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¿Jefe multimillonario? ¡No, solo un marido posesivo! - Capítulo 76

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76: Chapter 76 ¿Quién sale ganando?

76: Chapter 76 ¿Quién sale ganando?

El video era del salón VIP del aeropuerto, el día que volví a Londres.

Alguien lo había editado con mala leche.

Era la definición de “mostrar lo que conviene”.

Cortaron toda la parte donde Vanessa intentó decorarme los órganos internos con un cuchillo.

En vez de eso, empezaba con ella caminando hacia Cary, toda pálida, hecha polvo y con cara de víctima, como si le hubieran partido el corazón.

Terminaba abrazando su herida (que ella misma se hizo) y con Cary cargándola tipo héroe de telenovela, gritando por una ambulancia.

Un performance digno de Oscar, si ignorás que intentó matarme.

Los títulos que pusieron los que publicaron el video eran todos iguales, como si hubieran hecho un curso de “cómo manipular en redes”.

Había lágrimas digitales por la “pobre niña rica” que supuestamente se autoagredió por culpa de un “tipo sin corazón”.

Y los comentarios… era como meterse a un pantano.

Noventa por ciento a favor de Vanessa, la “niña bien” del clan Abrams.

Algunos se preguntaban quién era yo, y hubo quienes dijeron que era la ex de Cary.

Un par de voces cuerdas cuestionaron el show de Vanessa, pero quedaron sepultadas entre cientos de “caballeros blancos” diciendo que Cary la había ilusionado y después la dejó tirada.

“¿Fuiste vos?” soltó Portia.

Solté una risa seca.

“¿De verdad pensás que yo haría eso?”
“Quiero entender quién más lo haría.

Tiene toda la pinta de algo tuyo, pero a la vez, no.

Todo el video busca dar pena por Vanessa.

Pensé que tu estrategia era empujarla a ella con Cary y así escapar vos tranquila.

Esto encaja.”
Me encogí de hombros, aunque no podía verme.

“Había mucho personal en ese salón.

Tal vez alguien subió el video para ganar clics.”
Portia se rió con desdén.

“Sí, claro.

Un random cualquiera con el tiempo y el dinero para pagarle a influencers.

No caigas en esa.”
“En serio, me da igual quién fue”, le dije, recostándome otra vez en esos ridículos almohadones carísimos.

“Lo que importa es lo que genera.”
“¿Lo que genera?

¿Te parece poco?

Si la gente se cree ese video, van a pensar que Cary y Vanessa son un amor imposible malentendido, y que él es un monstruo por rechazarla.

Y vos te lavás las manos total.

Por eso pensé que eras vos.

Pero si no fuiste, ¿fue uno de tus fans?

¿Lochlan, quizás?”
“¡Ja!” Esta vez solté una carcajada sincera.

“Hay cosas en la vida de las que dudo, pero te aseguro que no fui yo, y mucho menos fue mi jefe.”
“¿Entonces quién?”
“¿No sos abogada vos?

¿No manejás ese concepto que dice ‘qui bono’?”
“¿Quién se beneficia?” murmuró Portia.

Y en eso, como si se le encendiera la lamparita, dijo: “¡Ah, claro!

¡Fue Vanessa!”
No lo confirmé ni lo negué.

La verdad, me daba lo mismo.

Bastantes quilombos tenía con mis propios dramas como para ponerme a jugar a Sherlock en el culebrón de los Abrams.

Le conté a Portia: “Cary se mudó a mi edificio.”
“¿¡Qué!?” chilló Portia.

“Pero si se había ido con Vanessa en el aeropuerto.

Eso significaba que la eligió, ¿no?

¡Debería estar firmando los papeles del divorcio, no jugando a las mudanzas!

¿Qué pretende, tener todo junto?”
“Solo Dios sabrá qué le pasa por la cabeza”, suspiré.

“Lo único que quiero es que él y Vanessa se queden juntos para siempre y así por fin el mundo deje de sufrir su telenovela viviente.”
Aunque luego pensé un momento.

“Bueno, tal vez no Vanessa.

Anoche apareció otra mujer llevándolo a casa.

Toda bien vestida y más tranquila que un yogui.”
“¿Y esa quién era?” preguntó Portia, activando su radar de abogada.

“Ni idea.

Pero espero que tenga energías para mantener a Cary bien ocupado… y bien lejos de mí.”
Ya estaba harta de hablar del tipo.

Cambié de tema.

“Hoy voy a ir a casa de mis padres.”
“Uuuuh”, hizo Portia con un sonido entre compasivo y divertido, “¿Querés que te acompañe?

Apoyo moral y eso.”
Estuve tentada.

“Gracias, pero no.

Esto es algo que tengo que enfrentar sola.”
Corté, sintiendo cómo un dolor de cabeza empezaba a punzarme detrás de los ojos.

El momento había llegado.

A estas alturas mis padres ya debían estar enterados del divorcio y, si tenían pulso y wifi, también habrían visto ese maldito video.

Me costó salir de la cama en el ático, practicando un discurso que me sonaba más patético cada vez.

Cuando por fin llegué a la casa de mis padres, era media tarde.

La típica casa familiar con su seto un poco desordenado se veía como un refugio, lo que solo hacía que mi culpa se sintiera peor.

Antes de que tocara la puerta, mi madre, Jenna Galloway, una mujer amable con pantalones cómodos y cárdigan, salió volando y me abrazó fuerte.

Olía a suavizante y amor del bueno.

“¡Hyacinth, mi cielo!

Pasá, pasá.” Me metió dentro mientras gritaba hacia el fondo, “¡Jeremy!

¡Ya llegó!”
Mi papá apareció desde el jardín, con su eterna sonrisa de optimista crónico.

Siempre veía el vaso medio lleno, incluso en medio de una tormenta.

Iba vestido para hacer jardinería, con tierra en las rodillas y una palita en la mano.

“¡Ahí está mi niña!” tronó su voz, lleno de alegría.

“Por el amor de Dios, Jeremy, mirá cómo estás”, refunfuñó mamá, pero con ternura.

“Está ahí afuera desde el desayuno, cavando el mismo trozo de tierra.

Le dije que ya casi es invierno, que las flores se plantan en primavera.

¿Pero me hace caso?

Nooo.”
Papá solo sonrió, tranquilo.

“El tipo del vivero dijo que estas semillas aguantan el frío.

Vale la pena intentarlo, ¿no?”
Mamá puso los ojos en blanco y me señaló a mi papá, como diciendo: “¿Ves a lo que me enfrento?”
Sonreí sin querer.

Lo conocía de memoria; era su forma de evitar el tema incómodo.

Mi divorcio.

Claramente heredé el hablar sin parar por nervios de ella.

Pero ya no podía seguir esquivándolo.

Respiré hondo.

“Mamá, papá, tengo que contarles algo.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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