Judai Crawford - Capítulo 24
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24: La ruptura del sello 24: La ruptura del sello Judai permaneció un largo rato de pie donde estaba.
Sus ojos eran dos orbes dorados que permanecían fijos en el libro de alquimia de Daitokuji, el cual estaba medio enterrado en la montaña de cenizas plateadas que había sido el cuerpo del profesor, la cual comenzaba a dispersarse por el viento.
«No, su cuerpo no», se repitió.
«El cuerpo de un homúnculo, uno de sus propios hijos.
Hijos creados con el único objetivo de mantenerlo con vida».
Apretó los puños con rabia, hasta el punto que sus uñas se enterraron en su piel y comenzó a sangrar.
—Judai —susurró Yubel, mientras lo abrazaba por la espalda, envolviendo a ambos con sus alas de tal manera que se formó una especie de capullo protector.
—Duele —musitó él.
La derrota de Daitokuji no había roto el hechizo, a diferencia de como sucedió con Asuka, las personas atrapadas en el libro no volvieron, el ataúd en el cual encerró a Sho no volvió a emerger de la tierra.
El profesor Chronos, Daichi, Hayato… Jun.
¿Y si los perdía para siempre?
La rabia hirvió de nuevo en su pecho de sólo pensar eso.
Quiso traer a Daitokuji de regreso a la vida, solamente para derrotarlo de nuevo.
Quería verlo arder y suplicar por su vida.
Hacerle sentir todo el dolor que sus colegas, sus alumnos (él mismo), que todas las personas a las que había traicionado sufrieron por su culpa.
Sumergirlo en un ciclo de dolor interminable, hasta que su alma quedara destrozada de tal forma que nunca podría renacer de ninguna forma posible.
—¡Judai!
—la voz desesperada de Yubel lo sacudió—.
No dejes que el dolor y la rabia te consuman.
—Lo que él hizo… —Lo sé.
—Sintió los labios de Yubel presionarse contra su frente, y una sensación cálida lo envolvió.
El poder de Yubel reflejaba el dolor de sus enemigos, pero de igual forma podía reflejar el amor de aquel juramento sellado tantos eones atrás.
Un juramento tan antiguo como el mismo mundo, que ambos renovaban con nuevos votos cada vez que nacían en cualquier forma mortal.
Un amor capaz de calmar la furia de la Oscuridad que bullía en su interior, pidiendo el castigo del hombre que traicionó su confianza.
—Por favor, Judai, no dejes que esto destruya la persona que eres.
El espíritu siguió susurrando palabras de apoyo, pidiendo a su amado y a la Oscuridad que existía dentro de él que se tranquilizara.
Yubel había visto lo que pasaba cuando la rabia y los deseos de venganza consumían todo lo que Judai era.
No quería volver a verlo así, no quería que toda su bondad se consumiera de nuevo en ese monstruo implacable llenó de ira y sed venganza, que arrasó todo a su paso en busca de sus enemigos, sin importar cuantos inocentes tuvieran que pagar para ver aplastados a quienes lo habían lastimado.
Por fin, Judai se relajó en los brazos de Yubel, y lentamente se quedó dormido debido al agotamiento.
– GX – Judai reprimió un bufido de fastidio cuando el hedor al alcohol y desinfectante le llenó la nariz.
Cuando niño detestaba los hospitales.
Después de la muerte de sus padres, pasó a relacionarlos con las peores desgracias.
La enfermería de la Academia no era mejor que uno completo en su mente.
Abrió los ojos y se incorporó.
La ventana estaba abierta, y el aire fresco de la mañana se filtraba por ella, trayendo consigo el aroma del mar, el cual contrastaba con el hedor a fármacos de la enfermería.
Judai soltó un suspiro de fastidio al verse de nuevo allí.
Al menos no estaba conectado a una intravenosa, o a una de esas molestas máquinas de monitoreo de signos vitales.
—Veo que por fin está despierto.
—La conocida voz de la profesora Ayukawa lo hizo girar la cabeza.
Ella estaba de pie junto a la cama revisando unos papeles, que intuyó era su historial médico.
—¿Puedo salir de aquí?
La profesora reprimió una carcajada, mientras negaba con la cabeza.
—En realidad no estoy herido —se justificó Judai.
—Sólo estuvo en otro duelo con consecuencias potencialmente mortales —le recordó la profesora—.
Pero, puedo ver que está desarrollando cierta inmunidad.
Por su tono, era fácil decir que no era algo que le agradara.
La profesora le explicó lo que sucedió.
Ryo, Asuka y Fubuki lo encontraron dormido en el bosque, aunque en primera instancia pensaron que estaba inconsciente, cerca del libro de Daitokuji.
Lo trasladaron a la enfermería cuando les fue imposible despertarlo.
Dado las señales obvias de un Juego de lo Oscuro especialmente complicado, la Academia estaba de nuevo en alerta, mientras se buscaba al profesor Chronos, a Daichi, Hayato, Sho y Jun.
—¿Dónde está el libro?
—preguntó Judai de inmediato con mucha urgencia.
—Tranquilo, joven Judai.
El libro está bajo el resguardo del director.
Los expertos vendrán pronto para pasarlo al cuidado de la familia Ishtar.
Judai sintió alivio de saber que todavía estaba en la Academia, pero si lo llevaban lejos… Sabía que su padre confiaba en los Ishtar, pero quería tener la oportunidad de echarle un vistazo por sí mismo.
Tal vez podría revertir lo que hizo el profesor.
Después de todo, fue su mejor alumno.
—¡Necesito ver el libro!
—Necesita descansar —lo contradijo la profesora con tono firme—.
Admito que tiene más energía de duelo que el promedio de chicos de su edad, pero ahora mismo debe dejar que los adultos se encarguen.
Judai negó con la cabeza.
—No lo entiende… El profesor Chronos, mis amigos… ¡Están atrapados dentro de ese libro!
La profesora sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua fría.
—¿Está seguro?
—Yo mismo lo vi… el pro… Daitokuji atrapó al profesor Chronos, y a Hayato dentro.
Además, sentí a Daichi y a Jun allí.
—¿Qué hay del joven Sho?
Judai negó con la cabeza.
Apretó los puños con fuerza.
—Daitokuji lo enterró vivo.
Judai cerró los ojos en un gesto de dolor.
Los abrió sorprendido cuando la profesora Ayukawa emitió un insulto hacia Daitokuji, seguido de una retahíla de palabrotas y amenazas sobre lo que haría con su ex colega si lo atrapaba.
Por supuesto, ella no sabía que ya no quedaba nada de él.
—Muy bien, espere aquí —dijo por fin, y luego se puso de pie para dirigirse hacia la puerta de la enfermería.
Yubel apareció junto a la cama de Judai.
—Deberías descansar —dijo.
—Creo que ya he descansado suficiente.
Yubel negó con la cabeza.
—Encontraremos la forma de traerlos de vuelta.
Incluso a Sho, sabes que no está muerto.
—No, está peor que muerto —espetó Judai.
Incluso si sacaban el ataúd en el cuál Daitokuji lo había enterrado, lo que saldría de él ya no sería Sho.
Si su corazón se detenía, aunque fuera por sólo un segundo, el sello que pusieron a la maldición se rompería y Sho sucumbiría a la infección del vampirismo.
—Tarde o temprano tenía que pasar —le recordó Yubel.
No quería lastimar a Judai, pero debía prepararse para lo que podría suceder.
—No debía ser tan pronto.
Sho… iba a superar a su hermano, graduarse, construir una vida.
Y ahora él… Yubel volvió a abrazarlo para consolarlo.
—Todo estará bien.
Daitokuji no lo quería muerto.
Judai apretó los puños con ira una vez más.
No, solamente quería usarlo como rata de laboratorio, pensó con amargura.
Comenzaba a creer que la muerte del profesor, incinerado por esa bola de fuego, fue muy poco castigo para él.
La puerta de la enfermería se abrió de nuevo.
El director Samejima, su padre y Kaiser entraron, seguidos de cerca por la profesora Ayukawa.
Judai notó como todos, salvo su padre, se tensaban.
Reconoció esa reacción: Hayato y Jun habían hecho algo parecido cuando conocieron a Yubel, aunque eso principalmente porque a Yubel le gustaba asustar a los humanos que podían verlo.
Ryo fue el primero en recuperarse de la impresión.
—Te estás volviendo más fuerte —susurró Yubel en su oído antes de desaparecer.
Judai se sonrojó un poco ante el cumplido (más por la forma en que lo dijo que por el cumplido en sí), lo cual hizo que Yubel, ahora invisible, soltara una ligera carcajada.
—Así que… bueno, esa, ¿persona?
—tartamudeó el director.
—Sí, él es Yubel —respondió Pegasus por su hijo.
—Entiendo —asintió el director—.
Aunque tengo que decir que no estoy acostumbrado a ver monstruos de duelo sin que sean hologramas.
—Pocas personas lo están —admitió Pegasus.
—Muy bien, creo que lo mejor es que comencemos esto —dijo el director viendo a Judai con toda la seriedad que pudo.
Judai estaba sentado en la cama, mientras el director, su padre, Ryo y la profesora Ayukawa usaban los sillones individuales que se habían instalado en la enfermería cuando fue muy obvio que, cada vez que uno de los guardianes elegidos para las llaves terminará allí, los otros no querrían separarse de él mientras no fuera necesario.
—¿Por qué no nos cuentas lo que sucedió anoche?
—le pidió su padre con voz suave.
Judai los miró uno a uno.
Podía ver la preocupación marcada en los rostros de los adultos, mientras que Ryo parecía debatirse entre seguir allí o ir a buscar a su hermano menor.
Aspiró profundamente, y luego comenzó su relato: habló de cómo su llave espiritual comenzó a reaccionar, y él junto con Hayato y Sho, fueron a buscar al siguiente Asesino.
Ryo admitió que también había visto la reacción de la llave, pero cuando intentó llegar al lugar, junto con Fubuki y Asuka, simplemente le fue imposible.
De pronto fue como si el bosque se hubiera convertido en un laberinto, en el cual les parecieron deambular durante horas, hasta que finalmente encontraron a Judai después de que el duelo ya había terminado.
Judai les contó la advertencia del profesor Chronos, antes de que Daitokuji absorbiera su alma dentro del libro.
Luego, con voz cada vez más afectada, les habló de lo que hizo a Sho y a Hayato.
Al escuchar lo sucedido con su hermano, Kaiser por poco pierde la compostura.
Judai no creía haberlo visto tan enfadado en su vida.
Al grado incluso que la energía de duelo que tenía comenzó a notarse.
Por fortuna, el director Samejima fue capaz de controlarlo.
Judai terminó su relato con un resumen de su duelo con Daitokuji, aunque siendo lo más vago que pudo.
No deseaba admitir que la ira casi lo había hecho perderse a sí mismo.
Al final, el director se marchó con Ryo.
Reunirían a otros profesores y algunos trabajadores para ir a inspeccionar el área del duelo con la esperanza de encontrar a Sho.
Actuarían bajo la suposición de que Daitokuji no había planeado matarlo, considerando que insinuó su deseo de experimentar con él (algo que por poco y hace que Ryo perdiera el control sobre su ira de nuevo).
Su padre en primera instancia se mostró algo reacio, pero al final, tras meditarlo un rato, decidió confiar en Judai y le permitió tener el libro de Daitokuji para analizarlo, con la esperanza de que pudiera encontrar una pista de como rescatar a las personas atrapadas en él.
Mientras su padre iba a buscarlo, la profesora Ayukawa fue en busca del desayuno de Judai.
Fue uno mucho más copioso y llenó de carbohidratos de lo normal, considerando que Judai debía recuperar sus reservas de energía tras un duelo como el de la noche anterior.
Estaba terminando de desayunar, cuando su padre regresó cargando el libro.
Estaba dentro de un estuche especial, parecido al estuche de una laptop, grabado con runas para asegurarse de que no fuera a ser peligroso para quienes estaban a su alrededor.
Judai extrajo el tomo con mucho cuidado, con Yubel guiándolo en el uso de sus poderes para evitar que algo en el libro fuera a dañarlo.
El libro tenía el aspecto de haber sido hecho en la edad media.
Era un volumen encuadernado en piel curtida, claramente a mano.
Al igual que el parche de Don Zaloog, mostraba un Ojo de Wdjat dorado, lo cual lo hacía parecerse mucho a un Objeto Milenario.
Judai notó que había una cerradura en el libro, la cual se abrió nada más lo tocó.
Dentro, en amarillentas páginas de grueso pergamino, había toda clase de fórmulas alquímicas que nunca antes había visto.
La mayoría de ellas describían las cartas alquímicas del mazo de Daitokuji, incluyendo descripciones detalladas sobre los significados filosóficos detrás de cada una de ellas.
Muchos de esos conceptos Judai los había aprendido del mismo Daitokuji.
El estudiante de Osiris volvió a sentir la rabia bullendo en él cuando encontró las fórmulas empleadas para la creación de los homúnculos.
En verdad, esos pobres seres habían sido sus hijos de una forma muy literal, dado su empleó de su propia sangre y semilla para «hacerlos germinar de la tierra» como si se trataran de la planta mandrágora de la leyenda.
Tuvo que apartar la mirada ante las descripciones detalladas de cómo los había cultivado, para posteriormente arrancar sus almas y emplearlas para «cargar» su mazo alquímico.
Esos monstruos habían sido creados por él desde cero, de la misma forma que moldeó los cuerpos de los homúnculos para ser físicamente idénticos a su verdadero cuerpo, moldeó las almas arrebatadas para convertirlas en los espíritus que daban poder a las cartas.
—Qué ser tan repugnante —espetó Yubel.
El espíritu no podía sino sentirse identificado con esas criaturas.
Muchos de los conceptos empleados por Daitokuji eran similares al ritual que lo convirtió en uno con el Dragón Guardián de las Pesadillas.
—Esto debería ser destruido —sentenció Judai—.
Nadie debería tener este poder sobre la vida misma.
Su padre estuvo de acuerdo.
Él se sentía especialmente culpable y aterrado por las acciones de Daitokuji.
Un hombre tan siniestro había estado viviendo bajo su propio techo por años, como el tutor privado de su hijo.
Judai pasó las hojas.
Más fórmulas alquímicas, anotaciones de experimentos sin concluir.
Y al final, muchos grabados con forma de cartas en los que se representaban a las almas y espíritus atrapados dentro del libro.
El profesor Chronos y sus monstruos de Mecanismo Antiguo, Hayato y su Des Koala, Jun y los Ojama, Daichi y su Dragón de Agua.
Pero nada más.
Sin pistas de como extraer las almas atrapadas en el libro, más allá de algunos esquemas con anotaciones que parecían no tener sentido.
Aunque, entre todo eso, Judai notó que Daitokuji parecía creer que había encontrado la forma de crear un homúnculo que no se descompondría y podría ser usado como recipiente permanente para su alma, siempre y cuando tuviera la carta correcta «cargada».
—No entiendo, ¿a qué se refiere con «cargar» una carta?
—preguntó Pegasus.
Él había traído el juego de regreso a la Tierra (sus conversaciones con los espíritus le hicieron darse cuenta de que en realidad solamente fue un medio para reconectar ambos mundos), pero aun con eso había muchos conceptos que espíritus como Yubel conocían a los que él ni siquiera había llegado a acercarse.
—Algunas cartas son tan poderosas que requieren cargarse, ya sea mediante energía de duelo o incluso almas —le explicó Yubel—.
Puedo suponer que atrapó las almas en este libro para almacenarlas hasta tener la carta correcta y poder cargarla haciendo uso de ellas.
Judai cerró el libro con furia.
—Él dijo que daría un mejor uso a la energía de Hayato.
Hablaba de esto.
¿Pero cuál es la carta correcta?
¿Los Demonios Fantasma?
—Es una posibilidad —admitió Yubel—.
Pero esas cartas deberían ser demasiado poderosas como para que él las maneje.
No sin el riesgo de que su propia alma pueda ser atrapada.
El director Samejima regresó, seguido de Kaiser.
En su rostro podía leerse la angustia y el temor por lo que estaba pasando.
—Encontramos el ataúd y lo desenterramos —les explicó—.
Está vacío.
Judai apretó el libro en sus manos hasta que sus nudillos se pudieron blancos.
—Debe estar en la isla —razonó Yubel—.
Todos los experimentos de los que escribió, no podría hacerlos en el dormitorio Osiris o en el laboratorio de química de la escuela.
Debe tener otro laboratorio oculto en algún lugar.
—¡El dormitorio abandonado!
—exclamó Judai.
—¡Por supuesto!
—admitió su padre—.
Es el lugar ideal: su acceso está prohibido y es, hasta cierto punto, un secreto para los estudiantes; no le sería complicado montar algo allí lejos de miradas indiscretas.
—Su cuerpo tiene que estar allí —aseguró Judai—.
Para seguir creando homúnculos, necesitaba de su propia sangre y semilla.
Así que no podía deshacerse de su cuerpo.
Y para mantenerlo necesitaría un lugar seguro al cual pudiera acceder fácilmente y sin levantar sospechas.
La furia apenas velada se podía notar en los ojos de Samejima.
Era fácil entender porque: cada nueva cosa que descubrían de Daitokuji, le mostraba que tan profunda y horrible era su traición a la Academia.
O más bien, como la usó como un medio para lograr sus macabras acciones.
Pensar que una persona así había estado tan cerca de sus estudiantes… Por otro lado, si Judai tenía razón respecto al dormitorio abandonado, era incluso peor.
Ya lo había pensado, considerando el hecho de que Fubuki había conocido su identidad como Asesino, sin embargo, las sospechas de Judai lo hacían considerar sus pensamientos con más seguridad: Daitokuji podía estar detrás de las desapariciones de estudiantes.
Y, si consideraba que esa era la razón por la cual se cerró el dormitorio abandonado, y lo que se descubrió en una isla cercana, quizá el asunto iba incluso más allá de eso.
Fue imposible convencer a Ryo y a Judai de quedarse atrás, así que, tras hacerles prometer que no se arriesgarían, les permitieron acompañarlos a investigar el dormitorio abandonado.
La profesora Ayukawa no estaba muy conforme con dejar ir a Judai, y al final decidió acompañarlos.
El camino fue algo tenso, mientras se adentraban en el bosque tropical en dirección al dormitorio, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
El dormitorio tenía menos de cinco años de haber sido abandonado, pero en ese tiempo el camino casi había desaparecido por completo, demostrando lo fácil que le resultaba a la naturaleza destruir lo hecho por el hombre.
El dormitorio en sí no estaba en mejor estado: lo que alguna vez fue una lujosa mansión de estilo occidental, ahora era un edificio derruido y cubierto de maleza.
El interior era un desastre: muebles apolillados y en estado de putrefacción, las tablas del suelo rechinaban a cada paso, por lo que debían ser cuidadosos de dónde pisaban para no caer.
Los ojos de Judai se encendieron en color dorado mientras revisaba el lugar, en busca de pistas.
El lugar tenía una atmósfera pesada, el tipo de ambiente que solía atribuirse a sitios embrujados.
Podía sentir un rastro de esa entidad oscura que había poseído a Fubuki y al otro Asesino, en algún lugar debajo de ellos.
—No parece haber nada aquí —comentó el director.
—¿Qué hay del sótano?
—preguntó Judai.
—No hay un sótano —aclaró Samejima—.
Encontramos un acceso que iba hacia la cueva que sale de la isla, pero nada más.
—Sin embargo, podría haber algo más —acotó Pegasus—.
Sin contar el yacimiento arqueológico cerca del volcán, este es el edificio más viejo de la isla.
Estaba aquí antes de que la misma Academia fuera construida.
Originalmente, esta isla pertenecía a la familia del presidente Kagemaru.
—¿Kagemaru?
—preguntó Judai.
Ese nombre le sonaba de algo, pero no sabía de dónde.
—Él fue el anterior director de la Academia, cuando recién abrió —aclaró Samejima—.
También, fue un miembro fundador de Corporación Kaiba.
Había estado retirado de la junta directiva durante años, antes de que retomara su puesto cuando su hijo fue destituido de su cargo.
Judai no pudo evitar notar la forma en que su padre se tensaba al escuchar aquello.
Suponía que el hijo de este Kagemaru debió ser uno de los cinco hombres con quienes él pactó cuando intentó apoderarse de la compañía de Kaiba.
—Kagemaru decidió donar la isla para construir la escuela —prosiguió Pegasus—.
De hecho, este dormitorio solía ser la casa de su familia y fue gracias a él que encontramos el pasaje secreto.
Según dijo, esta mansión fue construida sobre las ruinas de otra más antigua durante los primeros años de la restauración Meiji, y el túnel fue excavado usando una cueva natural como un medio de escape para su familia durante el siglo XIX, cuando hubo un pequeño intento de rebelión para independizar el reino de Ryukyu de Japón y temían que la población local fuera a rebelarse contra ellos.
Judai sabía que la isla había estado habitada al menos hasta el final de la segunda guerra mundial, aunque no tenía idea de toda esa historia sobre lo que ocurrió antes de que la isla se convirtiera en la sede del primer campus de la Academia de Duelos.
—¿Es posible que haya algo más en esa historia?
—preguntó Yubel apareciendo físicamente ante ellos—.
Si esta fue la casa de su familia, ¿cómo es que Kagemaru no relacionó la desaparición de estudiantes con el túnel de escape?
Además, si pudo señalar como entrar a él, sería lógico asumir que tiene acceso a planos de la casa o incluso que él mismo los visitó en el pasado.
Pegasus se maldijo a sí mismo.
—Fue Kagemaru quien me recomendó a Daitokuji, y posteriormente, mi recomendación junto con la suya, fue lo que le dio el puesto en la Academia.
—¿Piensan que el presidente Kagemaru está detrás de los Asesinos?
—preguntó la profesora Ayukawa—.
¿Por qué atacaría la escuela?
Si es el presidente de la Junta Escolar, para él sería muy fácil tener acceso a las llaves.
—Se supone que las llaves tienen que ser ganadas en un duelo —explicó Samejima—.
Si sólo las tomara y usara no servirían de nada.
—Entonces, ¿para qué elegir duelistas para resguardarlas?
—cuestionó Kaiser—.
Si deben ser ganadas en un duelo, bastaba con dejarlas en una caja fuerte, ya que al no ser obtenidas en duelos serían inútiles.
Samejima se sintió cada vez más molesto consigo mismo por no haber pensado en todo eso antes.
Fue el mismo Kagemaru quien le pidió buscar a los duelistas más talentosos de la Isla, sin importar que fueran estudiantes, para resguardar las llaves.
—Kagemaru quería a duelistas con grandes cantidades de energía de duelo —dedujo Yubel—.
Si piensan a quienes envió como Asesinos tiene sentido: espíritus de duelo, fantasmas y vampiros; un antiguo duelista profesional, uno de los mejores alumnos de la escuela, y un profesor de la misma.
Duelistas con grandes cantidades de energía de duelo.
Yo diría que no le importaba quien ganara esos duelos, mientras las llaves estuvieran en el centro de toda esa lucha.
—Quería cargar las llaves —completó Judai, mientras miraba el libro de Daitokuji todavía en sus manos.
—¿Dónde están las llaves?
—cuestionó la profesora Ayukawa.
—A salvo, en mi oficina.
De vuelta a la caja fuerte de donde no debieron salir.
—Excepto que ahora ya están cargadas —lo contradijo Kaiser—.
Sólo bastaría que alguien las tomara y las usara para liberar esas poderosas cartas.
—Aún les faltaría la de Asuka —le recordó Judai.
Durante el duelo contra ese Asesino, habían estado más concentrados en sacar a Fubuki de allí y recuperar las almas robadas.
Nadie se preocupó por recuperar la llave.
—Sus deducciones son muy exactas, aunque debo decir que la mayoría de las respuestas estuvieron a la vista si las hubieran querido ver.
Respecto a la llave de la señorita Tenjouin, me ocupé de recuperarla en persona.
Judai sintió que la furia ardía de nuevo en su pecho, por lo que Yubel se apresuró a abrazarlo, susurrando en su oído para que se calmara, pero sin perder de vista al hombre frente a ellos, quién parecía haberse materializado desde las mismas sombras que los rodeaban.
Pegasus, Samejima y Ryo extendieron sus discos de duelo listos para luchar.
Sorpresivamente, fue la profesora Ayukawa quien se movió primero: sin preocuparse por el hecho de que frente a ella estaba un poderoso duelista que había demostrado no tener escrúpulos, llegando incluso a lastimar a sus propios alumnos, caminó hacia él y le soltó una fuerte bofetada.
Daitokuji no se inmutó en lo absoluto, limitándose a verla con sorpresa.
—Yo te vi morir —dijo Judai.
Pegasus se estremeció por la forma hueca en que sonó la voz de su hijo.
Daitokuji, centró su mirada en su alumno.
Judai se dio cuenta de que había cambiado.
Su cabello estaba retomando su color negro, y las venas de su rostro estaban mucho menos marcadas.
—También pensé que eso iba a matarme —admitió el profesor—.
Sentí mi alma escapar de ese cuerpo; pero, como supuse, la sangre de un vampiro, incluso si no es uno completo, crea un lazo irrompible entre el alma y el cuerpo.
Antes de que mi alma fuera consumida por las llamas del Dragón de las Pesadillas, encontró su camino de regreso a mi cuerpo.
—¿Dónde está Sho?
—espetó Kaiser al escuchar eso.
—Él está a salvo, joven Marufuji —le respondió Daitokuji—.
Todo lo que necesitaba de él era su sangre y ya la he obtenido.
—Te convertiste a ti mismo en un medio vampiro —dedujo Pegasus sorprendiendo a todos.
—Una transfusión fue más que suficiente.
La profesora Ayukawa miró al hombre con horror.
—Sus tipos de sangre no son compatibles.
Es un suicidio… —Ah, está olvidando un hecho fundamental: la sangre infectada por el vampirismo no reconoce los tipos sanguíneos.
Se lo dije: no será necesario preocuparse por eso.
Esto va incluso más allá de la sangre de un donante universal, o un receptor universal.
La sangre del vampiro consumirá o transformará cualquier sangre que se mezcle con ella.
E incluso, puede ayudar a regenerar un cuerpo enfermo como el mío.
—Hiciste todo esto sólo para salvarte a ti mismo —lo acusó Judai—.
¡Podrías haber salvado a Sho!
—¡No!
Fue únicamente una coincidencia de la que saqué provecho.
Ni yo ni mi Maestro pretendíamos que nadie en esta Academia fuera víctima de Camula.
Sólo deseábamos cargar las llaves, y Camula fue un medio para lograr eso, igual que el resto de los Asesinos.
Antes de que cualquiera pudiera decir nada más, un temblor sacudió la Isla.
—Ya está sucediendo —dijo Daitokuji—.
El sello está por romperse y los Demonios serán libres.
Sus ojos se centraron en Judai nuevamente.
—Ahora todo está en tus manos, Judai.
Los Demonios Fantasmas pueden ser libres, pero solamente se inclinarán ante quien muestre la voluntad de someterlos.
Si de verdad quieres evitar que liberen toda su furia sobre este mundo, debes enfrentar a mi Maestro en un duelo y ganar la lealtad de esas cartas.
Judai apretó los puños.
—¿Cómo sé que no me estás mintiendo?
Daitokuji sonrió.
—No tienes forma de saberlo, pero, ¿importa?
Los sellos fueron removidos.
Me creas o no, esas poderosas bestias ahora son libres para hacer lo que quieran con este mundo.
—Daitokuji soltó una carcajada amarga—.
Yo mismo encontré sus lápidas de piedra en las ruinas de esta misma isla, siguiendo las leyendas que la familia de mi Maestro se pasó de generación en generación.
Daitokuji se estremeció.
—El mayor terror de esas cartas es su capacidad para absorber y manipular la misma vida.
Esa es la razón por la cual mi cuerpo se deterioró tanto.
Encontrar esas piedras, convertirlas en cartas, casi significó mi perdición.
¿En verdad dejarás que esas criaturas vaguen por este mundo sin control alguno?
Como para enfatizar las palabras de Daitokuji, un nuevo temblor sacudió la isla.
Judai miró a Yubel un momento.
El espíritu estaba muy quieto, como si pudiera escuchar algo que los humanos presentes no podían.
Apretó los puños otra vez, antes de dar la vuelta y salir corriendo en dirección a dónde se sentía una gran explosión de energía de duelo.
Pegasus y Samejima no tardaron en seguir a Judai, al igual que Yubel.
Kaiser miró a Daitokuji con furia apenas reprimida, mientras la profesora Ayukawa lo veía a él con preocupación.
—¿Dónde está Sho?
—preguntó Kaiser de nuevo.
Daitokuji lo miró un segundo, antes de girarse y abrir una puerta secreta en uno de los muros, la cual daba a una escalera tallada en piedra.
—Lo llevaré a dónde está.
Kaiser no lo pensó y siguió al profesor.
—¡Espere, joven Marufuji!
—le pidió la profesora Ayukawa, pero Kaiser no la escuchó.
Maldiciendo en voz baja, los siguió a través del pasaje.
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