todo va muy rápido o falta profundizar la relación etc.
Me alegraría dieran su opinión ya que eso me ayuda a crecer y poder escribir mejores historias en el futuro .
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