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Judai Crawford - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 La vida en la Academia de Duelos
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10: La vida en la Academia de Duelos 10: La vida en la Academia de Duelos El lunes finalmente comenzaron las clases.

Aunque en principio, los alumnos de primer ingreso se mostraban impacientes por comenzar a pulir sus habilidades como duelistas, pronto se vieron sepultados por deberes de clases que poco o directamente nada tenían que ver con los duelos.

Uno podría pensar que una escuela que tenía por principal objetivo formar duelistas profesionales se dedicaría precisamente a eso: el Duelo de Monstruos; pero pronto quedó claro que la academia era mucho más que eso, y las clases sobre el juego se mezclaban con otras más tradicionales como lenguaje, matemáticas, ciencias y sociales.

Todo lo anterior era en realidad muy lógico: cualquier departamento de educación competente en el mundo no puede certificar a una escuela como aquella, al menos no si mínimo ofreciera el currículo escolar básico del resto de los colegios de ese nivel en el país, por no decir el planeta.

Así pues, tras las primeras semanas, Judai se instaló en una cómoda rutina muy similar a la que había llevado en el colegio Smith.

De hecho, pronto se dio cuenta de que algunas cosas no eran muy diferentes.

En Smith, MacKenzie y su grupo de «duelistas elite» dominaban con arrogancia la escena de duelos de la escuela, y en la Academia los Obelisco hacían lo propio, viendo a los estudiantes de los otros dormitorios como inferiores.

Y el hecho de que el propio subdirector de la escuela, y actual profesor encargado del dormitorio Azul, fomentara esta actitud simplemente complicaba más las cosas.

Judai fue consiente de dicha actitud en la primera clase que tuvo con él.

A decir verdad, tendrías que estar ciego para no darte cuenta.

Fue una lástima que su clase era prácticamente la única que se centraba en los aspectos estratégicos del duelo.

El profesor Chronos comenzó la clase con preguntas básicas, destinadas a probar que tan avanzados estaban los alumnos en su conocimiento de las mecánicas básicas del juego, y a través de las cuales pronto quedó más que claro su obvio favoritismo.

A los de Osiris les hacía toda clase de preguntas sobre reglas avanzadas, en ocasiones muy obvias trampas destinadas a ponerlos nerviosos y provocar que se equivocaran.

Cuando los pobres estudiantes no eran capaces de responder, los humillaba diciendo frases como: «¿No lo sabe?

No me extraña, tiene suerte de estar aquí».

Mientras tanto, los Obelisco obtenías preguntas que obviamente estaban de acuerdo a su nivel, y en algunos casos tan simples que hasta un niño que recién había comprado su primera baraja de principiantes podría responder.

Aun con todo esto, lo que más molestó a Judai fue el hecho de que luego de unas clases comenzó a ensañarse con Sho y con Hayato, especialmente con el primero.

Constantemente le hacía toda clase de preguntas tramposas y parecía estar haciendo todo lo posible por incrementar sus problemas de seguridad y autoestima.

No es de extrañarse que, luego de su primera clase con el profesor Chronos, Judai terminara apretando los puños con tanta fuerza que casi se hizo daño.

—Cálmate —escuchó a Yubel en su mente—.

Sé que detestas este tipo de cosas, pero no es el momento para actuar.

Al final Judai respiró profundamente para tranquilizarse.

Yubel tenía razón, ya encontraría la manera de darle una lección al profesor de cómo tratar a las personas.

—Signore Crawford —escuchó la voz de Chronos sacándolo de sus pensamientos—, ¿puede dar dos ejemplos de cartas que nieguen invocaciones?

Judai reguló su voz para que saliera lo menos tensa posible a causa de la furia, y respondió: —«Advertencia Solemne»: pagando dos mil puntos de vida, niega la convocación de un monstruo o la activación de un hechizo, una trampa o un monstruo de efecto que permita la invocación especial de uno o más monstruos, y destruye esa carta.

Y «Cuerno del Cielo»: tributando un monstruo niega la invocación normal, de volteo o especial de un monstruo y lo destruye.

Chronos sonrió, mientras Judai se limitó a sentarse con rostro serio.

En su mente, ya planeaba como darle una lección a su profesor.

Esa parte de su personalidad se la debía a Haou, quien siempre tenía planes de venganza contra los que se atrevían a molestarlo.

—Excelente —prosiguió el profesor centrando su atención en toda la clase y sin darse cuenta del enojo de Judai—.

Como podrán darse cuenta, el signore Crawford ha mencionado dos cartas de trampa de efectos similares, cada uno con sus propias ventajas y desventajas.

¿Puede alguien decirme cuales son estas?

En general, admitió Judai más tarde, Chronos no era un mal profesor.

Sí tan sólo su actitud mejorara un poco con respecto al favoritismo y su obvia obsesión con la fama, bien podría llegar a cumplir su objetivo de formar grandes duelistas.

Por otro lado, y también a causa de esa fomentación a la actitud elitista y arrogante de los estudiantes de Obelisco, la reputación de Judai como un duelista de buen nivel se vio rápidamente cuestionada por el hecho de ser un estudiante de Osiris, considerado el más débil de los tres dormitorios.

Y no faltó el estudiante, a veces de tercer grado, que le desafió en duelo para demostrar públicamente que el heredero de Ilusiones Industriales no era la gran cosa como se decía.

Mala suerte para ellos, pues terminaron rabiando y convirtiéndose en la burla de otros Obelisco cuando fueron vencidos con una baraja de Héroes Elementales.

Judai, por su parte, decidió ignorar las intenciones detrás de los desafíos y se limitó a disfrutar de los duelos a su manera, como siempre había hecho.

Afortunadamente, luego de las tres primeras semanas de clases, las cosas se calmaron y los desafíos se volvieron más esporádicos.

Ahora los tres o cuatro duelos que tenía a la semana, eran de duelistas de Ra y Obelisco cuyo único objetivo era demostrar que podían diseñar una estrategia para vencer a sus Héroes, lo cual por supuesto incremento su entusiasmo a la hora de aceptar los retos, puesto que ahora verdaderamente podía sentir como sus oponentes disfrutaban del juego tanto como él, dejando de lado las hostilidades propias de los matones que buscan sólo el humillar a sus oponentes.

Al margen de todo esto, si había un duelo que Judai esperaba con impaciencia, ese era su próximo enfrentamiento contra Kaiser Ryo.

Mientras tanto, se relajaba jugando en privado con Sho, Hayato y Jun.

Los dos primeros parecían beneficiarse de estos duelos libres de la presión de ser calificados o juzgados por toda la escuela; lo cual sin duda era lo que ambos necesitaban, al punto de que Sho comenzó a acumular una racha aceptable de victorias, y Hayato demostró un conocimiento de los monstruos tipo bestia que pocos duelistas podían presumir.

Fue precisamente durante estos duelos de práctica que Hayato pareció percatarse de la presencia de Yubel.

No era extraño que Yubel se manifestara fuera de su carta cuando estaba especialmente aburrida.

Y pronto comenzó a notar como, de tanto en tanto, la atención de Hayato parecía dirigirse hacia ella.

Entrecerraba los ojos o se los tallaba como si estuviera tratando de decidir si necesitaba anteojos o estaba viendo ilusiones.

—Parece que tu amigo puede verme, o al menos intuye mi presencia —susurró a Judai una noche.

El chico fijó su vista en el rostro de Hayato.

Sin duda tenía dibujada la expresión que esperaba encontrar en alguien que viera un espíritu como Yubel, muy similar a la mostrada por Jun aquel día durante su fiesta de cumpleaños.

Durante los siguientes días, tras notar aquello, Judai prestó especial atención al comportamiento de Hayato cada vez que Yubel decidía aparecer fuera de su carta.

Y pronto no hubo la menor duda de que era capaz de verla.

Sabiendo que tenía que hablar con él al respecto.

Decidió que el mejor momento era después de clases, cuando todos —incluidos los maestros— estaban ansiosos por ir a tomar aire, relajarse en los dormitorios o retirarse con sus amigos a la tranquilidad de alguna de las zonas comunes de la escuela.

—Hayato —lo llamó un día antes de que las clases comenzaran—.

¿Podrías esperarme después de clases?

Hay algo importante de lo que tengo que hablarte.

El día se hizo especialmente largo, mientras planeaba bien que iba a decirle.

Por experiencias pasadas, sabía que la mayoría de quienes eran capaces de ver a los espíritus del duelo no siempre tomaban de la mejor manera esa realidad detrás del juego.

Afortunadamente, más temprano que tarde, las clases terminaron por él día y el aula de primer grado poco a poco se quedó vacía, siendo ahora sólo Judai, Sho, Hayato y Jun quienes quedaban en el salón.

Habiendo avisado de antemano a Jun lo que pretendía, este se apresuró a llevar a cabo su parte del plan: alejar a Sho.

—Sho, ¿podrías acompañarme a la tienda de cartas?

Tengo que comprar unos paquetes.

—S-sí, está bien —respondió el chico de anteojos, habiendo escuchado que Judai quería hablar con Hayato a solas.

Desvió su mirada a Hayato, el cual asintió, mostrándose de acuerdo.

—Jun —le llamó Judai antes de que se marchara, sacando un billete de su bolcillo—.

Compra algunos sándwiches.

Escuche que son muy buenos.

Espérennos, enseguida los alcanzamos.

Jun asintió, tomando el billete y alejándose con Sho caminando tras de él con mirada pensativa.

—Viste a Yubel —dijo Judai sin dar rodeos.

—¿Yubel?

—Hayato no entendía a qué se refería con eso.

Judai sacó su mazo y buscó una tarjeta en específico.

Finalmente extrajo la carta de su guardián.

Hayato observó la carta con mudo asombro.

¡Era el mismo monstruo que le había parecido ver cerca de Judai en más de una ocasión!

—¿Cómo es posible?

—preguntó con un timbre de voz que denotaba su miedo.

Yubel apareció tras de Judai poniendo más nerviosos al chico.

—Yubel es un espíritu del duelo —explicó Judai—.

Si lo puedes ver, significa que tienes una conexión especial que uno de ellos.

Son pocos los que son capaces.

Dime algo, ¿alguna vez habías visto algo similar?

Hayato intentó recordar algún momento en el que hubiera visto algo así.

Había algo, un acontecimiento de su infancia más temprana que siempre le había rondado por la cabeza, y que involucraba a su carta preferida, pero… negó con la cabeza.

Eso no podría haber sido real.

¿O tal vez sí?

—Sucedió algo, ¿no?

—preguntó Judai al ver la expresión de su compañero de habitación.

—Bueno, cuando era niño estuve a punto de caer de las escaleras —respondió el mayor—.

Me pareció que Des Koala evitó que llegara al suelo.

Pero, eso seguramente fue un sueño.

—¿Des Koala apareció en forma física?

—preguntó Judai sorprendido.

Se necesitaba de una gran cantidad de energía de duelo para que un monstruo apareciera físicamente en el mundo humano.

—Es posible que ese monstruo sienta un aprecio especial por su maestro —explicó Yubel.

—¿Puede hablar?

—preguntó el Osiris mientras sus ojos se abrían debido a la sorpresa.

—Por supuesto, el que sea un espíritu no quiere decir que no comprenda y pueda comunicarme con los humanos —respondió Yubel con mirada irritada.

—Generalmente sólo los monstruos con apariencia humana pueden hablar —le aclaró Judai—, aunque hay algunas excepciones.

Pero, dime, ¿aún conservas la carta de Des Koala?

—¡Por supuesto!

—respondió Hayato—.

Fue un regalo de mi madre, poco antes de morir, así que es muy preciada para mí.

—¿Puedo verla?

Hayato pareció dudar un momento, pero al final asintió.

Sacó su baraja y rápidamente mostró al Des Koala.

Judai tomó la carta entre sus dedos con mucho cuidado.

De inmediato notó una cosa: a pesar de ser una carta vieja, primera edición, se conservaba muy bien.

Las orillas no estaban gastadas y se notaba que Hayato la maneja con especial cuidado, ya fuera en duelo o no.

Aunque, lo que más llamaba la atención, fue la sensación de calidez y confort que parecía emitir la carta.

Una calidez que usualmente se asocia con el amor de la familia y los amigos cercanos.

Sin duda el espíritu de Des Koala estaba muy feliz de estar con Hayato.

De pronto, hubo un resplandor oscuro en la carta y el espíritu apareció frente a ellos.

Hayato vio maravillado a su monstruo favorito tomar forma frente a ellos.

Era como cuando lo invocaba en un duelo, siendo el color semitransparente lo único que denotaba que no se trataba de un holograma, además del hecho de que era mucho más pequeño que su contraparte en el juego, similar al tamaño de un koala real.

Des Koala parecía muy feliz de estar con Hayato ya que de inmediato se subió a los hombros del humano.

Judai y Hayato hablaron un poco más sobre los espíritus.

Luego de diez minutos de comenzada su charla, finalmente salieron del salón y se dirigieron hacia la tienda de cartas.

– GX – Por su parte, el profesor Chronos caminaba por los pasillos cercanos a la tienda de cartas.

Iba refunfuñando molesto, ya que en sus manos llevaba un montón de papeles que tenía que revisar.

Últimamente el director parecía estar demasiado ocupado en lo que llamaba un proyecto importante, y eso significaba más carga de trabajo de lo usual para él.

Como si sus clases y la dirección de un dormitorio no fueran suficientes.

Al pasar por la puerta de la tienda de la señorita Tome, no pudo evitar ver hacia adentro.

Los papeles se le cayeron al suelo debido a la impresión.

Allí estaba Jun Manjoume, uno de sus Obeliscos más prometedores, charlando mientras comía con una de las patéticas escorias de Osiris.

—¿Necesita ayuda, profesor?

—escuchó la voz de Judai, lo cual lo trajo de regreso de su estupor.

Se giró para ver a Judai Crawford en compañía de Hayato, el peor estudiante que había tenido la desdicha de conocer, según su obvia opinión parcial.

—Muchas gracias, signore Crawford —dijo el profesor mientras recibía los papeles que los dos chicos recogieron por él, y sin siquiera molestarse en reconocer la presencia del mayor más que con un ceño fruncido.

El profesor se quedó por allí un momento más, para ver como los dos estudiantes entraban a la tienda y pronto se sentaban con el joven Manjoume y la vergüenza del hermano del joven Kaiser.

¡Esas escorias rojas!, gritó mentalmente.

El profesor se alejó de la tienda de cartas, con toda clase de planes para sacar al joven Crawford de ese dormitorio basura y alejarlos tanto a él como al joven Manjoume de esas malas amistades rondando por su cabeza.

– GX – Los días en la Academia de Duelos pasaron con más rapidez de la que cualquiera hubiera creído.

Entre las clases, tareas, duelos e intercambios de cartas y estrategias, el primer mes estaba por terminar.

Y vaya mes que habían tenido, sobre todo Judai.

El profesor Chronos parecía empeñado en que se enfrentara a los mejores duelistas de la academia.

No es que a él le molestara, después de todo había disfrutado cada uno de esos duelos.

En una de las clases, el profesor Chronos había llamado a Judai y a Asuka para una demostración de duelo.

Afortunadamente, ese día habían tenido la clase de estrategia —la cual era la materia del profesor Chronos— a última hora, ya que el duelo se alargó mucho más allá del final de la clase.

A los otros estudiantes no les molestó, ya que había sido un duelo muy reñido, el cual tuvo que terminar abruptamente cuando el profesor decidió que no podía posponer más sus otras obligaciones en la escuela.

Al final, Asuka y Judai terminaron dándose la mano y deseando tener la oportunidad de llevar a cabo otro duelo sin la presión del tiempo, además de las interrupciones del profesor para explicar paso por paso los combos.

A partir de ese momento, cuando no estaba con Momoe y Junko, Asuka se reunía con el grupo de Judai cuando practicaban en los jardines antes de la cena.

El pequeño círculo de amistades que Judai estaba creado daba mucho de qué hablar en la escuela.

Después de todo, era extraño ver a estudiantes de Osiris y Obelisco juntos, charlando animadamente casi todas las tardes en la tienda de cartas, o simplemente disfrutando de los duelos al estilo tradicional.

Era tan común verlos en la tienda, que la señorita Tome y su ayudante, la señorita Seiko, ya los saludaban por sus nombres cada vez que los veían, lo cual era muy a menudo.

A quien sacaba de quicio todo esto era a Chronos, quien buscaba cada vez más excusas ridículas para tratar se separarlos.

Como ponerle castigos absurdos a Sho y a Hayato que les consumían casi todas sus tardes, sin contar el tiempo que debía de invertir para estar al corriente con sus tareas.

Sin embargo, no importaba lo que hiciera, siempre terminaban todos juntos de vuelta en la tienda charlando y ayudándose con sus deberes.

Pero, lo que más había esperado con ansias Judai todo ese tiempo, había sido su próximo duelo con el Kaiser.

La noche de un sábado, exactamente un mes después de haber llegado a la isla, Judai se encontró muy animado ajustando su baraja.

Yubel flotaba a su alrededor revisando su estrategia y de vez en cuando dando algún consejo.

—Realmente pareces emocionado —escuchó Judai de pronto en su cabeza.

Se trataba de Haou—.

¿Cuál es el motivo para que te prepares de esa manera?

No era extraño que no lo supiera.

Haou por lo general no prestaba atención a lo que Judai hacía, salvo cuando había alguna amenaza cercana, usualmente provocada por la Luz de la Destrucción.

—Mañana es mi duelo contra el Kaiser —respondió Judai—.

Es el mejor duelista de toda la academia.

—¿El mejor?

—El tono de la pregunta del Rey era de burla—.

Sí tuviera un cuerpo físico ya le habría demostrado quien es el mejor.

Más te vale ganar.

—Por supuesto que ganare, todo es por ayudar a Sho.

Y aunque no gané, al menos tendré uno de los mejores duelos de mi vida.

– GX – Al mismo tiempo, en el faro, Ryo y Asuka observaban las olas que rompían contra la costa.

—¿Listo para el duelo?

—preguntó Asuka, aunque sabía que no era necesario.

El Kaiser no respondió de inmediato, su mirada fija en la lejanía.

—¿Sabes por qué solicitó este duelo?

—preguntó él tras un momento.

—Conozco a Judai, ese rumor de que lo hizo sólo por presunción es falso.

No es el tipo de personas que haría algo tan banal como eso.

—Lo suponía.

Pero, aun así, quisiera saber cuál es su motivo.

—Creo que es por Sho —respondió Asuka finalmente—.

Durante el último mes ha estado ayudándolo mucho, tratando de subirle el ánimo y haciendo que se esfuerce cada vez más en sus clases y en sus duelos.

Por supuesto que Ryo lo sabía.

Aunque nunca lo admitirá abiertamente, siempre estaba al pendiente de lo que su hermano hacía en la Academia.

—A pesar de esto —añadió Asuka—, cada vez que eres nombrado en la conversación todo lo que ha logrado Judai parece desvanecerse.

—No había reproche en su voz—.

Me parece que Judai quiere probarle a Sho con este duelo que no eres infalible como todos piensan.

Kaiser se permitió mostrar su molestia por esa reputación, algo que sólo se permitía ante Asuka.

Era consciente de que su actitud cada vez más cerrada después de lo que pasó con Fubuki y Fujiwara lo había colocado en un pedestal casi mítico en la Academia.

Algo que el profesor Chronos estaba más que feliz de comentar para su molestia.

El Kaiser meditó las palabras de su amiga.

Si realmente su duelo con Judai Crawford podía ayudar a crecer a su hermano como duelista, y disipar un poco esa reputación, entonces valía la pena dar todo su esfuerzo en él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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