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¡Jódete, Alfa! Me perdiste para siempre - Capítulo 124

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Capítulo 124: Capítulo 124 Esto es acoso

PUNTO DE VISTA DE SOFÍA

Mi corazón latía a toda prisa.

—Esto es acoso… —dije.

—Esto es cortejo —sonrió—. Hay una diferencia.

Me quedé allí, mirando a Zade con incredulidad.

Su persistencia empezaba a molestarme.

—¡Déjame en paz! —le espeté.

Sin esperar a que dijera nada, me alejé, pero Zade me agarró de la mano.

Me miró. —Tu hermano está a punto de llegar.

Fue entonces cuando oí el rugido del motor de la camioneta de Marco. Zade tenía razón.

Mi hermano. Marco venía por la calle.

El pánico me recorrió como un rayo. Si Marco me veía aquí de pie con Zade, si se daba cuenta de que era el mismo hombre que me había estado enviando regalos caros, que me había estado persiguiendo a pesar de mi matrimonio, se volvería loco.

Sin pensar, agarré la chaqueta de Zade y tiré de él hacia mí, apretándome contra su pecho y hundiendo la cara en su hombro.

Zade se quedó completamente quieto. Podía sentir su corazón martilleando bajo mi mejilla. Podía sentir a su lobo emergiendo a la superficie en respuesta a mi repentina cercanía.

—¿Sofía? —Su voz era áspera—. ¿Qué estás…?

—¡Shhh! —siseé, agarrando su chaqueta con más fuerza—. Mi hermano. No te muevas.

Oí cómo la camioneta de Marco reducía la velocidad al pasar a nuestro lado. Por el rabillo del ojo, pude ver que nos miraba, pero desde su ángulo, solo vería la espalda de Zade.

Para él, Zade era probablemente solo otro lobo alfa que se había detenido a hablar con alguien en la calle.

La camioneta siguió de largo y giró en la esquina hacia la entrada trasera de la casa principal.

Solté un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.

Pero cuando intenté apartarme, los brazos de Zade me rodearon, manteniéndome en mi sitio.

—¿Qué estás haciendo? —exigí, con la voz ahogada contra su pecho.

—Disfrutando del momento —dijo, y pude oír la sonrisa en su voz—. Esta vez viniste a mí por voluntad propia.

—Me estaba escondiendo de mi hermano, no… —empujé contra su pecho, pero no se movió—. ¡Suéltame!

—En un minuto. —La mano de Zade subió para acunar mi nuca y pasó sus dedos por mi pelo—. Es la primera vez que te permites tocarme sin salir corriendo inmediatamente. No voy a desperdiciarlo.

—Esto no es…, no era mi inten… —Mis protestas se extinguieron al darme cuenta de lo perfectamente que encajaba contra él.

Mi loba ronroneó, la muy traidora.

—Tu corazón está acelerado —murmuró Zade—. ¿Es miedo? ¿O alguna otra cosa?

—Miedo —mentí—. Definitivamente, miedo.

—Mentirosa. —Se apartó lo justo para mirarme—. No me tienes miedo, Sofía. Tienes miedo de cómo te sientes cuando estás cerca de mí.

—No siento nada…

—¿Ah, no? —Me tomó la mano, la que todavía se aferraba a su chaqueta, y la apretó contra su pecho, sobre su corazón—. ¿Sientes eso? Eso es lo que me provocas. Cada vez que te veo. Cada vez que pienso en ti.

Su latido era salvaje bajo mi palma.

—Zade, por favor…

—Eres tan tímida —bromeó—. Es adorable.

Antes de que pudiera responder, se llevó mi mano a los labios y pasó la lengua por la punta de mis dedos.

La sensación envió una descarga eléctrica a través de mí. Mi loba gimió de necesidad y sentí que el calor me inundaba la cara.

¡¿Pero qué demonios?!

—¡Tú…! —Arrebaté mi mano, escandalizada—. ¡Qué asco!

—¿Lo es? —sonrió con suficiencia—. No parecía importarte.

Algo en mí se rompió. Años de ser controlada, manipulada, mangoneada… todo ello afloró en un momento de puro instinto.

Me abalancé hacia delante y le mordí el pecho con fuerza, a través de la camisa.

Zade jadeó. —¿Acabas de…?

No esperé a oír el resto. Lo empujé con todas mis fuerzas, tomándolo tan por sorpresa que se tambaleó hacia atrás.

Entonces corrí.

Corrí directamente a la Mansión Sky, cerrando la puerta de un portazo a mi espalda y echando el cerrojo. Mi madre y Klara me miraban fijamente desde el salón, con los ojos muy abiertos.

—Tía Sofía, ¿por qué tienes la cara tan roja? —preguntó Klara inocentemente.

—Ejercicio —dije, con la voz demasiado aguda—. Estaba… haciendo ejercicio.

—¿Con ese hombre de ahí fuera? —Mi madre enarcó una ceja—. ¿El mismo que envió el peluche de lobo gigante?

—Es complicado.

—Seguro que lo es. —Me lanzó una mirada que decía que ya hablaríamos de esto más tarde—. Deberías prepararte para el trabajo. Vas a llegar tarde.

Miré el reloj y maldije. Tenía razón. Había pasado tanto tiempo lidiando con Zade que ahora iba con retraso.

Subí corriendo a cambiarme, pero el móvil vibró antes de que pudiera llegar al armario.

Era un mensaje de un número desconocido: Me has mordido. Estoy impresionado. Y excitado. Deberíamos repetirlo alguna vez. -Z

Mi cara ardía. Le respondí furiosa: Deja de escribirme. Deja de enviarme regalos. Deja de aparecerte en mi casa. DÉJAME EN PAZ.

Su respuesta llegó de inmediato: No.

Solo eso. Solo un «no» y un emoji de sonrisa socarrona.

Quise lanzar el móvil contra la pared. En vez de eso, me lo metí en el bolsillo y me vestí con manos temblorosas.

El trayecto al trabajo fue borroso. No podía dejar de pensar en el latido de Zade bajo mi palma, en la forma en que me había mirado, en la sensación de sus brazos a mi alrededor, en el…

Aparté esos pensamientos a la fuerza y me centré en la carretera.

Cuando llegué al Hospital Moonstone, llevaba quince minutos de retraso. La Dra. Nancy levantó la vista del puesto de enfermería cuando pasé a toda prisa.

—¿Sofía? Nunca llegas tarde. ¿Está todo bien? —me preguntó.

—Bien —mentí, sin bajar el ritmo—. Solo… una mañana complicada.

Ella enarcó una ceja. —Bueno, pareces agotada. Intenta tomártelo con calma hoy, ¿vale?

La mañana pasó rápido. Me mantuve ocupada con las rondas de pacientes y las consultas. Me volqué en el trabajo, agradecida por la distracción, pero cada vez que tenía un momento de tranquilidad, mi mente volvía a Zade.

Pensé en la forma en que me había abrazado, en la forma en que me había mirado como si yo fuera algo precioso, en la forma en que me había hecho sentir: querida, deseada, vista.

Cosas que Damien nunca me había hecho sentir.

Mi móvil vibraba de vez en cuando con más mensajes de Zade. Los ignoré todos, pero tampoco los borré.

Sobre las dos de la tarde, estaba revisando el historial de un paciente cuando sonó mi móvil. El nombre de Damien apareció en la pantalla.

Consideré no contestar. Habíamos tenido suficientes conflictos últimamente y no estaba de humor para otra pelea.

Pero algo me hizo descolgar.

—¿Qué? —respondí.

—Ashley está en el hospital. —La voz de Damien era tensa—. Urgencias. Tienes que venir ya.

Se me heló la sangre. —¿Qué?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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