Judai Crawford - Capítulo 25
- Inicio
- Todas las novelas
- Judai Crawford
- Capítulo 25 - Capítulo 25: Los Tres Demonios Fantasma
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 25: Los Tres Demonios Fantasma
La profesora Ayukawa tuvo la sensación de que descendían hacia las mismas puertas del infierno. Las escaleras parecían bajaban a las entrañas de la tierra sin un final visible. Lo único que iluminaba su camino eran viejas lámparas de gas que se iban encendiendo en una serie de nichos tallados en la roca volcánica de la Isla Academia, separados uno de otro por unos pocos metros de distancia. De tanto en tanto, en los muros aparecían grabados que mostraban escenas de monstruos de duelo que bien podrían ser considerados auténticos demonios.
La mujer no podía evitar estremecerse de miedo cada vez que un nuevo temblor sacudía la isla. ¿Qué tan seguro era ese túnel? Parecía ser mucho más antiguo que la misma casa que resguardaba su entrada, y eso hablando de una casa de al menos ciento cincuenta años. Ella no era una arqueóloga experta como Daitokuji, pero incluso ella podía decir que los grabados en las paredes bien podían tener unos cuantos milenios de antigüedad.
Finalmente, tras descender por lo que pareció una eternidad, llegaron a una cueva. Mesas y estantes llenas de frascos con formol, vasos de precipitado, y otros objetos de laboratorio los rodeaban. Era casi como estar en el laboratorio de un científico loco. Por lo que había descubierto de su colega en los últimos años, bien podía serlo.
La profesora no pudo reprimir un sobresalto y un pequeño grito de miedo cuando a sus oídos llegó un gruñido salvaje, como de un animal herido y muy enfadado.
Vio como el Kaiser se tensaba, mientras Daitokuji levantaba una cortina metálica para dejar al descubierto una jaula que bien podría estar en el zoológico.
En el interior, Sho se arrojó contra los barrotes, estirando los brazos a través de los espacios entre los barrotes, con sus uñas convertidas en garras, intentando alcanzar al profesor. Sus ojos brillaban de un terrible color rojo, y sus dientes rechinaban dejando ver los colmillos. Sólo faltaba la espuma en la boca para tener toda la pinta de ser un animal rabioso.
Superado el terror inicial, y reprimiendo los instintos que le decían que lo mejor era salir de allí y buscar la seguridad de la luz del sol, la profesora intentó acercarse para ayudar a su estudiante.
—Yo no haría eso —le sugirió Daitokuji interponiéndose entre ambos.
—¿Qué hizo con él? —lo cuestionó Kaiser con voz peligrosamente calmada. Su tono era una mezcla de calma, furia y miedo.
—El joven Sho ha perdido por completo el control ante la bestia que habita en todo vampiro.
—¿Él no…? —comenzó la profesora, pero fue interrumpida por el alquimista:
—¿Es un vampiro completo? No. Al menos no todavía. Si la bestia consigue saciar su sed podría calmarse lo suficiente como para dejar de ser un peligro para nosotros y para el propio Sho. Por supuesto, ahora mismo una transfusión simple no bastará.
Los ojos del profesor se centraron en Kaiser.
—La bestia se calmará más fácilmente con sangre de un familiar. Es un instinto básico: ante una situación en la que se sienta amenazada, buscará a su familia.
La profesora lo miró con desconfianza.
—¿Por qué deberíamos creerte?
—Posiblemente soy el único en esta dimensión que ha estudiado el mal del vampirismo de primera mano.
Sonrió de una forma condescendiente que le provoco ganas de darle un puñetazo en toda la cara.
—Emi, has estudiado los efectos de la Energía de Duelo en los seres humanos, pero incluso sabiendo que hay un cierto nivel de metafísica que la ciencia se niega a admitir del todo, te niegas a creer que algo como el vampirismo sea real. Aun cuando las pruebas están delante de tus ojos.
Señaló a Sho. Los gruñidos se habían detenido, y ahora caminaba de un lado a otro de la jaula, como estudiando a los tres humanos fuera de ella, en especial a Ryo.
La profesora Ayukawa frunció los labios. La Energía de Duelo era algo tangible, que podía ser medido. «Y ahora hay un vampiro frente a ti que es tan tangible como la misma Energía de Duelo que has estudiado durante años», dijo una voz en su cabeza, lo cual la hizo sentir mal por estar de acuerdo, al menos en cierto grado, con lo que el traidor había dicho.
Ryo caminó hacia la jaula. Sho se detuvo, mirándolo con cautela, y olfateando el aire como un animal.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó Ryo de pronto.
Daitokuji sonrió de una forma que a la profesora no le gustó.
—Joven Ryo… —trató de advertirle de no confiar en él.
—Mi presencia lo calma. Eso debe significar algo.
La profesora notó que sus manos estaban apretadas en un puño, hasta el punto que sangraban. Parecía que era el olor de la sangre familiar lo que había calmado a la bestia de Sho, suponiendo que lo que Daitokuji decía era cierto.
—Tengo que advertirle que será doloroso. —Daitokuji se movió en dirección a un mecanismo de palancas, seguramente una de ellas abría la jaula donde estaba confinado el joven Sho—. Como dije, no hay forma de hacer esto con una transfusión, así que tendrá que dejar que el joven Sho lo muerda.
—¡Esto es una locura!
—Pero no hay otra forma. En este estado, el joven Sho jamás podrá ser confinado a una cama para comenzar una transfusión. Y, definitivamente, no podemos sedarlo. Acabaría con nosotros antes de que los medicamentos hicieran efecto.
El profesor sujetó una de las palancas.
—Descubra su cuello, joven Ryo, y cuando esté listo, abriré la jaula.
La profesora quiso interferir de nuevo. Caminó hacia su alumno mayor, pero antes de que pudiera llegar a él, Daitokuji ya había jalado la palanca y la jaula se abrió con un rechinido.
Sho no se movió en un primer instante.
La profesora soltó el aire en un suspiro aliviado. Daitokuji se había equivocado…
En un segundo, Sho se arrojó sobre Ryo a una velocidad que no debería ser posible para él. Se abrazó a su hermano con fuerza, tirándolo al suelo, y luego hundió los dientes profundamente en su cuello. En un primer instante, pareció que el instinto de Ryo fue empujar a su hermano, tras un segundo, sus manos se relajaron y en lugar de eso envolvió a Sho en un abrazo, mientras daba pequeñas palmadas en su espalda para tratar de tranquilizarlo.
La profesora apartó la vista de ellos.
—Va a matarlo —susurró.
—Esperemos que la bestia se tranquilice antes de llegar a eso —dijo Daitokuji.
Emi volvió a sentir ganas de golpearlo, cuando notó que el muy cabrón había sacado un cuaderno de notas y un bolígrafo para registrar lo que veía.
—Eres despreciable.
—La ciencia avanza a través de la crueldad —le respondió Daitokuji muy serio.
Otro temblor sacudió la isla.
La profesora Ayukawa no tuvo tiempo de estremecerse. De pronto, la sensación de que algo no estaba bien la invadió. Sho pareció notarlo también, ya que soltó el cuello de Ryo y alzó la mirada, como si estuviera sintiendo algo.
Por mero instinto, Emi sacó su mazo… todas sus cartas estaban en blanco. Instintivamente, supo que algo había robado el poder de todas ellas.
– GX –
Judai siguió las pulsaciones de la Energía de Duelo a través del bosque. Yubel flotaba a su lado, sin que ninguno de ellos dijera nada.
Los temblores en la isla se hacían cada vez más comunes, pero el bosque sorpresivamente estaba tranquilo. Como si toda la vida animal en él se hubiera esfumado. El volcán, de igual forma, seguía apacible a pesar de los continuos terremotos.
Por fin, llegaron hasta un claro. Era un círculo perfecto de tierra yerma en donde no crecía vegetación alguna, como si huyera de ese lugar. En la tierra había varios surcos tallados en círculos perfectos. Además, los temblores parecían provenir de allí, ya que siete enormes monolitos, con la forma de obeliscos, estaban saliendo de la tierra, como si brotaran de ella.
—Bienvenido, heraldo —la voz de un anciano llegó hasta Judai.
De un sendero contrario al camino que él tomó para llegar allí, emergió un anciano en una silla de ruedas.
—Tú eres el presidente Kagemaru.
El anciano asintió lentamente.
—Así es, soy el presidente de la Junta Escolar, y un alto inversionista en Corporación Kaiba. Es un placer conocerte finalmente, y debo agradecer tu ayuda y la de los otros guardianes. Sin su arduo trabajo, esto no habría sido posible.
Judai fulminó al anciano con su mirada, pero el hombre no pareció intimidarse ante sus ojos dorados. Yubel estaba más que listo para despedazar al hombre con sus propias garras. Este anciano había enviado a los Asesinos que tanto lastimaron a los amigos de Judai, y de esa forma lo hicieron sufrir a él. No merecía existir.
Un temblor más sacudió la isla, al tiempo que el anciano, a pesar de su aspecto tan frágil, se levantaba de la silla de ruedas. Alzó la mano, mostrando las siete llaves espirituales colgando de sus dedos, estas comenzaron a brillar, y luego salieron disparadas en dirección a cada uno de los obeliscos que rodeaban el círculo grabado en la tierra muerta.
Del centro del círculo, emergió un octavo obelisco, en el cual se distinguían tres rectángulos que sin duda eran cartas.
—Llegó el momento —dijo el anciano, al tiempo que activaba un disco de duelo.
Al instante, las tres cartas en el obelisco volaron en su dirección, quedando flotando frente a él. Judai se estremeció cuando sintió una especie de alarido de furia proveniente de las tres cartas, pero Kagemaru, sin titubear un solo momento, tomó las tres cartas con rapidez y las colocó en el interior de un mazo, el cual pasó a barajar antes de ponerlo en la ranura del disco de duelo.
El alarido de furia proveniente de las tres cartas se calló de pronto, como si alguien las hubiera amordazado.
Judai notó que el disco de duelo no era uno que hubiera visto antes. No parecía ser electrónico, era más similar a los DiaDhank que Daitokuji les había mostrado en clases. Sin embargo, a diferencia de los objetos egipcios, estos sin duda tenían los espacios suficientes para ser usados en un duelo moderno. Más, eso no fue lo que llamó más la atención de Judai: fueron los gravados que brillaban en la superficie del disco.
Yubel, a su lado, gruñó con enfado.
—No eres más que un esclavista —lo acusó el espíritu.
Kagemaru no dijo nada.
—Es momento de la prueba final —anunció Kagemaru—. Enfréntame en un duelo, heraldo, y decidamos quien es digno de blandir el verdadero poder de la Oscuridad.
Yubel estaba más que listo para arrancarle la cabeza en ese mismo momento.
—¡Vamos al duelo! —respondió Judai encendiendo su propio disco.
Al instante, una especie de esfera de energía pareció emerger de los obeliscos que los rodeaban, fue como ser transportado a un plano alterno dentro de la misma Academia, tal como sucedió con su excursión a la excavación arqueológica de la Isla unos meses atrás.
Kagemaru: 4000 — Judai: 4000
—Muy bien, yo comienzo, robo. —Judai se estremeció al sentir un pulso desde el disco de duelo de Kagemaru al momento que robó su carta. Se sintió mal en muchos sentidos.
—Está reclamando cartas que no le corresponden —susurró Yubel—. Su disco de duelo fue diseñado para someter a su voluntad a los espíritus de las cartas.
Judai se sintió enfermo. Un duelista debía luchar como uno con sus cartas, no obligarlas a obedecer mediante la magia.
—Activo «Olla de la Codicia» para robar dos cartas más. Ahora, activo «Elección Dolorosa»: esta Carta Mágica me permite mostrar cinco cartas de mi mazo, mi oponente elige una y yo puedo agregar esa carta a mi mano y enviar el resto al Cementerio.
Kagemaru mostró sólo cartas trampa.
—Elijo «Costumbre Imperial».
Kagemaru agregó la carta mencionada a su mano, antes de tomar otras dos.
—Invoco a «Sangan» en defensa (ATK/1000 — DEF/600). —El pequeño critter de tres ojos apareció en el campo, abrazándose a su mismo, sus ojos miraron a Judai. En ellos había una tristeza que hizo que el duelista sintiera las ganas de apartar la mirada. Eso estaba mal en muchos sentidos—. Coloco una carta boca abajo. Con eso termino mi turno.
El turno de Judai comenzó. Robó su carta, al tiempo que hacía la promesa silenciosa a las cartas de Kagemaru de liberarlas de esa forma tan opresiva y equivocada de duelo.
—Activo la Carta Mágica «Héroe Espía»: envió al azar dos cartas de mi Deck al Cementerio, y a cambio, puedo tomar una de las cartas mágicas en tu Cementerio y añadirla a mi mano hasta el final de este turno. —El disco de duelo separó dos cartas, que Judai procedió a enviar al Cementerio, para tomar la «Olla de la Codicia» de Kagemaru, la cual procedió a activar de inmediato—. Activo el efecto del «HÉROE Elemental Necroshade» en mi Cementerio: sólo una vez, mientras este allí, puedo hacer Invocación Normal un HÉROE Elemental de nivel 5 o mayor sin sacrificar ningún monstruo. Invoco a «HÉROE Elemental Bladedge» (ATK/2600 – DEF/1800).
La armadura dorada del monstruo resplandeció. Al igual que Judai y Yubel, no parecía muy conforme con las acciones de Kagemaru.
Judai suspiró al tiempo que pasaba a su fase de batalla. Miró a Sangan disculpándose en silencio, antes de ordenar a su héroe atacar. Si bien normalmente no se lo pensaba dos veces al hacer eso, en todos los enfrentamientos que había tenido hasta ahora, los monstruos de sus adversarios (sin importar que tan bueno o malos fueran como personas) estaban allí porque habían elegido luchar a lado de esos duelistas. Los monstruos de Kagemaru no tenían elección.
Bladedge partió al pobre monstruo en dos con sus cuchillas, y gracias a su efecto que permitía causar daño de perforación, Kagemaru perdió la mitad de sus puntos de vida.
—Cuando «Sangan» es enviado del Campo al Cementerio, puedo añadir cualquier monstruo con 1500 de ataque o menos de mi Deck a mi mano. Agrego a mi mano «Uria, Señor de las Llamas Abrasadoras».
Allí estaba, el primero de los tres demonios. La carta emitió una pulsación de descontento, causando que las runas en el disco de duelo brillaran con más intensidad para acallar su desafío.
—Coloco tres cartas boca abajo y con eso termino mi turno.
Kagemaru: 2000 — Judai: 4000
—Ahora es mi turno, ¡robo! Activo la Carta Mágica «Uno por Uno»: descarto un monstruo de mi mano, e Invoco de Modo Especial un monstruo de Nivel 1 desde mi Deck. Invoco a «Bestia de Invocación del Caos» (ATK/0 – DEF/0).
Una criatura de torso y brazos esqueléticos, alas membranosas y cola escamosa apareció en el campo de Kagemaru. No parecía menos feliz que Sangan por estar allí, pero dónde la pequeña bola de pelos mostraba su descontento con ojos llorosos, esta nueva criatura lo hizo con un chillido de furia apenas reprimida.
—Activo el efecto de mi monstruo…
—Antes de eso, activo mi Carta Trampa Continua: «Limitación de Habilidad». Esta carta niega la activación de los efectos de todos los monstruos en el Campo.
—Encadeno mi carta tapada: «Tifón del Espacio Místico», por lo que tu carta se destruye.
Judai hizo un sonido de frustración.
—Ahora sí, activo el efecto de mi monstruo: puedo sacrificarlo para invocar un Demonio Fantasma desde mi mano ignorando sus condiciones de Invocación. ¡Emerge y sométete a mi voluntad «Uria, Señor de las Llamas Abrasadoras»!
La tierra tembló cuando la poderosa criatura, que parecía ser una versión retorcida del dios Osiris, emergió con una explosión de llamas. El enorme dragón serpentino rugió con furia y pareció estar más que dispuesto a ignorar que estaba en un duelo para volverse contra su Invocador. Las runas del disco de duelo brillaron con gran intensidad, pero parecían no ser suficientes para contener la furia del monstruo ahora que había sido liberado de su prisión con forma de carta.
—Te resistes, menos mal que conseguí esto: Carta Mágica de Campo «Montículo del Creador de Vínculos».
La tierra se elevó un poco, antes de que de ella emergieran tres monolitos tallados en piedra de forma rudimentaria, y con cadenas enrolladas a su alrededor. Algunas de esas cadenas salieron disparadas hacia Uria, encadenando a la poderosa bestia, quien gruñó con desesperación, antes de finalmente someterse a la voluntad de Kagemaru con un bufido descontento. Judai tuvo que apartar la mirada de nuevo.
—Ahora, podemos continuar —anunció Kagemaru con suficiencia—. Uria gana 1000 puntos de ataque y defensa por cada carta trampa en mi Cementerio. Actualmente hay 4, así que llega a los 4000 puntos. —Los ojos de Kagemaru se posaron en las cartas tapadas de Judai—. Activo el efecto de Uria: una vez por turno, puedo destruir una carta mágica o de trampa colocada en el Campo de mi adversario, y este no puede responder con sus cartas mágicas o de trampa a la activación de su efecto. ¡Uria, destruye la carta de la derecha!
Uria disparo una bola de fuego que acabo con la trama de Judai.
—¡Fase de Batalla! Uria, ataca a Bladedge.
Judai no pudo hacer sino gritar el nombre de su héroe cuando las poderosas llamas del dragón demoniaco lo redujeron a cenizas, haciéndole perder 1400 puntos de vida.
—Se activa el efecto de mi campo: cuando un monstruo de Nivel 10 destruye un monstruo en batalla y lo manda al Cementerio, el jugador que controlaba a ese monstruo recibe 1000 puntos de daño.
Judai gritó cuando una de las cadenas del montículo salió disparada contra él, golpeándolo como si fuera un látigo. El dolor ardiente y la humedad le hicieron saber que estaba sangrando. Además, su chaqueta de Osiris se había rasgado debido al impacto.
—Termino mi turno.
Yubel gruñó con ira, mientras ayudaba a Judai a ponerse de pie.
Kagemaru: 2000 — Judai: 1600.
Judai tardó un poco en reponerse del dolor, antes de poder robar su carta para comenzar su turno.
—Activo «Caridad Grácil»: robo tres cartas, y luego descarto dos. Desde mi mano, activo la Carta Mágica «O- Sobrealma», con la cual Invoco desde mi Cementerio un HÉROE Elemental Normal. Invoco a «HÉROE Elemental Burstinatrix». Y ahora activo «Polimerización» para fusionarla con mi «HÉROE Elemental Avian» en mi mano e invocar a «HÉROE Elemental de la Llama Wingman» (ATK/2100 – DEF/1200). ¡Fase de Batalla!
—Parece que te has vuelto un poco imprudente. No puedes ganar.
—Tú debiste elegir la otra carta con el efecto de Uria. Carta Trampa «Unión de Almas». Esta trampa me permite sumar el ataque de un HÉROE Elemental en mi Cementerio a uno en mi campo. Sumo los 2600 de Bladedge a Wingman.
El fantasma de Bladedge salió del Cementerio de Judai y se unió a Wingman aumentando su ataque hasta 4700.
—¡Ve, Wingman, Destruye a Uria!
El dragón demoniaco se inclinó, como si estuviera aceptando su ejecución de forma voluntaria. Irónicamente, en esos instantes las llamas de Wingman parecían ser más potentes que las suyas.
Judai terminó su turno, y el ataque de Wingman volvió a ser de 2100.
Kagemaru: 1300 — Judai: 1600.
—Definitivamente, este duelo está siendo todo lo que esperaba, hace que me sienta veinte años más joven —elogió el anciano mientras robaba su carta—. Activo la Carta Mágica Continua «Apertura de las Puertas Espirituales». Cuando la activo, puedo agregar a cualquiera de los Demonios Fantasma de mi Deck a mi mano: añado a «Raviel, Señor de Fantasmas» a mi mano.
Nuevamente, el monstruo no estaba nada contento de ser usado de esa forma.
—Activo el segundo efecto de mi Carta Mágica Continua: descarto una carta para invocar de forma especial un Demonio con 0 puntos de ataque y defensa desde mi Cementerio. Renace, «Bestia de Invocación del Caos». Ahora, activo el efecto de mi bestia: la sacrifico para invocar a «Raviel, Señor de Fantasmas» desde mi mano.
Raviel emergió envuelto en sombras, se giró un poco, e intentó descargar su puño contra Kagemaru, sólo para verse frustrado cuando las cadenas del montículo lo detuvieron sometiendo su voluntad.
Satisfecho, Kagemaru continuó con su turno.
—Durante la Main Phase siguiente a que Uria fue destruida, puedo descartar una trampa para resucitarlo, pero no podrá atacar este turno.
Uria volvió a emerger, sólo para verse encadenada una vez más.
—¿Por qué hacer esto? —gruñó Judai.
—Es la única forma de controlar el poder de estos dioses —respondió Kagemaru—. Además, es una maravillosa ironía: que los mismos dioses al servicio de la Oscuridad destruyan a su heraldo.
Yubel escupió, al tiempo que Judai miraba a los dos demonios. Los monstruos le devolvieron la mirada, y Judai sintió un profundo dolor emanando de ellos.
—Continuemos. Uria no puede luchar, pero Raviel es suficiente para acabar con tus puntos de vida restantes. ¡Batalla!
—¡Activo el efecto de «Necro Gardna» en mi Cementerio! Al desterrarlo, puedo negar el ataque de Raviel.
La figura fantasmal del monstruo de Judai se interpuso entre el poderoso ser divino y Wingman, protegiéndolo de ser destruido y a la vez resguardando los puntos de vida de Judai.
—Termino mi turno.
Kagemaru: 1300 — Judai: 1600.
—Es mi turno, robo. Activo la Carta Mágica «Don del Débil»: destierro a mi «Niño Héroe» de Nivel 3 en mi mano para robar dos cartas más. Ahora, activo «Esperanza de Cinco»: regreso cinco HÉROES Elementales en mi Cementerio a mi mazo y lo barajo, luego puedo robar dos cartas. Activo «Olla de la Codicia» y robo dos cartas más.
—Justo como Daitokuji dijo: realmente tienes la habilidad de robar justo lo que necesitas. Pero incluso con eso, el poder de los Demonios Fantasma es superior al de cualquier cosa que puedas arrojarme.
Judai no respondió.
—Cambio a Wingman a posición de defensa, e invoco a «Kuriboh Alado», también en defensa.
Kuriboh miró a Kagemaru con el ceño fruncido, y por un momento el anciano sintió que el pequeño ángel peludo le había sacado la lengua.
—Se activa el efecto de Raviel: como invocaste a un monstruo, puedo invocar una «Ficha de Fantasma» en mi campo (ATK/1000 – DEF/1000).
Una versión más pequeña de Raviel apareció en el campo de Kagemaru.
—Activo la Carta Mágica Continua «Espejismo de la Pesadilla» y coloco dos cartas más. Con eso termino mi turno.
—Es mi turno, robo.
—Es la Fase de Espera de mi adversario, se activa el efecto de «Espejismo de la Pesadilla», lo cual me permite robar dos cartas. Además, le encadeno mi carta boca abajo: carta mágica de Juego Rápido «Provisiones de Emergencia», la cual me permite enviar cualquier cantidad de cartas mágicas y de trampa que controle al Cementerio y gano 1000 puntos de vida por cada una. Mando a «Espejismo de la Pesadilla» y mi carta boca abajo para ganar 2000 puntos de vida.
Los puntos de Judai subieron hasta 3600.
—No será suficiente. Primero, Invoco Normal a «Caballero del Armagedón» (ATK/1400 – DEF/1200). —Un hombre portando una armadura medieval, de larga cabellera negra y que ocultaba su rostro con una mascada roja, apareció en el campo de Kagemaru—. Cuando este monstruo es Invocado, puedo enviar cualquier monstruo de OSCURIDAD de mi Deck al Cementerio. Envío a la «Bestia de la Invocación Oscura». Pero, no se quedará allí mucho tiempo: puedo desterrarla desde mi Cementerio para añadir a mi mano al tercer Demonio Fantasma: «Hamon, Señor del Trueno Golpeador».
Judai cerró los ojos. Podía sentir la tristeza y la furia que emanaba de los tres demonios, la cual sólo creció ante la inminente invocación del tercero.
Esto se cumplió casi de inmediato, cuando Kagemaru activó el segundo efecto de su carta, «Apertura de las Puertas Espirituales», para descartar la carta en su mano y resucitar a su «Bestia de la Invocación del Caos», la cual procedió a sacrificar para invocar a Hamon.
Ahora que los Tres Demonios Fantasma estaban en el Campo, encadenados y sometidos a la voluntad de Kagemaru, una ola de poder abrumador se expandió por toda la Isla y más allá.
Judai sintió el eco de los gritos de dolor de miles de espíritus, mientras eran absorbidos por el poder de los tres poderosos seres divinos. Justo como Daitokuji dijo: tenían el poder de alterar la misma esencia de la vida.
Kagemaru respiró profundamente, mientras su cuerpo marchito rejuvenecía al alimentarse del poder de los espíritus robados.
—¡Esto es justo lo que necesitaba! —exclamó en medio de una carcajada—. Sólo por esto valió la pena cada sacrificio que hice.
—Hacer todo esto sólo para rejuvenecer —escupió Judai—. ¿No crees que es sólo un desperdicio?
—Cuando me convierta en el nuevo heraldo, y use el poder de la Oscuridad para someter a este mundo y a las Doce Dimensiones, todo habrá valido la pena. ¿Tienes idea de todos los sacrificios que mi familia hizo esperándote? Y resulta que el heraldo no es más que un niño que pierde su tiempo en la Academia cuando debería estar encabezando una guerra.
—No entiendes nada —le espetó Yubel. Judai notó que le costaba trabajo mantener su energía ante el poder de los Demonios Fantasma tratando de robársela.
—Sé que haré un mejor trabajo que ustedes. Por ahora, estás protegido por el poder del heraldo, pero una vez que lo derrote, ese poder será mío.
»Terminemos con esto. ¡Fase de Batalla! Hamon, destruye a Wingman.
Wingman fue destruido por un trueno disparado por el poderoso demonio que emulaba a Ra.
—Cuando Hamon destruye a un monstruo oponente, este recibe 1000 puntos de daño. Y eso no es todo, de igual forma, se dispara el efecto de mi Montículo, causando otros 1000 puntos de daño.
Judai fue arrojado varios metros, cuando la cadena, esta vez envuelta en electricidad, volvió a golpearlo.
Con el costado de su cuerpo goteando sangre, Judai se puso de pie. No podía rendirse. Los Demonios Fantasma gruñeron con desesperación.
—No es su culpa —susurró Judai en voz baja, esperando que pudieran escucharlo.
—No he terminado, ¡Raviel, aplasta a Kuriboh!
El Kuriboh Alado desapareció en una explosión.
—Gracias, amigo —susurró Judai, luego, dijo en voz alta—: Cuando «Kuriboh Alado» en mi Campo es destruido y mandado al Cementerio, por el resto de este turno no recibo daño de batalla.
—Aún puedes recibir daño de efecto.
Un golpe más de la cadena, y Judai sintió que ahora al menos un par de sus costillas estaban rotas. Su chaqueta y su playera estaban empapadas en sangre.
El turno de Kagemaru terminó.
Kagemaru: 1300 — Judai: 600
—Mi turno, Robo. —Judai sonrió—. ¡Esto es perfecto!
—Es inútil, no puedes vencer a mis monstruos…
—No tengo que hacerlo. Sólo debo pasar sobre ellos.
Kagemaru alzó una ceja, intrigado.
Judai sintió que su vista se nublaba por la pérdida de sangre, pero se obligó a sí mismo a permanecer de pie. Ese era su último turno, y estaba a punto de usar una combinación de cartas muy rebuscada. Pero, si funcionaba, ganaría ese duelo.
—Primero, activo la carta Mágica «Libro de Hechizos dentro de la Olla», con la cual ambos podemos robar tres cartas.
—Debes estar desesperado para dar más recursos a tu adversario —comentó Kagemaru mientras robaba sus tres cartas.
—Segundo, activo desde mi mano la carta mágica «Hechizo Doble» —siguió Judai ignorando las palabras de su adversario—. Descarto una carta mágica en mi mano, y selecciono una carta mágica en el Cementerio de mi adversario, entonces, en su resolución, «Hechizo Doble» se resuelve como si fuera la carta en el Cementerio. Elijo «Elección Dolorosa».
Kagemaru gruñó cuando Judai mostró cinco cartas, todas ellas mágicas o trampas que podrían salvarlo de cierta manera, ya sea buscando recursos para fusionar o destruyendo sus cartas, aunque había una de ellas que le era inútil.
—Elijo «Alas Trascendentales».
—Perfecto. Activo «Refuerzos del Ejército» y añado a «HÉROE Elemental Avian» a mi mano desde mi mazo. Ahora, Invoco Normal a Avian (ATK/1000 – DEF/1000). Y es momento de deshacerme de las cadenas que atan a tus monstruos: Activo la carta Mágica de Campo «Rascacielos».
Los montículos temblaron, al tiempo que los inmensos rascacielos emergían de la tierra rodeando el claro, y rompiendo las cadenas que ataban a los demonios.
Kagemaru gruñó con desesperación cuando los demonios, ahora sólo contenidos por el disco de duelo que parecía estar llegando a su límite, parecieron listos para aplastarlo.
—Esto aún es un duelo —les recordó—. No pueden ignorar ese hecho. Las leyes del mismo universo los castigarían.
—Esto termina ahora —dijo Judai—. Activo la carta Mágica «R- Justicia Honesta»: Me permite destruir cartas Mágicas y de trampa en el campo igual al número de HÉROES Elementales que controlo. Con esto me deshago de tus puertas espirituales.
La carta de Kagemaru desapareció en una explosión.
—Con eso todo está listo. Desde mi mano, Carta Mágica «Biblioteca del Mago»: puedo añadir cualquier carta Mágica en mi Deck a mi mano. Y la activo de inmediato: «Flash Hero!!!». Destierro en mi Cementerio a «H- Corazón Ardiente», «E- Llamada de Emergencia», «R- Justicia Honesta» y «O- Sobrealma»; a cambio, invoco un HÉROE Elemental Normal desde mi Deck de Modo Especial. Invoco a «HÉROE Elemental Sparkman» (ATK/1600 – DEF/1400).
Sparkman apareció en un rayo, listo para entrar a la batalla.
—¡Fase de batalla! —anunció Judai.
—Es inútil…
—El turno en que activo «Flash Hero!!!» mis Héroes Elementales Normales pueden atacar directamente. ¡Ve, Sparkman!
Volando sobre los demonios, Sparkman golpeó el disco de duelo de Kagemaru, haciendo que se partiera por la mitad.
Kagemaru retrocedió, perdiendo poco a poco la juventud que había recuperado. Los Tres Demonios Fantasmas, a pesar de que el duelo había terminado, permanecieron en el campo. Judai apartó la mirada. El anciano gritó de dolor cuando su propia vida comenzó a ser absorbida. Su piel se fue secando, como la de una momia, hasta que sus huesos eran por completo visibles. Su espesa y larga barba, y el largo cabello blanco se fue cayendo lentamente. Al final, todo lo que quedó fue una montaña de polvo que lentamente se dispersaba en el viento.
Los demonios, al parecer satisfechos por su logro, se convirtieron en Cartas, antes de volar hacia Judai e introducirse en su mazo.
Judai se desplomó en los brazos de Yubel, al tiempo que la dimensión de bolsillo desaparecía.
Lo último que creyó escuchar fue el grito de su padre llamándolo.
– GX –
La profesora Ayukawa se sentó en el suelo soltando un suspiro de alivio cuando sus cartas volvieron a la normalidad.
Vio al Kaiser a pocos metros de ella, incorporado en el suelo, y con Sho durmiendo en sus brazos. Se sintió aliviada de ver la pasividad en el rostro del hermano menor, aunque la palidez de Ryo le indicaba que era él quien necesitaba una transfusión urgentemente. Por fortuna, la herida en su cuello no parecía ser de gravedad, a pesar de la forma en que se había hecho.
—Ha terminado —anunció Daitokuji.
Ayukawa lo miró más que lista para echarle en cara todas sus acciones. Se detuvo cuando vio su semblante: abatido y lleno de un dolor que parecía antinatural en ese rostro que antes de todo eso siempre estaba sonriendo.
—El último sacrificio ha sido hecho.
—¿Sacrificio? —lo cuestionó.
Daitokuji miró a su colega. Sus ojos estaban vidriosos, como si quisiera llorar.
—La tradición de esta isla siempre fue ofrecer un tributo a los Tres Demonios Fantasma para apaciguar su ira después de su despertar. Cada vez que la Luz de la Destrucción se acercaba a este mundo, los habitantes de esta isla, y de otras cercanas, realizaban un torneo. Mediante los Juegos de lo Oscuro recargaban las llaves espirituales para retirar el sello de los demonios. Finalmente, el sumo sacerdote mismo se ofrecía como sacrificio voluntario para calmar su ira y hacer que su poder repeliera a la Luz por otros quinientos años.
Daitokuji cerró los ojos en un rictus de dolor.
—Según me contó mi Maestro, cuando el Shogun de Tokugawa autorizó al Daimyo de Satsuma la invasión del Reino Ryukyu en 1609, la religión de esta isla fue prohibida debido a la necesidad de los sacrificios humanos para apaciguar la furia de los Tres Demonios Fantasma. Aun así, el culto se mantuvo en secreto por la familia del presidente Kagemaru.
—Todo esto de los asesinos, ustedes lo planearon para revivir esos rituales de salvajes.
—¿Salvajes? Los sacrificios religiosos han ido a la par de los juegos de lo oscuro desde siempre. Los juegos de pelota mesoamericanos lo han demostrado. Y, en términos simples, se puede considerar que el sacrificar monstruos durante un duelo es un equivalente a esto.
Daitokuji se rio por lo bajo. Luego continuó su explicación:
—Los quinientos años se cumplieron hace quince años, pero debido a que la civilización de esta isla ya no existía, fue imposible despertar a los demonios a tiempo para repeler a la Luz.
La profesora apretó los puños con ira:
—¿Entonces por qué hacer pasar a los niños por esto?
—Para dar sus armas al heraldo. Has visto lo que Judai es capaz de hacer, lo fuerte que es su conexión con los espíritus.
»Creímos que el mundo estaba perdido, hasta que el presidente Kagemaru descubrió que la Luz era especialmente insistente en eliminar a un pequeño niño de cinco años, un niño que fue adoptado por el mismo Pegasus J. Crawford.
»Revisando los archivos de su familia, el presidente Kagemaru fue capaz de identificar las señales y descubrimos que él era el heraldo de la Oscuridad. Los Demonios no fueron despertados, pero el heraldo estaba aquí para encabezar la guerra contra la Luz. Sólo debíamos asegurarnos de que tuviera sus mejores armas para ello.
»Intentamos que Seto Kaiba aprobara un torneo para este año, a fin de cargar las llaves, pero él nos rechazó. Tiene un evento programado para el próximo año, como bien sabes, y no quiso adelantarlo. Nuestra única opción fue declararle la guerra por el control de los Tres Demonios Fantasma.
Emi no se relajó en su furia.
—Pudieron ser honestos con él.
—Lo intentamos, y jamás escuchó. Una vez que Seto Kaiba dice «no», es imposible hacerlo cambiar de opinión. A menos que seas Yugi Muto. Y tampoco podíamos acudir a él. Está demasiado ocupado excavando viejas pirámides en las selvas de Centro América, cuando no está presentando uno de sus juegos de rol.
Daitokuji negó con la cabeza.
—Todo eso ya no importa. Está hecho: las llaves fueron cargadas, los Tres Demonios despertaron y el sumo sacerdote se ha sacrificado para apaciguar su ira. Ahora mismo, esas tres poderosas cartas deben estar en manos del heraldo.
Daitokuji miró a Sho, todavía durmiendo en los brazos de su hermano.
—Nos hubiera gustado que los sacrificios fueran menos, pero… En fin, se hace lo que debe hacerse.
—¿El presidente Kagemaru…? —comenzó la profesora.
—Sí, él está muerto. Si su plan fue como debía, Judai terminó con él en un Juego de lo Oscuro.
—El joven Judai no es…
—¿Un asesino? No, no lo es. Pero, alimentada con la suficiente ira, la Oscuridad en él será suficiente para completar el trabajo.
Se puso de pie.
—Sobre si decirle o no la verdad, supongo que esa es decisión de ustedes. Por favor, cuiden de Faraón.
Dicho eso, Daitokuji desapareció enfrente a ellos, como si el aire se lo hubiera tragado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com