Judai Crawford - Capítulo 5
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5: El agente de la Luz 5: El agente de la Luz El verano se había convertido en la temporada favorita de Judai.
¿Cómo podría no ser así?
Eran dos meses libres de estudio en los que podía pescar todas las mañanas, pasear por el bosque y nadar en el río o en la playa.
Además, dado que era una temporada en que prácticamente todas las escuelas del mundo salían de vacaciones, había torneos de Duelo de Monstruos por todas partes.
Este año, el año que cumplía nueve, sería incluso mejor.
Jun tenía permiso de su madre para visitarlo en el reino de los duelistas.
Durante el último año conversaron mucho por teléfono y a través de correo electrónico, pero no era lo mismo que estar frente a frente.
Se conocían desde hacía ya casi un año –once meses para ser exactos–, y en ese tiempo tan solo se habían visto en persona en tres ocasiones; todas en eventos oficiales muy aburridos… Bueno, con excepción del torneo navideño de caridad que su padre organizaba todos los años.
También, Pegasus invitó a Jun a los eventos de presentación de cartas, pero él solamente pudo asistir a dos de los cuatro que había en el año.
Luego de la fiesta en la que se conocieron, la tía Misae había empeorado.
De hecho, estuvo muy cerca de morir.
Pero ahora ya estaba mejor.
No así las cosas en la familia Manjoume.
Demasiadas tensiones, rumores de un posible divorcio, y luego el padre simplemente se fue.
Su avión se esfumó en el aire durante un viaje de negocios a Europa.
Todo fue muy raro, simplemente estaba allí y, al segundo siguiente, se había ido.
Ninguna señal de alerta por parte del piloto de que algo andaba mal, nada.
Se esfumó en el aire.
Misae Manjoume pareció sacar fuerzas de la tragedia y volvió a ponerse de pie.
En menos de tres meses, volvió a ser la mujer fuerte y aguerrida en los negocios que había sido antes de su matrimonio con Daiki Karasuma.
Judai tuvo que ver todo esto desde lejos sin poder estar allí para Jun.
Sin embargo, cuando se encontró con su amigo durante las vacaciones de primavera pasadas, este estaba muy tranquilo.
Su padre había desaparecido un mes y medio atrás, y esto no parecía haber afectado mucho su manera de actuar.
—¿Crees que soy una mala persona?
—La pregunta de Jun tomó a Judai por sorpresa.
Estaban sentados en la sección infantil de un restaurante de lujo en Tokio.
Pegasus y Misae disfrutaban de una cena de negocios a pocos metros de ellos.
—¿Por qué haría eso?
—Judai parecía genuinamente confundido.
—Todos dicen que debo sentirme mal porque Padre… —Se mordió el labio inferior—.
En realidad, me siento aliviado.
Ya no tengo que llenar sus expectativas.
Daiki Manjoume tenía un plan en mente que haría a su familia conquistar el mundo.
Crió a sus hijos para ser los mejores en economía y política con ese objetivo.
Entonces, nació Jun.
Si el Duelo de Monstruos no hubiera ganado la importancia que tenía ahora, ¿de qué le habría servido ese tercer hijo inútil?
De nuevo, Jun era más hijo de su madre que de su padre.
Ni siquiera se atrevía a pensar que habría hecho si las cosas hubieran sucedido al revés.
Si su madre ya nunca se hubiera recuperado y su padre fuera el que estuviera allí, entonces él… —No son las otras personas quienes deben decidir cómo te sientes, sino tú mismo —le respondió Judai—.
Eso es lo que dijo mi psicólogo.
En todo caso, si necesitas hablar con alguien, puedo decirle a papá que te consiga una cita con él.
El doctor Takeda me ayudó a entender y lidiar con la muerte de mis padres.
Estoy seguro de que también puede ayudarte a ti.
Judai no había vuelto a ver a Jun en persona desde ese día.
Pero, por fin, el verano estaba por comenzar y podrían verse para pasar las vacaciones juntos.
Como el resto de sus veranos recientes, las vacaciones comenzaron con una visita a California.
Aunque su padre disfrutaba más de hacer trabajo remoto desde su isla, todavía era el presidente de Ilusiones Industriales.
Había cosas que debía atender en persona desde la sede corporativa.
De todas formas, iban a aprovechar su estancia en los Estados Unidos para visitar los estudios de cine de Hollywood e ir a los parques temáticos.
La siguiente parada sería Ciudad Domino.
El mes de julio era una época en la que la ciudad bullía de emoción por la realización de torneos y presentaciones de nuevos productos, algo que no podían perderse.
Además, sería allí en donde Jun se les uniría.
Judai y Jun estaban ansiosos por ese viaje, ya que en el campeonato local iban a anunciar al ganador del concurso de diseño de cartas convocado por Corporación Kaiba cinco meses atrás.
Judai estaba participando.
Quería demostrar que él también era capaz de diseñar cartas como su padre.
Pegasus también estaba expectante por esto último.
No sabía qué tipo de cartas diseñó Judai, aunque intuía que bien podrían estar relacionadas con los héroes que tanto amaba su hijo.
Judai fue concluyente en que no quería ninguna clase de interferencia de su padre.
Sentía que diseñar esas cartas era algo que tenía que hacer por sí mismo, así que ambos acordaron no hablar sobre ese tema.
Pegasus lo entendió: su hijo quería que sus diseños de cartas fueran realmente suyos, para así demostrar que podía hacerlo por sí mismo.
Además de que sería injusto para los otros concursantes, quienes no tenían a un experto en la familia.
No hace falta decir lo orgulloso que Pegasus estaba de que Judai quisiera hacer las cosas de la manera más justa posible.
Incluso yendo tan lejos como registrarse al concurso con su apellido original.
Jun también entró al concurso por insistencia de Judai.
Fue él quien al comienzo sugirió pedir ayuda a Pegasus, a lo cual Judai se negó categóricamente.
El punto de ese concurso, le explicó, es demostrar tus propias creaciones.
Además, pedir ayuda al mismísimo creador del juego, si acaso fuera para nombrar una carta, era hacer la peor de las trampas.
Las dos semanas en California fueron toda una aventura para Judai.
Los parques temáticos, la aventura de visitar una playa comercial, con un clima totalmente diferente al del Reino de los Duelistas.
La visita a la sede corporativa de la empresa de su padre fue en sí mismo algo interesante.
El edificio no albergaba solamente las oficinas, sino también era un lugar donde trabajaban diseñadores de cartas y donde muchas de estas eran probadas antes de salir al mercado.
Judai se alegró de que la fecha de entrega de las cartas para el concurso hubiera pasado varios meses atrás, pues de no ser así tal vez no habría evitado algo de influencia de lo que vio en la oficina de diseño.
Claro, la visita no era algo vacacional.
Por insistencia del profesor Daitokuji, Judai también visitó los museos.
Tendría que entregarle un reporte sobre ellos, en especial el de historia, cuando reanudará sus clases con él, en septiembre.
Unas semanas más tarde, cuando el jet privado de su padre tocó tierra en el Aeropuerto Internacional de Tokio-Narita, Judai sintió que había vuelto a casa.
Los dos últimos años solamente volvía a Japón para presentar exámenes requeridos por su gobierno para certificar sus estudios, y para los torneos.
Esto hizo que volver allí tuviera un sabor especial.
Mientras viajaban en coche hasta Ciudad Domino, esa sensación se hizo más intensa.
A diferencia de otras ciudades de Japón, Domino tenía cierto tipo de «magia», como decía su padre, en su ambiente.
Pegasus solía decir que era debido a la gran cantidad de Juegos de lo Oscuro que habían tenido lugar en ese sitio, haciéndola una ciudad idónea para que se abrieran puertas hacia el mundo de los espíritus del duelo.
Esto causaba que el poder de Judai reaccionara de forma distinta a otros sitios.
Para él definitivamente era como volver a casa en más de un sentido.
Pronto estuvieron instalados en el hotel.
Judai quería visitar la ciudad, pero habían llegado ya entrada la noche, así que tendría que esperar hasta el día siguiente.
– GX – Judai, Jun y Pegasus tomaron su asiento en uno de los palcos privados del Domo de Duelos.
La noche era cálida y el duelo entre DD y el novato que había logrado llegar a las finales, Kai Kutaragi, prometía ser uno de los mejores partidos de la temporada de torneos en Ciudad Domino.
Kai Kutaragi consiguió llegar a las finales mediante el uso de un Arquetipo relativamente nuevo: los monstruos Luminosos.
Dicho Arquetipo empleaba un estilo de juego un tanto peculiar, basando la mayoría de sus efectos en mandar sus cartas al Cementerio como coste, destruyendo el deck del jugador en el proceso.
Esto lo hacía difícil de usar, pues había que calcular muy bien cada jugada para no terminar perdiendo el duelo por falta de cartas en el Deck Principal.
Su oponente, por el contrario, utilizaba un estilo de juego más tradicional centrado en el empleo de monstruos de Tipo Demonio y de Atributo Oscuridad.
Además de tener la ventaja de ser un jugador veterano de las ligas profesionales y el favorito para llevarse el campeonato de la liga profesional de la ciudad de Domino: la liga local más importante del mundo.
El duelo fue muy reñido, con ambos duelistas demostrando sus mejores jugadas.
Pero, al final, inevitablemente uno de ellos consiguió imponerse con una jugada maestra.
El público del estadio ovacionó con entusiasmo cuando DD logró acabar con su oponente con un espectacular combo final, logrando invocar a un «Dragón Armado Oscuro» en el último momento.
Jun estaba especialmente emocionado por esto.
Había algo en ese monstruo, algo que parecía llamarlo.
No hace falta decir que el público estaba más que satisfecho cuando el duelo, que se extendió por una hora con quince minutos, llegó a su final.
Una vez que los puntos de vida de Kai Kutaragi llegaron a 0, Judai y Jun se enfrascaron en una discusión sobre las mejores jugadas que habían presenciado.
Pegasus simplemente soltó una risita divertida ante el entusiasmo de los dos niños.
Las luces del Domo volvieron a iluminar el centro del campo de duelo, cuando Seto Kaiba en persona apareció.
En su mano sostenía un sobre blanco.
—Atención, damas y caballeros —tronaron los altavoces de la arena para anunciar la presencia del distinguido empresario—.
El presidente Kaiba hará un anuncio muy importante.
El público guardó silencio.
Era el momento que muchos niños del mundo –entre ellos Jun y Judai– habían estado esperando: Seto Kaiba anunciaría al ganador del concurso de diseño de cartas patrocinado por su compañía.
—Antes que nada —comenzó Seto una vez que abrieron su micrófono—, quiero felicitar a los participantes.
Tuvimos muchas propuestas interesantes, sin embargo, solo diez de ellas llegaron hasta las finales.
Todas las cartas finalistas serán publicadas, pero únicamente las ganadoras serán parte del Proyecto Nova.
El silencio pareció prolongarse mientras Kaiba abría el sobre que los jueces le habían entregado momentos atrás.
—El ganador es… —la tensión en el Domo pareció incrementarse—.
¡Judai Yuki!
Judai dejó salir el aire en un sonoro suspiro, antes de que su cuerpo, que había estado tenso por la incertidumbre de si lograría o no ganar, se relajara.
No pudo reprimir un grito de alegría y de inmediato descendió a la arena, acompañado por Jun y Crocketts.
Recibió un trofeo de manos de Seto Kaiba, mientras el público rompía en aplausos.
Una sonrisa radiante y orgullosa se dibujó en el rostro de su padre.
Al salir de la arena, Judai iba feliz y por primera vez comenzó a hablarle a su padre de las cartas que había diseñado: el «Héroe Elemental Neos» y los demás monstruos Neo-Espaciales, así como sus cartas de apoyo.
Iban en la limusina hacia el hotel, cuando eso sucedió.
El chofer detuvo el vehículo en medio de la calle, a pesar de que no había tráfico, y de hecho el suyo era el único coche avanzando por esa calle en particular.
—¿Pasa algo?
—preguntó Pegasus abriendo la ventanilla que daba hacia el asiento del chofer.
—El motor está muerto —respondió el chofer mientras abría la puerta para ir a revisarlo.
A través de la ventana, los que estaban adentro pudieron ver cómo un hombre se aproximaba al vehículo.
Por un momento, Pegasus pensó que sería algún buen ciudadano que decidió acercarse a ver en qué podía ayudar.
Algo normal en Japón.
El hombre, en cambio, golpeó a su chofer por la espalda y luego comenzó a avanzar en dirección a una de las puertas del coche.
Afortunadamente, parecía que el golpe no había dejado completamente fuera de sí al chofer, ya que se puso de pie y de inmediato se arrojó contra su atacante para alejarlo del vehículo.
Los niños ahogaron un grito al darse cuenta de esto, mientras que Crocketts y Pegasus trataban de abrir la otra puerta para sacarlos de allí, temiendo que se tratara de un asalto… o algo peor.
Por desgracia, la puerta estaba atascada.
Yubel apareció al lado de Judai.
—Judai, ten cuidado —dijo—.
Son ellos: los sirvientes de la Luz.
Al oír esto, Pegasus comenzó a empujar la puerta de forma casi frenética.
Si este hombre era uno de esos locos adoradores de la Luz, no había duda de que su objetivo era su hijo.
No les permitiría dañar más a Judai.
Cuando la puerta finalmente cedió, Crocketts se dirigió a Pegasus: —Señor, saque a los niños de aquí.
Yo me aseguraré de que no los sigan.
Pegasus asintió, mientras abandonaba el coche, con Judai y Jun corriendo cada uno de un lado.
Sin embargo, no lograron avanzar mucho cuando unos hombres vestidos con trajes blancos aparecieron desde un callejón bloqueando su camino.
Pegasus miró a su alrededor buscando una salida.
La calle aparentaba estar completamente vacía, salvo por ellos y sus atacantes.
Incluso en los edificios cercanos no se veía actividad alguna.
Las puertas cerradas y las luces de las ventanas apagadas, como si de pronto hubieran entrado en una versión alterna de Ciudad Domino desprovista de sus habitantes.
—Señor Crawford —le llamó uno de los sujetos de blanco mientras se acercaba a ellos.
A diferencia de los otros, este vestía una túnica con una capucha cubriendo su cabeza que impedía ver su rostro—.
No es nuestra intención hacerle daño a usted o al otro chico.
Sólo queremos que nos entregue a su hijo.
—Me temo que has perdido la cabeza si piensas que haré eso —escupió con rabia ante la absurda petición.
—Bien, como desee —dijo el hombre mientras activaba un disco de duelo—.
Le he dado la oportunidad, pero si quiere hacerlo por la fuerza… Judai, por su parte, estaba en shock.
Sabía que estos eran los hombres que habían matado a sus padres.
Y ahora amenazaban a su padre adoptivo, a su mejor amigo.
Además de a Crocketts, quien siempre había sido muy amable con él.
«¿Qué puedo hacer?», se preguntó, entendiendo que no podía simplemente quedarse allí de pie y dejar que esos tipos hicieran daño a sus seres queridos.
—Déjamelo a mí —escuchó la voz de Haou mientras la oscuridad dentro de sí parecía agitarse—.
Si permites que me haga cargo, todos saldremos de aquí a salvo.
—¿Lo prometes?
—preguntó Judai dubitativo.
—Por supuesto —respondió Haou—.
¿No confías en mí?
Haou nunca había hecho algo que lo lastimara.
De hecho, había salvado a Yubel cuando fue puesto en peligro por su curiosidad y desobediencia a las reglas del castillo.
Además, Haou era otra parte de sí mismo, nunca lo lastimaría, ¿verdad?
—Sí, por favor, salva a mi papá, a Jun y al señor Crocketts.
El poder de Judai explotó.
Las miradas de todos se dirigieron a él.
Pegasus sintió su garganta secarse y el miedo se deslizó hasta su estómago.
Fue una explosión de poder similar a la que sintiera en su castillo varios años atrás.
Su hijo estaba envuelto una vez más por la Oscuridad.
Judai avanzó un paso al frente, interponiéndose entre los atacantes, su padre y Jun.
La oscuridad ahora se había reunido en su brazo, y al disiparse dejó tras de sí un disco de duelo de color negro.
Era como una rodela de color ébano y con picos de acero en su circunferencia.
El aparato giró varias veces, antes de extenderse en preparación para el duelo.
Los sujetos de blanco retrocedieron.
El niño los miró con una expresión que no debía tener un niño de ocho años, casi nueve.
—¿No estaban buscándome?
—La voz de Judai sonó fría, como si se tratara de otra persona, y no el dulce niño que Pegasus había criado los últimos tres años.
—¡Judai, mantente atrás!
—le ordenó Pegasus, pero Haou no pareció escucharlo.
Su enemigo estaba frente a él e iba a aplastarlo.
—En realidad, esto es mejor —dijo el hombre de la capucha—.
Podré ahorrar tiempo.
Haou se rio como diciendo: «Ni siquiera vales que gaste ese tiempo en ti».
—¡Duelo!
—Los Puntos de Vida se establecieron comenzando la batalla.
—Yo comienzo —dijo el adorador de la Luz—.
¡Robo!
Invoco Normal a «Jain, Paladín Luminoso» en Posición de Ataque.
Jain era un guerrero medieval ataviado en una brillante armadura blanca.
Su capa roja ondeaba a sus espaldas debido al viento, mientras que había desenfundado su espada bastarda para adoptar una posición de batalla.
El holograma indicó que tenía 1800 puntos de Ataque y 1200 de Defensa.
Pegasus frunció el ceño con sospecha.
¿Monstruos Luminosos?
—Típico de los esclavos de la Luz —dijo Haou le restó importancia al monstruo de su rival.
—No te burlarás tanto de la Gloriosa Luz cuando hayas sido purificado, niño.
Coloco una carta boca abajo y termino.
Aunque, antes de que el turno termine del todo, durante mi Fase Final, debo descartar las dos cartas superiores de mi Deck al Cementerio debido al efecto de Jain.
Haou parecía aburrido de tener que escuchar la explicación.
Fue casi como si conociera a la perfección a los monstruos Luminosos y considerará una pérdida de tiempo tener que escuchar cómo funcionaban.
Judai se enteró en parte de esto desde el interior de ese paisaje mental lleno de espejos que era la mente de Haou.
De pronto sintió mucha nostalgia, seguida de una abrumadora ola de furia.
A pesar de su semblante en apariencia calmado, Haou en realidad estaba furioso.
Que este hombre se atreviera a usar esas cartas se sentía como un insulto personal.
Sin embargo, el Rey Supremo se tragó esa furia y centró toda su atención en el duelo.
Judai lo supo: tal vez fue un error dejar que él se hiciera cargo de eso.
Esa noche, alguien iba a morir.
—Mi turno, robo.
—Haou colocó la carta que sacó de su deck con las otras en su mano.
Eligió otra carta—.
Invoco Normal a «Tomate Místico» en Posición de Defensa.
El monstruo de Haou parecía más una enorme calabaza de Halloween, a causa de su gran tamaño y la diabólica cara que hacía gestos desagradables a los monstruos enemigos.
Haou colocó dos cartas antes de finalizar su turno.
—¿Eso es todo?
—preguntó el tipo de blanco con burla—.
Parece que sí.
Bueno, después de todo, eres un niño.
¡Es mi turno, robo!
Antes de que pudiera jugar cualquier carta, Haou se le adelantó: —Activo mi Carta de Trampa: «Batallamanía».
Solamente puedo activar esta carta en la Fase de Espera de mi oponente.
Este turno, todos los monstruos boca arriba de mi adversario deben atacar si pueden hacerlo.
El sirviente de la Luz gruñó por lo bajo.
Si el oponente quería ser atacado, normalmente no eran buenas noticias.
Pero ahora mismo su única opción era continuar con el duelo y esperar que las cartas estuvieran a su favor.
—Supongo que ahora sí puedo pasar a mi Fase Principal —dijo con ironía—.
Primero, activo la Carta Mágica «Recarga Solar».
Su efecto me permite descartar a un monstruo Luminoso de mi mano para robar dos cartas.
Sin embargo, después debo mandar al Cementerio las dos cartas superiores de mi Deck.
Tras terminar su movimiento, y ver las cartas robadas, una sonrisa se formó en sus labios.
Eso le serviría muy bien.
—Invoco a «Lumina, Invocadora Luminosa» en Posición de Ataque.
Lumina resultó ser una mujer en un vestido blanco sin mangas.
Esto le daba un aire curioso.
Casi como una mezcla entre una mujer moderna y una antigua sacerdotisa de fantasía.
Algo que su cabello corto solo ayudaba a enfatizar.
Tenía 1000 puntos de Ataque y Defensa respectivamente.
—Activo el efecto de Lumina —anunció—.
Descarto una carta para Invocar de Modo Especial a un monstruo Luminoso de nivel cuatro o menor desde mi Cementerio.
Invoco a «Garoth, Guerrero Luminoso» en Posición de Ataque.
Garoth era un caballero con armadura blanca y una lanza a juego.
Tenía un Ataque de 1850 puntos y una Defensa de 1300.
—A continuación, activo mi Carta de Trampa Continua, «Ilusión Gloriosa».
Gracias a esta carta, puedo Invocar de Modo Especial a un monstruo Luminoso desde mi Cementerio.
Invoco a «Celestia, Ángel Luminoso» en Posición de Ataque.
El ángel era una mujer con una larga cabellera de color azul celeste.
Usaba una armadura similar a la de los guerreros en el campo, pero, a diferencia de ellos, blandía un báculo de color blanco, similar a los usados por los sacerdotes budistas.
Su Ataque era de 2300 puntos y su Defensa de solo 200 puntos.
—Esa estrategia… —murmuró Pegasus.
Acababa de ver ese mismo combo menos de dos horas atrás.
El uso de Luminosos por parte de su atacante ya había alzado sus sospechas antes.
Esto terminó por confirmarlo—: ¡Eres Kai Kutaragi!
El hombre se bajó la capucha, dejando ver su rostro y confirmado lo dicho por Pegasus.
—¿Por qué haces esto?
—preguntó.
—Para salvar el mundo de la Oscuridad y permitir que la Gloriosa Luz lo purifique —respondió Kai.
El tono solemne con el que habló parecía más el de un misionero que el de un duelista.
—Basta de charlas, continuemos con este duelo —los interrumpió Haou con impaciencia.
—Veo que estás impaciente por ver la Luz —dijo Kai—.
Cumpliré con tu deseo.
¡Fase de Batalla!
¡Jain ataca a su monstruo!
El paladín arremetió contra el Tomate y lo partió en dos con un tajo de su espada.
—Se activa el efecto de mi monstruo —declaró Haou mientras arrojaba su carta en la ranura del Cementerio en su disco de duelo—.
Cuando «Tomate Místico» es destruido en Batalla y enviado al Cementerio, puedo Invocar desde mi Deck a un monstruo de atributo OSCURIDAD, con 1500 puntos de Ataque o menos, en Posición de Ataque.
El ambiente se tornó más pesado.
Un resplandor de luz púrpura inundó el Campo de duelo.
De la luz emergió un demonio de aspecto extraño.: mitad hombre, mitad mujer, además de un par de alas demoníacas similares a las de los murciélagos.
Tenía 0 puntos de Ataque y Defensa.
—Así que ese es Yubel, el guardián del heraldo —gruñó Kai—.
Escapaste de nosotros la última vez, pero ahora acabaré con ambos.
Yubel solo sonrió de forma sádica.
Haou alzó una ceja con interés, pero Kai Kutaragi no parecía tener la intención de aclarar sobre qué estaba hablando.
El Rey Supremo decidió continuar el duelo: —Debido a mi Carta de Trampa, «Batallamanía», todos tus monstruos están obligados a atacar este turno.
—Vamos, que esperas, ven —agregó Yubel provocando a su oponente.
—Ataca, Lumina —ordenó Kai, mientras una mueca de frustración se dibujaba en su rostro al ver que no tenía otra opción.
El que estuvieran dispuestos a recibir el ataque de sus monstruos no podía significar nada bueno para él.
La Invocadora atacó a Yubel con su lanza.
El Guardián recibió el golpe.
Yubel volvió a brillar con esa energía de color morado.
Kai cayó al suelo, con las ropas rasgadas.
Estaba sangrando como si aquella lanza lo hubiera golpeado a él y no a su monstruo.
Los Puntos de Vida de Kai descendieron a 3000.
—Yubel no puede ser destruido en Batalla —explicó Haou—.
Tampoco recibo el daño, por el contrario: todo el daño que le hagas a Yubel será reflejado de regreso a ti.
Kai gruñó furioso.
—No tienes opción —le recordó Haou—.
Todavía tienes otros dos monstruos.
Vamos, continúa atacando.
Sin más opción que seguir su Fase de Batalla, Kai ordenó: —Garoth ataca a Yubel.
Nuevamente, el resultado fue el mismo: Yubel recibió el golpe sin inmutarse y los 1850 puntos de daño se reflejaron hacia Kai.
El hombre se desplomó en el suelo, Tenía una profunda herida desgarrando su hombro izquierdo, como si el hacha de combate de Garoth lo hubiera cortado.
Sus puntos se desplomaron hasta 1150.
—Ataca, Celestia… —ordenó al siguiente monstruo.
Su voz era muy queda y carecía de cualquier emoción, como si ya no fuera él quien hablaba.
Era como si la Carta de Trampa hubiera tomado control de su cuerpo para forzarlo a completar su último ataque.
Con el último golpe a Yubel, Kai Kutaragi terminó de desplomarse por completo.
Su cuerpo cayó al suelo pesadamente.
Un charco de su propia sangre lo rodeó.
Sus puntos de vida cayeron a 0.
Pegasus cerró los ojos.
Un duelo no debía ser así.
No había nada de diversión en eso.
Yubel le dedicó una mirada de disculpa, como queriendo decirle que lamentaba el que hubiera visto a Judai en ese estado, antes de desaparecer.
El disco de duelo negro de Judai también desapareció, antes de que el chico cayera en el suelo, inconsciente.
De inmediato, Pegasus tomó a su hijo en sus brazos, mientras otros tres sujetos vestidos de blanco se acercaban a ellos con intenciones de acabar lo que Kai había comenzado.
No pudieron hacer nada, pues pronto la calle se llenó con el sonido de los coches patrulla.
Pegasus volteó a ver a Crocketts, quien sostenía un teléfono celular en la mano.
El duelo les había dado el tiempo suficiente para que la policía llegara.
– GX – La prensa trató el evento como un asalto.
Ni la policía ni los propios involucrados quisieron revelar lo que había ocurrido en verdad.
El inspector Marufuji habló con Pegasus sobre la posibilidad de colocar a Judai en un programa de protección, ya que evidentemente los miembros de esa secta no dejarían de atentar contra su vida.
Pegasus se negó categóricamente.
Él se ocuparía de contratar a un grupo élite de guardaespaldas para proteger a su hijo.
Aunque, secretamente, sabía que tal vez con Yubel sería suficiente.
Al menos por ahora.
Judai tenía sus propios problemas a consecuencia del encuentro con los adoradores de la Luz.
Después del incidente, Jun no había vuelto a hablar con él.
El chico temía que nunca más serían amigos.
Habían pasado tres días desde aquella noche.
Ahora Judai estaba en su habitación, torturando a su joven mente con los «¿Y si esto?», «¿Y si aquello?».
—Tal vez ya no quiere ser mi amigo —expresó su miedo en voz alta.
Tenía sus cartas extendidas sobre la cama, revisando sus estrategias.
En realidad, lo único que quería era algo que mantuviera su mente ocupada para no pensar en Jun.
Claramente, no estaba funcionando.
Yubel, al escuchar aquello, no pudo hacer más que sentirse mal.
No podía obligar al otro chico a olvidar lo ocurrido y actuar como si nada hubiera pasado.
Bueno, en realidad sí.
Tal vez su carta solo reflejaba el daño, pero como monstruo tenía muchos más poderes que ese.
En otro tiempo, lo habría hecho.
Sin embargo, aunque ahora desearía evitarle aquel dolor, sabía que Judai no iba a aceptarlo.
Ahora era más fuerte y no iba a perdonarle que interfiriera como cuando era un niño de jardín de niños.
Aunque, tal vez no sería necesario.
La puerta se abrió de pronto.
Jun Manjoume entró a la habitación.
Judai se giró para verlo.
Por un largo rato, ambos chicos se miraron en silencio.
—Jun —dijo Judai atreviéndose a romper el mutismo—, siento haberte puesto en peligro.
—No fue… —iba a replicar, pero Judai lo detuvo.
—Ellos iban tras de mí —declaró sintiendo como un peso se liberaba de su alma—.
Por mi causa, tú también estuviste en peligro.
—Judai, yo —dijo Jun.
En realidad, había hablado con su madre.
Ella lo había escuchado, sin cuestionar lo fantástico (y horrible) que fue ver como el daño de un duelo se convertía en una cosa real.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
—había preguntado Misae a su hijo.
Jun lo había pensado durante horas antes de tener una respuesta, más para sí que para su madre.
Eso pasó porque los hombres malos los atacaron.
Judai hizo lo que hizo para protegerlos a todos.
Aunque fuera algo aterrador, él nunca lo lastimaría a él, o al señor Pegasus, de esa forma.
—En ese caso, prométeme algo —le había dicho su madre tras escuchar sus razonamientos—.
No lo abandones.
Ellos volverán y Judai necesitará todos los amigos y aliados que pueda conseguir.
Eso mismo respondió a Judai ahora: no iba a dejarlo solo.
Él también lo estaba antes de conocerlo.
No iba a renunciar a su amistad únicamente porque Judai tenía ese poder desconocido.
Además, ese poder convertía a Judai en algo así como un verdadero superhéroe.
Judai sonrió.
Yubel miró a los niños mientras jugaban un duelo usando la cama como una mesa.
Le agradaba que Judai pudiera disfrutar de su niñez con su amigo por ahora.
Sin embargo, la Luz de la Destrucción volvería tarde o temprano.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com