Judai Crawford - Capítulo 17
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17: Maldición conjurada 17: Maldición conjurada El profesor Chronos se sentó o, más bien, se dejó caer tras su escritorio con un gesto cansado.
Ni siquiera se tomó la molestia de maquillarse esa mañana, incluso cuando las dos gruesas bolsas bajo sus ojos comenzaban a hacerlo lucir como un zombi.
La piel de color cetrino tampoco ayudaba a su aspecto.
Desde que todo el asunto con los Asesinos comenzara, no había podido conciliar muy bien el sueño.
Y a más de dos días del enfrentamiento de Ryo y Camula, ni siquiera había podido dormir más de una hora seguida.
Él falló.
Dejó que su miedo lo dominara y sus alumnos pagaron por ello.
Sho estaba debatiéndose entre la vida y la muerte en una cama de la enfermería.
Ryo apenas si había dejado la sala de espera, con sus amigos turnándose para acompañarlo y asegurándose de que comiera algo y durmiera un poco.
Lo peor era que no podían conseguir ayuda del exterior.
Después de la muerte de Camula, una gruesa capa de niebla cubría la isla entera, cortando la comunicación con el exterior.
Como una última burla de la vampiresa para arruinar sus intentos de salvar al niño.
Daitokuji, ayudado por Judai —quien al parecer era su estudiante más prometedor—, hacía todo lo posible por encontrar una cura para Sho, usando la alquimia allí en donde la ciencia médica moderna era al parecer incapaz de ayudar.
Y mientras tanto, él demostraba ser realmente inútil.
¿Dé que servían todos sus títulos y reconocimientos como duelista y profesor si no tenía los conocimientos para ayudar a Sho?
Lo peor es que tampoco tenía el tacto para consolar a Ryo, su mejor estudiante, o a sus amigos.
No podía ayudar a sus alumnos en ese momento de desesperación.
Todo lo que podía hacer era sentarse en su oficina a lamentarse.
Todo era su culpa.
Debió oponerse al director y tratar de disuadirlo de enviar a sus estudiantes a la batalla.
¡Eran duelistas oscuros, por el amor de Obelisco!
¿Cómo se les ocurrió que unos niños podían ser la primera línea de defensa?
Debería ser él quien estuviera en esa cama de hospital al borde de la muerte, no un niño inocente que sólo se vio arrastrado a todo esto por los caprichos de un vampiro… Por su incapacidad para protegerlo, cuando se suponía que él era el adulto responsable allí.
—Chronos… El profesor levantó la mirada para ver a su amigo, el director Samejima, de pie en la puerta.
—Decidí suspender las clases de momento.
De cualquier forma, los alumnos no pueden concentrarse en sus clases a causa de la niebla.
Y parece que incluso la electricidad está comenzando a fallar.
—Sí, tal vez es lo mejor —respondió de forma apagada.
—Anímate.
Si alguien puede encontrar una forma de ayudar a Sho, es Daitokuji.
De los pocos maestros alquimistas que quedan en el mundo moderno, es el mejor.
Chronos no pudo hacer más que asentir lentamente.
—Ve a descansar —ordenó Samejima antes de retirarse.
El profesor simplemente se hundió más en la silla, sintiéndose más inútil a cada segundo que pasaba.
– GX – Judai se obligó a abrir los ojos.
La habitación estaba casi completamente a oscuras, con las velas que el profesor Daitokuji le prestó como única fuente de luz.
Si usara el poder de la Oscuridad Gentil no las necesitaría, pero en el estado cansado en el que se encontraba, le era cada vez más difícil controlarlo.
Así que decidió cerrar por completo su conexión con Haou (quién sólo susurraba palabras de venganza y como debería buscar al resto de los asesinos y destrozarlos uno a uno).
Lo quémenos quería ahora era alimentar la ira creciente dentro de él y perder el control.
Esa noche se cumplieron las setenta y dos horas desde el duelo con Camula, y Sho no daba señales de despertar.
Jun, Asuka y Hayato hacían lo posible para informarle de su estado de salud, mientras él se dedicaba a investigar en la vasta colección de volúmenes sobre alquimia y magia de las sombras que tenía el profesor.
Era un hecho poco conocido que las enormes cajas que se almacenaban bajo las escaleras del dormitorio rojo en realidad contenían libros y equipo de alquimia perteneciente al profesor Daitokuji.
El libro que tenía en sus manos actualmente era la traducción al inglés de un viejo tratado alemán del siglo XII, el cual hablaba sobre una plaga de vampiros que asoló a la ciudad de Frankfurt en 1134.
Había muy poca información sobre las víctimas.
La mayoría del texto hablaba sobre como los cuerpos, cuando se sospechaba que fueron víctimas del mal del vampirismo, eran exhumados de sus tumbas al mediodía, para posteriormente proceder a su purificación: les extraían el corazón, que inmediatamente era quemado, antes de enterrar el cuerpo de forma vertical, con los pies hacia arriba para que “en caso de que la destrucción del corazón no fuera suficiente, el vampiro no encontrara su camino de regreso fuera de su tumba”.
Nada sobre una cura.
Sólo información que conocía por películas de horror y series de tv: estacas, ajos, crucifijos, agua bendita, etc.
No quería llegar a eso.
Sho estaba vivo… apenas; pero, mientras hubiera una esperanza de poder revertir lo que Camula hizo, él no se rendiría.
—Tal vez debamos enfocar esto de una forma diferente —dijo Daitokuji mientras bajaba el libro sobre magia de las sombras que estuvo revisando—.
Encontré un antiguo ritual para sellar maldiciones.
Sho no fue mordido, sino que su alma se infectó por la propia energía de duelo de Camula.
Si conseguimos sellar la maldición, podríamos retrasar el proceso.
—Eso no salvaría su alma.
—Desafortunadamente no —respondió Daitokuji.
Se le notaba el agotamiento en la voz—.
Pero podremos retrasar la velocidad a la que la maldición lo consume.
Lo que nos dará más tiempo para buscar una forma definitiva para salvarlo.
—Podría ser nuestra mejor oportunidad —estuvo de acuerdo Yubel.
Judai no parecía muy contento con la alternativa, pero finalmente estuvo de acuerdo.
—Preparare todo —aseguró el profesor—.
Esta misma noche podremos llevar a cabo el ritual.
Ve a descansar.
—Quiero ayudarlo… El profesor negó con la cabeza.
—Necesitas estar listo para el ritual.
El poder oculto en ti es la clave: es un poder que trae vida, y lo usaremos para evitar que la vida de Sho sea consumida por la maldición del vampirismo.
Judai asintió.
El profesor Daitokuji era uno de los mejores en su campo —no por nada su padre tomó la decisión de contratarlo para que fuera su tutor cuando más joven—.
Confiaría en él para esto.
– GX – Cerca de la media noche, el profesor Daitokuji finalmente terminó los preparativos para llevar a cabo el ritual.
La ventana de oportunidad para lograrlo era poca, pero confiaba en que el poder de Judai sería suficiente para obtener un resultado favorable.
Unas cuatro horas antes de comenzar, se reunió con Judai, el director Samejima y el profesor Chronos en la dirección para dar a conocer su plan y lo básico respecto al procedimiento que usaría.
—Siendo sincero, la oportunidad es realmente baja.
Nunca antes he tenido que llevar a cabo un ritual de magia de sombras de este nivel.
Pero es la única oportunidad que tiene Sho.
Se giró a ver a Judai con seriedad.
—No puedo garantizar que el ritual no te afectará de forma adversa.
De hecho, existe una posibilidad de que la maldición de Camula te afecte a ti también, o que los destruya a ambos.
Judai asintió.
Entendía los riesgos que implicaba un ritual que actuaba directamente sobre la energía de duelo, que a final de cuentas era parte del alma de una persona.
—No —dijo de pronto el profesor Chronos—.
Si es algo tan peligrosos no estoy de acuerdo en que un niño lo haga.
—Profesor Chronos es la única oportu… —¡Signore Crawford!
—le cortó con tono serio, antes de esbozar una sonrisa cansada—.
Es trabajo de los adultos proteger a los niños.
Daitokuji hará el ritual usando mi energía de duelo.
Daitokuji negó con la cabeza.
—Judai tiene un poder especial más allá de su energía de duelo que le da más posibilidades de sobrevivir.
—Así es, profesor, tengo que hacerlo yo.
Chronos cerró los ojos.
—Fallé una vez.
Debía proteger a mis alumnos, pero por mi cobardía, el Signore Marufuji ahora podría morir… o algo peor.
Samejima suspiró.
—Entiendo cómo te sientes, amigo.
Pero igual que no tomarías el lugar de un cirujano para llevar a cabo una intervención quirúrgica, en este caso debes dejar que otros se ocupen.
Chronos no pareció nada conforme con eso, mas tampoco insistió.
Samejima tenía razón: era momento de hacerse a un lado, aunque eso no significaba que no haría todo lo posible para ayudar a su colega y a sus alumnos.
Incluso aunque no entendiera del todo como funcionaba la alquimia o la magia de las sombras, haría todo lo que estuviera en sus manos para asegurarse de que las cosas salieran bien.
A la hora acordada, Sho fue llevado a la arena de duelo.
Era un lugar lo suficientemente amplio, además de tener un ambiente cargado de energía de duelo que podría ser canalizada para ayudar a Sho y a Judai en caso de ser necesario.
Por supuesto, nadie además de ellos tres podía estar dentro.
Los alumnos, incluso un reacio Ryo, fueron enviados a sus dormitorios.
Chronos, el director Samejima, la profesora Emi, el profesor Kabayama y el profesor Satou custodiaban las puertas de la arena para evitar cualquier interferencia externa.
El ritual comenzó exactamente a la media noche, mientras la tensión en el exterior de la arena incrementaba.
Medio hora después de iniciado el ritual, el director recibió una llamada desde el puesto de vigía del faro.
Una extraña embarcación de remos acababa de atravesar la niebla que rodeaba la isla y ahora se dirigía hacia el puerto.
—Parece una especie de barco muy antiguo—indicó el guardia en el radio.
Samejima miró a Chronos.
—Debe ser uno de los Asesinos —conjeturó el director.
Hasta el momento habían demostrado ser lo suficiente extravagantes como para navegar en una embarcación como aquella.
El profesor Chronos apretó los puños al tiempo que su rostro se endurecía.
El signore Marufuji estaba prácticamente muerto.
El signore Crawford arriesgaba su vida en un intento desesperado por salvarlo.
Y, ahora, otro de esos malditos asesinos aparecía para reclamar las vidas de sus alumnos.
—No más —dijo con resolución—.
Le pondré un alto aquí y ahora.
Sin detenerse a escuchar al director, Chronos se apresuró en dirección al muelle.
¿Los asesinos querían dañar a sus alumnos?
Bien, tendrían que pasar primero sobre su cadáver.
– GX – El profesor Chronos miró el banco de niebla gris que cubría la isla.
El barco reportado sólo se podía ver brevemente, cuando la luz del faro lo iluminaba durante su recorrido.
Con el disco de duelos ya encendido y listo para robar su primera carta, Chronos esperó a que la embarcación terminara de atracar.
Luego de lo que pareció una eternidad, la enorme nave finalmente se detuvo junto al muelle.
Era un antiguo barco de aspecto egipcio, finamente adornada.
Con una enorme vela cuadrada al centro, y dos hileras de remo: una a estribor y otra a babor.
Una rampa descendió del barco y un grupo de soldados espectrales salieron de él, al parecer custodiando a alguien de importancia.
Era un hombre, al parecer, ataviado con finas ropas antiguas y que usaba una máscara funeraria muy similar a las que se veían en los museos y en las películas sobre momias.
—¿Eres toda la comitiva que esta isla envía a recibirme?
—preguntó el hombre detrás de la máscara.
—¿Comitiva?
—Es tradición recibir a los visitantes distinguidos con una comitiva, pero supongo que es esperar mucho de los barbaros de esta época el observar las antiguas costumbres.
Chronos frunció el ceño.
—¿Eres parte de las Siete Estrellas?
—Así es.
Soy Abidos Tercero, Hijo de Amón, gobernante de las tierras de Kemet.
He venido aquí a recoger a la cría de Camula.
Simplemente guíame hacia donde se encuentra y me marcharé de inmediato.
—¿La cría de Camula?
¿Te refieres al signore Marufuji?
—Chronos apretó los puños—.
¡No dejaré que toques a mi alumno!
—Entiendo.
Morirás aquí.
Debes saber que no he perdido un solo duelo en tres mil años.
Uno de los sirvientes espectrales se acercó al misterioso faraón enmascarado y le entregó un disco de duelo.
—¡Duelo!
(Chronos: 4000 — Abidos: 4000) —Tomaré el primer turno —declaró el faraón—.
Robo.
Invoco a “El Servidor del Faraón” (ATK: 900 / DEF: 0).
—Frente a Abidos apareció una momia vestida con lo que parecía ser la armadura de un antiguo soldado egipcio, armado igualmente con una lanza de aspecto antiguo—.
Coloco una carta y con eso terminó mi turno.
El profesor Chronos miró con incredulidad al supuesto faraón invencible frente a él.
Había visto a mocosos de preescolar hacer mejores jugadas que esa.
—Es mi turno, robo… —Antes, activo mi trampa continua: “El Primer Sarcófago”.
—¿Pretendes invocar al “Espíritu del Faraón”?
Me temo que no te permitiré hacerlo.
Abidos pareció sorprendido ante la declaración del profesor.
—¿Cómo es que un plebeyo conoce mi estrategia?
—Por favor, soy el profesor de Duelos y Estrategia de la Academia de Duelos más prestigiosa del mundo.
Un maestro estratega como yo ha memorizado cientos de cartas.
Y debo decir que tu estrategia está mal ejecutada: si pretendes utilizar monstruos poderosos, cuya invocación dependa de acumular y mantener recursos en tu campo, debes asegurarte de proteger esos recursos.
Mientras hablaba, Chronos tomó dos cartas de su mano y las colocó en el campo.
—Por qué —prosiguió—, cuando no proteges esos recursos, pasa esto: activo mi carta mágica “Tormenta Fuerte”, con lo cual se destruyen todas las cartas mágicas y de trampa en el campo.
Una potente ráfaga de viento envolvió el campo, destruyendo el sarcófago de piedra frente a Abidos, además de levantar las dos cartas del profesor, que resultaron ser trampas también.
—Presumes ser un maestro estratega, pero has destruido tus propias cartas.
—Lo sé.
No las habría colocado allí en primer lugar si no quisiera que fueran destruidas.
—Frente a él surgieron dos estatuas doradas ubicadas sobre dos pedestales con antiguos jeroglíficos grabados.
Las estatuas representaban lo que parecía ser el busto de un antiguo faraón, pero con un cuerpo y cola de serpiente—.
Las cartas destruidas son dos copias de mi carta trampa “Estatua de los Malvados”: cuando esta carta colocada es destruida y enviada de mi campo al Cementerio, invoca especialmente una “Ficha Vil”.
Tipo Demonio, atributo oscuridad, nivel 4 y con mil puntos de ataque y defensa, respectivamente.
Abidos pareció querer replicar, pero el profesor continuó su explicación: —Por supuesto, mis fichas no se quedarán mucho tiempo.
Ahora las tributo para invocar mi monstruo As: “Golem de Mecanismo Antiguo” (ATK: 3000 / DEF: 3000) —Una inmensa máquina de aspecto humanoide se alzó detrás del profesor.
Parecía estar creada con piezas sobrantes de antiguas máquinas de la revolución industrial, con placas de acero oxidadas y enormes engranajes.
Chronos miró con seriedad al antiguo faraón frente a él.
—Volveré a repetirme: no permitiré que toques a ninguno de mis alumnos.
Terminaré con este duelo ahora mismo.
Activo la carta mágica de juego rápido “Quitar el Limitador”: hasta el final de este turno, todos mis monstruos de tipo máquina que están en mi campo en este momento duplican su ataque.
La enorme criatura aumentó su tamaño al doble, mientras sus puntos de ataque incrementaban hasta llegar a los 6000.
—¡Batalla!
Aplasta a esa momia, mi poderoso Golem.
El sonido del rechinar de los engranajes y las placas de metal llenó el muelle, mientras la inmensa mole de metal alzaba su puño y luego lo descargaba con toda su potencia sobre el (en comparación) diminuto Guardián del Faraón.
La onda de choque arrojó al faraón hacia atrás, al tiempo que sus puntos de vida se desplomaban.
(Chronos: 4000 — Abidos: 0) Abidos Tercero se levantó del suelo, despojándose de la máscara funeraria.
Chronos se sorprendió.
Era joven, posiblemente dieciocho años, la misma edad de los alumnos que en un par de meses estaría despidiendo en la graduación.
No era sorprenderte, recordó, en el Antiguo Egipto muchas veces los niños eran coronados faraones y morían jóvenes, fuera por enfermedades, heridas de guerra o al cazar, incluso asesinados en disputas de poder por familiares que deseaban sus tronos.
—Yo… fui derrotado —dijo abatido—.
¿Cómo es posible?
No perdí un duelo en tres mil años.
Los sirvientes espectrales a su alrededor apartaron la mirada de su rey caído, como avergonzados.
—Entonces ponte de pie —clamó el profesor Chronos—.
Levántate y aprende de la derrota.
Ganar siempre es increíble, pero en la derrota es donde más aprendemos.
Abidos se puso de pie con una nueva resolución.
—He vagado por la tierra de los hombres durante tres mil años, esperando encontrar mi camino para cruzar finalmente al otro lado del río.
Llegué a la conclusión de que, como los grandes faraones de antaño, debía enfrentar a un gran oponente en duelo, alguien que finalmente me venciera.
Pero, incluso con esta derrota… No se siente bien.
El faraón alzó la mirada.
La niebla que cubría la isla se estaba disipando y las estrellas y la luna comenzaron a dibujarse en el firmamento.
—No me malentienda.
Fue un duelo excepcional, pero siento que puedo ser mucho mejor.
Enfrentarme en un duelo ceremonial en el que de verdad demuestre todo mi potencial.
Chronos sonrió.
Quizá fue por lo mucho que la juventud del antiguo faraón le recordó a sus estudiantes (tenía la edad de Fubuki, ¿fue manipulado también?), no podía seguir viendo a Abidos como enemigo.
—Buscare esa fuerza y regresaré.
—Bueno, hay muchos duelistas poderosos allá afuera.
Pero en esta escuela hay uno que creo podrá darte el duelo que tanto anhelas, cuando estés listo.
Regresa en dos años, y yo mismo me encargaré de que tengas un duelo final digno de un faraón.
Abidos asintió.
—Lo estaré esperando.
Dicho eso, el antiguo rey y sus sirvientes subieron a su barco.
Chronos permaneció en el muelle hasta que la embarcación desapareció de la vista.
– GX – Cuando el amanecer llegó a la Academia de Duelos, Sho abrió los ojos.
Se sentía extraño, como si acabara de despertar de una larga pesadilla, plagada de sombras y la voz de una mujer que le instaba a levantarse y reconstruir su clan.
Parpadeó un par de veces, sorprendió por la claridad de su mirada, incluso mejor que cuando usaba sus anteojos.
Escuchó pasos y vio emerger de entre las sombras al profesor Daitokuji.
—Me alegra ver que despertó, joven Marufuji.
¿Cómo se siente?
—Sed —respondió—.
Creo que nunca he tenido tanta.
El profesor sonrió.
—Oh, no se preocupe.
En cuento la profesora Ayukawa haga su ronda en una hora más recibirá una transfusión.
Una por semana debería calmar su sed.
Sho asintió lentamente.
Su mirada se dirigió al techo.
Tenía la sensación de que algo había cambiado.
Algo más que su repentina sed o la claridad de su vista.
—Profesor, ¿dónde está el Señor Crawford?
Daitokuji sonrió.
—Descansando.
Se esforzó mucho para traerlo de regreso con nosotros.
Sho asintió.
Su Maestro hacía mucho por él, debía de pagárselo de alguna forma.
—Debe tomarse las cosas con calma, joven Marufuji.
No se preocupe por sus obligaciones con el joven Judai.
Por ahora debe centrarse en recuperarse.
Duerma ahora, y vuelva a ser el joven Marufuji a quien Judai conoció.
Cuando llegué el momento, podrá abrazar su nuevo poder para honrar el viejo pacto entre su clan y el Rey Supremo.
Sho asintió de nuevo.
Cerró los ojos.
Los sonidos a su alrededor comenzaron a apagarse, hasta que sólo quedaba un leve murmullo.
Daitokuji sonrió satisfecho.
Todo había salido tal como esperaba.
Se llevó la mano a su bolsillo y sacó un pequeño frasco de vidrío.
Rápidamente tomó una muestra de la sangre de Sho y volvió a guardarlo.
Era momento de dejar la Academia.
Tenía una investigación que concluir, y se estaba quedando sin tiempo.
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