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Judai Crawford - Capítulo 26

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26: Después de la batalla 26: Después de la batalla Judai suspiro de forma exasperada cuando, de nuevo, abrió los ojos para encontrarse con el techo de la enfermería.

Comenzaba a tornarse en algo muy molesto.

¡Él era el heraldo de la Oscuridad Gentil, debería tener más resistencia a los efectos negativos de los Juegos de lo Oscuro!

Cerró los ojos y trató de tranquilizarse.

Estaba muy cansado y pensar en esas cosas hacía que le diera migraña.

—Yubel… Como de costumbre, la familiar presencia del espíritu acudió apenas dijo su nombre.

—Todo terminó.

Están a salvo.

Tras escuchar eso, Judai se permitió relajarse y volver a dormir.

– GX – Cuando la profesora Ayukawa y Ryo, todavía llevando a un inconsciente Sho en su espalda, finalmente salieron del túnel, se sorprendieron al encontrar a un confundido profesor Chronos, quien intentaba despertar a Jun, Daichi y Hayato, quienes estaban inconscientes en el suelo del dormitorio abandonado.

Chronos no tardó en cuestionarlos sobre lo que estaba pasando, haciendo uso de sus acostumbrados chillidos exagerados.

—Es una larga historia, ahora hay que ocuparnos de los chicos.

El profesor asintió de inmediato.

Ayukawa se apresuró a revisar los signos vitales de los alumnos inconscientes, respirando con alivio cuando quedó claro que no corrían peligro.

Sólo parecían sumidos en un profundo sueño del cual, esperaba, pronto despertarían.

No perdió más tiempo y contactó con el resto de sus colegas ahora que había salido del túnel y volvía a tener señal en su teléfono.

El profesor Kabayama, el profesor Satou y el profesor Monoma llegaron unos 45 minutos después para ayudarlos a trasladarlos a la enfermería.

Cuando llegaron allí, Pegasus y Samejima acababan de regresar al campus, llevando a un inconsciente Judai.

La profesora Ayukawa suspiró con resignación.

Casi podía ver su futuro: Judai nunca dejaría de ser un paciente regular en la enfermería a causa de uso excesivo de Energía de Duelo.

Entrando en su modo de doctora estricta, obligó al profesor Chronos a recostarse y descansar.

También tuvo que forzar al Kaiser a hacer lo propio a fin de poder hacer una trasfusión para que recuperara la sangre que le dio a Sho.

Fueron una tarde y noche complicadas.

Por fortuna, a la mañana siguiente, los tres estudiantes dormidos recuperaron la consciencia.

Sho también parecía haberse recuperado bien, aunque su memoria a corto plazo tenía algunas lagunas.

Supuso que fue debido a la pérdida de control ante «la bestia» del que habló Daitokuji.

En cierto sentido, eso le daba algo de paz.

No sabía cómo reaccionaría el chico si recordara el hecho de que se alimentó de la sangre de su hermano.

Judai estuvo inconsciente un tiempo más.

Despertó por algunos breves momentos a lo largo de los siguientes dos días, tiempo en el cual recibía constantes visitas no sólo de sus amigos cercanos, sino también de otros estudiantes de Osiris.

Una semana más tarde, por fin Judai despertó y, tras estar un día más en observación, fue dado de alta.

– GX – Asuka y Fubuki regresaron a la escuela para los exámenes finales, y permanecieron allí las dos semanas restantes que quedaban hasta el final del periodo.

El grupo decidió pasar el resto de su tiempo en la Academia relajándose en la playa y disfrutando de ver los duelos de graduación de los alumnos de tercero.

Pasaron algunas cosas más.

La carta diseñada por Hayato gustó tanto que de inmediato recibió una oferta de trabajo como diseñador de cartas.

El profesor Chronos pareció volver a su modo de profesor abusivo al enterarse de eso, poniendo un ultimátum: si quería que firmara su salida debía ganarlo en un duelo.

Hayato sorprendió a todos dando su mejor esfuerzo en un duelo, y aunque no pudo vencer al profesor Chronos, este quedó lo suficientemente complacido con su avance como para firmar su salida.

Para sorpresa de todos, Hayato decidió rechazar la oferta.

—Es un honor, señor Pegasus, pero… ¡Quiero graduarme con mis amigos!

Haré una promesa: sólo saldré de esta Academia con mi diploma bajo el brazo.

Pegasus aceptó su respuesta con entusiasmo, deseándole suerte y recordándole que la oferta estaría allí esperándolo después de la graduación.

Sólo restaba una cosa para que el año terminara: el duelo final de graduación.

La costumbre era que el mejor estudiante entre los graduados luchara contra uno de los profesores.

Sin embargo, ese año Ryo tuvo una petición para la dirección de la escuela.

El profesor Chronos en un comienzo estaba reacio a aceptar dicha petición.

No era tradicional que el mejor graduado decidiera enfrentarse a alguien de primer año.

Sin embargo, Ryo tenía muy buenos argumentos, los cuales terminaron por convencer al sub-director.

– GX – Había terminado, no de la forma en la que esperaban, pero al menos era un final.

Pegasus, Samejima y los hermanos Kaiba se habían reunido en la oficina del director.

En esta ocasión, también Yugi estaba allí, y aunque Kaiba no estaba feliz por eso, no podía expulsarlo de la escuela.

Dado que la Academia de Duelos era un colegio privado que se manejaba como si se tratara de una empresa, había acciones, y el bastardo de Kagemaru había dejado instrucciones precisas de que su testamento fuera leído en el instante mismo de su muerte.

En palabras simples, dado que no tenía más familia viva, había dejado todo lo que poseía (incluyendo la tercera parte de las acciones de la Academia) a Yugi Muto, con la condición de que se asegurara de que toda su fortuna sería empleada en el beneficio de la escuela y sus estudiantes, convirtiéndolo de esta forma en una suerte de albacea o guardián de su herencia que en el dueño de facto.

Yugi no parecía muy conforme con ese desarrollo, pero aceptó al ser el último deseo de un anciano –por más que dicho anciano había conspirado contra la misma escuela–.

Desde la perspectiva del Rey de los Duelistas, su testamento era un modo de expiación final por sus acciones como líder de las Siete Estrellas Asesinas.

No justificaba sus crímenes, pero de momento no había pruebas de que las palabras de Daitokuji respecto a «su maestro» fueran falsas.

Parecía que Kagemaru realmente había sido un hombre desesperado con el tiempo encima y que sólo deseaba concluir el trabajo de su familia antes de morir.

Las últimas tres semanas, desde que las puertas espirituales fueron abiertas y Kagemaru se enfrentó en duelo a Judai, habían sido de control de daños.

Explicar por qué todas las cartas del mundo de pronto se quedaron en blanco por unos minutos, con un consiguiente fallo generalizado de todos los discos de duelo activos en ese momento, fue un dolor de cabeza.

Muchos eventos y torneos alrededor del mundo se habían visto interrumpidos, y la compañía tuvo que cesar sus actividades por un rato para revisar que el repentino flujo de energía de duelo liberado una vez que los Demonios Fantasmas quedaron inactivos no hubiera dañado algo.

Y eso sólo había sido la punta del iceberg.

Yugi había tenido que volar de regreso a Japón desde Estados Unidos, dónde estaba presentando la nueva expansión del juego de rol que había desarrollado junto con Bakura, cuando los abogados de Kagemaru lo contactaron para avisarle sobre la lectura del testamento, lo cual significo cancelar su apretada agenda de eventos de promoción.

Además de estar presente en la lectura del testamento, tuvo que asistir a la apertura de la bóveda de la familia Oshita en su casa ancestral en Okinawa.

Dentro no había dinero o joyas, eso estaba repartido en bancos y acciones de diversas empresas de todo el mundo (ahora bajo el control de Yugi), además de en Corporación Kaiba, sino un montón de lápidas de piedra que alguna vez estuvieron en las ruinas de la Isla Academia, así como viejos textos y tablillas grabadas que se remontaban (según una estimación inicial de Sugoroku Muto y su amigo el profesor Hopkins) a unos diez mil años de antigüedad.

De inmediato, Yugi contactó a Pegasus al darse cuenta de que las losas de piedra mostraban inequívocamente a unos seres similares a los Dioses Egipcios.

Por supuesto, resultaron ser las lapidas originales de los Tres Demonios Fantasmas, y una sorpresa más: lo que parecía ser la fusión de las tres.

Pegasus no perdió tiempo en reunirse con Yugi para revisar por sí mismo el contenido de la bóveda.

Casi al instante se acordó que sus empleados de más confianza trasladarían todo el material a una de sus instalaciones más seguras para ser examinado.

A primera vista, ahora veían de dónde era que Kagemaru había obtenido el soporte para los demonios usado en su duelo contra Judai.

Respecto a las tres cartas de los Demonios, en un primer instante Kaiba ordenó sellarlas de nuevo.

Y por una vez Pegasus estaba de acuerdo con él, aunque fuera por razones completamente diferentes.

Kaiba selló las cartas en primer lugar porque no le eran de utilidad, pero tampoco quería que alguien fuera a usarlas en su contra, ahora era lo mismo.

Pegasus solamente buscaba proteger a su hijo.

Por desgracia, el resultado fueron tres personas en coma.

Eso dejó las cosas muy claras: los demonios no querían abandonar el mazo de Judai.

Al final, Yugi fue quien tuvo que decir la verdad al respecto: —Sé que no es lo que quieren oír, pero lo mejor es dejar las cosas como están.

—Kaiba fulminó a Yugi con la mirada, mientras Pegasus se hundía un poco en su asiento—.

Está claro que estos demonios son tan temperamentales como los Dioses Egipcios, y ahora que han elegido a un maestro debemos respetar su deseo.

—Esas cartas pertenecen a la Academia de Duelos —replicó Kaiba con tono frío.

—Y ahora soy dueño de la tercera parte de la Academia y la fundación que la financia —le recordó Yugi.

Kaiba maldijo por lo bajo.

Parecía que la familia Oshita había existido sólo para ser una piedra en su zapato.

Más de una década atrás, Konosuke Oshita, el jefe de la junta directiva de Corporación Kaiba, había conspirado para apoderarse de su compañía, sólo para terminar muriendo al quedar atrapado en el mundo virtual.

Y ahora su padre moría dejando todas sus acciones y negocios en manos de Yugi, sabiendo que sería el contrapeso indicado para cualquier proyecto demasiado «siniestro» que tuviera que ver con la Academia.

Muy bien, Yugi podía tener ahora un tercio de su escuela, pero eso no le bastaba para tomar decisiones como esa… —No me gusta, pero estoy de acuerdo con chico Yugi.

Kaiba gruñó.

La otra tercera parte pertenecía a Pegasus, lo cual significaba que por mayoría se haría lo que Yugi estaba sugiriendo.

—Bien, el niño puede conservarlas por ahora.

Sin embargo, tiene prohibido hacer uso de ellas.

—A menos que se presente otra amenaza como estos Asesinos —agregó Yugi.

Kaiba le sostuvo la mirada un momento, esperando que cediera.

—Hermano, creo que los términos de Yugi son más que razonables.

Kaiba cerró los ojos.

Mokuba siempre actuaba como un mediador entre ambos, tratando de ser objetivo a la hora de dar sus opiniones respecto a sus disputas.

—Bien, podrá usarlas si algo como esto vuelve a ocurrir mientras está en la Academia.

Pero, una vez que se haya graduado, las cartas serán selladas una vez más.

No me arriesgaré a que esas cartas vayan a un lugar donde no puedan ser vigiladas.

—¿Es posible que otra amenaza así se presente?

—intervino el director Samejima.

—¿Recuerdas mi petición al comienzo del año escolar?

—Samejima asintió: Pegasus le había pedido que, si en algún momento aparecía un duelista que pudiera parecer una amenaza directa contra Judai, debía dejar que se ocupara de él por sí mismo.

Todavía no estaba muy de acuerdo con eso, pero considerando la forma en que se manejó contra los Asesinos, podía ver porque Pegasus le pidió eso.

—¡Sabías sobre esta amenaza antes de que sucediera!

—Kaiba acusó a Pegasus.

—No exactamente, chico Kaiba.

Mokuba, ¿por qué no nos dices lo que descubriste mientras investigabas a mi hijo?

El Kaiba más joven pareció algo avergonzado.

No es que hubiera mucho que averiguar sobre Judai Crawford antes de ser adoptado por Pegasus.

Sabía que sus padres murieron en un accidente de coche, el cual la policía luego clasifico como un asesinato.

Pegasus lo había adoptado valiéndose de su dinero y de la Ley de Adopción Rápida que el gobierno japonés había aprobado a comienzos de los años noventa para incentivar la adopción entre la población joven.

Nada más después de eso, o al menos nada importante.

Pegasus notó que el joven Mokuba parecía estar guardado algo más.

—Quien asesinó a los padres de Judai era parte de un culto demencial que adoraba a la Luz… —¿La Luz de la Destrucción?

—preguntó Yugi de pronto—.

Jonouchi y Mai me advirtieron de ellos.

Hace algunos años, un grupo de personas, todos duelistas profesionales, intentaron «reclutarlos» en Europa.

—Yugi hizo comillas con los dedos al decir la palabra «reclutar»—.

Parecían tener intenciones siniestras, aunque no pudieron sacarles mucho.

Igual que pasaba con los Ghouls de Marik, una vez que perdieron el duelo alguna fuerza que los controlaba los dejó en estado de coma.

Pegasus pareció de pronto mucho más viejo.

—¿Piensas que está organización atacará la escuela?

—preguntó Samejima a Pegasus.

—No tengo dudas.

Los últimos diez años, mi seguridad ha desmantelado al menos otros treinta intentos de asesinato contra Judai.

Sin contar a los propios miembros de la secta a quienes yo mismo he derrotado en un duelo.

—Permitiste que viniera aquí sabiendo eso —le espetó Kaiba.

—Tal vez ya no vea de la misma forma que antes, chico Kaiba, pero sí sé que desde que Judai cumplió catorce años los intentos de asesinato pararon.

Creo que es porque su poder ahora está llegando a su madurez, y la Academia ayudó en eso.

Yugi escuchó la explicación de Pegasus sin decir nada y con un gesto meditativo.

Ni Kaiba ni Mokuba habían apartado la mirada de él, su expresión pensativa era una que conocían bien, no por nada era el mayor rival de Seto desde que el faraón había cruzado al otro lado.

Yugi sabía algo sobre ese asunto que no les estaba diciendo.

—¿Sabemos cuándo atacará esta Sociedad de la Luz?

—preguntó Yugi por fin.

Pegasus negó con la cabeza.

—Puedo asumir que será pronto.

Su infiltración en la escena del duelo ha sido constante durante años.

No sólo en Europa, sino también en América, e incluso aquí en Japón.

Kai Kutaragi formaba parte de la secta, algo que nadie sospechó hasta que decidió atacar directamente a Judai.

—Así que no sabemos quién está y quien no con ellos —dijo Samejima en un suspiro.

—¿Qué es lo que buscan?

—cuestionó Mokuba—.

Es decir, si son una organización, secta a lo que sea, deben tener un objetivo.

En especial si tienen tanto interés en eliminar a un simple niño.

Pegasus ahora parecía realmente viejo.

—Como su nombre lo indica: la Destrucción.

La destrucción de toda la vida para ser preciso.

Y, por lo que sé, dentro de Judai hay un poder ancestral que es lo único capaz de hacerle frente.

Si lo que Daitokuji dijo es cierto, Kagemaru organizó todo esto con el fin de asegurarse de que ese poder dentro de Judai madurara por completo, así como darle un arma poderosa a través de los Demonios Fantasmas.

Kaiba resopló.

—Si pretenden usar el duelo para su absurdo plan de destrucción del mundo, y están detrás de tu mocoso, entonces lo mejor es ponerles una trampa.

Kaiba se levantó.

—Vamos a atraerlos de la misma forma en que guie a los Ghouls a una trampa en Ciudad Batallas.

La cantidad de energía de duelo necesaria para lo que ellos pretenden raramente se reúne en un solo lugar, así que haremos eso por ellos.

—¡Chico Kaiba, propones algo demasiado arriesgado!

—Lo mejor para deshacerse de plagas como estas es reunirlas en un solo lugar y luego aplastarlas.

No sabemos cuándo ni cómo atacarán, así que nuestro mejor curso de acción es dar el primer paso.

En lugar de sentarnos a esperarlos con paciencia, los atraeremos a una emboscada para que la lucha se dé en nuestros términos y no en los de ellos.

Se giró hacia Mokuba.

—Comienza los preparativos: convocaremos a un gran torneo para el próximo año.

Cada Campus de la Academia debe enviar a sus mejores estudiantes, e invitaremos también a los mejores duelistas profesionales de todo el mundo para la primera edición del Torneo de la Isla de Batallas, aquí mismo en la Isla Academia.

—Siempre yendo a los extremos —suspiró Yugi.

Kaiba no dijo o hizo nada para contradecirlo.

No les cabían dudas de que, si había alguien capaz de desarrollar un torneo como aquel en tan poco tiempo, ese era Seto Kaiba.

Considerando que organizó la primera edición de Ciudad Batallas en tan sólo un mes (incluso atreviéndose a regalar la primera generación de discos de duelo a todos los participantes, un gasto que no cualquiera podía asumir), esto en comparación parecía poca cosa.

Una vez que eso quedó decidido, Pegasus decidió que era momento de saber que era lo que los Kaiba sabían sobre su hijo que él no.

—Muy bien, sólo un detalle más, joven Mokuba, ¿hay algo más que deba saber sobre mi hijo?

Mokuba se permitió una sonrisa tímida.

—No sé hasta qué punto sabes sobre esto, ya que nos costó mucho desenterrarlo.

Alguien más intentó adoptar a Judai al mismo tiempo que lo hiciste.

El único ojo de Pegasus centelló con sospecha, mientras sus facciones se ensombrecían.

No sabía nada sobre eso.

—¿Quién?

Mokuba se mordió el labio.

—Kagemaru Oshita.

Pegasus apretó los puños y se reclinó hacía atrás.

Ese hombre… A juzgar por lo que Daitokuji dijo a la profesora Ayukawa, Kagemaru siempre supo sobre la identidad de su hijo.

Sin embargo, a juzgar por lo que aprendió de él, tal vez habría criado a Judai para ser un arma.

Quizá fuera muy cruel pensar de esa forma, pero le alegraba que el hombre estuviera muerto.

– GX – Quedaban sólo dos días más del curso.

Al día siguiente tendría lugar el último duelo de los graduados, el duelo de Kaiser.

Ryo y Asuka se reunieron por última vez en el faro de la escuela.

Fubuki también estaba allí.

—Puedo ver porque les gusta tanto este lugar —dijo Fubuki mientras se maravillaba por el cielo estrellado, el cual, de tanto en tanto, era barrido por la luz del faro.

Ryo no dijo nada, manteniendo la mirada fija en las apacibles aguas.

Era extraño sentirse tan relajado en la Academia en compañía de sus mejores amigos, quizá sus únicos amigos.

«No», se recordó, «Ya no más.

Judai, Jun, Daichi… incluso Hayato».

Había pasado mucho tiempo pensando en los acontecimientos recientes.

Los enfrentamientos con los Asesinos, habían sido duelos de vida o muerte que de alguna forma los habían unido a todos.

—Me sorprende tu elección de oponente para tu duelo de graduación —dijo Asuka de pronto.

Notó que incluso Fubuki estaba interesado por eso.

Era extraño lo mucho que él había cambiado.

Antes de desaparecer, Fubuki era un torbellino hiperactivo a quien le gustaba divertirse a su costa, cuando no estaba persiguiendo las faldas de sus compañeras de clase.

Y aunque en las últimas semanas estaba recuperando un poco de esa actitud, estaba claro que algo dentro de él había cambiado para siempre.

«Al igual que algo cambió en mí cuando Sho…».

—Hice mi elección por un motivo.

Necesito saber que Sho estará a salvo el próximo año, cuando no esté cerca de él para protegerlo.

Ahora que veía las cosas en perspectiva, tras tener que enfrentarse a la parte más siniestra del Duelo, se daba cuenta de que la Academia no era un lugar seguro.

La cosa que manipuló a Fubuki todavía estaba allá afuera en algún lugar, tal vez recuperando fuerza para atacarlos de nuevo, y seguramente había muchas otras amenazas iguales, o incluso peores, acechando a la Academia.

Usaría su duelo de graduación para comprobar que la Academia estaría en buenas manos.

—Sho ha crecido mucho el último año —dijo Asuka—.

Igual que todos, aunque no haya sido en las circunstancias en las que nos gustaría que hubiera sido.

Estará bien.

Ryo la miró de reojo.

Asuka tenía una mirada llena de determinación.

Siempre fue fuerte, pero ahora se daba cuenta de que las experiencias de ese año la habían cambiado mucho.

Aunque antes tenía la expresión de alguien que más que todo deseaba probarse a sí misma, y a los demás, que podía ser una duelista fuerte al nivel de grandes leyendas, como Mai Kujaku o Katsuya Jonouchi, ahora había algo más en sus ojos: la determinación de nunca más dejar que sus enemigos la derribaran a ella o a sus amigos.

—Le pedí al director Samejima que me entrenara durante las vacaciones —dijo ella de pronto para su sorpresa—.

Él me habló de un mazo de Ciber Estilo que se centra en Hadas e Invocación Ritual en lugar de máquinas.

Pienso demostrarle que soy la indicada para hacer uso de esas cartas.

—¿Hadas?

—cuestionó Fubuki.

Luego de un rato sonrió—.

Sí, creo que es buena idea.

Cuenta con mi apoyo, sé que podrás lograrlo, hermanita.

Ryo volvió a fijar la mirada en el mar.

Durante los últimos meses había estado pensando en si su fuerza sería suficiente para protegerlos a todos.

Había ganado el duelo contra Camula, y a pesar de eso, casi perdió a Sho.

Cuando los dos asesinos más poderosos atacaron, él no pudo llegar a tiempo.

Si Judai no hubiera estado allí… Había llegado a la conclusión de que necesitaba replantearse su camino como duelista, buscar una perspectiva diferente de su estilo de duelo, aunque sin abandonar del todo las enseñanzas de su maestro.

Y la mejor forma de hacer eso era demostrar que estaba listo para ir al siguiente nivel del Ciber Estilo.

Había decidido pasar unos meses entrenando en el dojo de su maestro antes de ir a las ligas profesionales.

A veces, para avanzar, debías retroceder un poco, a fin de asegurarte de que estabas en el camino correcto, si no era así, entonces había que replantearte por donde seguir.

Él pensaba hacer eso.

Estaba claro que amenazas como los Asesinos lo esperaban allá afuera mientras siguiera el camino del duelista, y debía estar listo para ellas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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