¡Jódete, Alfa! Me perdiste para siempre - Capítulo 66
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66: Capítulo 66 Una nueva oportunidad 66: Capítulo 66 Una nueva oportunidad PUNTO DE VISTA DE SOFÍA
Zade nos llevó a un bar tranquilo al otro lado de la ciudad.
Nos sentamos en un reservado en una esquina, lejos de los pocos clientes que había.
—¿Qué quieres beber?
—preguntó Zade mientras se acercaba un camarero.
—Solo agua.
—Todavía me temblaban ligeramente las manos por el enfrentamiento con Damien.
Zade pidió agua para mí y un whisky para él.
Cuando el camarero se fue, él se reclinó y me estudió.
—Lo has hecho bien ahí atrás.
Enfrentándote a él de esa manera.
Suspiré.
—No tenía otra opción.
Mi familia está sufriendo por mi culpa.
—Están sufriendo porque Damien es un bastardo vengativo que no soporta el rechazo.
Eso no es culpa tuya.
—La expresión de Zade era seria—.
Tienes que dejar de responsabilizarte de sus acciones.
—Para ti es fácil decirlo.
No eres tú el que ve cómo su familia lo pierde todo por culpa de mis decisiones.
Zade removió su whisky.
—Los hombres como Damien creen que son dueños de todo y de todos los que les rodean.
Cuando algo no sale como quieren, atacan.
Se trata de control.
Sabía que tenía razón.
Lógicamente, entendía que el comportamiento de Damien era su decisión.
Pero emocionalmente, la culpa seguía carcomiéndome.
Eran personas a las que amaba.
Estuvimos en el bar alrededor de una hora.
Zade mantuvo la conversación ligera, contándome sobre sus negocios y algunas de las situaciones ridículas con las que se había topado.
Cuando finalmente nos fuimos, Zade me acompañó hasta donde estaba aparcado su coche.
—Ven a casa conmigo esta noche —dijo Zade cuando llegamos a su coche—.
No deberías estar sola después de todo lo que ha pasado.
Dejé de caminar.
—Zade, no puedo…
—No en ese plan.
Tengo habitaciones de invitados… —Se giró para mirarme—.
Solo creo que necesitas a alguien cerca.
—Te agradezco la oferta, pero necesito ir a casa para pensar las cosas —le toqué el brazo con suavidad—.
Gracias de todos modos, por todo lo de esta noche.
Zade asintió.
—Al menos, déjame invitarte a cenar alguna vez.
Quería decir que no.
Quería mantener la distancia con Zade porque acercarme demasiado al enemigo de Damien solo empeoraría las cosas, pero él me había ayudado esta noche.
Lo menos que podía hacer era cenar con él.
—Está bien.
Él sonrió.
—De acuerdo.
Me llevó a casa en coche.
Por el camino, me fijé en la gran pantalla promocional de un edificio a mi lado.
Mostraba un anuncio.
Tiffany estaba en la pantalla, guapísima y segura de sí misma en un anuncio de ropa de diseño.
Su sonrisa era perfecta.
Su pelo era perfecto.
Todo en ella era perfecto.
Me quedé mirando la pantalla, comparando su imagen con mi reflejo en el espejo retrovisor.
Tenía los ojos rojos de llorar.
El maquillaje, corrido.
La ropa, arrugada por el largo día.
Yo parecía cansada y derrotada, mientras que ella parecía la dueña del mundo.
El abismo entre nosotras parecía enorme.
Tiffany era joven, guapa y exitosa.
Tenía toda la vida por delante.
Mientras que yo era una madre soltera a punto de divorciarse que luchaba solo por ver a su propia hija.
Que luchaba solo por mantener a su familia a salvo de su vengativo exmarido.
Mi loba gimió en mi interior.
Ella también lo sentía.
*
A la mañana siguiente, mi teléfono sonó mientras desayunaba.
El nombre en la pantalla hizo que mi corazón diera un vuelco.
Profesor Archer.
Mi antiguo mentor de la facultad de medicina.
—Dra.
Sofía.
Espero no llamar demasiado pronto —dijo él.
—Profesor Archer.
No, en absoluto.
Es una maravillosa sorpresa —respondí—.
¿Cómo está?
—Estoy bien.
¿Y tú?
He oído lo de la separación.
Siento que las cosas hayan sido difíciles.
—Gracias.
Me las apaño.
Me pregunté por qué llamaba en realidad.
El profesor Archer no hacía llamadas sociales.
—La razón por la que te llamo es porque tenemos una vacante en nuestro programa de doctorado.
Técnicas quirúrgicas avanzadas e investigación.
Inmediatamente pensé en ti.
—Hizo una pausa—.
Fuiste una de mis estudiantes más brillantes, Sofía.
Creo que este programa sería perfecto para ti.
¿Un doctorado?
La idea me emocionó.
Siempre había querido seguir con mi formación superior, pero Damien me lo había desaconsejado.
—Vaya —musité—.
Es un honor que haya pensado en mí.
—El programa empieza en dos meses —dijo—.
De verdad creo que podrías hacer un trabajo innovador, Sofía.
Después de colgar, me quedé sentada mirando el teléfono.
Un doctorado.
Era una oportunidad de construir algo que fuera solo mío, algo que Damien no pudiera tocar, controlar o arrebatar.
Mi loba se agitó con emoción.
Llamé a Lance.
Contestó al segundo tono.
—¿Sofía?
¿Va todo bien?
—Sonaba preocupado.
Le había enviado un mensaje anoche diciéndole que estaba de vuelta, pero no le había dado detalles.
—Todo bien.
Tengo noticias.
—Tomé aire—.
Ha llamado el profesor Archer.
Me ha ofrecido una plaza en su programa de doctorado: investigación quirúrgica avanzada.
Lance ahogó un grito.
—¡Eso es increíble!
¿Vas a hacerlo?
—Quiero hacerlo, pero ¿no estaré abarcando demasiado?
—dije—.
Tengo que estar ahí para Ashley.
—Tonterías.
—La voz de Lance era firme—.
Este es tu futuro, Sofía.
Hazlo.
—¿Pero qué pasa con Ashley?
Acabo de llegar a un acuerdo con Damien para estar más presente en su vida.
—Estar presente no significa renunciar a todo lo demás.
Puedes ser una buena madre y seguir teniendo tus propios objetivos.
Mi loba estaba de acuerdo con él.
Habíamos pasado demasiado tiempo haciéndonos más pequeñas por Damien.
Era hora de reclamar quiénes éramos.
—Tienes razón.
Voy a hacerlo.
Voy a volver a llamar al profesor Archer y a aceptar.
—Me sentí más ligera solo con decirlo—.
Gracias, Lance.
—Cuando quieras.
Después de colgar con Lance, llamé al profesor Archer y acepté el puesto.
Estaba encantado.
Quedamos en vernos la semana que viene para hablar de los detalles del programa y de mis intereses de investigación.
Cuando terminé la llamada, sentí algo que no había sentido en meses: esperanza.
Esa tarde, conduje hasta Villa Stone para contarle a Damien mi decisión.
Necesitaba ser clara sobre mi horario para que no hubiera confusiones más adelante.
Usé mi llave para entrar de nuevo por la puerta lateral, esperando encontrar a Franca en la cocina.
En vez de eso, entré en el salón y me quedé helada.
Damien estaba allí, en el sofá con Tiffany.
Ella estaba acurrucada a su lado con la cabeza en su hombro.
Él la rodeaba con el brazo.
Estaban viendo algo en la tele.
Ambos levantaron la vista cuando me oyeron.
La expresión de Damien no cambió.
Tiffany sonrió.
—¿Sofía?
—Damien no apartó el brazo que rodeaba a Tiffany.
—Necesito hablar contigo sobre mi horario con Ashley.
—Me obligué a apartar la mirada de ellos.
—Te escucho.
Le expliqué lo del programa de doctorado, lo de las clases nocturnas y las sesiones de investigación de los fines de semana.
Le dije que seguiría viniendo.
Damien escuchó sin interrumpir.
Cuando terminé, habló.
—Bien.
Siempre y cuando estés aquí cuando Ashley te necesite.
Si tiene un evento escolar, se pone enferma o necesita a su madre, lo dejas todo y vienes.
¿Entendido?
—Entendido.
—Odié cómo lo hizo sonar como una orden, como si yo fuera una empleada en lugar de la madre de Ashley.
Pero me tragué mi orgullo—.
Gracias.
—No me des las gracias.
Hago esto por Ashley.
Para que pueda tener una madre que esté realmente presente en lugar de una que esté demasiado ocupada con su propia vida.
Sus palabras me dolieron, pero no reaccioné.
En lugar de eso, me fijé en cómo la mano de Tiffany se había posado en el pecho de Damien.
Vi lo cómoda que se sentía tocándolo.
Mi loba gimoteó.
Desde donde estaba, podía oler el aroma de Tiffany en él.
Podía notar que habían tenido intimidad recientemente.
La idea me hizo sentir enferma, furiosa y desolada, todo a la vez.
—Será mejor que me vaya.
—Me giré hacia la puerta—.
Dile a Ashley que la veré mañana por la mañana.
Salí rápidamente.
Mientras caminaba rápidamente hacia mi coche, mi visión se nubló de lágrimas, pero me negué a dejarlas caer.
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